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Ser mirada, ser oída

por Pesino, Carolina

Marguerite está basada en la historia real de Florence Foster Jenkis, una cantante soprano estadounidense intérprete de ópera, de estilo bizarro, y cuyo repertorio se basaba en obras de Mozart, Verdi y Strauss.

En esta adaptación, la película transcurre durante los “maravillosos años 20” en la Ciudad Luz, en una época bautizada como “La Belle Èpoque”, hervidero de nuevos movimientos artísticos que surgen luego de la Primera Guerra Mundial. Un mundo cansado y maltrecho comienza la década con ganas de pasarlo bien y olvidar los horrores vividos. Surge también ene se momento la pujante industria del ocio con la fonografía, el cine y la radio, no ajenas al desarrollo de la película.

La época no es inocente como parece serlo nuestra protagonista, Marguerite, que resulta ser el espejo donde todos se ven reflejados, mostrando sus miedos, sus egoísmos y sus hipocresías

El film está dividido en cinco capítulos: “La gran Marguerite”, “El nuevo mundo”, “Hacia la alegría”, “La voz de su amo” y “La verdad”

Al comenzar la película, y en un marco de sobriedad, formalismo y opulencia que engalana una habitual reunión caritativa a beneficio de “Las huérfanas de la guerra”, irrumpe nuestro personaje: “La gran Marguerite Dumont” excéntricamente vestida que comienza a interpretar una ópera de Mozart y cuya lujosa mansión es el escenario para dicho encuentro.

Marguerite canta pésimo, con un desafino difícil de soportar que promueve tanto a risa como a malestar. Es escuchada con resignación por quienes ya la conocen, con un humor reservado por quienes no y con una sutileza muy esquiva por quienes no tienen más remedio que asistir por conveniencia al evento. Es también la voz de una sociedad que desafina con su hipocresía

Esas primeras escenas, muestran lo que va a ser la trama general de la película.

Marguerite cree que canta muy bien, estudia canto varias horas al día y su vida gira en derredor de la música. Sin embargo, luego de cantar y tras haber asesinado a Mozart y los tímpanos de la audiencia, saluda como si acabara de consumar un rito sublime. El director hace de ella un interrogante imposible de develar: ¿cómo puede ser que desafine así y no lo registre? Este es el punto de análisis. Con sus interpretaciones pasa lo mismo que con la voz, cuando hablo no me escucho y cuando veo, veo a condición de no verme.

Casada con un hombre al que le otorgó el título de Barón gracias a su fortuna y posición social, está atenta al reconocimiento y la mirada de éste, pero no es correspondida. Su marido, atemorizado por los fantasmas del ridículo que provocan las actuaciones de su mujer, inventa mentiras para justificar las ausencias a sus espectáculos. No obstante él, como los demás, soportan la mentira.

Al día siguiente de cada concierto, su casa se llena de obsequios florales colmados de halagos y los diarios que llegan a manos de ella son modificados para hacerle creer lo maravilloso de su voz. La dificultad no es solo su desafinado canto, sino que, por conveniencia, compasión o simplemente malsana diversión, nadie se atreve a decírselo.

Al igual que el cuento de Andersen “El Traje Nuevo del Emperador”, donde ningún miembro de la corte se atreve a decirle que va desnudo, Marguerite cree todo este teatro montado a su alrededor, está convencida de su talento musical, todo está armado para que así lo sea, Hay claramente una escena montada sobre otra escena para sostener esa mentira.

Aristócratas acartonados, impetuosos vanguardistas de la época y pillos oportunistas se contraponen a la profunda humanidad de Marguerite que desacomoda a cínicos e incautos, planteando además cuán absurdos e hipócritas son quienes la rodean, la aman o se aprovechan de ella.

Diferentes cambios jalonan el libreto, escenas trágicas que contrastan con otros paisajes más ligeros y personajes bizarros, escenas de algarabía con coros y figurantes y otras más íntimas en las que las solistas pasan a primer plano, paisajes desolados que preludian tragedias y suntuosas mansiones llenas de lujo y esplendor.

Haciendo uso de la naciente vanguardia fotográfica, aparece como solapada, pero fundamental en esta historia, el papel de la mirada. Madelbos, el fiel mayordomo, es quien la retrata a cada paso de sus ficciones artísticas. Este personaje es encargado de resguardar celosamente la ineptitud vocal de Marguerite. Con el transcurrir de la película vemos que aquello que podría ser el cuidado de un fiel servidor es un interés perverso ante un desenlace a saberse “cantado”.

Marguerite no escapa al juego de la mirada, siendo también ella misma la que observa a sus invitados a través de un pequeño agujero hecho en la pared de su mansión esperando infructuosamente la llegada de su esposo.

Quiere ser vista tanto o más que ser escuchada, se disfraza para cantar, para sacarse fotos épicas y de escenas operísticas. Hay retratos de ella caracterizada con sus personajes por toda la casa.

Madelbos está presente retratándola en todas sus exhibiciones, revelando las fotos y velando celosamente la continuidad de la farsa.

Aquello que capta la mirada desencadena el goce. La mirada, en tanto pulsión, contornea el objeto externo para satisfacer la fuente, se sirve del objeto externo para poner en acto la relación al Otro que determina ese circuito.

Un gran ojo solitario, preludio surrealista en el parque de la casa interpela el sentido de su función. En medio de todo esto, la presencia constante de pavos reales atraviesan diversas escenas. Sus resonantes gritos homologan los de nuestra protagonista, sus plumas, tan parecidas a un gran ojo es colocado sobre su cabeza a modo de vincha. Ella es como un pavo real, dispuesta a seducir a su auditorio con sus gritos estridentes.

¿Es que Marguerite no solo no puede escuchar sus gritos, como tampoco verse sin sus disfraces excéntricos y sofisticados?

La mirada no está en los sujetos sino en los objetos “soy mirada por el mundo” diría Marguerite.

En el Seminario XI, Lacán desliza, a propósito del circuito de la pulsión parcial y la pulsión escópica: “Se mira lo que no se puede ver”, análogamente podemos sostener “se escucha lo que no se puede oir” (Baas, Lacán, la voz, el tiempo. Pág.46).

No solo eso, además, nuestro personaje no puede ver la infidelidad de su marido, ni reconocer a los aristócatras como interesados solo en sus donativos, ni a los “vivos” que esperan sacar rédito económico de ella, ni el interés de su mayordomo, cuyo ojo intimidante se deja ver detrás de la cámara fotográfica esperando el desenlace final.

Marguerite necesita imperiosamente ser vista. Es así como el campo visual deja de ser un espejo y se convierte en una pantalla para ella.

El objeto está siempre mirándome de antemano, desde el punto en el cual yo no puedo verlo

El sujeto nunca puede colocarse en el punto de la mirada perturbando la distinción entre el sujeto y el objeto “entre lo que veo” y “lo que soy”. Marguerite necesitaba ser vista para ser y podemos utilizarla como metáfora en ese sentido. Su voz queda subordinada a la mirada, pegada en la fijeza escópica.

Sus desopilantes atuendos causan un fuerte impacto visual y cumplen fundamentalmente el papel de “espectáculo”, de objeto para ser-mirada atenuando en parte el impacto auditivo. Esta cualidad de ser-mirada del personaje femenino es tan marcada que la irrupción de su imagen en la pantalla llega a veces a interrumpir el desarrollo de la línea argumental. Es así que la función de fotografiar que lleva a cabo el mayordomo en esta trama lo que hace es congelar el flujo de la acción en momentos de contemplación erótica, actuando como soporte activo de la historia, controlando los acontecimientos y haciendo que las cosas sucedan hasta sus últimas consecuencias.

¿ Será que ella se esconde a través de la mascarada” de cantante lírica mientras lo que desea es ser vista?

Lo que no se puede figurar, la voz, vuelve en su mascarada como figurable y, solo por abuso de términos, se diría que “da voz a la mirada”

En 1982, en su Curso de la Orientación lacaniana, Jacques-Alain Miller señalaba precisamente que la mirada no pertenece necesariamente al orden visual. La mirada puede ser un ruido, puede tener otro sensorium, pertenecer a otro orden de los sentidos distinto del visual. Jacques Lacan lo ilustra con el ejemplo de Jean-Paul Sartre, donde el sujeto se ve mirar en el momento en que el ruido se hace oír .Otro tanto ocurre en el caso que Freud publica en "Un caso de paranoia contrario a la teoría psicoanalítica" donde el ruido de un clic (das Geräusch des Abdrückens), desencadena la sospecha que detrás de la cortina está oculto alguien que espía.

Todo comienza a cambiar cuando ella decide presentarse en público ante un teatro de París, convencida de que su talento. Se empeña en llevarlo adelante pese a las trabas de su marido quien desespera ante la posibilidad de hacer extensivo el ridículo.

Su tesón la lleva a concretarlo, pasando previamente por otro teatro. Esta primera presentación se lleva a cabo con un juego fílmico sobre su vestimenta y el escenario. Momento desopilante y violento donde La Marsellesa es interpretada sin el más mínimo reconocimiento de la desafinación sufrida. A todo esto se suma el hecho de estar organizado para aprovechamiento de un personaje anarquista que la usa para lograr sus fines ideológicos. Marguerite es engañada nuevamente mostrando su lado ingenuo y abstraído de la realidad.

Cuando canta no hay otro mundo más que el que ella crea para su propia satisfacción narcisista. La mascarada fálica se despliega con todo su potencial. La escisión entre ella y el mundo real se vislumbra cada vez con más nitidez, no hay vuelta atrás, como tampoco lo hay del ridículo.

Su deseo de ser escuchada en un teatro parisino lleva a sus íntimos a conseguirle un profesor de canto en decadencia por entonces, seguido por personajes bizarros que aportan una cuota de cinismo y sorpresa a la trama.

Tampoco él puede correr la cortina de la ineptitud musical ya que también oculta una “falta” por ser gay y es así como entra en el circuito de la mentira y el engaño, para no caer en la condena social y artística.

Todo el trabajo de este profesor es imposible, Marguerite no puede escucharse, como quien no puede escuchar su propio lapsus a menos que otro se lo haga notar, y este no es el caso. Nadie quiere que se encuentre con su propio desafino para no ser descubiertos ellos mismos en el propio.

Llega el día de la presentación en el teatro parisino, ella elige la butaca en la que quiere que su marido se siente. Se ha preparado con una inútil exigencia hasta el punto de comenzar a sangrar su garganta por el gran esfuerzo.

Engalanada con alas que presagian un vuelo de ida, hace su aparición ante un teatro repleto y con la butaca ocupada por su marido que esta vez no se excusó con algún inconveniente inventado.

Comienza a cantar. En las primeras notas desafina como de costumbre, sin embargo al encontrarse con la mirada de su marido su voz se torna melodiosa y afinada. Sorpresa para quienes ya la habían escuchado antes. Sin embargo, esto no puede continuar, algo frena su interpretación, una súbita tos ya aparecida en otros momentos de sus ensayos, irrumpe y Marguerite cae desmayada en escena.

Justo en el momento sublime en el que logra su tan ansiada presentación, se produce lo insoportable del éxito. “haber llegado” a ser vista (por su marido) y escuchar-se desde otro lugar.

A partir de ese momento la caída es abrupta, su voz ya no es tan preocupante como sí su estado emocional.

Es asistida en un hospital donde queda internada con un estado delirante y retraída del mundo, acompañada solo por sus propias prácticas de canto.

El médico indica un recurso terapéutico: que Marguerite grabe un disco para que pueda escucharse y así devolverla al mundo real, a un mundo al cual nunca había pertenecido. Lo que nadie podía decirle, tendría que ser escuchado desde ella misma.

Se desencadena así la última parte de la película, la de “La Verdad”, la del encuentro con su propia voz.

El desenlace se viene anunciando, todo está preparado para que se produzca el encuentro de Marguerite con su realidad. Es también el momento de la comprensión por parte de su marido de lo fatal que esto puede resultar. Desesperadamente trata de impedir que suceda, pero ya Madelbos se había convertido en amo y señor de la historia retratada, que llegaba a su fin. Su ojo frio y revelador se deja ver una vez más detrás de la cámara fotográfica esperando el gran instante.

Ante la presencia del profesor y su séquito, además del propio médico experimentando sobre su paciente, Marguerite comienza a escucharse. Una comprensión súbita de su voz desnuda la invade, su rostro se transforma y es entonces que ocurre lo inevitable: cae muerta mientras es fotografiada gozosamente por su mayordomo.

Dejó de “ser” en el momento en que se separa de su cuerpo para oírse. En ese instante llega el marido quien la toma entre sus brazos cuando ella no puede verlo más. Ambos quedan retratados en una escena análoga a la de una película muda.

Marguerite no está más, pero quedó grabada para ser oída y retratada para ser vista.

Bibliografia

Baas, B. Lacán, la voz, el tiempo. Trad. Agustín Kripper y Luciano Luterau. Buenos Aires. Letra Viva 2012

Freud, S.: Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1995, Vol.14: Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico (1916): Los que delinquen por sentimiento de culpabilidad. II – Los que fracasan cuando triunfan, pp. 323 – 337.


,___ (1916), Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo Psicoanalítico. En S. Freud, O. C., Bs. As.: A. E., XIV.

Freud, S., "Un caso de paranoia contrario a la teoría psicoanalítica", en: Gesammelte Werke, X, p. 236.

Lacán, J. Los cuatro conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Edit. Paidós Buenos Aires 2010

Miller, J.-A., Curso de la orientación lacaniana, 24 febrero de 1982 (inédito).

Tendlarz, S, El Caldero 59, Buenos Aires, 1998



NOTAS





COMENTARIOS

Mensaje de Claudia Suárez  » 26 de septiembre de 2016 » lic.claudiasuarez@yahoo.com.ar 

Respecto al comentario, recién enviado, agrego mi nombre: Claudia Suárez y mi correo lic.claudiasuarez@yahoo.com.ar



Mensaje de   » 26 de septiembre de 2016 »  

El comentario de la autora del trabajo es espléndido, minuciosamente trabaja el objeto voz y el objeto mirada.
Agregaré mis comentarios, que no indican ninguna falta en el trabajo, sino aportar algo más ante una película impresionante que nos permite volver a ella y seguir haciendo lecturas.
Antes de mencionar unas escenas, decir algo desde el punto de vista del lenguaje cinematográfico, sobre la elección del director del paisaje y de los planos. Generalmente los primeros planos están en relación a los personajes y a la mansión de la baronesa, pero también se repite una toma de lejos y desde abajo en un mismo paisaje, se ve un desolado árbol, una cruz , una pequeña lapida y una especie de monumento o quizás una piedra. Espacio determinado solo para algunas escenas, imagen bisagra para que la trama continúe, que otorga una bella especial.
La escena del profesor y el ensayo con Marguerite.
El profesor contratado para enseñar a cantar a Marguerite, sostiene la hipocresía hasta un momento en que ya no soporta más la voz de Marguerite y le dice :
“¿Quiere saber la verdad? La que nadie se atreve a decirle. No será nunca soprano coloratura, porque usted es mezzo y ahí tiene la verdad. Y no me importa que eso duela porque es así.”
Ella lo mira en silencio y reanuda su canto, pero fuerza sus cuerdas vocales y comienza a toser de tal modo que no puede seguir cantando. Su cuerpo de dobla (luego su esposo la hacer ver con un especialista).
Podría pensarse algo de la verdad subjetiva, quizás no tenga nada que ver con la de los otros; quizás la renegación, el profesor le dice lo que ella no quiere “oír”, pero no la detiene sigue cantando.
Posteriormente en el teatro.
En el espectáculo tan esperado, ella canta y el público ríe. Pero apoyada por la mirada de su esposo se produce que puede cantar afinadamente y con buenos agudos, para el asombro de sus conocidos. La consecuencia inevitable es que se lastiman sus cuerdas nuevamente, Marguerite sangra por la boca. Su cuerpo cae.
Luego en el hospital , es visitada por un periodista, autor de la fama de Marguerite.
Ahí la protagonista pone en palabra toda la escena que la esclaviza, necesita ser mirada por su esposo, esto tiene relación con ser amada y con la sexualidad. Sus palabras sintetizan, diría, el tema de la película. Además el periodista le comenta sobre su relación con una joven soprano y su desencuentro con el amor. Al respecto Marguerite le dice “yo he adorado, yo he adorado el sufrimiento”. Y le relata cómo la hembra (pavo real) seduce al macho (no al azar estos animales tienen ojos en sus plumas, elección precisa del director). Marguerite le cuenta que estos animales se ponen de frente y la hembra pica el ojo del macho, ahí se interrumpe el relato porque ingresa el médico de Marguerite.
El goce es verbalizado, “he adorado el sufrimiento”. Claramente el goce tiene que ver con el objeto mirada. Que como dice la autora del trabajo está muy unido con el objeto invocante.
Luego en el hospital la hacen escuchar su voz.
Cuando en la escena final ella escucha su voz: su cuerpo cae y muere. Su marido llega tarde, ella escuchó su voz pero ese no es el problema principal, ella no tuvo la mirada de su marido.
El tema de la caída del cuerpo, tema repetido en las escenas nombradas, se lo puede relacionar con el escrito de Lacan Homenaje a Marguerite Duras . El arrebato de Lol V: Stein .
Lol tiene un cuerpo cuando es sostenido por la mirada de su novio (Michael Richardson), pero en un baile, su amado ya no la mira y sus ojos miran a otra mujer ( Anne- Marie Stretter ) y Lol se desploma en el salón. Para tener un cuerpo Lol necesita ser mirada.
En esta película Marguerite se desploma y muere , no solo por escuchar su voz en el hospital, no solo por escuchar lo que no quiere oír, esa voz que desafina y que los demás detestan, sino porque no está su esposo para “sostener su cuerpo”.



Película:Marguerite

Titulo Original:Marguerite

Director: Xavier Giannoli

Año: 2015

Pais: Francia, República Checa, Bélgica

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