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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

TRABAJO PRÁCTICO
ETICA Y DERECHOS HUMANOS
Cátedra: M. Fariña
Comisión: 16

PELÍCULA: “LAS MANOS”
Autor: Alejandro Doria

Comentario de Marcelo Pérez:
¿El Milagro está en las manos?

Alumna: GABRIELA S. QUINTANA
LU: 30.706.0880
Mail: quintana_gaby@hotmail.com

La película Las Manos de Alejandro Doria está basada en la obra del Padre Mario, un sacerdote nada convencional, quien realiza curaciones a través de la imposición de sus manos, y según sus dichos lo hace simplemente realizando bendiciones. Un elegido, pero a su vez tal como lo llaman sus superiores un soberbio y desobediente sacerdote. A los altos niveles eclesiásticos parece no serle útil la existencia de un cura sanador, motivo por el cual es perseguido y obligado a abandonar estas actividades. Orden que de alguna manera intento nunca cumplir.
En este trabajo ubicaremos al personaje de Perla, la colaboradora del sacerdote, bajo la lupa de nuestro análisis. Ubicaremos la singularidad en situación de este personaje a través de los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad, sin ocuparnos de lo que respecta a la responsabilidad jurídica ó moral, sino mas bien la responsabilidad subjetiva, es decir, aquella que confronta al sujeto con lo que a pesar de pertenecerle se le presenta como ajeno, y con un propósito que desconoce. Esta responsabilidad encuentra su raíz en motivaciones inconscientes que llevan al resultado de su accionar, dejando al sujeto ignorante de estos propósitos. Interpela al sujeto mas allá del horizonte de su propio yo, y en esta cruzada lo obliga a responder desde algún lugar de su subjetividad. Es un sujeto atrapado en la ley del significante. En el presente trabajo analizaremos a nuestro personaje, sus modos de respuesta frente a esta interpelación, y su posición subjetiva resultante.
El circuito de responsabilidad a trazar cuenta con tres tiempos lógicos, donde el tiempo 1 es aquel en el que Perla, quien se encuentra enferma, acude a la ayuda del Padre Mario para que realice una sanación mediante la imposición de manos, como era habitual en sus practicas. En este tiempo ella realiza una acción concreta, en armonía con el universo del discurso yoico vigente, y la que se agota en los fines mismos por lo que fue realizada: ser curada. Este tiempo se encuentra confrontado por un 2º tiempo, donde Perla ya se encuentra sana, pero algo esta sucediendo que no esperaba, algo la lleva a ir a buscar al sacerdote para ayudarlo, pero sin tener del todo claro el fin. Algo de la culpa la invade, como si estuviera en deuda con el. Esta situación la interpela y le exige una acción, una respuesta. Es entonces el tiempo donde surge un acontecimiento que excede el universo anterior, que lo cuestiona, le da espacio para la emergencia de una singularidad que demuestra la incompletud del universo vigente, y que lo interroga respecto de los ideales que lo sostienen, los cuales comienzan a perder fuerza, así su familia, sus hijos, su vida diaria cobran un nuevo lugar en su universo simbólico.
Como hipótesis clínica se plantea que si bien Perla fue en búsqueda del Padre Mario inicialmente para la cura de su enfermedad, ella podría haber concluido allí su accionar una vez logrado este objetivo, pero aun cuando esto sucede, ella va más allá. Algo más estaba en juego, que excede el fin que motivó su primera acción, algo de sus deseos inconscientes estaba en juego sin ella saber todavía nada de esto, pero que subyace a sus modos de respuesta a tal interpelación. Un nuevo sentido cobra su primera acción, que aun desconoce, pero que la lleva a un nuevo modo de accionar. Un deseo motivado en que alguien la necesite, un deseo inconciente de que alguien la demande. Según sus dichos “sus hijos ya están grandes… ya no la necesitan…”, de este modo responde cuando se le pregunta acerca de su añoranza respecto de su familia desde que se dedico a este proyecto nuevo. Ella encuentra en el sacerdote una posibilidad de un deseo de deseo del Otro, pero que desconoce su universo yoico.
Vemos en la escena de la biblioteca como ella algo vislumbra de este deseo hacia el sacerdote, cuenta aquel momento donde deposito todas sus esperanzas en él, y en el que él responde salvandola, pero donde mas allá encontramos el amor que “dios a veces concede…” frase que interrumpe ella misma cuando da cuenta de lo que esta diciendo.
Esta retroactividad al primer tiempo le dará lugar a la emergencia de un 3º tiempo que involucra al sujeto en tanto potencialidad, permitiendo la elaboración de una respuesta que advierta un cambio de posición frente a sus circunstancias, esto es el tiempo de la responsabilidad subjetiva. Perla responde. No lo hace mediante la negación, ni por la proyección o por medio de alguna racionalización. Sino haciendo cargo de su deseo inconciente, aun sin saber de ello.
Es la culpa una condición para trazar este circuito, esta culpa la liga a la acción misma a seguir. Se genera en Perla una retroacción al tiempo inicial, en la búsqueda del encuentro con el sacerdote, para ir en búsqueda de una nueva posición subjetiva. Esto es la emergencia de una singularidad en situación.
Algo de la necesidad esta presente, por la existencia de su enfermedad que la llevo a tal lugar. En cuanto al azar vemos como participa en el encuentro fortuito entre ambos personajes en la escena antes de que la policía ingrese a la sala donde el sacerdote estaba realizando las curaciones. De no haber sucedido este encuentro en ese instante las cosas hubieran resultado bien diferentes. En la grieta entre la necesidad y el azar es donde Perla desarrolla una toma de posición, mediante la emergencia de una respuesta subjetiva. Es decir, si todo fuera necesidad entonces una vez curada le daría las gracias y seguiría su vida feliz con su familia. Pero no fue así, algo más excede esta acción por si misma, algo excede este universo y la obliga a responder. “Dado un tiempo 2, el de la interpelación, la ligadura al tiempo 1 es ya una obligación a responder pues la interpelación exige respuesta. No hay forma de no responder pues la interpelación exige respuesta”
Así es que Perla en el tiempo 3 toma posición y decide irse con el sacerdote a colaborar con su misión: la construcción de una nueva parroquia, donde a pesar de las persecuciones y los descontentos de los altos niveles eclesiásticos, lo incentiva y lo acompaña a que continúe con sus Milagros. Se va a vivir con él. Deja todo por esta empresa. Toma una clara posición, implicándose, como un modo de devolver el favor, de pagar su deuda, como un trueque donde ha intercambiado el milagro de vivir a cambio del sacrificio de esta nueva misión, pero también a cambio de la satisfacción de permanecer al lado del hombre que desea, o bien aquel que sin saberlo respondió a su deseo de que alguien la necesite. Encontramos así la responsabilidad subjetiva en este personaje.
En relación con la responsabilidad jurídica podemos decir que la responsabilidad subjetiva de la que hablamos, junto con la culpa encuentran sus raíces en la responsabilidad jurídica. La misma se puede caracterizar como objetiva, moral. Hay códigos jurídicos que nos indican como debe responder un sujeto, quien puede o no responder. Nos dice que se necesita de un sujeto autónomo y responsable para hablar de responsabilidad jurídica, dejando afuera los sujetos de los que no se espera respuesta alguna, son los des responsabilizados por la ley, los locos, los niños. La posición del sujeto de saberse culpable le permite un pasaje a otro tipo de responsabilidad, que no tiene ya que ver con la intención o la autonomía del sujeto y su conciencia, sino que lo ubica en una posición con respecto a su deseo inconciente mas allá de la situación misma. Ya estamos así en el terreno de la responsabilidad subjetiva, que la lleva a Perla a hacerse cargo de su deseo y que su culpa la ob-liga a responder y a tomar posición respecto a esto aún sin saberlo.
Con respecto a las relaciones conceptuales existentes entre “El Muro” de Sartre y esta historia, podemos ver como a pesar de la clara diferencia de la consecuencia de los modos de respuesta de los personajes respecto de cada historia, desde la tragedia, a una misión de amor y devoción, hay elementos encontrados que llevaron a estos personajes a tomar posición mediante sus modos de respuesta.
En ambos casos encontramos la insuficiencia de una explicación basada en la pura necesidad o en el puro azar. Ambos se ven interpelados a desarrollar algún modo de respuesta a partir de una culpa que los ob-liga a responder, desde una nueva posición subjetiva. Ibbieta responde ante la culpa, pero no la que resulta de haber traicionado a su amigo, sino hablaríamos de una culpa moral, sino que responde a la culpa de haber cedido ante su deseo de vivir, aunque lo haya exteriorizado a través de un chiste y aun sin saberlo. “Una vez verificada la estructura `Ceder en su deseo´ es que a Ibbieta le toca cargar con el ser de la culpabilidad. La culpabilidad es el pago de la deuda con el deseo” . Es esto lo que lo lleva a Ibbieta sin saberlo a una retroacción al tiempo 1, para ir en busca de una respuesta a tal interpelación. Lo mismo le sucede a Perla, nuestro personaje elegido de la película, la que también se encuentra con una culpa motivada por un deseo inconciente, es esa culpa, esa deuda la que la obliga a generar una respuesta a la interpelación en el tiempo 2. Y así como Ibbieta ella también responde desde algún lugar de su subjetividad. Emerge así una singularidad en situación.
En ambos hay un deseo inconciente que subyace sus modos de acción. Asi lo son el deseo de vivir, aunque sea unas horas mas, o bien el deseo de un deseo del Otro, de otro que la demande y la necesite.
También encontramos que ambos personajes se ven interpelados frente a un acontecimiento que los excede y por los cuales ambos toman una decisión. Una decisión que los hace responsables, como sujetos de deseo. Ibbieta decide hablar, decide hacerse responsable, aunque sea mediante un chiste, pero habla. Perla decide irse con el sacerdote y ocupar un lugar junto a el, respondiendo a esta interpelación.
Vemos así dos modos de ubicarse frente a un deseo inconciente, generando una respuesta que los implica desde su subjetividad. Ambos responden, en ambos se abre una singularidad en situación que rompe con el universo de discurso yoico vigente, y así otro universo se constituye desde una nueva posición subjetiva en relación con sus propios deseos.

Para finalizar haremos un análisis del comentario de Marcelo Pérez de la película trabajada.
El autor trabaja sobre el personaje del sacerdote. Se plantea interrogantes que giran alrededor de los argumentos que autorizan un cura, es decir, que es lo que le da lugar a este sujeto para trasferir un saber a Otro. Nos dice al respecto que es el lugar de este Otro, quien padece, quien es portador de fé, de credibilidad, quien lo constituye como Sujeto y lo lleva a responder.
Si bien el autor no plantea una hipótesis clínica, nos ayuda a pensar respecto de ese lugar otorgado por el Otro, que lo invita a este sujeto a responder desde su subjetividad, haciéndose cargo así de su deseo. Es el lugar de fe, de credibilidad, sostenida desde otro, el que interpela al sujeto a responder, y lo constituye como Sujeto, sujeto de deseo. Así es como la figura del sacerdote se constituye gracias al aval del Otro portador de la fe y la esperanza. Y en este juego el sujeto debe decidir, en un acto transferencial, que posición subjetiva va a tomar.
Así entendemos que el análisis del autor, ante los cuestionamientos acerca de que es lo que autoriza una cura, quien puede ejercerla y sobre todo el titulo sugestivo que lleva este comentario, esta trabajado en el eje del sujeto y el Otro que lo avala, que lo coloca vía transferencial en el lugar de saber, depositando su fe, su credibilidad, y en este acto es donde se constituye como Sujeto, gracias a la palabra del Otro que espera algo de él. Así el milagro se vislumbra en este juego de fe, confianza y saber, sostenido por un Otro que lo constituye como Sujeto.

BIBLIOGRAFIA y MATERIAL UTILIZADO:
-  La transmisión de la ética: clínica y deontología. Vol I. Fundamentos. - Salomone, G. Z. / Domínguez, M.E.
-  Ética. Un horizonte en quiebra. – Juan Jorge Michael Fariña.
-  Comentario sobre la película “Las Manos”, en Ética y Ciencia.
-  “El Muro”. J. P. Sartre.
-  Película de Alejandro Doria: “Las Manos”



NOTAS

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