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Films > Título:  Letras Prohibidas
Marqués de Sade, escritor...
por Mosca, Juan Carlos, Veli, Mónica
Título original: Quills

Philip Kaufman / Estados Unidos - Alemania / 2000

"Pongamos un poco de orden a nuestros placeres,
sólo se goza programándolos". (Delbene en "Juliette")
Dolmancé se admira que Eugenie, erotizada por sus palabras,
pueda gozar mentalmente: "Mire, señora, mire como esa
libertina se desahoga con la cabeza sin que uno la toque".
("La Filosofía en el Tocador")

Comentarista de la obra del Marqués de Sade, Leopoldo Panero señala que siendo la palabra absolutamente exterior al hombre, lo mismo que la muerte, es por tanto inhumana, como la muerte misma. Pero al ser la palabra y la muerte lo que constituyen al hombre, lo inhumano es una instancia humana. Señala Panero que a Sade no le interesa reconciliar esta contradicción irreconciliable, sino servirse de ella.

El film que comentamos fracasa en poner "en escena" esta imposibilidad y termina deslizándose hacia un alegato moral por la libertad de expresión.

Producido en Estados Unidos, dirigido por Philip Kaufman, y basado en la obra teatral de Doug Wright, el film destaca algunos aspectos de la vida del Marqués de Sade durante su encierro en el Hospicio de Charenton.

Geoffrey Rush interpreta a un Marqués que se parece más a un mártir, víctima de la censura, que a un hombre tomado por su deseo de escribir.

Michael Caine, como el Dr. Roger Collard a quien el Ministro del Interior de Napoleón encomienda la tarea de acallar al licencioso escritor y supervisar la tarea del Sr. De Coulmier (Joaquín Phoenix) director del Hospicio, encarna la voz de la hipocresía y la represión, con instrumentos más "sádicos" que los del Marqués.

El Dr. Roger Collard: "un alienista distinguido, hombre de moral sólida, de carácter implacable con una determinación de hierro", y de quien el Marqués diría "tenemos los mismos gustos".

Resulta interesante el papel de Kate Winslet, quien protagoniza a Madeleine Lecrerc, joven amiga y escribiente del Marqués durante los últimos días de su vida, como aparece aquí retratada muestra lo que el erotismo debe más a la palabra que a lo imaginario del cuerpo.

Si bien "Letras Prohibidas" como película evidencia cierta vacilación y trastabilla, por otro lado reactualiza el interés que la obra del Marques de Sade despierta.

El nombre propio Sade es homónimo del antiguo vocablo francés, ya en desuso, sade, adjetivo que significaba amable, dulce, gentil y del cual derivaba el verbo sadaier, (acariciar, mimar), y el sustantivo sadaiement, (caricia, beso). Extraño destino para una palabra que pasaría a designar al erotismo en su forma más feroz. Tal vez la nueva significación, sadismo, ahoga en la historia a la antigua. Es en 1834, casi un siglo después del nacimiento del Marqués, que aparece en la octava edición del Diccionario Universal de Boiste: "Aberración espantosa del libertinaje, sistema monstruoso y antisocial que repugna a la naturaleza". En 1888 Krafft-Ebing incorpora este término a sus clasificaciones de patologías siquiátricas.

A lo largo de su vida Sade se ve envuelto en diversos escándalos. Los primeros, del orden de las prácticas sexuales perversas que luego lo harían conocido por sus escritos, le empiezan a tejer una fama que ni su elevada condición social permitiría ocultar. El episodio ocurrido con unas prostitutas de Marsella llega a dominio público y hace que Sade tenga que esconder su identidad y disimularla a los padres de las muchachas que toma a su servicio.

Contratadas para el placer, descubren que el Marqués solo puede acceder a él a costa de flagelarlas y obligarlas a aceptar terribles proposiciones, como blasfemar contra Dios durante el coito. Cuando el deseo se declara en voluntad de goce el placer se desvanece. Es el fantasma el que vuelve a convertir al placer apto para el deseo.

Una de las muchachas enferma gravemente al ingerir, a pedido del Marqués, grandes cantidades de bombones y caramelos con cantárida (una sustancia extraída de un coleóptero carnívoro con propiedades supuestamente afrodisíacas). Presenta entonces una denuncia por envenenamiento, que termina en una condena a muerte por "crimen de envenenamiento y sodomía", de la que Sade finalmente logra escapar huyendo a Italia.

El Marqués vuelve a Francia e instalado en su castillo de Mazan organiza las llamadas "partidas de placer", y si bien la realidad de su vida no alcanzó el nivel de las descripciones de su producción literaria, curiosos episodios ocurrieron en el "laboratorio del sadismo", ubicado en el primer piso del ala sur. Abundan en esa época las denuncias de flagelación. Su perversión adquiría una forma bastante "doméstica" que duraría por algún tiempo, pero que no por ello fue menos inquietante.

Lacan afirma en su escrito "Kant con Sade", (que estaba destinado a prologar "La Filosofía en el Tocador"), que Sade va más allá del límite del fantasma, pero se detiene en el punto en que se anuda el deseo con la Ley.

Si el deseo deviene en deseo de muerte es justamente por la relación dialéctica que existe entre el deseo y la Ley. Es así como el pecado adquiere un carácter desmesurado.

Rebasar los límites no es una apología naturalista de la liberación del deseo. Tal vez no sea más que una escritura desamarrada de la suposición de un lector. Si Sade superó el muro de la prisión fue con sus excesos de escritor, que desde el encierro hicieron política.

En 1777 Sade, luego de un altercado que alcanzó un cierto grado de violencia con gente contratada a su servicio, es arrestado y conducido a la Torre de Vincennes. Le escribe desde allí a su mujer: "La desesperación se apodera de mí, hay momentos que ya no me conozco en modo alguno. Mi sangre es demasiado bullente para resistir un tormento tan terrible" [1].

Es su suegra, la Sra. de Montreuil, la que no tarda en intervenir, tanto más por el escándalo en el que se ve envuelta su familia, que por el Marqués mismo. No obstante, se les atribuyó a ambos otro tipo de relación además de la familiar.

La hipótesis de un profundo desarreglo mental del Marqués le ofrecería posteriormente una salida.

Su segundo lugar de reclusión fue La Bastilla. Allí, como "preso de lujo", se hace llevar "40 cuadernos de papel, un frasco de tinta, 6 grandes plumas cortadas"2, y sus libros preferidos.

Sade siempre escribió y sus cartas lo testimonian, pero el paso a la escritura novelesca nace fundamentalmente en la situación carcelaria misma. La mayor parte de su producción literaria fue escrita en prisión, las escenas que el capricho de su erotismo le exigían no encontraban allí otro modo de expresión más que el de la escritura.

¿Cómo escribir? No solo Sade, también nosotros. Como afirma Panero, la imposibilidad es el tema de la escritura sadiana. No lo prohibido, sino lo inalcanzable. Toda escritura testimonia lo inalcanzable y suplencia lo imposible.

Política de la escritura, que es del exilio en Joyce, que es del encierro en Sade. Escritura que se niega a la división desarticulada entre lectura y escritura y que crea un lector. En el caso de Sade con novelas que no tienen otro argumento, al decir de Leopoldo Panero, que la repetición, con personajes opacos, descriptos por la dimensión de sus órganos sexuales, textos impublicables, publicados para no ser leídos sino mostrados.

Lacan señala la contemporaneidad de "La Filosofía en el Tocador" con la "Crítica de la Razón Práctica" de E. Kant, que apareció en 1788, a 7 años de su "Crítica de la Razón Pura" (1781) y 7 años antes de la citada novela de Sade; " ... en su extremo el mundo sadista es concebible... como una de las realizaciones posibles de un mundo gobernado por una ética radical, por la ética kantiana tal como esta se inscribe en 1788" [2]. En ambos la pregunta es por la Cosa, en cuyo horizonte se muestra el dolor. En la vecindad de la Cosa, Sade rebasa los límites. "Por encima de la moral, una erótica" [3] . Y qué es el placer, un límite a lo absoluto del goce.

Múltiples relaciones se establecieron entre la filosofía kantiana y la del "tocador". Agregaremos otra, como observación a título de curiosidad, el encierro. Por razones distintas, como aislamiento, podemos hablar de cierto "encierro" de Kant. Poco salió de su Koenisberg natal, en Prusia Oriental, incluso se afirma que bien poco salió de su casa.

En el encierro de Sade su producción literaria se convirtió en su "única escapatoria para la pasión, y propició que un afán de exceso hiciera retroceder los límites de lo posible, más allá de los sueños más insensatos que jamás hubiera engendrado el hombre" [4].

Lacan se refiere a Sade como un teórico un tanto pobre del erotismo. Las atrocidades que describe si bien aparecen enmarcadas dentro del terreno de lo sexual terminan velando, oscureciendo su posible función erotizante.

A la manera de los excesos que Lacan describe en el Seminario VII respecto de los mártires de la historia del cristianismo, (como aquellos que beben el agua con la que limpian los pies de los leprosos), es el goce el que sale a escena dejando poco margen al placer.

Su obsesión por las mediciones y por la enumeración de sus proezas sexuales y las de sus personajes parece confirmar su inclinación por los excesos y la mostración escénica.

En sus obras intentaba afirmar valores inaceptables, "la vida, según él, era la búsqueda del placer, y el placer era proporcional a la destrucción de la vida" [5]. Sus orgías, reales o de ficción, giraban en torno del control absoluto del semejante.

La lista de sus obras crece hasta que en octubre de 1788 cuenta con 15 volúmenes escritos, sin contar sus manuscritos clandestinos.

"Justine" fue editada con una serie de grabados obscenos. Para colocarlos Sade eligió pequeñas obreras de 14 años. Su "educación en la lujuria" fue puesta en práctica también en este acto. En el siglo XVIII los libertinos se ufanaban de practicar la perversión de los jóvenes a través de la literatura. "Los ciento veinte días de Sodoma se subtitula -La escuela del libertinaje-; -Los preceptores inmorales- es el subtítulo de La Filosofía en el Tocador" [6].

Sade estuvo mucho tiempo preso por sus malas costumbres, por los disturbios familiares, por sus actitudes políticas, pero el 6 de marzo de 1801, agentes de policía irrumpen en el local de su editor Nicolás Massé, donde se encontraba trabajando, y confiscan diversos manuscritos. Luego de algunas investigaciones lo encarcelan en la prisión de Sainte Pelagie. Para ello basta un argumento: "la infame novela de Justine, y la obra aún más espantosa de Juliette" [7].

Sade había adoptado con respecto a sus escritos una relación exhibicionista, su necesidad de darlos a conocer sobrepasó los límites de lo conveniente y puso en riesgo su vida, o puso su vida al servicio de la "mostración". "Justine" tenía como pie de imprenta una editorial holandesa y figuraba como de autor anónimo, pero todos sabían quién le había escrito y que provenía de una imprenta en París. El público de sus transgresiones "pronto se convertiría en la totalidad de la nación francesa [8].

Lo más escandaloso era para él el principal medio para procurarse placer. Quizá las "irregularidades" sexuales que se encargaba de presentar en sus obras desbordaron la condición de página impresa transformándola en el objeto de su placer.

Su reclusión toma cada vez más la forma de una internación psiquiátrica. Se le atribuyó un estado de "demencia libertina". En marzo de 1803, lo transfieren a la casa de salud de Bicetre. En abril a la de Charenton Saint Maurice. El director del Hospicio de Charenton, el Sr. De Coulmier (Joaquín Phoenix en el film) traba lo que se podría decir una amistad con él.

Su benevolencia hace que sea llamado al orden por el prefecto de policía Dubois, quien desde tiempo atrás persigue al Marqués con odiosa devoción.

El Marqués posee en el hospicio una habitación más que aceptable, provista de una biblioteca, cortinas, butacas y un escritorio de roble de ocho cajones construido por un ebanista especialmente para él, y todos los elementos necesarios para poder escribir. Además puede recibir visitas.

Pero la persecución llegaría incluso puertas adentro de su encierro: en 1806 una investigación hecha en su cuarto termina con la incautación de manuscritos que se declaran de "lectura repugnante". Es evidente que lo que preocupa a personajes de alcurnia y poder es la posibilidad de que Sade continúe escribiendo.

Más tarde el Ministro del Interior precisa en un documento que este detenido debe ser separado de los demás y que se debe tener el mayor cuidado "para impedirle todo uso de lápices, tinta, pluma, y papel" [9]. Sade se resiste, pero nada consigue hasta 1808, año en el cual el Sr. De Coulmier hace un informe en el que describe las virtudes de las obras de teatro escritas por Sade y su efecto "curativo" en el espíritu de los enfermos mentales allí internados. Se refiere a él como un "hombre capaz de mejorar en la escena a los alienados a los que quiere curar con este género de remedio" [10].

Durante un tiempo se convierte así en director de teatro, "es él quien indica las piezas, distribuye los papeles y preside los ensayos" [11].

Esta libertad que Coulmier le proporciona es aprovechada por Sade para reanudar cierta actividad libertina. En su Diario se observan signos que indican posibles encuentros sexuales en esta época. La última relación erótica, quizás amorosa, de su vida, fue la establecida con Madeleine Lecrerc (interpretada por Kate Winslet), joven lavandera y planchadora de 16 años, cuya madre trabajaba también el hospicio. En 1812 Madeleine empieza a hacerle visitas regulares que llegarían al número de 96. La última vez, 5 días antes de la muerte del Marqués.

Sade se convirtió en su maestro, le enseñó a leer, a escribir, a cantar y la instruyó en teatro. En una página de su Diario de 1814 diría: "Vino a las 12 y cuarto y se quedó hasta las dos, siempre fría, y cuando le hice reproches, me dijo que la causa de ello era esta casa, y que fuera de ella sería completamente diferente… Razona perfectamente sobre los amantes o las amantes y me aseguró que nunca había cometido una indiscreción sobre este punto" [12].

En la primavera de 1814 Napoleón abdicaba y Luis XVIII hacía su entrada en París. El Sr. De Coulmier dejaba un sucesor, el Sr. Roulhac de Maupas. El nuevo director no tendría ya la misma tolerancia.

El 2 de diciembre de ese mismo año Sade moría. Fue enterrado, sin respetar su pedido, con ceremonia religiosa, en las tierras de Charenton. Su deseo expresado en vida respecto del destino de su cuerpo no fue cumplido. Consistía en "verlo colocado, sin ningún género de ceremonias en un bosquecillo bien guarnecido. (…) En la fosa practicada en ese bosquecillo…una vez cubierta se sembrarán bellotas a fin de que posteriormente el terreno de dicha fosa se encuentre otra vez guarnecido de árboles y el bosquecillo como se encontraba antes, de suerte que los rastros de mi tumba desaparezcan de la superficie de la tierra, así como blasono que mi recuerdo se borre del espíritu de los seres humanos, salvo sin embargo del pequeño número de quienes han tenido a bien quererme hasta el último momento y de quienes me llevo mi recuerdo a la tumba" [13].

Sobre esta solicitud Lacan interpretó un anhelo de segunda muerte. Una muerte más absoluta, al servicio del trabajo de la naturaleza, que destruye para construir.

Para Panero la escritura es lo que hace posible lo imposible de la relación con el Otro, al abrigo de la muerte.

Memoria colectiva y memoria de nadie. La tumba también es una escritura.

El Castillo de Mazan, en Vancluse, terminó convertido en una casa de retiro, y en una placa en su entrada puede leerse, acaso al fin justamente: "Castillo del Marqués de Sade, copropietario de Mazan, escritor, 1740-1814".

(*) Publicado en elsigma.com, y una versión más abreviada también fue publicada en Psyché-navegante.com

Referencias

Jean, R. Un retrato del Marqués de Sade. El placer de la desmesura. España, Ed. Gedisa.

Panero, L. M. Prólogo a Marqués de Sade, Obras Selectas. España, Ed. Edimat.

Du Plessix Gray, F. Marqués de Sade. Una vida, Buenos Aires, Ed. Vergara.

Bataille, G. El erotismo. España, Ed. Tusquets.

Lacan, J. El Seminario, libro VII. Buenos Aires, Ed. Paidós.

Lacan, J. Kant con Sade. En Escritos 2. México, Ed. Siglo XXI.


Notas

[1] Jean, R. Un retrato del Marqués de Sade. El placer de la desmesura, pág. 116.

[2] Lacan, J. El Seminario Libro VII, pág. 98.

[3] Op. cit., pág. 104.

[4] Jean, R. Op. cit., pág. 186.

[5] Du Plessix Gray, F. Marques de Sade. Una vida, pág. 170.

[6] Jean, R. Op. cit., pág. 199.

[7] Op. cit., pág. 171.

[8] Op. cit., pág. 204.

[9] Op. cit., pág. 205.

[10] Op. cit., pág. 205.

[11] Op. cit., pág. 205.

[12] Op. cit., pág. 20.

[13] Op. cit., pág. 12.





 
 
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