INICIO Acerca de ... CONGRESOS ONLINE
 
Films >  Congresos Online >  Congreso Online 2012 > Film:  Mi nombre es August Rush
El prodigio de tener un don
por Juárez, Ana Rocío
Título original: August Rush

Kirsten Sheridan / Estados Unidos / 2007

"El lenguaje que dice la verdad, es el lenguaje Sentipensante. El que es capaz de pensar sintiendo y sentir pensando"

Eduardo Galeano

“Bienvenidos a nuestro Concierto en el Parque y a la Celebración de la Beca «Dirige Tu Futuro de Mercedes». Y ahora con gran placer le doy la bienvenida de nuevo al escenario a una ex alumna de Juilliard, Lyla Novacek”. Una chelista a punto de comenzar su concierto. En otro lugar, otro escenario nos muestra a un músico empezando a cantar su canción. Otrora, una misma escena. Los personajes son casi los mismos, pero en otro tiempo. La repetición no será tal porque una diferencia se introducirá allí, hay un otro personaje que se presenta bajo el nombre de August Rush que hará que los senderos se conmuevan. Y allí nos dirigimos entonces, hacia una historia que se abre y se construye en ese tiempo que media entre ambas escenas.

August es un niño que nos habla, nos cuenta y nos deja ver su relación con la música. “Yo la oigo en todas partes y creo que si aprendiera a tocarla, ellos podrían oírme”. Se trata de sus padres, a quienes jamás conoció. Arma entonces una ficción, una ficción que le permite sentir que tiene un lugar en el mundo; mejor aún, porque no lo tiene, porque lo perdió… no deja de buscarlo.

Una escena en la que una chelista (Lyla Novacek) está a punto de empezar con su concierto nos es mostrada, y en otro lugar de la ciudad, un joven guitarrista (Louis) comienza a cantar junto a su banda de rock. Ambos conciertos finalizan. Una fiesta, muchas personas y ellos dos que se encuentran. Se besan. Hacen el amor. Ya de mañana ella se despide. La promesa de un encuentro en las siguientes horas hace más liviana esa despedida. Y luego, un padre, el de Lyla que dice “no” a esa relación con aquel músico de rock. Cierta obediencia a ciertos mandatos quizá. Y el desencuentro entre los jóvenes. La contingencia de un accidente se cuela en la vida de Lyla, ella embarazada. Finalmente, la creencia de la chelista hacia los dichos de su padre cuando este le dice que su hijo murió al nacer.

Una madre que se aleja de la música y se condena a una vida infeliz a consecuencia de su destino y un hombre que por haber perdido a su amada aquel día en que ella decidió obedecer a su padre, se distancia de la música por no poder cantarle.

La música, un lenguaje y un don

Ella ya estaba ahí, antes de que este niño advenga. Era la música y su poder invocante; cuando se creyó que ya nada podía invocar, fue abandonada por ese hombre y esa mujer. No así para este niño, quien se aferra a este don otorgado por el Otro porque es lo que tiene, lo que hay, para con eso intentar hacer algo. Nos dice August: “ Si ellos pudieran oírme, sabrían que soy suyo; yo creo en la música”. Hay una transmisión ya jugada que se revela a través del enunciado del niño, “que no es otra que la de una constitución subjetiva” [1]. Esta transmisión a través de las generaciones lo compromete de la manera más radical. Es su identidad de lo que se trata; ¿qué es él para el Otro? [2]. August invoca a sus padres, cree en ellos: “en algún lugar de mí sé que siempre me quisieron”. Cree en su versión del Nombre del Padre.

Se trata entonces de la música como lenguaje; pero también de la música como don, aquel que otorga el padre y que se imaginariza para el espectador de un modo ilustrativo: August Rush es un niño prodigio, tiene el don de la música.

Es también un llamado; él siente como si alguien lo estuviera llamando. Ante la pregunta respecto de quién, simplemente dice: “los que me dieron la música”.

Una búsqueda

Entretanto, August en su búsqueda cae en manos de un hombre que recluta niños y los compele a tocar y cantar en la calle para así ganar dinero. La música es para este hombre un negocio. No para el niño quien insiste en tocar para que sus padres lo encuentren. Y entonces el azar hace que en el preciso instante en que logra separarse de este hombre que lo explotaba comercialmente, su madre se entera de que él estaba vivo, cuando su padre le revela la verdad en su lecho de muerte. A su vez aquel músico, Louis, envuelto en la nostalgia por la amada que perdió hace once años atrás, va en búsqueda de aquella.

En los tiempos que siguen veremos al niño ingresando en un conservatorio de música; luego, los preparativos para el estreno de una Rapsodia –la que él creó– en el Central Park; luego una irrupción, la de aquel hombre cuya ecuación ponía en pie de igualdad al dinero con la música, en donde la explotación del prodigio de este niño era la meta. Y August se pierde, y regresa con aquel que dice ostentar un saber sobre él, sobre quién es.

Es de día, y en un rincón del Central Park se encuentra tocando la guitarra el niño; esa misma plaza que a la noche se iluminaría y estaría el público citado para escuchar la “Rapsodia de August Rush”, aquella a la que renunció y a la que tendría su ausencia como principal protagonista y un rato antes, como apertura, la participación de una chelista que antaño había tocado allí, llamada Lyla Novacek.

Y entonces, el encuentro. Padre e hijo se cruzan sin saber quién es el otro. Intercambian guitarras. Tocan juntos y hablan. El niño le cuenta que en la noche tendría un concierto, el suyo, al que no asistiría. Recibe entonces las palabras de un padre que se hace oír: “Uno nunca abandona su música, sin importar lo que pase”.

Perder para encontrar-se

La noche se impone. “Bienvenidos a nuestro concierto”, comienza a enunciar la presentadora del mismo. Todos prestos a escuchar a la chelista que un tiempo atrás fue exitosa, una tal Novacek. En otro lugar, pero en un mismo tiempo, Louis canta junto a su vieja banda. Debajo de la ciudad, August se encuentra junto al hombre que negocia la música. Mientras aquel embelesado recuenta el dinero del día, el niño cuenta otra cosa. Cuenta que ya se tiene que ir y que esta vez no volverá. Entonces la ironía sintoniza la pregunta de aquel negociador: “¿Porque tienes que encontrar a tus papás, verdad?”. He allí un sujeto, una producción de saber. Él afirma que no volverá porque se sabe perdido, no era por ahí donde podía haber un encuentro. Sabe que su concierto está empezando y que aún con la angustia que le genera no tener la certeza de poder encontrar a sus padres, para así encontrar-se, vale la pena la apuesta.

Lo que sigue es encuentro. Una madre que abandona el escenario, conmovida por la mágica combinación de notas musicales, vuelve para ver ese concierto que seguía sin ella. Un hombre que encuentra el nombre de su amada escrito en un cartel y hacia allí se dirige. Un hijo que dirige la orquesta en escena. Entonces la mirada de la madre hacia ese niño que se encuentra de espaldas al público; un hombre que acaricia las manos de su amada después de once años; la mirada de ella sobre él y luego, esa misma mirada de los dos puesta sobre August. Él se da vuelta para saludar a su público. Y el encuentro de tres acontece, madre, hijo y padre se encuentran, posibilitados por un cuarto, la música.

Referencias

Lacan, J.: De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, En Escritos 2, Siglo XXI, Argentina, Buenos Aires, 2008

Lacan, J.: Dos notas sobre el niño, En Intervenciones y Textos 2, Manantial, Argentina, Buenos Aires, 2007

Lacan, J.: Seminario 3, Las Psicosis, Editorial Paidós,15ª edición, Argentina, Buenos Aires, 2007


Notas

[1] Lacan, J.: Dos notas sobre el niño, En Intervenciones y Textos 2, Manantial, 2007, pág 56.

[2] En el escrito “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” Lacan afirma a propósito de la pregunta que se formula para un sujeto “¿qué soy ahí?”, lo siguiente: “Que la pregunta por su existencia baña al sujeto, lo sostiene, lo invade, incluso lo desgarra por todas partes, es cosa de la que las tensiones, los suspensos, los fantasmas con que el analista tropieza le dan fe; y aún falta decir que es a título de elementos del discurso particular cómo esa pregunta en el Otro se articula.”, pág. 526.







Comentarios
Mensaje de Ariel Kaztman  » 12 de septiembre de 2012 » arikazt@gmail.com 
Mi nombre es August Rush

Esta película logra mostrar ambos mundos de la música, aquel que la persigue solo por el dinero que genera y el otro en el que la música es acompañada solo por la pasión del músico y las notas.



 

 
Película de la semana:
La larga noche de Francisco Sanctis

Francisco Márquez & Andrea Testa / Argentina / 2016


La larga noche de Francisco Sanctis
por Michel Fariña, Juan Jorge
Novedades
Agua para Elefantes

Francis Lawrence / Estados Unidos / 2011


Devenir musicoterapeuta
por Michel Fariña, Juan Jorge
Black Mirror

Black Mirror / Reino Unido / 2011-2013


Black Mirror: The National Anthem
por Ariel, Alejandro
Recomendadas
The Truman Show

Peter Weir / Estados Unidos / 1998


Mar abierto (un horizonte en quiebra)
por Michel Fariña, Juan Jorge
El Color de la Noche

Richard Rush / Estados Unidos / 1994


En rojo: la responsabilidad por la transferencia
por Ariel, Alejandro
ETICA Y CINE. La singularidad en situación. Una perspectiva desde los Derechos Humanos

Emprendimiento académico sin fines de lucro. Para su utilización en actividades de docencia, investigación y extensión universitaria exclusivamente. Todos los materiales son propiedad intelectual de sus respectivos autores.

Proyecto creado por Juan Jorge Michel Fariña, Carlos Gutiérrez, Gabriela Salomone y Miguel Malagreca.

Cátedra I de Psicología, Etica y Derechos Humanos
Facultad de Psicología
Universidad de Buenos Aires

En colaboración con The International Network of UNESCO Chair in Bioethics.

Con el soporte técnico del IBIS (International Bioethical Information System) - Durante 2009 y 2010 el proyecto contó con el aporte del Programa de la UBA para la Ciencia y la Tecnología, UBACyT, a través de los Proyectos P006, P404, P431.

© Todos los derechos reservados | 2009
Visitas 2067214                                                                         Diseño: Navetrece.com