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Medianoche en París

por Fanelli, Adrián

En el presente trabajo, se realizará un análisis de la película Medianoche en París, del director Woody Allen. Se ha seleccionado este film, por el gran valor teórico que nos brindará para el desarrollo de determinadas categorías, que veremos a lo largo del mismo.

El personaje, que ha sido seleccionado para su estudio, es Gil Pender (caracterizado por Owen Wilson), personaje principal del film. Se observa que Gil se encuentra de viaje, junto a su prometida Inez (Rachel McAdams), en la ciudad de París. El motivo de dicho viaje, fue una invitación de los padres de esta última, quienes habían viajado a la “ciudad de las luces” por temas laborales.

En uno de los paseos por dicha ciudad, Inez se encuentra con un amigo, que estaba realizando una serie de conferencias en la “Sorbonne”. Gil, se muestra reticente a compartir actividades con esta pareja, y una noche decide no acompañarlos, optando por realizar una caminata nocturna. En el recorrido, se pierde y se detiene por unos instantes, en la escalinata de una catedral, donde al sonar las campanas de la medianoche, es invitado a subirse a un auto antiguo. Allí, comienza su primer viaje al pasado , donde el protagonista conoce a una serie de artistas famosos de los años ’20. Oportunamente, veremos que esto lo situaremos como el tiempo uno (T1), pero no nos adelantemos.

Gil, continúa concurriendo todas las noches a dicho lugar, para realizar los mencionados viajes. En los mismos, conoce a una joven artista (Adriana), amante de las más reconocidas personalidades del arte. Una de esas noches, le da el libro que se encontraba escribiendo a Gertrude Stein, para que lo critique.

La película transcurre en una serie de viajes, en los cuales se enamorará de Adriana; y descubrirá que, de acuerdo a como lo dejó entrever en su libro (el cual es un fiel reflejo de su realidad en el siglo XXI), y lo que Hemingway lee en éste, su esposa lo engañaba con el amigo que había encontrado en Paris. Se puede observar que Gil, llevaba una vida con su prometida, que no era satisfactoria. Se vislumbra un personaje sosteniendo una realidad propia del “sueño americano”, una vida que no le permite conectarse con su verdad, propia de lo Imaginario, como pensaríamos con Lacan.

Podríamos ver reflejado esto, en una charla que tiene con Adriana, a la que le comenta que tiene ataques de pánico, y que los mismos cesarán con la boda. Se observa como la ritualización burguesa del matrimonio monogámico, aísla al sujeto. Así, vemos como se produce un efecto particularista, pues esta institución, busca imponer una verdad absoluta sobre el sujeto, asentándose en los sacramentos eclesiásticos (luego veremos el concepto de particularismo).

En uno de los paseos junto Adriana, en Paris de 1920, aparece un carruaje que los invita a subir a ambos. Cuando se bajan del mismo, ingresan a un bar. Habían viajado en el tiempo, se encontraban en París de 1890, la “Bellè Époque”. Adriana le había comentado a Gil, que ella soñaba con haber nacido en aquel momento histórico, tal como él lo sentía por París de principios del siglo XX. En el bar, se encuentran con una serie de personajes famosos, quienes comentan que para ellos, lo mejor habría sido nacer en el “Renacimiento” . Esta escena, la situaremos como tiempo dos (T2), pues allí Gil pronunciará una frase a Adriana, que nos permitirá entender que algo lo interroga, lo interpela en relación con su primer viaje, y su posición frente a su vida en el siglo XXI. Veamos que dice Gil: “Yo trataba de escapar de mi presente como tú del tuyo (…) Si te quedas aquí, y esto se convierte en tu presente, ya veras como pronto, empezarás a imaginar que otra época es, en realidad, tu época dorada. Eso es en realidad lo que llamamos satisfactorio, porque la vida es en si algo insatisfactorio.”

Posteriormente, Gil decide retornar al año 2000 , donde terminará su relación con Inez, reafirma su anhelo de mudarse y vivir en Francia, y se “permite” comenzar un romance con una joven llamada Gabrielle, una vendedora de antigüedades que había conocido anteriormente. En el hecho de regresa, pensaremos la presencia de un tiempo tres (T3).

Hasta aquí hemos realizado un desarrollo de lo que la película nos plantea. ¿Qué categorías integraremos en el análisis de la misma? Hemos adelantado anteriormente, la presencia de tres tiempos que son recortes sincrónicos en la diacronía del film. Esos “observables” de los que nos hemos servido, nos permitirán entender el circuito de responsabilidad, viendo como se ponen en juego las categorías de necesidad y azar, y la hipótesis clínica que sostiene la responsabilidad subjetiva de Gil.

Abramos el juego con Freud. En el texto: La responsabilidad moral por el contenido de los sueños, dice: “El contenido manifiesto es una apariencia falsa, una fachada. No merece la pena someterlo a un examen ético…” Y más adelante agrega: “El problema de la responsabilidad (…) -estaría asociado- con los pensamientos oníricos latentes…” [1]

Con estas ideas, Freud afirma que aquellos contenidos del sueño, que pueden ser considerados moralmente como “malos”, son parte del propio ser del sujeto; por lo tanto, el sujeto debe hacerse responsable del contenido inconciente de su sueño – y de todas sus formaciones del inconciente-, por más que considere que estos sean ajenos a su yo. Freud asevera que, aquello que es desconocido por el yo, produce efectos sobre el sujeto, y en tanto tal, es responsable.

Así, entenderemos que, nos está aclarando que frente a las mociones del ello, la conciencia moral tenderá a constituir una formación reactiva frente ella. Recordemos que la moral es uno de los diques, junto con la vergüenza y el asco, que se constituyen para defenderse de las mociones pulsionales egodistónicas [2]

Asimismo, no podemos dejar de considerar, por otro lado, la presencia de una responsabilidad de orden jurídico, moral. Es notorio destacar que, como afirma Salomone [3], en este nivel hablamos del campo normativo, donde se presenta un sujeto autónomo en sentido jurídico, con una responsabilidad moral asentada en un sistema de referencias legales, un código, normas sociales compartidas.

Aquí, se habla de un sujeto absoluto, libre y con voluntad para decidir sobre su acción y responder por ella. Dirá Oscar D´Amore, que es un Sujeto joya, dueño de sus actos, capaz de responsabilizarse, responder por ellos. Considerará este autor, que la culpa se pondrá en juego, en relación con la “…imputabilidad por lo que hay que pagar, incluso con la cautividad del cuerpo" [4].

Tendremos, entonces, una responsabilidad Subjetiva y, otra de orden moral. La segunda ya la repasamos brevemente, pero ¿qué refiere esta responsabilidad subjetiva? Adentrémonos en ello.

Ya mencionamos que, Freud habla de una responsabilidad que el sujeto debe asumir, frente a esos actos que, aunque involuntarios, son propios del ser. El contenido, desconocido por el yo, produce efectos sobre el sujeto. Allí radica la responsabilidad subjetiva.

Dirá Gabriela Salomone: “Llamaremos responsabilidad subjetiva a aquella que se configura a partir de la noción de sujeto del inconciente, sujeto no autónomo, que por definición no es dueño de su voluntad e intención…” [5]. Y luego agregará, que ésta se distingue de la responsabilidad del discurso jurídico y moral, siendo la primera, parte de la segunda.

Salomone, observa que el sujeto realiza acciones sintomáticas, donde desconoce el propósito de las mismas, las cuales están determinadas inconcientemente. Vemos en el film, como Gil sufre ataques de pánico, los cuales se encuentran indeterminados, por lo menos para el conocimiento conciente, siendo aplacados los mismos con la toma de un psicofármaco. Con esto, podemos pensar la ausencia de un sujeto autónomo, donde el síntoma, como formación del inconciente, se encuentra determinado por Otra cosa.

Así, podríamos pensar que el significado de esa formación del inconciente, ese síntoma, tendrá un significado singular para cada sujeto. Supondrá Salomone, que Freud ubicará la responsabilidad subjetiva a ese nivel, donde pese al desconocimiento del yo de las formaciones del inconciente, se pone en juego una verdad que compromete al sujeto, pero no sujeto joya, sino barrado, deseante.

La autora, supondrá que a nivel de las formaciones del inconciente, lo central es la materialidad de la palabra, el valor significante, que será entendido por Lacan, como aquello que no engaña, de allí su valor de verdad. Se supone una caída del sentido, donde el yo deja de ser dueño de lo que dice, se produce el derrumbe de la ilusión, del fantasma.

En este sentido, podríamos pensar, en el momento donde Hemingway, puntúa en el discurso de Gil (a través de la lectura de su libro), algo que dejaba entrever en el mismo: que su prometida se acostaba con su amigo. Podríamos considera a esta altura, que algo de su yo ideal, funcionaba obturando aquella producción de verdad, que venía de Otro lugar, y que se expresaba de modo encubierto en el texto. Recordemos que fue Freud, quien homologo el síntoma neurótico a la producción artística [6].

Así, se abren dos nociones de responsabilidad, asociadas a dos ideas de verdad: en relación a la responsabilidad subjetiva, supondremos una verdad del sujeto, proveniente del Otro, propio de su singularidad; y en relación a la responsabilidad moral, jurídica y social, una verdad objetiva, asentada en un particular de época.

D´Amore, en continuidad con estas ideas, supondrá que, es a nivel de la responsabilidad subjetiva donde se produce el acto ético, lugar donde se pone en juego, como expresaba Salomone, la singularidad del sujeto.

Sería interesante, en este punto, retomar un concepto que mencionamos anteriormente, y que este autor trabaja: la culpa.

D´Amore, lee el concepto, desde la óptica de la responsabilidad jurídica y la subjetiva. En relación a la primera, como se mencionó anteriormente, solamente el imputado de culpabilidad en un acto, deberá responder, responsabilizarse. En este sentido, se puede entender que aquel que no es responsable, tampoco es culpable.

Por otro lado, en relación a la responsabilidad subjetiva, se observa con Jinkis [7], que por el hecho de saberse culpable, se pone en juego la responsabilidad del sujeto, en relación a lo que hace y dice. Lo que observa D´Amore, es que esta culpa, obliga a responder, introduciendo la dimensión deseante. De allí, que la culpa y el deseo se encontrarían ligados. Esta culpa, queda así asociada a una operación simbólica, donde se presenta para el sujeto, una interpelación subjetiva a la cual debe responder. Con Freud, podríamos entender que esta culpa, es el Sentimiento inconciente de culpa, que interpela al sujeto, lo llama a responsabilizarse por ese deseo del Otro.

Avancemos un poco más. Nos dice Juan Carlos Mosca: “…donde el neurótico podría declararse no responsable, Freud lo hace responsable de un deseo. Deseo que viene del Otro como demanda ante la cual el Sujeto se somete. Se somete al mandato superyoico para librarse de la culpa.” Y luego, grafica con una metáfora, los elementos que puso en juego: “La culpa, si se me permite la metáfora económica, subraya un “déficit” de sujeto, la responsabilidad un superavit.” [8]

Mosca, con esta metáfora, grafica que el sujeto, en la medida que se responsabiliza de su acto, se enfrenta a la falta en el Otro, a su deseo. La culpa, aparece anulando imaginariamente lo real del acto, que implica la responsabilidad, obviando así aquel lugar en el que “cae del mapa”, que implicaría un encuentro con eso real que lo angustia.

Así, vemos como D´Amore menciona diversas formas en que la culpa se puede personificar, sin permitir la emergencia del sujeto frente a la interpelación [9]:

- El culpógeno, que no se implica subjetivamente, respondiendo desde el lugar de la responsabilidad moral, donde solo hay implicación del Sujeto joya.

- Angustia, donde no hay una responsabilización subjetiva de lo real del acto, solo una manifestación sintomática, angustia señal en sentido freudiano.

- Negación de lo real del acto.

- Proyección, donde se culpabiliza a otro de la responsabilidad.

- Intelectualización.

Podemos ver una primera respuesta de Gil: frente al compromiso con Inez, este hecho es aplacado con una producción de angustia, propia de los ataques de pánico; luego, los mismos serán velados, con el consumo de psicofármacos.

Sería interesante introducir ahora, dos categorías que se ponen en juego en cualquier acto: Necesidad y Azar.

Dice Mosca: “El azar implica incertidumbre y podría estimarse que no habría apuesta sin incertidumbre. Agrego, entonces, ¿cómo habría acto sin el azar, si hubiera pura determinación significante?” [10]

Aquí, el autor deja entrever, que no se podría suponer una pura determinación significante. En el acto ético, que supone un sujeto deseante, siempre hay un falla en el calculo. Sin embargo, plantea que este factor, no implicaría que el sujeto pueda desresponsabilizarse subjetivamente. Destacando, que algunos sujetos se sirven de él, para evitar la emergencia de algo verdadero, que lo angustie.

Por otro lado, Mosca toma la categoría de necesidad o determinismo: “El determinismo encuentra en el resultado la ley que le determinó. [11]

Así, nos informa el autor, que es interesante observar si “…el resultado determinado por una combinatoria preexistente ¿borra al sujeto?” Con esto, podríamos suponer, que los sujetos que se escudan en determinismos, para no responsabilizarse subjetivamente, se sostienen al modo kantiano, en un universal que lo determina absolutamente, en una ley moral, particular de época, que borra toda marca subjetiva.

Sin embargo, debe entenderse, que ambas categorías se presentan en todo acto, y dependerá de la posición subjetiva frente a la interpelación que se produzca, como se integrarán las mismas.

Veamos a continuación, las categorías de particular y universal - singular. Si bien las hemos mencionado anteriormente, sería importante conceptualizarlas, con el fin de poder abordar el circuito de la responsabilidad, con todos los elementos en la mano.

La categoría de lo particular, debe pensarse como un efecto de grupo, donde se presenta un código compartido, una lengua común. En este sentido, podríamos suponer algo del orden de lo imaginario lacaniano, donde el yo se identifica a otro, “perdiéndose” allí Otra cosa. Podría pensarse en el complejo de Edipo, como una común medida, que organiza un particular de época, y produce un efecto en el grupo.

La categoría de universal y singular, serán pensadas en su conjunto. Lo universal, necesita de lo singular para expresarse, y este último es efecto del primero. Lo universal, será considerado como ese carácter simbólico, que determina al sujeto como sujeto barrado. Así, lo supondremos en el orden del lenguaje, sustentando un sistema simbólico, la castración simbólica. A su vez, ubicaremos en el lugar de lo singular, a lo real del habla, donde el sujeto produce un fantasma que organiza su goce. Dicho fantasma, solo tendrá lugar, en la medida que se encuentra sustentado por el eje universal.

Así, veremos una integración entre el orden de lo universal-singular y lo particular; pues el primero suplementa al segundo, y lo necesita de soporte para existir. Así, Fariña dirá en “Ética: un horizonte en quiebra”: “…el significante se apoya en el nivel del código, pero solo para escapársele, para deslizarse, como sabemos, hacia otro significante.” [12]

Así, a partir de esa suplementación, se observa un interjuego entre las categorías. Donde lo universal-singular, quiebra la totalidad que supone el particular. Si este último, no permite la emergencia de dicho singular, se habla de efecto particularista; tal como lo observamos, en la ritualización del matrimonio monogámico, que supone este sacramento cristiano.

Pensando esto, desde las categorías de ética y moral, Fariña afirma que la segunda se ubica en el eje de lo particular; y que el acto ético, quebrará la totalidad que supone ese sistema moral, suplementándolo.

Ahora si, podemos introducir, con los elementos que hemos venido trabajando, el mencionado circuito de la responsabilidad.

Oscar D’Amore considerará que, este circuito, no responde a la cronología, sino a una lógica de retracción. La misma supondrá dos tiempos, donde el sujeto interpela en un segundo tiempo, aquel primero. El autor, supondrá que la interpelación subjetiva, introduce algo de la culpa, que obliga responder, resignificando el T1. Veremos que, por el efecto que genera la culpa, se producirá dicha interpelación en un segundo tiempo, resignificando aquel primer momento.

Ante este efecto retroactivo que se produce, se presentarán dos posibilidades de resignificación:

1. El cierre particular del circuito, donde el yo, “adalid de lo particular”, realiza una respuesta moral ante aquello que lo interroga. Supone una respuesta desde lo particular, que tapona la singularidad del deseo inconciente. En el film, podemos observar esto, como se detalló anteriormente, cuando Gil consume psicofármacos, ante la irrupción de la angustia (T2), que generaba aquel compromiso con Inez (T1).

2. Aparición de un tiempo tres, donde la resignificación de la escena primaria, a partir de la interpelación que se produce retroactivamente, con la segunda escena, supone la aparición de un efecto de sujeto. En este nivel, se presume la dimensión de lo universal-singular, la dimensión ética.

Así, se habla de otro nombre del sujeto, en tanto que introduce la dimensión del acto. La entrada de la misma, supone un sujeto del deseo inconciente. Aquí, observamos, como se mencionó anteriormente, que la interpelación subjetiva- que implica la aparición de la culpa – supone una dimensión real del acto, que lo insta a responder subjetivamente. Así, la emergencia de este T3, en el lugar de la respuesta, diluye el sentimiento de culpa.

De allí, que si el movimiento retroactivo se produce por la aparición de la culpa, esta respuesta, ligada a un T3, relativa a una responsabilidad subjetiva, en relación con el Deseo del Otro; supone que no hay deseo sin culpa.

Analicemos, a continuación, como se pone en juego en el circuito, las escenas recortadas del film.

Seleccionamos como T1, el momento en el que realiza el primer viaje. Inicialmente, ese momento, no podría ser entendido más que por las categorías de necesidad y azar. Pues podríamos suponer que, actuó algo del orden de lo que no es calculado, que está por fuera del determinismo significante. Consideraremos que fue azaroso que en su caminata, por aquella ciudad desconocida para él, encontrara justamente la iglesia donde lo recogió el auto, y que acudiera justo al horario preciso en el que pasaba por allí.

Por otro lado, observaremos que algo del orden de la necesidad se puso en juego, pues habría una “ley universal” actuando, donde se podría pensar que, estaba predeterminado, que si no conocía el camino de vuelta al hotel, se perdería en las calles de Paris, terminando en un lugar inadecuado al prefijado.

Sin embargo, la lógica retroactiva, de la interpelación que se produce, escapa al cierre particular de la necesidad y el azar. Situaremos como T2, que interpela a Gil, aquel encuentro con los personajes famosos de la “Belle Époque”, y específicamente, a la manifestación de su deseo, de haber vivido durante el “Renacimiento”.

Lo que resulta interesante observar aquí es que, ante aquel interrogante que le produce observar la posición subjetiva de aquellos pensadores, Gil, no opta por un cierre particular de esa pregunta; sino que le dice a Adriana, que él escapa de su realidad, como estos sujetos quieren hacerlo, y quedarse encadenado imaginariamente allí, sería una respuesta que lo aliena a un otro. Observamos que Gil, reniega la idea de quedarse con Adriana en el año 1890; así, podríamos pensar que algo de ese muro que lo alejaba de Otro lugar, se había quebrado [13].

Vemos en Gil, alguien que se responsabiliza por aquella pregunta, y que no responde en el lugar de la culpa, sino que lo hace a partir de la verdad, del deseo de Otro.

Así, ubicamos la emergencia de un T3, de un sujeto: Gil, es un sujeto .

En el personaje, se puede observar como se pone en juego algo de la dimensión de otro nombre del sujeto, de un acto ético, pues decide retornar al siglo XXI. Así, Gil se confronta con su falta, con ese deseo del Otro. Lo insatisfactorio de su realidad, de ese modo, no quedaba ligado a que había nacido en el momento histórico inadecuado, como su yo afirmaba; sino, que estaba ligado a su posicionamiento, como entenderá Lacan, frente al ideal y el deseo del Otro.

Quien había viajado al pasado, era “otro”, que no regreso. Quien sí regreso, sin haberse ido anteriormente, fue un sujeto.

Podemos ver que al retornar del viaje, se produjo un reposicionamiento subjetivo, lo cual se manifestó en el abandono de una relación insatisfactoria, la renuncia al “sueño” (¿pesadilla?) norteamericano, y la posibilidad de comenzar un romance, con una mujer francesa de su tiempo, por la que sentía interés.

A modo de cierre, sería notable, aventurar una hipótesis clínica, acerca del personaje de la historia.

Podríamos pensar que Gil, inicialmente, se encontraba retraído narcisísticamente. Se observa a alguien que, encuentra satisfacción en el mundo de la fantasía, anulando los vínculos con la realidad. Freud nos dice, en “Introducción del narcisismo”, que el sujeto puede descatectizar los objetos del mundo exterior, produciendo una introversión libidinal, e invistiendo su yo. Así, el sujeto, anula la libidinización de los objetos, invistiendo sus fantasías, con libido narcisista. Se puede observar esto, en el momento en que crea un libro, y lo presenta ante grandes escritores como Hemingway y Gertrude Stein, por quienes es reconocido, viendo allí, un incremento de su narcisismo.

Por otro lado, podríamos suponer que ese yo, que en este momento se encuentra sobreinvestido, es otro. Lacan nos informa [14], que el yo radicalmente, en tanto que se construye, es otro. Ese yo, es una formación que se produce, a partir de un nuevo acto psíquico: la Identificación.

Ahora bien, esa fantasía, ese fantasma, se encuentra determinado, por el posicionamiento subjetivo frente a ese Otro lugar. Sin embargo, la puesta en marcha, como se puede ver en los viajes al pasado de Gil, lo dejan en una posición de alienado; pues, a decir verdad, lo que se pone en marcha allí, no es el sujeto, sino “otro”.

Cuando Gil nos dice, que la realidad en sí, es insatisfactoria, podemos suponer que, es así, en tanto que su posición enajenada frente a la verdad del Otro, lo ubica en ese lugar. Se puede observar que, luego del viaje al siglo XIX, al reunirse con su verdad, y reposicionarse frente al deseo del Otro desde un lugar diferente, y más allá de la alienación yoica, a lo mejor esa realidad, no sería tan insatisfactoria.

Referencias bibliográficas

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. Obras Completas. 1984.

Freud, S.: El creador literario y el fantaseo, A.E. Obras Completas, IX, 1908.

Freud, S.: Introducción del narcisismo, A.E. Obras Completas. XIV, 1914.

Freud, S.: Tres ensayos de teoría sexual, A.E. Obras completas. VII, 1905.

Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

Lacan, J., El Seminario, Libro II, Barcelona, Paidós, Cap. 19.

Michel Fariña, J. (1998); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. III). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

[1Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. XIX, Amorrortu editores. 1925, pp. 133.

[2Freud, S.: Tres ensayos de teoría sexual, A.E. Obras completas. VII, 1905.

[3Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

[4D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006, pp.147

[5Salomone, Op. Cit, pp. 118.

[6Freud, S.: El creador literario y el fantaseo, A.E. Obras Completas, IX, 1908.

[7Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

[8Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires, pp. 121-122

[9D’Amore, Op. Cit., 158-159

[10Mosca, Op. Cit., 118

[11Mosca, Op. Cit., 119

[12Michel Fariña, J. (1998); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. III). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires, pp 51.

[13Lacan, J., El Seminario, Libro II, Barcelona, Paidós, Cap. 19.

[14Lacan, Op.cit.





COMENTARIOS

Mensaje de   » 10 de noviembre de 2012 »  

no entendi era analisi no????



Película:Medianoche en París

Titulo Original:Midnight in Paris

Director: Woody Allen

Año: 2011

Pais: Estados Unidos

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