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Segunda Evaluación de Psicología Ética y Derechos Humanos - Cátedra I
Alumna: Toledo, G. Melina LU: 336747450
Com.: 3, a cargo de Lucila Kleinerman Coayudante: Vivian Hudson

Match Point

El personaje sobre el que López Salazar centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es justamente su protagonista, Chris Wilton. El autor explicita la hipótesis clínica en la que basa su comentario: “Chris nunca asume la responsabilidad por sus acciones, taponando así toda posible emergencia de una singularidad. Para lograr este propósito se valdrá de las figuras del azar y la tragedia.” Efectivamente, estas últimas serán para el protagonista los mantos con los que recubrirá el advenimiento la Responsabilidad, el otro nombre del sujeto propuesto por Juan Carlos Mosca.
A continuación, se presenta el circuito de responsabilidad que organiza la situación:
En un Tiempo 1, situamos aquella acción que se intenta agotarse en los fines para los que fue ejecutada, y que lo logra hasta ser resignificada retroactivamente. Es en este tiempo, donde cabe localizar el crimen, el asesinato de la señora Samantha y de Nola, intencional, planificado como para que parezca que se trató de un robo a la señora Samantha, quien era el blanco, y que en el camino de escape el o los ladrones se cruzaron con Nola por casualidad, y por eso mismo fue víctima también. Esto está en concordancia con el universo de discurso en el que Chris se halla inmerso: tiene que resolver el problema que le plantea el embarazo de Nola y su reclamo para que deje a su esposa y se haga cargo de ella y de su hijo. Y para esto no halla otra salida más que deshacerse de ella, eliminándola, y eliminando así el problema mismo que implica su historia con ella, el hijo en camino. Pero, ¿por qué se presenta esto como un problema para Chris? Trataremos de ver esto más adelante.
En el Tiempo 2, se da apertura al circuito de la responsabilidad subjetiva, y es a partir de una interpelación que se retorna sobre aquello acontecido en un primer tiempo lógico. Si hay interpelación, hay culpa. Pero no se trata de una culpa de la que el sujeto tiene que hacerse cargo, en el orden de lo moral, sino de una culpa ante la cual debe responder. Algo tiene que hacer el sujeto con ese imperativo que se le presenta, con el encuentro con ese exceso.
La vida de Chris después del crimen continuaba como si nada hubiera ocurrido, e incluso al enterarse todos de lo acontecido, se mostró de igual modo sorprendido y preocupado con la situación social en la que los crímenes por drogas se acrecientan. Pero luego encontramos dos escenas en las que el sujeto se encuentra con la interpelación de aquel acto acontecido.
La primera, se trata de la escena jurídica. Aquí Chris, tras ser citado por el detective Banner, se ve sometido a un interrogatorio en el que se investiga sobre el crimen, pero ante el cual no se extraña considerando que era lógico que se lo cite a declarar puesto que él conocía a Nola. Él miente diciendo que no veía a Nola desde hace mucho tiempo. Todo transcurre como era previsible, hasta que el detective le muestra un pequeño cuaderno y le pregunta si es sabía que Nola tenía un diario íntimo. En este momento el universo de sentido de Chris titubea. Es aquí donde aparece la interpelación sobre el acto consumado. Pero debemos advertir que esta escena se trata en primer término de una interpelación legal, que aquí el sujeto al que se indaga es el sujeto de derecho, autónomo, racional y conciente, dueño de su voluntad y su intención. Entonces la responsabilidad (jurídica) estará ligada a si el sujeto quiso deliberadamente cometer el crimen, por lo que deberá confrontar sus actos al orden de la legalidad y responder por ellos. Pero es importante pensar el valor de esta escena jurídica. Tal como propone Gutierrez “esta interpelación opera como ocasión propicia en la que puede emerger una posición subjetiva que se sustraiga de la acción criminal para inscribirse como acto del sujeto en un campo de legalidad”. Y a esto debemos agregar que a pesar de que esto no necesariamente conduzca a una decisión ética plena, ya que el sujeto puede refugiarse en su amor a la ley, puede sin embargo -como subrayan D’Amore y Salomone- pueden orientar hacia una dimensión ética, en una eficacia simbólica más allá de la moral.
La segunda escena, se da lugar en lo que podemos pensar que es un sueño de Chris, en el que se le aparecen los espectros de Nola y de la señora Samantha (los símbolos perviven), quienes lo interpelan directamente sobre la ley simbólica del deseo, que ob-liga a retornar sobre la acción primera, a pagar la deuda, a inscribir el deseo. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué a la señora Samantha que no tenía nada que ver? ¿Por qué a su propio hijo?
Ahora bien, pensemos cómo responde Chris ante estas interpelaciones. ¿Da lugar a un tiempo 3, en el que asume la responsabilidad subjetiva? Definitivamente no. Tal como lo propone el López Salazar, creo que al contrario: en toda ocasión posible el protagonista se esfuerza (y lo logra) por cerrar el circuito. Ante la primera interpelación que es en primera instancia jurídica, pero que es pausible de devenir interpelación subjetiva, mantiene su posición de negación de lo acontecido: él no tuvo nada que ver con lo que pasó. Aparece algo del orden de la culpa ante los detectives, pero desplazado al hecho de serle infiel a su esposa. Se oculta en el eje particular, en el sentimiento de culpa (no necesariamente genuino) por haber obrado mal. Pero en ningún momento se refiere al acto que concierne al interrogatorio. Se desliga nuevamente de la escena 1.
En la segunda escena, la de los espectros, Chris combate la interpelación con particularismos: No fue fácil pero pudo hacerlo, y aprendió a meter la culpa debajo de la alfombra y seguir, de otra forma se vería abrumado. ¿Y la señor Samantha? “los inocentes son a veces asesinados para dar paso a un plan más grande”, afirma. ¿Y el hijo? Basándose en Sófocles, presenta nuevamente una excusa trágica: “no haber nacido es el mejor premio”. Chris lo lamenta, dice merecer ser detenido y castigado. Y es aquí donde podemos ubicar el sentimiento inconsciente de culpa, por ese deseo según el cual obró. Pero no lo inscribe en la dimensión ética, no admite la responsabilidad. Sugiere que era un destino trágico, que no había mucho más que hacer, no se podía escapar del mismo.
Podemos afirmar que la culpa (no el sentimiento inconsciente de culpa) aparece ob-ligando a responder ante las interpelaciones, en un tiempo 1, pero esto en este caso no hace que las respuestas que se faciliten a partir de la misma, inauguren un tiempo 3, en el que se asuma la responsabilidad subjetiva. Es condición necesaria para que se instale la misma, pero no suficiente.
En relación a los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, podemos destacar al primero, como se dijo anteriormente, como una de las figuras (la otra es la tragedia) con las que se recubre Chris para no asumir la responsabilidad por sus acciones. Él cree firmemente que es importante tener suerte en lo que sea, que todos temen admitir qué tan importante es el papel de la misma, pero que hasta los científicos están confirmando cada vez más que toda existencia está regida por el azar, y que no existe el propósito ni la intención, según afirma en una cena con Chloe, Tom y Nola. En otros pasajes de la película, muestra esta postura incuestionable para él, y es que en cierta medida (tal como en muchas vidas humanas), su vida tuvo grandes giros por ocasiones azarosas. Sin embargo, es evidente que para Chris todas las acciones encuentran su referencia última al azar, nuevamente: no existe el propósito ni la intención. Esto lo ubica en una posición de desresponsabilización del campo del deseo, se aplasta la subjetividad en tanto esa posición es una forma de alienación. Lo importante para la ética es ver cómo el sujeto se despliega en ese margen que se da entre el azar y la necesidad, en el otro extremo. Es decir que la responsabilidad subjetiva toma lugar en una grieta que se abre entre el azar y la necesidad, tiene que ver con lo que el sujeto decide hacer en ese paréntesis, cómo responde ante eso.
Nos detenemos ahora a comparar la situación que vive Ibbieta, el personaje de “El muro”, de Jean Paul Sartre, quien por azar delata el escondite de su amigo, causándole la muerte. Podemos admitir que la suerte le jugó una mala pasada, pero la responsabilidad por los actos no se juega ahí. Ibbieta puede no ser culpable de esa muerte, porque en esta tragedia, no existía tal intencionalidad (conciente), pero es responsable de su deseo, es responsable de haber deseado vivir. Nuestro protagonista, en cambio, a pesar de resguardarse en la tragedia, podemos pensar que sí es culpable del crimen cometido, puesto que a pesar de su insistencia por la determinación de los hechos por obra del azar, el crimen cometido fue planificado, calculado, intencionado. Y a pesar de esto, no podemos establecer un tiempo en el que asuma la responsabilidad que le atañe. ¿Por qué mató a Nola? Puesto que ella era quien le causaba el verdadero problema. ¿En qué recae su responsabilidad subjetiva? ¿Lo hizo porque no renunciar a los bienes, a las comodidades y al estilo de vida que tenía al lado de Chloe? ¿Por no renunciar a eso que habría conseguido por mero azar? ¿En eso residiría su deseo?

Bibliografía

• Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Alemán, J. (2003): "Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo". En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.
• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Gutierrez, C. (2002): Diagnóstico y responsabilidad. En revista Argentina de Psicología, APBA, Número 45, pp. 93-98.
• Fariña, J.J.M &Gutierrez, C. (1996) Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.



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