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por Lione, Pablo

Fata Morgana, 1970.

Aguirre, la ira de Dios, 1972.

El enigma de Kaspar Hauser, 1974

Nosferatu, 1979.

Fitzcarraldo, 1982.

Encuentros en el fin del mundo, 2007.

“Si preguntamos a alguien qué hay en La Odisea que lo hace un texto bello, quizás no lo sepa: hay algo que no es transmisible” (Pablo Amster, 2004)

La incesante repetición metonímica de diferentes aviones aterrizando en una pista en medio del desierto, anuncia que posiblemente, Werner Herzog, nunca termine de llegar.

Desde Fata Morgana- Espejismos- , el director alemán propone un viaje, otro más, hacia los orígenes.

El Popol Vuh recrea una versión del Génesis y la creación.

Pero no perdamos de vista: fata es también el oráculo, como señala Pierre Legendre.

Aguirre, Fitzcarraldo, o el campamento con filósofos y lingüistas en la Antártida, bordean el límite de lo imposible.

Sus protagonistas se enfrentan con la imposibilidad de cualquier atravesamiento.

La atmósfera de realismo mágico en Fitzcarraldo, que parece rodada en las cercanías del Macondo de García Márquez, presenta al conquistador europeo, rubio, como lo extranjero, lo diferente, frente a los indios del trópico asfixiante.

El barco Molly Aida, transportando el hielo y la ópera, navega por el Amazonas como la nave de los locos. Fitzcarraldo se propone construir el Ferrocarril Trasandino, y su arma ante la adversidad, es la música, y su soportable horror (Mario Betteo Barberis).

Los films de Herzog son un subtipo de la road movie: aquí los protagonistas abren el camino.

La nave atravesando el istmo, con una sonora Aida cantada por Caruso desde un gramófono en la Amazonia, encallada en una imagen onírica en la montaña, es un monumento a lo imposible.

También Kaspar Hauser, un ¿enfermo? obsesionado con la música de Mozart, corriendo por campos de trigo filmados por van Gogh, renueva la visión del Otro extranjero.

Hauser, como cada filósofo alemán, formula una nueva pregunta, y ensaya una respuesta, al menos provisoria.

También Hauser, como Fitzcarraldo, como Herzog, como Aguirre, siente la música en el pecho, y se pregunta por qué no se puede tocar el piano como se respira.

Kaspar, aunque parece a primera vista el salvaje del Aveyron, su cerebro investigado por científicos positivistas, que por supuesto encuentran una deformación, no lo dudemos: es un filósofo.

También Nosferatu, como Aguirre, emprende un viaje del Caspio, al Amazonas, a la Antártida.

Como Aguirre, como Fitzcarraldo, el viaje es a bordo de un barco fantasma.

Las preguntas de Kaspar, de Fizcarraldo, de Aguirre, de Herzog, de Nosferatu, son sobre la muerte y el amor: preguntas imposibles.

Como las catedrales del siglo XX: inconclusas.

Sólo puede rodearse, bordearse, el agujero de una capa de hielo tan ilusorio como el hielo que ha de vender Fitzcarraldo. El agujero, como topología de lo imposible, donde convergen las líneas del mapa.

No hay encuentro con lo Real, ni siquiera para estos “soñadores profesionales”.

Das Ding, y su enigma, permanecen, aún.

“Una película resulta un señuelo para que los ojos del espectador depositen allí su mirada. Si el cine nos subyuga es, ante todo, porque atrapa nuestra mirada. Nos brinda, en efecto, una oportunidad privilegiada para indagar lo que en el campo de la visión se revela de la función del goce y del deseo.” (Zimmerman, Daniel. La fascinación del cine, 2000)

Referencias

Amster, P. la matemática como una de las bellas artes, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2004.

Zimmerman, D., la fascinación del cine, en Fariña, J., Gutiérrez, C. (comp), Ética y cine, Buenos Aires, Eudeba, 2000.



NOTAS





COMENTARIOS

Mensaje de Mariana Pacheco   » 2 de noviembre de 2014 » marian.pache@gmail.com 

¿Por qué no puede hacerse cine como se respira?
El texto inspira esta pregunta, al colocar a Herzog entre Fitzcarraldo, Hauser, Nosferatu. ¿Es que acaso la locura de Herzog, es la misma que la de sus personajes? No está demás aclarar que no utilizo el término locura como sinónimo de patologia.
En su libro Conquista de lo inútil, Herzog escribe cómo la imagen de un barco subiendo una montaña se le impuso con la fuerza con que los perros no sueltan sus presas.
El artículo invita a pensar en el cine. Si los directores no tienen el coraje de meterse con las preguntas imposibles ¿se sigue haciendo cine hoy en día?



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