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- UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES -
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
Psicología, Ética y Derechos Humanos

2º PARCIAL (DOMICILIARIO)

Cátedra: I
Prof. Tit. Reg: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Comisión de Trabajos Prácticos: Nº 3
Prof.: Lic. Mariana Pacheco
Ayudante: Lic. Flavia Andrea Navés

Alumna: Paula Carolina Prilutzky
L.U.: 25.100.923
E-mail: pautango@hotmail.com

Curso de Verano
Año 2011


Título original: Magnolia
Año: 1999. País: Estados Unidos. Género: Drama. Dirección: Paul Thomas Anderson. Reparto: Tom Cruise, Philip Seymour Hoffman, Julianne Moore, Jeremy Blackman, Melinda Dillon, Philip Baker Hall.

Relato del argumento:
Si bien el film hace foco, sucesivamente, en distintos personajes, algunos de los cuales se relacionan en algún momento y otros no. Recortaremos la historia de Stanley y su padre. Stanley es un niño de aproximadamente 11 años, de contextura pequeña, que nunca mira a los ojos al padre. Hasta donde se puede observar su padre está permanentemente apurado: corriendo (apurando al niño) salen de la casa para llegar a la escuela, corriendo salen de la escuela (a la cual llegó tarde el padre para retirar al niño) para ir a un canal de televisión. Aparentemente el niño no tiene madre (no se la menciona en ningún momento). El padre le dice siempre “te quiero” o “te amo” cuando ya no tienen contacto visual ni corporal, y lo que más desea es que Stanley gane un concurso de preguntas y respuestas en la televisión. Y parecería probable que lo haga, porque Stanley es un niño mucho más inteligente de lo que se espera para su edad. Un verdadero fenómeno. En la competencia hay dos equipos: uno de niños y otro de adultos. En el equipo de los niños, ninguno de los participantes es tan inteligente como nuestro protagonista. Tal es así que el conductor, al presentarlos, dice “Stanley y sus brillantes amigos”. Antes de sentarse en su lugar, Stanley dice a la coordinadora que tiene que ir al baño. Ésta le pregunta si puede aguantar. Comienza el programa y Stanley (que no mira al público ni a las cámaras, ni sonríe), contesta una tras otra las preguntas (a veces sin dejar de terminar de ser formuladas). En el intermedio, vuelve a decir a la coordinadora: “yo necesito ir al baño” y ésta le vuelve a contestar que aguante. Cuando reinicia el juego, Stanley tiene el ceño fruncido, el cuerpo vencido, está desconcentrado, mira a la lejanía. Se observa angustia en su rostro y, luego, que un hilo de orina baja por sus pantalones. Cuando quiere bajar su pulóver (en clara intención de que no lo vean) pulsa, sin intención, el timbre que indica que desea responder (y justamente había una pregunta a responder) pero dice: “yo no sé la respuesta”. De ahí en más ya no responde ninguna otra pregunta. En otro intermedio se acerca primero la coordinadora (que le pregunta: “¿que está pasando?”, a lo que Stanley dice “nada. Vete”, enojado) y luego el padre, quien le inquiere, agresivamente, porqué no responde las preguntas. Stanley evade responderle con la verdad hasta que uno de los niños dice “se meó”. Stanley lo niega. El padre lo levanta bruscamente del asiento y dice “¿para qué carajo hiciste eso?”. Stanley, angustiado, sin mirarlo, responde “sólo quiero seguir jugando….estoy bien”. El padre le dice: “Si logras esto, te conseguiré lo que quieras. Solo debes lograr terminar con esto. Aguanta…” y luego. “lamento haberte apretado el brazo, te amo”. Se reanuda el juego. El conductor convoca a un participante de cada equipo al centro del escenario. Stanley dice a sus compañeros: “no quiero ir. No puedo hacerlo esta vez”, sin mirarlos. “Debes ir, eres el más inteligente”, le dicen. Stanley repite que no quiere: “estoy harto de ser siempre yo. ¿Porque tengo que hacerlo todo? No quiero tener que hacerlo”. El conductor lo convoca directamente a Stanley, quien dice “yo paso” y luego “no quiero ir”. Aquí su voz y su mirada son otras, ya decididas. El público presente se ríe con un chiste del conductor al respecto y Stanley dice: “esto no es gracioso. Esto no es simpático. ¿Ves cómo nos miran? No soy un juguete. No soy un muñeco. Nos miran así porque les parecemos simpáticos ¿Porqué me hacen sentir como un anormal si contesto preguntas…o si soy inteligente…o si tengo que ir al baño?...” y luego, enojado: “¡No soy tonto y bonito! Soy inteligente, eso no debería convertirme en algo que la gente mire y diga… ¡que tonto que sea tan inteligente! Sé cosas. Sé que tengo que ir al baño” Y luego sale corriendo del canal, dirigiéndose a la biblioteca de su colegio. Rompe la ventana, entra y se queda allí, sentado en una mesa, rodeado de libros. En la última escena lo vemos a Stanley acercándose al padre y diciéndole: “papá, debes tratarme mejor”.

Análisis:
Comenzaremos con una pregunta a la que nos convoca lo sucedido a Stanley (sobre quien recaerá el siguiente estudio): ¿puede haber responsabilidad subjetiva en un niño?
Para poder responderla, primeramente debemos mencionar que existe una sustancial diferencia entre la responsabilidad jurídica (que “… se plantea en función de la noción de sujeto autónomo, la cual restringe la responsabilidad al terreno de la conciencia…” ), propia del campo normativo y la responsabilidad subjetiva, tal como se la considera en la dimensión clínica (la cual “supone la referencia al campo de la singularidad” ). Podemos observar que tanto en la Convención sobre los Derechos del Niño como en el articulo 34 del Código Penal Argentino, se define el lugar del niño como sujeto de Derecho. Descubrimos que en el marco jurídico, los niños (como los locos) no tienen posibilidad de responder, no “…les es dado el derecho a responder. Son inimputables de culpa y por lo mismo no son responsables.”
No obstante, es en el campo de la responsabilidad subjetiva (que “…interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto inconsciente…” ), de la dimensión clínica, desde donde vamos a realizar el presente análisis, para pretender ubicar una “singularidad en situación”.
En lo que sigue, se intentarán establecer los tres tiempos lógicos en el circuito de la responsabilidad subjetiva respecto del personaje de Stanley. Se podría considerar como Tiempo 1, es decir una “…conducta orientada por un determinado objetivo y entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida” , el momento en que el niño se sienta en su lugar del panel infantil (en el escenario del programa de televisión) y comienza a responder todas las preguntas correctamente. La intención es ganar el concurso. Como Tiempo 2, el de la interpelación, se podría ubicar el momento en que el niño se hace pis en sus pantalones. Sin embargo, el cambio de posición subjetiva se observa cuando, más tarde, presionado a colocarse en el centro del escenario, dice claramente, mirando a todos los presentes (por primera vez), decidido: “no quiero ir”. Y se podría colocar como Tiempo 3, el de la responsabilidad, el momento en que el niño le dice al padre: “papá, debes tratarme mejor”. Sin embargo, ya veremos, no terminaría de serlo.
En relación a la hipótesis clínica, se podría decir (en un primer momento) que el niño estaría intentando satisfacer la demanda del padre (quien le dice: “debes lograr terminar con esto”), que se encontraría alienado en el lugar de “instrumento” de éste y que su deseo sería el de ser querido por él. Sin embargo esto no sería una novedad, ya que, como menciona Calligaris, “la pasión de la instrumentalización”, el “ser instrumento”, sería una “tendencia inercial de cualquier neurótico”, a raíz del intento infructuoso de pago de la “deuda que él tiene con el padre…”. Lo cual se podría relacionar con aquello a lo que se reduce toda decisión moral, según Ariel: la demanda de amor hacia los otros significativos. Específicamente “…en el niño, sus decisiones morales se reparten entre la culpa y el castigo como pérdida de amor” . Entonces, estaríamos en el terreno de la moral, no de un acto ético, de una singularidad en situación.
No obstante, podríamos ubicar el intento de satisfacción de la Demanda del Otro (en Stanley) y el de ser querido por el padre (que el común de la gente podría observar en esta situación), en el marco del Deseo Inconsciente del niño: siendo nuestro protagonista un púber podría suponerse que, a partir del desarrollo incipiente de su sexualidad, se estaría reeditando una fijación a la fase de la primacía del falo. En la cual la oposición consistiría en el par fálico-castrado y donde se desarrollaría el Complejo de Castración. Etapa en que la zona erógena predominante sería los genitales (clítoris y pene) y se obtendrían sensaciones placenteras a través de la actividad de orinar. Stanley sabía todas las respuestas. Evitaba así elaborar el lugar de la falta, del “no saber”, de la Castración Simbólica. Era “…una especie de niño prodigio (…) sabía todo”, dice Ariel . Su deseo de completud se ve interpelado cuando se hace pis, de esa manera “… se ha transformado en un niño cualquiera (…) Ya no es un niño prodigio” . Luego de verse interpelado, asume su “no saber”. Un acto de suficiencia (la acción del Tiempo 1, el saberlo todo), se ve confrontado por un acto de insuficiencia (en el Tiempo 2). Sin embargo, consideramos que Stanley no habría podido arribar a un Tiempo 3 (aunque suponemos que podría hacerlo en un espacio de análisis), ya que, si bien el deseo de completud del sujeto se ve interpelado, el salir corriendo del canal de televisión y las palabras que en la escena final le dice a su padre: “debes tratarme mejor”, sólo implicarían un cambio en relación a su posición de “objeto” del padre (la cual podría sintetizarse en las palabras que menciona nuestro protagonista: “No soy un juguete. No soy un muñeco”), no en cuanto a su lugar en tanto sujeto inconciente. No se evidenciaría con ello la posibilidad de hacer un juicio sobre su acción a nivel del Deseo Inconsciente, solamente la posibilidad de hacerse responsable de la Demanda del Otro y diferenciarla de su propia Demanda (que no es poco). Se observaría allí, sí, un cambio en su posición subjetiva. Se habría producido una distancia respecto de la Demanda del Otro y se habría abierto un espacio para la propia elección en relación a ocupar su lugar de niño.
En relación a la categoría de necesidad (tal como la considera J. Fariña: lo dado o establecido, en lo cual el sujeto no tiene capacidad de decisión), se observa que Stanley actuaría determinado por el deseo del padre (competir en el programa y ganar). Es el padre quien decidiría su destino: ingresar a la competencia. Tampoco puede decidir, más tarde, el niño, cuándo ir al baño mientras está inmerso en el estudio de televisión. También ubicaría en el orden de la necesidad la biológica, de mear. Pertenecería al orden de la necesidad el que no haya ahí una madre que intervenga en lo que sucede entre el niño y su padre. En el sentido que otorga Mosca al término necesidad (como Determinación Significante) podríamos ubicar lo constitucional en Stanley: el hecho de existir una supuesta fijación a una de las fases de organización pregenital.
El azar que estaría interviniendo en la situación se podría ubicar en la casualidad de encontrarse compitiendo junto a otros dos niños que no saben tanto como él. Tal vez si hubiera participado de la competencia junto a otros dos niños semejantes a él, el cambio en su actitud no hubiera sido tan evidente o no hubiera tenido las consecuencias que tuvo en relación a la competencia. No hubiera sido tan grande la expectativa puesta en él. También es obra del azar que sus ganas de mear sucedan justamente al momento de tener que participar del programa. El azar quiso además que, en el camino hacia bajarse el pullover (luego de mearse) esté la campanilla, que sonó inoportunamente. Y que, también, luego de mearse, el animador lo llame al centro de la escena.
El azar y la necesidad delinearon la situación pero fue la respuesta de Stanley a ella la que lo colocó como Sujeto allí (en el sentido de la Responsabilidad Subjetiva).
Se podría observar evidencias de culpa en Stanley en la actitud de ocultamiento de lo que le sucede, tanto a su padre como a los otros niños y a la coordinadora. De vergüenza. Se observa asimismo, en el niño, que la culpa moral aparecería apenas se ve interpelado, intentando enmendar su accionar, diciendo al padre (al inquirirlo éste), que seguirá compitiendo, que todo está bien. Culpa por no estar haciendo lo que el padre le indica que es lo correcto, por estar defraudándolo. Tomaría la forma de la culpa auto-atribuida, en calidad de auto-reproche. Pero la responsabilidad moral taponaría la posibilidad de acceso a la falta estructural, a la carencia y al orden del deseo. Hasta aquí se podría pensar que es la culpa esperable o consistente con lo ocurrido. Y se observa que el niño habría podido atravesar este sentimiento de culpa y asumir una posición subjetiva distinta, cuando le dice a su padre cómo desea ser tratado.
No obstante, el monto de angustia que evidencia el niño daría cuenta de que estaría, a su vez, presente otro tipo de sentimiento de culpa. Aquella que está en relación con el Deseo Inconsciente mencionado. “No hay deseo sin culpa”, dice D`Amore. Y el cambio en la actitud (la mirada franca hacia el público) en el Tiempo 2, estaría evidenciando una cierta modificación en la posición subjetiva del niño respecto de ese Deseo Inconsciente. Creemos que no la suficiente como para devenir en un Tiempo 3.
Dentro del campo de lo particular, de lo moral, podríamos ubicar lo que Stanley siente como deber: estudiar, competir, ganar la competencia (o superar el record). Es el universo dentro del que se maneja el niño. Allí se ubicaría lo que para el niño es pertinente hacer y no hacer en sociedad, ubicado en el lugar de niño prodigio. Mearse en público no estaría dentro de lo pertinente. Por eso lo ubicamos en el Tiempo 2, componiendo parte de lo que será la singularidad en situación.
Lo Universal- Singular estaría representado por la castración simbólica, el No-Todo, la falta, que Stanley podría empezar a elaborar a partir de verse interpelado en el Tiempo 2. “Ese universal de la Castración Simbólica (que se realiza) en la forma singular” . Forma que en Stanley habría tomado la forma del “no-saberlo-todo”.
Retomando la pregunta con la que comenzamos el análisis y considerando lo menciona Mosca: “Irresponsable es el niño, o el insano, o el “obediente” (Obediencia Debida) o todo aquel sometido a algún Otro, sea bajo la forma del Azar, las determinaciones del Destino o la Autoridad” , podemos concluir que no es la condición de niño o adulto la que determina si en un sujeto puede o no haber Responsabilidad Sujetiva. Allí donde hay Sujeto, hay Responsabilidad Subjetiva. Desde la lógica de la dimensión clínica (a diferencia del campo normativo), como sujeto inconsciente, un niño no es inimputable. Por ende hay posibilidad de interpelación en él, de hecho es ahí donde radica la clave para su cura en el análisis.
Lo que realiza Stanley es un “acto”, en el sentido que le otorga Ariel: “una decisión tomada por fuera de lo otros…por fuera de la moral…por fuera del temor…algo…ante lo cual…uno está solo” , y en este sentido se puede suponer que habría sucedido allí un acto ético, realizado “en soledad”.
Curiosamente, de lo que se trata es de un programa de preguntas y respuestas. Lo que se le pide a Stanley es que responda y él lo hace.

Bibliografía
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deontológica, jurídica y clínica. Ficha de cátedra. www.psi.uba.ar

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Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Calligaris, C.: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.

Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgravación de clase teórica. Publicado en la página Web de la cátedra.

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