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Perdidos entre creencias
por Mercadal, Gabriela
Título original: Lost

J.J. Abrams, Jeffrey Lieber, Damon Lindelof / Estados Unidos / 2004-2010

A través de las seis temporadas de la serie Lost (EEUU, ABC, 2004 - 2010) se transitan múltiples senderos construidos con un material hecho de espacios y tiempos. Aquellos delimitados por los siempre humanos miedos; los señalizados por incertidumbres y certezas; los cimentados entre los devaneos del destino y de la decisión, de la fijeza de los presagios y del cambiante devenir, del azar y de la determinación.

Cada uno de los personajes, a través de múltiples flashbacks como recurso estético (a los que se irán sumando flash-forwards y flash-sideways que traen al presente su pasado, su futuro, y una eventual vida paralela) se encuentra con un recorrido propio que la Isla brinda la ocasión de revisar. Una pregunta crucial se juega en la oportunidad que luego de la catástrofe de la caída del avión en esa Isla ¿desierta? se abre para cada quien: ¿En qué decidimos creer?

Los enigmas que se van presentando llaman a responder. Y cada personaje despliega lo que tiene para hacerlo. Una y otra vez las respuestas encontradas se plantean en una gama que va desde la pretensión de máxima racionalidad en unos, hasta la mística más creyente en otros.

Así comienza a enlazarse el entramado de historias y personajes ya desde el primer momento de la serie. Locke se encuentra con la enigmática cura de su parálisis; el señor Eko se confrontará con “los monstruos” de su pasado actualizado en la figura informe de un intrigante humo negro; Jack deberá asomarse al vívido fantasma de su padre; Hugo atravesará el encuentro con su amigo ¿alucinado? y los “números malditos” con los que gana la lotería, pero que irán al lugar de causa de todos sus males. Y más tarde Juliet, en quien nos detendremos, invita a acompañarla en un recorrido que leemos retrospectivamente a partir de su decir al modo de sarcasmo respecto de su ex marido y actual jefe: “la única forma de liberarme de él es que lo atropelle un autobús”.

Aparecida en la tercer temporada de la serie y enrolada en el ejército de “los otros” (así los recientemente caídos en la Isla denominan a quienes ya vivían en ella y con quienes se enfrentan) su historia comienza a desplegarse [1]. Ella es parte del grupo que aparece en primer lugar cumpliendo el rol de los violentos, los secuestradores, y luego el de los “carceleros” que habitaban desde hace años la Isla y retienen a los novatos prisioneros (Jack, Sawyer y Kate), formando parte del clan que decide qué niños secuestrar, a quiénes liberar, qué tratamiento dar a cada uno. Se muestra amable e intenta establecer una diferencia respecto de los de su grupo.

Ellos conocen perfectamente a sus víctimas; dan cuenta de ese saber en nutridas carpetas con sus datos e historias, preparadas para recibirlos. Los espectadores quedamos del lado de los prisioneros en tanto se mantiene el suspenso sobre cuál es el objetivo del encierro, de las intenciones y fundamentos de las acciones, en muchos casos violentas, siempre amenazantes. La incertidumbre de los datos que no terminan de presentarse nos deja justo en el lugar de ir siguiendo de cerca los hechos en sí mismos, de centrarnos en el entramado que se va constituyendo en el aquí y ahora; nos obliga a detenernos en lo que allí se va armando, más allá de toda intencionalidad o razón previa que hubiera determinado el devenir.

El hilo de Juliet comienza a hilvanarse en ese marco y bajo esa lógica. Se la muestra en su rol de científica, involucrada en investigaciones biomédicas de fertilización, trabajando bajo las órdenes de su ambicioso ex marido y actual jefe, y asistiendo a su convaleciente hermana con lo que a la vez es su propio -y secreto- experimento en desarrollo. Hacia ella se dirige “una invitación” para formar parte de un equipo en el que podría desarrollar todo el potencial de su revolucionaria investigación (hasta el momento sólo puede llevarla a cabo en sus horas “fuera de oficina”, a escondidas, y luego presionada para entregar los posibles réditos a su jefe). Se la presenta dominada por tales circunstancias, sometida.

La invitación la seduce y la fuerza entonces a tomar una decisión al respecto. Juliet debe responder. Deja entrever el entusiasmo y la frustración que la propuesta le genera. Frustración, en tanto “se ve obligada” a no aceptar mientras esté en manos de la extorsión a la que su ex marido la somete. Seducida, en tanto vislumbra allí una salida de la situación en la que se encuentra, a la vez que se potenciaría aquello que la anima, que la sostiene en la vida. Y Juliet responde. Se sumará al proyecto. Pero aquí nos preguntamos ¿a qué está respondiendo Juliet con la aceptación del nuevo trabajo? Siendo que el beneficio económico no es tanto, e implicando tener que tomar distancia de su hermana, justamente en el tiempo de la gestación de su bebé, ¿qué la lanza a tal aventura?, ¿el rédito científico?, ¿la ambición?, ¿la liberación de su opresión?, ¿la venganza?, ¿cuál es la verdadera [2] cuestión en juego por la que debe responder?

La respuesta dada desde un cierto plano se presenta en la misma serie, en los dichos de uno de “los otros”: “En el fondo tú sabes que eres muy especial”. Sin embargo, un hecho que hará vibrar la cuerda de su decir anterior respecto del ex marido nos ofrece otra alternativa. Momento de interpelación que posibilita la distancia necesaria para la formulación de una pregunta [3]. Pregunta tan silenciosa en tanto no formulada como potente en sus derivaciones.

En el justo momento en que le hace saber a su ex marido y jefe del ofrecimiento recibido, un camión lo atropella quitándole la vida. La “liberación” habría llegado con esa ¿contingencia?

La pregunta que se impone, entonces, recaerá sobre ella: ¿en qué decide creer?, ¿en el azar de una muerte accidental?, ¿en la determinación de un asesinato? Claramente no nos referimos aquí a que debe responder por la muerte efectiva de su ex. Situada su posible liberación, los verdaderos actores entrarán en escena. Otro plano entonces desde el cual debe responder. Aquel que le concierne como sujeto que el devenir irá posibilitando o no según sus recorridos. ¿En qué decidió creer?

Y Juliet encara su viaje con destino incierto. “No tan cerca de Portland” (tal el nombre de uno de los capítulos que ella protagoniza) ¿se deberá traducir como “No tan cerca de su verdad”? Pero allí nos detenemos una vez más.

Volvemos a Los Ángeles, ciudad que la ve desarrollar su universo. El proyecto científico que ella dirige lleva la marca de un “por fuera de la ley”. En más de un sentido, para sostener ese proyecto fue necesaria una decisión: no medir las consecuencias ni los medios para alcanzar los fines propuestos. En nombre del bien y del progreso [4]toma a su hermana como conejillo de indias, en aras de lograr el deseado futuro para ella, advenir a la maternidad. El hecho de que su hermana haya contraído un cáncer la alentará en el desafío. También deberá robar parte de las drogas del laboratorio de su jefe. La anima la ilusión de lograr lo imposible hasta el momento dentro de su campo de saber. Pero allí la paradoja. Luchando por lo imposible se encontrará con la potencia. Tiene éxito y logra el embarazo de su hermana cuyo sistema reproductor había sido devastado. Ella está más allá de toda regulación, quedando en el lugar de Dios; por ello es convocada por los otros. Y es desde ese mismo lugar que acepta la propuesta.

Juliet ama su proyecto, cree ciegamente en la potencia de la ciencia. Pero mucho más, y esta será su mayor ceguera, cree en todo aquello que la mantenga prisionera, sometida a una lógica al borde, o mejor, más allá de la ley. Y no nos referimos solamente a la ley jurídica y sus transgresiones. Es respecto de la Ley de la castración y otro tratamiento de lo imposible [5] que ella nada quiere saber.

La ilusión de un salto [6] rige sus recorridos y sus acciones. Pero un salto que reniega de un tratamiento de lo imposible. Simplemente, como en la escena donde se precipita su decisión de viajar, ella se dispone a “dormir” para nada saber del recorrido [7]. No puede conocerse el punto de llegada, pero tampoco quiere saber de su punto de partida. Necesita huir. Y es en esos derroteros que indefectiblemente se topará con la impotencia: las mujeres de la isla siguen muriendo en el segundo trimestre de sus embarazos pese a sus esfuerzos; ella nada puede hacer al respecto.

Surge así una nueva oportunidad para revisar sus posiciones, pero en tanto queda atrapada en la lógica del imaginario par potencia – impotencia, lo imposible no logra hacerse un lugar. Imposible como agujero fundante de una torsión [8] alrededor de la cual una posible verdad para el sujeto pueda advenir, constituirse.

Se encuentra así en otros escenarios, rodeada de otros personajes, llevando adelante su proyecto, pero en exactamente la misma posición. Su relación con el saber comanda sus recorridos. Su aspiración a ser la portadora de un saber absoluto, sin fisuras, la mantiene en la lógica de la no-falla. Allí donde la “Madre Naturaleza” desfallece, falla, ella buscará ser su remiendo, su cobertura.

Ahora bajo el comando de Ben (autoproclamado líder de “los otros”) no logra salir de la Isla luego de tres años (el engañoso contrato inicial planteaba seis meses de trabajo) y “se ve obligada” a someterse a los despropósitos de su nuevo mentor. Una vez más el sometimiento y la ilusión de la salvadora liberación. Pero en tanto no se termina de incluir en las escenas, no se anoticia de que si de una liberación se trata, no es más que respecto de una posición y “un ser” asignado a la misma: ella “es” dominada y se empeña en “ser” la salvadora. No se anoticia de que agujerear ese ser (y en consecuencia, el saber allí en juego) le posibilitaría la salida de una razón deseante [9].

Es cierto que el orden del deseo ha asomado en ella y la lleva a intentar correrse de ese lugar. Pero para realmente darle curso a algo de un sujeto deseante en ella, un trabajo extra se impone. No alcanza con mudarse, no resulta suficiente con darle lugar a un proyecto propio. En tanto dichas acciones estén comandadas por la aspiración a “un ser”, los círculos temporales la encierran una y otra vez. Y es que justamente habrá lugar para un sujeto sólo en la medida que lo imposible logre agujerear la potencia de ese fantasmático ser. Pero eso implica una pérdida; resignar ese lugar por el que tanto ha luchado. ¿Estará Juliet dispuesta a esa travesía?

Transitarla sólo será viable en la medida en que una disposición a ceder se haga lugar en ella. Pero si la Isla decide “engullirla” en sus entrañas no será más que porque en la última encrucijada con la que se encuentra, Juliet no logra responder desde otro lugar. Una vez más la veremos como la heroína salvadora, que en el nombre del Bien (ahora tanto de su partenaire como del resto de los sobrevivientes), deja todo de lado menos lo que no está dispuesta a ceder. Ella sabe cómo salir de allí y pondrá todo su ser al servicio de lograrlo. En la potencia de ese ser y en la omnipotencia de ese saber, ella decidió creer.

Referencias

BADIOU, A. (2000). “Lacan y lo Real” en Reflexiones sobre nuestro tiempo. Interrogantes acercad de la ética la política y la experiencia de lo inhumano (Conferencias en Brasil). Ediciones del Cifrado, Buenos Aires.

HEIDEGGER, M. (1989). Contribuciones a la Filosofía. Del Acontecimiento. Buenos Aires, Editorial Biblos, 2003.

LACAN, J. (1969-1970). El Seminario. Libro XVII - El reverso del psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1992.

LACAN, J. (1959-1960). El Seminario. Libro VII - La Ética del Psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1992.

LACAN, J. (1961 - 1962). Seminario 9 - La identificación. Traducción y notas a cargo de Ricardo Rodríguez Ponte, inédito.

LACAN, J. (1958). “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” en Escritos I. Siglo Veintiuno editores, México, 1987.

SALOMONE, G. y DOMÍNGUEZ, M.E. (2006). La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Buenos Aires, Letra Viva.

ŽIŽEK, S. (1989). El sublime objeto de la ideología. Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 1992.


Notas

[1] En el devenir de la serie se van agregando constantemente datos que posibilitan desentrañar los hechos anteriormente acontecidos. Intentaremos acompañar ese tempo, no develando cuestiones que aparezcan a posteriori de los momentos abordados.

[2] Verdadera en tanto lugar vacío que porta un saber a producirse como resto. Al respecto, ver LACAN, J. (1969-1970). El Seminario. Libro XVII. Paidós, Buenos Aires, 1992.

[3] Cfr. SALOMONE, G. “Sujeto dividido y responsabilidad” en SALOMONE, G. y DOMÍNGUEZ, M.E. (2006). La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Letra Viva, Buenos Aires.

[4] Respecto de las implicancias devastadoras para la subjetividad que conllevan tales términos, ver LACAN, J. (1959-1960). El Seminario. Libro VII - La Ética del Psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1992.

[5] Castración e Imposibilidad en el sentido de que “...el sujeto es el vacío de la imposibilidad de responder la pregunta del Otro (...) El sujeto del significante es precisamente esta falta, esta imposibilidad de encontrar un significante que fuera ‘el suyo’ ” (ŽIŽEK, 1989, p. 228). Y en términos de Badiou podríamos establecer como contrapunto de una posición tal, respecto de Juliet, que ella es una gran “filósofa” y nada quiere saber respecto de la existencia de un saber no sabido, en falta, imposible: “el filósofo (...) desconoce que el matema hace verdad de una imposibilidad del sentido, (...) el proceso analítico apunta precisamente a elevar la impotencia sintomal a la imposibilidad lógica...” y, en el mismo sentido: “El filósofo se abandona al amor a la verdad. Ahora bien, el psicoanálisis no puede creer en ese amor, pues indica la dimensión de la impotencia de la verdad, cuyo nombre teórico es castración. El filósofo cree en un amor a la verdad como potencia, en un amor a la verdad sin castración. Sostiene una impostura.” (BADIOU, 2000, p. 58)

[6] Salto en sentido heideggeriano. Al respecto, ver HEIDEGGER, M. (1989) Contribuciones a la Filosofía. Del Acontecimiento. Buenos Aires, Editorial Biblos, 2003.

[7] Para unirse al nuevo equipo debe viajar a la Isla, para lo cual es necesario dormirla y mantener así secreta su localización.

[8] Cfr. LACAN, J. (1961 - 1962). Seminario 9 - La identificación. Traducción y notas a cargo de Ricardo Rodríguez Ponte, inédito.

[9] Cfr. LACAN, J. (1958). “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” en Escritos I. Siglo Veintiuno editores, México, 1987.







Comentarios
Mensaje de María Sol Ciriello  » 28 de octubre de 2012 » solcitoo_88@hotmail.com 
Lost

Me parece muy interesante todo el recorrido que haces por el personaje de Juliet. Lo que más destaco es tu lectura acerca de la castración, y aquello que comentas en cuanto a que Juliet parece no sentirse atravesada por la castración, no estar barrada, no querer saber nada con la falta. Incluso desea lo imposible (por ejemplo como bien mencionas en relación al embarazo de su hermana que orgánicamente no estaba en condiciones). El mismo Lacan nos dice que no se puede desear lo imposible, porque justamente para que haya deseo siempre debe faltar algo. Juliet se muestra completa, omnipotente, que todo –incluso lo imposible- lo puede. ¿Logra lidiar con las paradojas? De ahí me parece muy interesante también aquellas preguntas que te haces en función de qué decide creer, y si es que está dispuesta a perder para desear. En relación a esto, me parece sumamente interesante tu hipótesis en función de que sólo advendrá como sujeto deseante en tanto lo imposible logre agujerear la potencia de su fantasma, lo cual acarrea una falta que también me pregunto si está dispuesta a atravesar.



 

 
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