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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGIA

ETICA Y DERECHOS HUMANOS
CATEDRA I: FARIÑA, JORGE MICHAEL

PELICULA: “MAGNOLIA”

Profesor Prácticos: ARMANDO KLETNICKI
Comisión N°: 11
Alumnas: Maria Luz Ruiz Campos
LU: 31.930.868/0

Etica y Responsabilidad

Parcial Domiciliario

El presente trabajo se encuentra basado en la película “Magnolia” (1999), del director Paul Thomas Anderson, cuya trama se centra en nueve historias que transcurren en paralelo. La particularidad se da en el carácter azaroso. Un amalgama de historias y personajes con carencias afectivas, al principio sin claridad aparente, de forma desordenada o poco entendibles, para luego encontrarse en puntos de conexión comunes.
1) Para el análisis de la película se contó con el comentario de Alejandro Ariel. Dicho autor propone como eje principal tres historias de características comunes: las relaciones de padre e hijo.
Principalmente la referencia que indica el autor es en relación a los tres personajes paternos del film, tres historias cuya problemática podría orientarse hacia qué se puede perdonar a un padre y que no. En esta idea Ariel orientara una hipótesis clínica.
Podría decirse que existen dos tipos dos conductas paternales, aquellas propias del aprender a ser padre, conductas que pueden ser explicadas, entendidas, perdonadas. Pero particularmente dos casos que expone el film “Magnolia”, se plantean actos que un padre realiza con un hijo y que resultan imperdonables. La distinción no es moral sino ética. Así lo señala Alejandro Ariel en su lectura de la película. Se analiza entonces, la conducta de tres padres que cometen afrentas hacia sus respectivos hijos; mientras que uno de estos hijos perdona a su padre, los otros dos no lo hacen. Para Ariel, no se trata de un gesto caprichoso de los hijos. No todo puede perdonarse a un padre, porque frente a determinadas delitos –incesto, abuso, abandono, el hacerlo supondría perpetuar el crimen a las generaciones futuras.
Para explicar la relación de estas tres duplas padre-hijo, Ariel propondrá una hipótesis, contemplando una secuencia significativa, sin duda, de la película, a la cual atribuirá referencia bíblica. Esto sucede cuando en el momento culminante del film inexplicablemente comienzan a llover sapos, situación que se asemeja a una maldición divina descargada sobre el hombre. “Maldiciones que advienen allí donde se han trasgredido cuestiones esenciales” . En este caso, la injusticia ha sido perpetuada por estos padres. La furia que ha permanecido en los hijos que aparecen en el film son las marcas dejadas por los padres. Es la interpelación de los hijos, la que da cuenta del mal obrar de sus padres. Esta interpretación posibilita una de las frases que resalta el film: “uno a veces termina con el pasado, pero el pasado no terminó aún con uno”. Los sujetos se encuentran determinados por su historia, su pasado. En el film los hijos no perdonan a sus padres, aunque su propia existencia se deba a ellos, a su herencia, fueron estos padres los que determinaron a dichos hijos. Lo que propone, entonces la película, podríamos decir, es la posibilidad de elección de un destino por fuera del pasado que los ha constituido (el abuso, el abandono), por fuera del presente que los limita, por fuera del futuro que los acorrala trágicamente, dirá Ariel. Ante el temor estos padres huyen abandonan a sus hijos y no pueden afrontar su responsabilidad hasta aquel momento en donde saben efectivamente que morirán. “El deseo del hombre es su fortaleza” , cuando esta se resquebraja se encuentran vulnerables y devienen los remordimientos, la culpa.
Entre los indicadores que favorecen esta hipótesis podrían considerarse los siguientes: de los tres casos de relación padre e hijo, en dos de las historias se plantea la búsqueda por parte de los padres de un acercamiento a sus hijos, la tercera historia, podría decirse, que se trata de un acercamiento del hijo al padre. Por un lado uno de ellos es un exitoso conductor de televisión, viejo, en el ocaso de su carrera. Y que se acaba de enterar que tiene un cáncer y que va a morir. Claudia, hija de este conductor, es una muchacha joven y adicta a la cocaína. Cuando este padre decide ir en su búsqueda esta lo echa brutalmente. A pesar de que le dice que morirá muy pronto, ella se mantiene en su postura. Él regresa a su casa y le cuenta lo sucedido a su mujer. Ella lo consuela aún después de que él le confiesa infidelidades del pasado. Finalmente todo se desmorona cuando este padre confiesa que hace mucho tiempo, en medio de una borrachera, abusó de su hija, y probablemente es desde entonces que su hija huyo de su casa convirtiéndose en una adicta y acumulando el odio a su padre y a todo lo que la rodea. La esposa se queda perpleja y en este caso no puede perdonarlo. Entonces esta madre se marcha a la casa de su hija para recuperarla, esa hija que perdió por elegir a su galán. La hija confiesa que a pesar de que su padre va a morir, no podrá perdonarlo.
Hay un segundo padre que es un hombre rico, un anciano, también enfermo pero ya en un estado terminal de cáncer y ya no puede levantarse de la cama. Este le pide a su enfermero un último deseo: que busque a su hijo, a quien no ve desde hace muchos años. Cuando finalmente ubican al joven que usaba el apellido de su madre, se revela que cuando este tenía catorce años ella enfermó gravemente y el padre, dejando de lado sus responsabilidades, se va abandonando a su mujer y su hijo quien se hace cargo de ella, hasta que finalmente ella muere. Es entonces que este muchacho cambia su apellido y desarrolla un profundo odio por su padre. Esta historia culmina cuando el joven finalmente acepta visitar a su padre. Aprovecha entonces la ocasión para reprocharle el hecho de no haber estado a la altura de lo que implica ser un padre.
Un tercer padre, joven, que no puede arreglárselas muy bien con sus tiempos a quien aparentemente lo que más le importa es que su hijo gane un concurso televisivo para niños prodigio. La película nos muestra un concurso de TV donde compiten un grupo de niños contra uno de adultos. El hijo de este padre es la estrella del programa. En un momento, el niño tiene ganas de hacer pis. Aguante hasta donde puede. Finalmente se orina encima y pasa a ser un niño como cualquier otro, ya no un prodigio. Pasa a ser un niño que necesita que su padre lo ame un poco más.
2) En cuanto al circuito de responsabilidad respecta tomare para su análisis una nueva trama del film. Tenemos entonces a Claudia, la hija del conductor famoso de TV, una joven traumada desde la adolescencia por el abuso sexual cometido por su padre, a quien desde entonces no ve y por quien acumula un odio inmenso que la hace incapaz de perdonarlo aun sabiendo que esta por morir. Esta vive sola en un departamento oscuro, donde todas las ventanas se encuentran tapadas con mantas, es en este lugar donde da rienda suelta a su adicción pasando el día consumiendo cocaína y sufriendo acompañada por la música a todo volumen. Es esta situación la que provoca la llegada de un policía, que acude al domicilio tras una denuncia por disturbios y ruidos molestos. Inmediatamente Claudia que se encontraba consumiendo, se encarga de deshacerse de todo aquello que advierta su adicción. Entonces, recibe al policía quien ingresa exponiendo la denuncia por la cual se encuentra allí. Nerviosa Claudia niega toda situación de disturbio, y accede a bajar el volumen de la música. Sin embargo el policía insiste y comienza a revisar el domicilio aparentemente en búsqueda de algo. Demuestra entonces un interés mas que profesional hacia Claudia, a quien intenta seducir, esta accede a sus insinuaciones aceptando una cita con el con el propósito que deje su casa. Partimos, entonces, de que el circuito de la responsabilidad está compuesto por un primer tiempo, tomando esta escena del film podemos partir de que Claudia accede a la cita con el con el propósito, podríamos supones, de que finalmente se valla. Nos encontramos, entonces donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada, a saber que el se valla. Claudia accede a su invitación y coordinan para salir esa misma noche. Tiempo donde el universo particular se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo, podríamos suponer que Claudia no imagino que este hombre se interesaría realmente por ella.
Entonces establecemos el tiempo uno en Claudia, al acceder a la cita con el policía. Durante la cena Claudia le propone al hablar sin mentiras. Esta acción se ve confrontada en un segundo tiempo, durante la cita se produce la interpelación del hacia Claudia con el propósito de que le cuente que es lo que le sucede, por qué esta se encuentra tan exaltada. Hallamos entonces tras la apelación del policía una retracción que remite al tiempo uno y lo resignifica, dando nuevo sentido a el acto uno de Claudia.
El recorrido del circuito es invariable en cuanto a la lógica que instrumenta: la retrotracción. Podemos entender, entonces, como el circuito de la responsabilidad no responde cronológicamente sino con lógica de retroacción, este circuito hace que Claudia vuelva sobre una acción que ya sucedió, con un propósito diferente al que la apelación del otro instaura.

3) Podemos presumir ciertas situaciones del film que se encuentran enmarcadas por la combinación de necesidad y azar. La necesidad establece una relación entre causas y efectos, una relación que el azar interviene para anular.
El encuentro entre Claudia y el policía, es parte de esta combinación de necesidad y azar. El policía simplemente cumplía con su deber, asistir ante una denuncia. Por casualidad o azar se encontró con Claudia. Y esta claro que esta ante la presencia del policía en su casa donde había sustancias ilícitas debía hacer algo para impedir un allanamiento, entonces también será azar que el policía se halla interesado en ella, y fue entonces necesario que aceptar la invitación para que el policía se valla.
De este modo la decisión del sujeto se ubica en una grieta entre necesidad y azar, debiendo responder cada cual por la historia personal que es la que los determina. Siempre hay un modo de responder, hay un movimiento constante en la vida que va colocando al sujeto en diferentes posiciones, que provocan diferentes respuestas.
Podría decirse también, que el azar interviene cuando al llegar el a la casa de Claudia, este desconoce que se encontraba frente a una joven adicta a la cocaína y de carácter exasperado.
Podemos concebir una nueva intervención del azar, cuando al retirarse esa tarde el del domicilio de Claudia. Se encuentra en su camino con un sospechoso en la calle a quien persigue pues es policía y es su deber. Al enfrentarse con este sujeto, tras forcejeo y disparos, en la persecución el pierde su arma. Esta situación lo pone en ridículo con sus compañeros quienes contribuyen en su del arma. Este alboroto provoca que el llegue tarde a la cita con Claudia quien tras la espera consume una fuerte dosis de que la exalta de sobremanera durante la velada.
Podríamos exculpar a Claudia entonces, todo lo hizo el azar, el destino o las circunstancias. Invocar el azar, lo no determinado, en esa forma se borra el sujeto de toda responsabilidad, borrando su acto.
4) Es preciso rastrear las figuras de la culpa para situar la cuestión de la responsabilidad. La responsabilidad se refiere a la singularidad de un sujeto en acto.
La culpa es en este sentido, una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva. La interpelación, en el tiempo dos es lo que genera culpa y es la culpa la que obliga a responder.
Partimos entonces de Un acto, lo cual implica una decisión, con sus respectivas consecuencias, tanto para el sujeto como para los otros. Tras haber aceptado la cita, se encuentran nuestros personajes cenando, planteadas las reglas propuestas por Claudia que regirán el dialogo –no mentir en toda la cita- el policía responde a todas las preguntas de Claudia. Pero cuando es su turno de contestar, evita la situación, se encuentra superada por la situación y no puede responder ante el otro. Ese llamado a responder le da la posibilidad de volver al surco de lo moral, en este caso, la respuesta es particular, pero estonces es evadida. Se abre como respuesta a la interpelación un abanico de posibilidades. Cada uno de estos elementos, como figuras de la culpa, en este caso el sentimiento de culpa, la negación. Claudia huye, evade, decide no hablar. Como cuando en su adolescencia huyo de su casa y evito a su padre desde entonces tras haber sido abusada por este. En este caso, como lo plantea el psicoanálisis un determinismo inconsciente hace al sujeto responsable por definición. El campo de la responsabilidad subjetiva, confronta a Claudia con aquello que perteneciéndole le es ajeno. Ajeneidad que no es causa de inimputabilidad. En este campo, el sujeto es siempre imputable, pero no ya en términos morales o jurídicos, sino éticos.
Por otro lado atentos a la situación, podemos contemplar el echo de que Claudia se encuentra bajo los efectos de las drogas cenando con un policía, un representante de la ley. Quien tal vez supondría Claudia asuma responsabilidad jurídica, si Claudia decide contar su problema con el uso ilegal de drogas. Aparece, entonces, la responsabilidad jurídica, encarnada en el policía. Una legalidad externa que le diría al sujeto que esta cometiendo un acto ilegal.
5) En su texto “El muro” Sartre plantea la cuestión de la responsabilidad y azar. Haciendo una breve analogía podríamos decir que tanto en Ibbieta, el protagonista de la obra, como en Claudia, es el sentimiento de culpa el hilo conductor para encontrar la dimensión de responsabilidad subjetiva. Ibbieta el sentimiento de culpa por haber provocado la muerte de su amigo, esto lo hace culpable de desear vivir y en el caso de Claudia existe en ella la culpa, como ocurre con las mujeres abusadas o maltratadas, de hacer sido abusada por su padre. Podríamos asumir que es esta culpa que la lleva a su autodestrucción. Debido a que se encuentra detenida en el momento en que ocurrió el abuso, como un punto de detención que no le permite enfrentar la realidad y concebir la idea de establecer una relación sana con los hombres.
Por otro lado en ambos casos intervino el azar. Para engañar, burlar al otro, al tirano, a esos oficiales severos. “está escondido en el cementerio”, mintió Ibbieta. Y dijo la verdad. La primera exculpación posible para Ibbieta es la ignorancia y el azar. No sabía que Gris había abandonado la casa de su primo en donde se encontraba escondido y se hallaba efectivamente escondido en el cementerio. Es entonces que el azar quiso que con su elección de una confesión mentirosa terminara diciendo la verdad, sin saberlo.
Tanto a Ibbieta como Claudia Freud los hace responsable de un deseo. Deseo que viene del Otro como demanda ante la cual el Sujeto se somete, cede en el camino del deseo para amoldarse a los mandatos del superyó. Cuanto más renuncia el sujeto al deseo, más se acomoda a las demandas superyoicas, paradójicamente más culpable se siente. Entonces con Lacan decimos: sólo se puede ser culpable de haber cedido en su deseo. El yo no es propietario del deseo, pero sí el Sujeto es responsable de su puesta en acto.



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