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“Los Ojos Ciegos Bien Abiertos”
(Un análisis de “El Corazón Delator” de Edgard Allan Poe)

“La mirada del amo. Ojo que mira y funda “
Jaques Lacan

“¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos... ““…¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia. Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre.... Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre…
…Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza.
…¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? …Y esto lo hice durante siete largas noches...
Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta…Apenas lograba contener mi impresión de triunfo.
…Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:
- ¿Quién está ahí?
Permanecí inmóvil, sin decir palabra…

…Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.
…hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.
…y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba…¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado. …el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento… ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. …Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. …Su ojo no volvería a molestarme.
Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. …Ante todo descuarticé el cadáver. Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ¡ja, ja!
“… Golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?”
Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía.
Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. …Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. …Mas, al cabo de un rato…creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.
... ¿y qué podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón… ¿Por qué no se iban?... ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!
- ¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!

El protagonista del análisis es el narrador anónimo, quién a partir de una acción se verá envuelto en una serie de sucesos que pondrán en juego su consistencia como sujeto. Se intentará dar cuenta de su responsabilidad subjetiva, cuyo circuito se desarrolla en tres tiempos lógicos y se tratará de llegar a una hipótesis clínica para explicar el porqué de su respuesta.
Para comenzar, se ubicaran las categorías de universal – singular y particular; categorías que no pueden comprenderse por separado. Ubicamos como universal, entendiéndolo como lo que va mas allá de todo, y que para cada universal postulado, un algo singular lo obliga a ir mas allá de su aparente totalidad. En esta historia a la mirada, como causa de deseo, aquello que nos atraviesa a todos, mirada que constituye una imagen a condición de ubicarse en un punto determinado. Ojo que mira y funda solo si se ubica en ese lugar simbólico fuera del cual esa imagen, lejos de constituirse, se fragmenta. Es en este momento una mirada que desde el campo simbólico constituye la imagen del yo como matriz del campo imaginario como tal.
Esto universal está unido a lo singular, porque puede tomar distintas formas de acuerdo a la singularidad de cada sujeto. En esta historia lo singular, lo que hace tambalear las consistencias previamente “instituidas”, una de las infinitas formas posibles de realización de lo universal se ubica en la forma de responder ante esa mirada, citando a Lacan: Mirada es algo que se despliega a pince¬ladas sobre el lienzo, para hacerlos deponer la vuestra ante la obra del pintor.
Y por último lo particular, aquello que como código regula una situación, lo que tiene que ver con la subjetividad de la época y con los códigos instituidos lo ubicamos en el ideal social aceptable en cuanto a las relaciones de las personas, ya que en esta historia para la acción cometida por el narrador, el asesinato, hay ley, normas, códigos, que citan algo sobre este tema.
Se detallara, ahora, los conceptos de ética y moral para pasar luego a la descripción de las categorías de azar, necesidad y responsabilidad.
Lo moral tiene que ver con los grupos, con la conducta social de un sujeto entre otros, los “deberes del sujeto frente a la ley” . Es temática, siempre tiene un tema en particular y además es temporal, está ubicada en relación a una época determinada. También es subsistencial, permite algún ordenamiento de la existencia del sujeto en lo social, lo cual la ubica en relación con la categoría de lo particular. Se situara a la moral, dentro de la historia, como la concepción de la época sobre quien es loco y quien no lo es: “¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos…”. También la moral en los personajes de la policía, aquellos que encarna la ley, el código, y el superyó que viene a juzgar al narrador anónimo, por su acto.
Lo ético es, a diferencia de lo moral, no la posición de un sujeto en relación a los otros, sino la posición del sujeto en soledad, por eso mismo es que se relaciona con las categorías de universal – singular. Es atemporal, no tiene que ver con una época determinada, es atemático porque no tiene un tema en particular y es existencial, tiene que ver con el orden de la existencia más allá de la temporalidad en la que viva el sujeto. Pero no es una persona la que es ética, sino sus actos. Y se considera así, que en la historia no ocurre un acto ético hasta el final de la misma, hasta el momento en que el relator asume su responsabilidad ante el acto cometido y por el cual está siendo interpelado. Una noción de acto en la que el sujeto se produce, se produce un sujeto del inconsciente.
Categorías de azar, necesidad y responsabilidad. El azar es lo que tiene que ver con la incertidumbre, lo casual, lo accidental, lo fortuito, lo que no se puede calcular porque es ajeno a la decisión, al deseo y a la voluntad del sujeto. Algo no calculable. La necesidad es aquello sobre lo que el hombre no puede incidir, lo forzoso, lo riguroso, lo inflexible. Necesidad o azar, ante ambas ha de tomarse una decisión.
La categoría del azar la podríamos ubicar en lo siguiente: “…Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho…”, en ese resbalar se encuentra lo accidental, no fue decisión del narrador hacerlo, al contrario la intención era hacer el menor ruido posible. Algo que no calculo y que hizo que despertara el viejo. Espero que se duerma el viejo pero la luz reflejo directamente sobre el ojo y lo enfureció. Leyendo retroactivamente lo anterior podríamos denotar como categoría de necesidad el hecho que pase eso para que pueda tirársele encima y matarlo, que el ojo lo enfureciera a tal punto de tomar la decisión de matarlo.
En la categoría de determinación inconsciente podemos ubicar el hecho de que quiera matar al viejo, como algo que tiene que ver con la historia del sujeto, hay algo allí que se juega a nivel inconsciente, dicho de otra manera, por alguna razón inconsciente quiere matar al viejo.
En todas las categorías anteriores el narrador ha de tomar una decisión, pero no como opción o elección sino decisión que toma un sujeto cuando advierte el alcance de su decisión no calculada. Decisión que funda un universo nuevo, donde se constituye el sujeto.

La responsabilidad se ubica entre la necesidad y el azar y es aquello que interpela al sujeto a responder por su acto, a hacerse cargo de éste. Tiene que ver con la singularidad de un sujeto. En la historia, ante lo que tiene que responder el narrador como sujeto es ante el acto que cometió, en la que acaece la culpa, es por esto por lo cual empieza a escuchar los latidos del corazón, que no lo ubican en la misma posición de la escena ocurrida con anterioridad, en la que escucha los mismos latidos, lo interpela y lo acusa. Lo que él no quiere asumir, aquello ante lo cual no responde hasta el final de la historia es su posición respecto al acto, pero no por el acto cometido en sí, sino lo que se juega allí, aquello que lo atañe en relación a lo que desconoce de sí mismo . Sabemos que el circuito de la responsabilidad tiene 3 tiempos lógicos: en un primer tiempo, el sujeto realiza una acción que cree que se agota en los fines para la cual fue concebida. En un segundo tiempo, hay algún indicador que señala un exceso y hace que se interpele la posición que el sujeto tenia al comienzo del mismo, por lo cual decimos que el tiempo 2 resignifica al tiempo 1. En el tercer tiempo, es en donde aparece el cambio de posición subjetiva, que verifique la responsabilidad subjetiva, una toma de posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produzca un sujeto barrado .
Podemos ubicar el tiempo 1, en las acciones que hace el narrador. Cada detalle, para llevar a cabo el asesinato del viejo, como dice nuestro relator: “…con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia…Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre…” todo parece agotarse cuando por fin lo mata, al momento que se abre el ojo y los latidos del corazón empiezan a enfurecerlo, lanzándose sobre el viejo. Una vez cerciorado de la muerte de la víctima, lo descuartizo y lo puso debajo del suelo de madera de la habitación, pero esta situación no se agota allí como él pensaba. Se confronta con un segundo tiempo, cuando ya están los policías en la casa, en la misma habitación donde enterró al viejo, hasta ese entonces despreocupado, pero hay un exceso, un punto de verdadera interrogación que lo interpela, allí cuando vuelve a escuchar los latidos del corazón, esos que había escuchado en un primer tiempo. Exceso que viene a resignificar el tiempo 1. Entonces tiempo 2 que resignifica al primero. Un hecho que se presentaba previamente como egosintónico, ahora es resignificado y puesto en un lugar que compromete la integridad del yo del sujeto y sacude la completud de ese “universo previo” que lo sostiene. universo particular que se resquebraja, provocando la aparición de una pregunta en relación a la posición del sujeto que daría lugar al acto.
Un Superyó inflexible y siempre vigilante, mira acusadoramente, lo increpa por el “error” cometido. Hay un Otro que hace una pregunta por la posición del sujeto. Y es una pregunta que requiere respuesta. No hay forma de evadirse de esa respuesta.
Se puede ubicar la vacilación del fantasma, en el momento posterior al escuchar los latidos del corazón, donde decide “confesar lo que cometió, no soporta más, “… ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía!” Es el mismo latir del corazón que se ubica como segundo tiempo. Hecho que comienza a interpelar al sujeto.
El campo de la responsabilidad subjetiva confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno. Es decir, que la responsabilidad atañe al sujeto en relación a lo que el desconoce de sí mismo.
Ante esta nueva dimensión desconocida que la pregunta ha abierto, un primer intento de respuesta por parte del narrador ante este hecho que lo interpela será intentar re-ligar eso que se ha des-ligado, re-inscribirlo en lo particular, -¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!
Sin embargo, esta respuesta se demuestra fallida, no cierra el circuito de la responsabilidad sino que lo abre aún más, porque en realidad no es ante el crimen, no es eso lo que lo convoca. A partir de la culpa surge el acto de responsabilidad, no hay responsabilidad sin culpa. Saberse culpable de la situación en juego permite la posibilidad de otro tipo de responsabilidad. Culpa que lo interpela en el plano del Yo. Una Culpa en principio hacia el, luego proyectada: “… ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror!...” donde proyecta algo de un punto ciego suyo: “-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!”
El Tiempo tres es el que verifica su responsabilidad subjetiva. Donde la interpelación subjetiva se pone en marcha cuando la ley simbólica del deseo ob-liga a retornar sobre la acción. No hay deseo sin culpa. Tiempo que tal vez es muy difícil de situar.
Antes de finalizar el análisis, sería importante describir la modalidad en la que la interpelación subjetiva pone en marcha el circuito. Dado este tiempo 2, como se cito anteriormente, se funda en su resignificación el tiempo 1. Entonces, esta retroacción resignifica los elementos disonantes del tiempo 1. Es fundamental mencionar que la interpelación exige respuesta. El tiempo 3 consiste en que el sujeto pueda hacer algo con aquello descubierto, llevándolo a actuar de un modo diferente.

Hipótesis Clínica
Lo que le molestaba al narrador era el ojo, quiere matar al ojo, para que deje de mirarlo porque le helaba la sangre. ¿Por qué quiere que lo deje de ver? ¿Qué es lo que ve el otro? ¿Cómo lo ve? ¿Lo ve? ¿Lo refleja? ¿Realmente quiere que lo deje de ver?
Lacan toma de otros autores la división del ojo y la mirada. Pero le agrega la mirada como objeto, que implica el corte en la relación del cuerpo y el espacio. Así, el sujeto demanda en su ayuda una mirada que recorte un objeto, organizando el espacio (es decir lo que se puede ver). Ver es no ser visto, excluir la mirada misma capaz de capturarme. Sólo así el horizonte es más promesa que abismo, y el mar es vehículo para alcanzar nuevos y lejanos mundos, con su ansia de espacios, trayectos, futuras orillas, glorias y conquistas.
Una vez recortado y desprendido el objeto, éste queda ubicado entre el sujeto y el Otro, dejando un lugar posible para el sujeto, al precio de dejarlo "… en la ignorancia de lo que está más allá de la apariencia.”. Delimitar es excluir, es lo excluido lo que delimita. Y la imagen, aquello que se ve, deja perdido un espacio real que no coincide con el de la representación. No es el único precio a pagar: el destino del sujeto queda anudado al deseo de (y por) la presencia tranquilizadora.
En nuestra historia podemos decir que entonces es la mirada del Otro que no lo ve, y quiere que lo vea. Todo el tiempo queriendo demostrar que no está loco, insiste en ello. Ese otro no lo identifica, ¿por eso el anonimato? Es como si hubiera una falla. Una falla en la constitución subjetiva, en el primer narcisismo. Se tratará de una falla radical en la relación con el Otro primordial que produce una falta en la constitución del cuerpo, que vuelve al sujeto absolutamente permeable a la intrusión del semejante, a la vez también sin ningún tipo de pantalla frente a la intrusión del significante, del Otro, es que las palabras les son impuestas. En esta situación el sujeto está absolutamente indefenso. Es un encuentro con lo real, con el objeto a. Y la culpa viene por haber cedido a ese deseo. Responder allí donde lo simbólico no puede dar respuesta. “De todos los objetos en los que el sujeto puede reconocer su dependencia del registro del deseo, la mirada se especifica como inasible”, es por esto que, más que cualquier otro, la mirada es un objeto desconocido. “Nunca te veo desde donde tú me miras” implica la mirada contenida en la visibilidad misma, la mirada suplementaria del Otro escondido y su relación con la vergüenza y el pudor. Esta mirada no se nos presenta más que bajo la forma de una extraña contingen¬cia simbólica. Una carencia constitutiva, a partir de la cual surgirá la angustia de castración.
Así podemos hallar una conexión entre el tiempo dos y el uno, una ligadura. Allí donde se juega la mirada del Otro, como falla constitutiva. Querer ser visto por el otro, siguiendo la línea del psicoanálisis sabemos que la negación es donde se “ve” lo inconsciente, con lo que cuando el narrador dice que su ojo era lo que le molestaba, remitiría a que no quiere que lo vea, pero siguiendo la línea citada podríamos concluir que si quería ser visto. Es esta forma de ser visto que se juega en el escuchar los latidos del corazón.
La culpa que le surge a nuestro narrador es el reverso de la responsabilidad. Pero es algo que no se asienta en la dimensión de lo particular. Cree prescindir de eso pero en realidad es un llamado, tiene que responder ante ese deseo que lo convoca.
Es de destacar que el ojo del viejo era ciego, entonces no veía. Una mirada vacía, no quiere que deje de mirarlo, porque de hecho el ojo ciego no lo ve, sino que lo mire.
Finalizando, nuestro narrador es responsable de querer ser alguien, de querer ser “identificado” por el Otro. Tener una imagen completa de sí. “No mires por favor, y no prendas la luz, la imagen se desfiguro”
Entonces ¿Quién es el que delata? ¿Quién es nuestro protagonista, el narrador o el ojo?

Bibliografía:

• Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de clase teórica. Publicado en la página web de la cátedra
• Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.
• Jaques Lacan: Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache: “psicoanálisis y estructura de la personalidad”
• Ariel, A. (1994). Moral y Ética. Una poética del estilo. En El estilo y el acto. Ediciones Manantial, Buenos Aires.
• Oscar D`Amore: “Responsabilidad subjetiva y culpa” Salomone, G, Domínguez, M.E Transmisión de la ética: Clínica y deontología, Vol. 1. Fundamentos., 3ra edición. Buenos Aires. Letra Viva, 2008.
• Gabriela Salomone: “El sujeto divido y la responsabilidad”, Salomone G, Domínguez M. E, Clínica y Deontología, Tercera edición, Buenos Aires, Letra Viva 2008.
• Salomone, Gabriela: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”, Salomone G, Domínguez M. E, Clínica y Deontología, Tercera edición, Buenos Aires, Letra Viva 2008.
• Jaques Lacan seminario XI



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