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Universidad de Buenos Aires

Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos

2º Parcial Domiciliario

Cátedra: I, Fariña
Comisión: 21, Lunes 16:15, aula 208 Ind.
Profesor: Del Do, Adelqui
Alumna: Graziano, Paula Lucía
Mail: paulagraziano_yo@hotmail.com
LU: 32552461/0

Segundo Cuatrimestre 2009
Este segundo parcial domiciliario se desarrollará a través del análisis de una de las escenas de la última película de Marcelo Piñeyro: “Las viudas de los jueves”.
Reseñaré brevemente el contexto del cual se extraerá luego la escena elegida.
En éste film se muestra la plácida y jocosa vida que llevan los habitantes de un country porteño durante diciembre de 2001; queriendo mostrar también la frivolidad y aparente “perfección” de la misma.
Cuatro familias, amigas entre sí, cuyos maridos se reúnen a beber whisky y jugar poker todos los jueves, y cuyas señoras, salen a cenar solas. Hijos, algunos: sobre y otros desprotegidos, se muestran rebeldes y pidiendo, desesperadamente en realidad, la atención y los límites de sus padres.

Escena recortada:
“…Uno de los tantos jueves, sentados al costado de la piscina, mientras escuchan música en la casa de “El Tano”, protagonizado por Pablo Echarri, quien tiene el perfil del emprendedor exitoso, tanto con las mujeres como con los negocios, una especie de líder; éste abre un diálogo, con intención de debatir, con los otros tres presentes (Ronnie, Martín y Gustavo) acerca de en cuanto beneficiarían a sus mujeres, si ellos murieran, por ejemplo con la cobranza de sus seguros de vida, de cuánto “peso” las liberarían, y también, de cuantos motivos encontraban cada uno de ellos, para morir; afirmando que sí o sí, los tendrían, liberándose así de sus propios pesos y temores..
En medio de esta conversación, el Tano, relata como ejemplo, una “hipotética historia” en la cual un suicidio quedaría encubierto y dice: “si estuviésemos nadando en la pileta y el equipo de música, por efecto del viento, se cae en el agua… y el disyuntor no salta…, porque me encargué yo previamente de cortarlo, parecería como que fue un accidente, un simple y lamentable desperfecto eléctrico”. Todos quedan conmovidos y pensativos acerca de ésta posibilidad, y ahí es cuando Ronnie, protagonizado por Leonardo Sbaraglia y representando al más romántico y sensible del grupo, acota que están pensando “boludeces”, que él cree que su mujer (Maby) y su hijo lo aman y consideran más allá de su capacidad para hacer dinero y buenos negocios. El resto de los hombres, le señalan que él, es por esto, un tipo con suerte, con una suerte que ellos no tendrían. Con los ojos llenos de lágrimas, y excusándose por tener sueño, Ronnie se levanta y se retira a su casa, dejando a aquellos tres al costado de la piscina.
Una vez en su casa, Ronnie, se queda en el balcón, esperando que Maby volviese de su cena y mientras mira hacia la casa del Tano. De repente, ve que la música se deja de oír y las luces de la piscina se apagan. Estaba todo dicho, se habían suicidado. Ronnie sale corriendo desesperado, y se quiebra una pierna. Entremedio, Maby llega, lo sube a la camioneta y se dirigen a una clínica para que sea atendido. Nada le relata a su mujer ese día acerca de lo acontecido.
Días después del entierro de los tres amigos, las viudas van a la casa de Ronnie, quieren preguntarle por lo sucedido aquella noche. Ronnie emprende ahí la dolorosa y ardua tarea de explicarles el suicidio y no el accidente que ellas creían que había acontecido, intenta transmitirles la verdad de aquella situación “misteriosa”, que había sido calificada como un “lamentable accidente a causa de un desperfecto eléctrico”.
Al terminar su relato, las reacciones de las viudas son distintas entre sí. Lala, la viuda de Martín, llora desconsoladamente; Carla, queda muda e inmóvil, y Teresa, la viuda del Tano se alza en quejas y reproches hacia Ronnie. Lo trata de “hijo de puta” por contarles “esta historia”, le pregunta si él cree que efectivamente sus maridos no las querían, y prefirieron dejarlas solas con sus hijos y hacerles esto y acota inquisidoramente al final: “Ronnie, ¿No estarás inventando todo ésto para que no podamos cobrar los seguros, verdad? ¿O para quedártelos vos?”. Maby, enfurecida, echa a las viudas de su casa, Ronnie se queda completamente paralizado y angustiado. Cuando se retiran, baja del piso superior su hijo adolescente y les dice: “vayamonos de éste lugar, esta gente es una mierda”.
Al día siguiente, se ve a la familia de Ronnie empacando sus cosas y saliendo en el auto del maravilloso y plácido country “Altos de la Cascada”, dejándolo en teoría, para siempre…”

Se tomará el personaje de Ronnie (Leonardo Sbaraglia) para realizar el análisis.

Análisis:
En el recorte de esta escena se podría hablar de tres tiempos lógicos bien marcados. Un primer tiempo: que es donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en el que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los cuales fue realizada. Ésta acción podría estar dividida entre dos momentos: uno sería cuando Ronnie decide irse de aquella reunión en la cual se comienza a hablar de un posible suicidio masivo, esta acción mostraría que él es de algún modo el “diferente” de un grupo del cual se mostraba siempre como uno más y otra cuando decide contarles a las viudas lo que él sabía de aquella noche y es ésta acción la que se ve confrontada en un segundo tiempo: cuando Ronnie es interpelado por Teresa de manera ofensiva y al rato por su hijo, quien le pide irse de allí, porque la gente es una “mierda”. La interpelación al sujeto siempre es externa y convoca al sujeto a responder, y ese sujeto, responde desde un no saber. Estas interpelaciones le dejan ver a Ronnie que algo de lo ocurrido en la escena uno se le fue de alguna manera de las manos, llegó más lejos de lo que él esperaba, excedió sus certidumbres yoicas que ahora se resquebrajan posibilitando la emergencia de una pregunta sobre su posición subjetiva, es decir, permitiendo la emergencia de una singularidad que se ve en un tercer tiempo: que es el resultado de la acción del tiempo uno resignificada por la acción del tiempo dos, en éste caso, se puede ver cuando junto con su familia, Ronnie deja la casa del country. Se puede inferir allí un posible cambio subjetivo en el sujeto. Podríamos decir que el universo simbólico previo de Ronnie, caracterizado por ser uno más de esos típicos hombres adinerados del country porteño, con una aparente vida sin complicaciones y llena de lujos, dio un vuelco, se fue junto a su familia, en teoría, para no volver a ese lugar y para no participar más de las cosas que allí se viven. Se podría considerar esto como una singularidad que irrumpe con ese universo previo, un elemento distinto que desestabiliza y produce un cambio, un movimiento a partir del cual el universo del personaje y su familia, cambia. Lo singular no es algo voluntario, calculado, simplemente es algo que como en este ejemplo, emerge, surge por fuera de ese universo previo y viene de afuera del sujeto implicado.
Tanto en el primero como en el segundo tiempo, hablamos de un sujeto de lo particular, movido por el efecto de grupo y la moral, lo que está bien y lo que está mal. Para Ronnie estaba bien tener que decirles a sus amigos que no hablasen “pelotudeces” cuando surgió el plan macabro que parecía caerles bien a todos y también, decirle la verdad, lo que él sabía de esa noche, a las viudas de los mísmos.
El acto ético puede ubicarse dentro del eje universal – singular, sostenido obviamente por lo particular, en este caso, lo particular vendría a ser ese country, en ese lugar de buenos aires, en esa época específica con sus particulares problemas económicos (diciembre de 2001) y con esas familias específicamente.
Es aquí que podríamos definir la hipótesis clínica como una construcción que realizamos nosotros, a modo de interpretación clínica. Los dos andariveles del gráfico de los tres tiempos, no son opuestos, sino suplementarios, el tiempo uno y el tiempo dos, se desarrollan en el piso de la responsabilidad jurídica, social y moral del sujeto, el piso dos, alude a la responsabilidad subjetiva, la del sujeto del inconsciente, deseante. En éste caso se podría señalar como hipótesis clínica: la responsabilidad de Ronnie por su deseo de vivir. Considera que sus amigos hablan “pelotudeces” y se retira con los ojos llenos de lágrimas (lo que denotaría angustia). Ese término “pelotudeces” no fue usado al azar, fue utilizado para minimizar de algún modo el contenido de la conversación y poder así, efectuar su retirada y salvarse. Quizás, de haberse quedado, se hubiese suicidado también con ellos. Sin embargo, se va, pero se queda en su casa, sentado en el balcón que da a la pileta de el Tano, como queriendo aún desde allí observar que no hiciesen nada o que hiciesen todo, no se sabe. Es de algún modo, responsable por haberse ido y no haber quizás evitado que lleven a cabo el plan macabro y también responsable de no haber elegido suicidarse con ellos. De esto cae en la cuenta Ronnie, en parte cuando sale corriendo al ver las luces apagadas de la pileta y se quiebra la pierna y en una parte mayor, cuando es interpelado por las viudas en su hogar. Allí, sabe que las cosas se les fueron de las manos.
Desde mi punto de vista: es responsable conscientemente, de haberse ido de la casa de su amigo, y responsable de modo inconsciente, desde mi hipótesis clínica, de haber deseado vivir; desde algún punto, como el personaje de Pablo Ibbieta en el cuento de Sartre, “El muro”.
Hay cuatro categorías a tener en cuenta para este análisis: azar, necesidad, responsabilidad y culpa. El azar se refiere a factores que tienen que ver con lo accidental, circunstancias no premeditadas, contingentes, casualidades, simplemente: suerte. Desconecta toda posibilidad de causa – efecto, es estructural a la condición humana. En este recorte del film, podríamos localizar como pertenecientes al azar a las siguientes cuestiones: que el Tano haya decidido ése día comentarles e inducir, de algún modo, a sus amigos la posibilidad de suicidarse, y no otra cualquiera de las tantas oportunidades en las que se juntaban. Es parte del azar también, el hecho de que Ronnie se haya quebrado la pierna al salir corriendo desesperado cuando vio que las luces en la piscina del Tano se apagaron.
Necesidad se refiere a lo que habita el campo de lo desconocido para el sujeto, exterior a él, en lo cual el sujeto no interviene. Es la parte forzosa, inexorable, inevitable, el destino. No está en el sujeto el poder intervenir en ese dato, no somos responsables de todo lo que nos pasa porque existe el orden de la necesidad. Cuando rige la necesidad, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad, para todo lo que tiene que ver con el orden de la necesidad, hay una respuesta.
Dentro de éste orden encontramos el hecho de que al caer el equipo de música al agua, se de el cortocircuito, eso era inevitable, y consecuentemente, la muerte de los sujetos en la piscina. El Tano había desconectado el disyuntor. Es también del orden de la necesidad el hecho de que la “noticia” del suicidio no haya caído de manera jocosa para las viudas. Podría indicarse también algo de la necesidad en que hayan obedecido y seguido el resto de los hombres el plan propuesto por el Tano, ya que éste poseía una personalidad muy fuerte y dominante, era de algún modo aquel al cual todos seguían y admiraban.
Tanto el azar como la necesidad, denominan formas que implican al sujeto y para las cuales el sujeto no puede intervenir, son órbitas ajenas al sujeto que le marcan su destino. Cuando se produce una grieta entre la necesidad y el azar, aparece la pregunta por el sujeto y su responsabilidad. Según el concepto de sujeto que estemos jalonando, se plantean diferentes modos de entender la responsabilidad. Llamaremos responsabilidad subjetiva a aquella que se configura a partir de la noción de sujeto del inconsciente, no autónomo, que por definición, no es dueño de su voluntad e intención, sujeto escindido y por otro lado, responsabilidad jurídica a la que se deriva del sujeto del derecho, que es consciente, temporal, pura actualidad. Somos responsables de nuestros deseos, aunque nada sepamos de ellos, el no saber no nos quita la responsabilidad al respecto, somos responsables de la puesta en acto de ese deseo inconsciente. En este film, Ronnie es responsable de haber querido vivir y de haberse ido a tiempo de aquella reunión donde se desplegaba aquel macabro plan de suicidio. En este punto, es que lo encuentro a Ronnie en la misma posición que Pablo Ibbieta.
La deuda que contrae el sujeto frente a la interpelación, es denominada por D´Amore como culpa. La culpa denota un déficit en el sujeto. Se siente culpa cuando se cede al propio deseo. El sentimiento de culpa es el hilo conductor para encontrar la responsabilidad subjetiva. No hay responsabilidad sin culpa. La culpa en Ronnie, en este caso surge, por haber deseado vivir, y haberse ido de la reunión, haber escuchado a su deseo de vivir, y haberse retirado de la escena. De esto, Ronnie es responsable, se puede decir entonces, que en la clínica siempre que aparecen figuras de la culpa, se puede intuír que hay algo de la responsabilidad en juego. La culpa vela y al mismo tiempo devela la responsabilidad del sujeto.

Bibliografía:

▪ Clases teóricas de los Profesores: Juan Jorge Michel Fariña y Carlos Gutierrez
▪ Clases prácticas del Profesor: Adelqui, Del Do
▪ D´Amore Oscar, “Responsabilidad subjetiva y culpa”, en “La transmisión de la ética, clínica y deontología”, tercera edición, editorial Letra Viva
▪ Domínguez María Elena, “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”, en “La transmisión de la ética, clínica y deontología”, tercera edición, editorial Letra Viva
▪ Mosca Juan Carlos, “Responsabilidad: otro nombre del sujeto”, en “Ética, un horizonte en quiebra”, editorial Eudeba
▪ Piñeyro Marcelo, “Las viudas de los jueves”, película
▪ Salomone Gabriela, “El sujeto dividido y la responsabilidad”, en “La transmisión de la ética, clínica y deontología”, tercera edición, editorial Letra Viva
▪ Sartre Jean Paul, “El muro”, cuento corto



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