Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2010 > Nadie es perfecto >

por 

Análisis. Articulación de consignas 1 a 5
“Nadie es Perfecto” (Flawless -1999-)

“El sargento Koontz es un hombre apacible y rutinario. Retirado de la policía de Nueva York, alquila una habitación en un hotelucho y no tiene mayores pretensiones en la vida. Solitario empedernido, sus placeres se limitan al tango, la partida semanal de poker con los amigos y algo de sexo con una mujer que lo espera cada sábado como cliente de un local nocturno. Profundamente machista, rechaza a las prostitutas (sin permitirse advertir que, de hecho, paga por una) y odia a un vecino homosexual que ensaya su número musical para un espectáculo gay”.
Cita textual del comentario que orienta nuestro trabajo, este primer párrafo describe fielmente la esencia del personaje que habrá de ocuparnos centralmente a lo largo del mismo. Resulta importante aclarar aquí que la autora de aquél, Silvina Luzzi, pone especial énfasis en las características del sargento Walt Koontz y el modo en que su vida se ve afectada (al menos en lo relativo a sus capacidades motrices y emocionales) a partir de un trágico evento traumático. La hipótesis de trabajo, respecto del análisis de la responsabilidad subjetiva sostenida por la autora, se presenta en términos de que, a lo largo del film, “se va haciendo evidente que la verdadera discapacidad era aquélla en la que el sujeto (Koontz) estaba sumido antes del accidente. Musicoterapia mediante, el personaje gozoso del inicio adviene un sujeto capaz de desear”. Pues bien esta hipótesis de trabajo no sólo orientará nuestras expectativas aquí, sino que no hace más que resumir, escueta pero fielmente, el radical cambio en el modo de vida que el protagonista lleva a cabo a partir del nefasto suceso que lo aquejó. De hecho, el film ilustra en una variedad de escenas cómo era el personaje de Walt en un principio y cómo es al final de la historia. A modo de ejemplo, antes del accidente, Walt no compartía el ascensor con su vecina drag-queen y no perdía oportunidad para insultarla desde su ventana. Por otro lado, era capaz de despreciar y rebajar a una mujer, diciéndole en la cara que era una ramera como lo hizo con Tía, una de las bailarinas de Tango del salón donde concurría. Después del accidente, Walt se cruza con Rusty en el lavadero del edificio, y vuelven a discutir cuando ella le ofrece ayuda y él la rechaza. Pero, hacia el final del film, asistimos a un cambio notable en las conductas del personaje de Walt, cuando luego de atravesar diferentes situaciones, se lo ve disfrutar de una fiesta con Rusty y sus amigas drag-queen y cuando va a la milonga en busca de Tía, mujer que demostró que no merecía ser maltratada y el pudo hacerse cargo de esto.
Pensemos, prosiguiendo la esencia de los planteos de Luzzi, que existen una serie de tiempos lógicos que podríamos ubicar en un posible circuito de responsabilidad en torno al personaje que nos ocupa y sus acciones. Un primer tiempo daría cuenta, conceptualmente hablando, de una acción determinada del protagonista la cual se agota en los fines para los que fue realizada. En términos específicos, ubicándonos de lleno en el film, este primer tiempo podemos hallarlo en el pedido de ayuda que el sargento Koontz dirige a Rusty Zimmerman, el travestí del que es vecino. Recordemos aquí que se reviste tal solicitud de numerosos recados que, concientemente, nuestro protagonista toma antes del inicio de las sesiones de musicoterapia que le ayudarían a mejorar su calidad de vida. Así las cosas, el personaje interpretado por Robert De Niro inicia sus clases valiéndose de dos grandes premisas: sus encuentros sólo se remitirán a una transacción comercial justificada, a su vez, por una prescripción médica que así lo indicaba.
Sin embargo, en el esquema que estamos intentando delinear debemos ubicar un tiempo 2, el de la interpelación subjetiva, que lleva a resignificar el tiempo 1, momento en que nuestro sujeto se confronta con un interrogante del que no puede evadirse. La totalidad del universo (particular) que sostenía al sargento en el primer tiempo, guiando sus acciones, se ve resquebrajado con la aparición de aquella interpelación, la cual, situamos en una escena específica del film: sobre el final del mismo, Rusty atraviesa una situación de extremo peligro al ser encontrada por unos sujetos a los que les había robado dinero, instancia ante la que el policía retirado irrumpe en el departamento de su vecina defendiéndola y recibiendo un disparo en consecuencia. Algo no calculado sorprende a Koontz, lo interpela, lo mueve a la acción. La secuencia aquí iniciada se revela “efectiva para desplegar el estatuto de la responsabilidad, justamente aquí en donde se produce el cortocircuito” con el primer tiempo. Desde el instante en que nuestro sujeto de interés se moviliza, rompe con la postura escéptica y reticente en el trato con su vecina (ya preparada en el film por diversas instancias tales como momentos compartidos y mutuas confesiones entre nuestros protagonistas), permitiéndonos caer en la cuenta de que algo puede “salirse del libreto”, del repertorio de respuestas posibles desarrolladas por el sargento en su relación con la travestí; allí hay un resto, un deseo puesto en juego.
Sin embargo, resultara de vital importancia para nuestros intereses no detenernos en este punto. Observamos, en la escena siguiente un tercer tiempo pleno de sentido: ya en la ambulancia, a causa del disparo recibido, uno de los paramédicos se niega al pedido del travestí de acompañar a Koontz al hospital, excusando que “sólo los familiares directos pueden hacerlo”, ante lo que esta responde que ella, entonces, sí puede hacerlo ya que es la hermana del herido, a lo que el sargento asiente al afirmar: “Si, es mi hermana”.
Observemos este último detalle: la respuesta de Koontz no tiende a re-ligar los elementos disonantes entre el primer y el segundo tiempo, taponando la apertura que dicho conflicto produjo. El sujeto, en esta respuesta, resignifica las acciones emprendidas en el tiempo 1; algo del orden de su deseo (inconsciente) se ha evidenciado allí, algo por lo que deberá hacerse responsable.
Tengamos presente asimismo que, ante lo inevitable del ataque sufrido por su vecina, y frente al azar de estar presente en su departamento en el momento en que el suceso tuvo lugar, Walt no atribuye especial importancia a eventos necesarios o azarosos en relación a su respuesta ante el ataque. De manera determinada, se lanza a la ayuda de aquella que, a pesar de sus prejuicios, tanto lo había ayudado. Pues bien, entonces, este acto que podríamos caracterizar (si nos quedamos en la esfera de lo socialmente considerado como “moralmente correcto”) de “heroico” y que situamos a nivel del tercer tiempo de nuestro circuito determina el surgimiento de un “nuevo sujeto”; “un sujeto capaz de desear”. En este punto se asienta nuestra principal hipótesis de trabajo, la cual es consistente con los planteos de Silvina Luzzi en el comentario del film:
Ante la interpelación surge una pregunta y el sargento responde a ella abandonando el eje moral-particular para asumirse como sujeto barrado en el eje ético sostenido por lo universal- singular. Ha surgido allí una singularidad que ha permitido el desfallecimiento del “particular previo” lo cual nos permite afirmar, valiéndonos de las palabras de Michel Fariña, que “el sujeto que encontramos en el tiempo tres (ya) no es el mismo que (aquél que) dejamos en el tiempo uno”. Algo del orden de su deseo se ha puesto en juego allí, en el vínculo con el otro, modificándolo por completo.
Pensemos a continuación una arista más de la temática que nos ocupa. En la caracterización que, a priori, podríamos hacer sobre el comportamiento del sargento Walt Koontz, este se nos presentaría como un sujeto rígido y apegado a las normas, motivo por el que resultaría por demás llamativo que incurriera en el encubrimiento de un acto delictivo como el realizado por Rusty. Sin embargo, y contra lo esperable dadas las circunstancias, el modo en que el policía retirado se desenvuelve ante la situación es por entero disímil; no sólo encubre el robo, sino que defiende a su vecina ante el ataque sufrido a causa de aquél.
¿Corresponde otorgar alguna forma de responsabilidad jurídica? Si hacemos uso de los conceptos de razón e intención, los actos del personaje interpretado por Robert De Niro lo implicarían fuertemente en un siniestro. Así, ateniéndonos al modelo racionalista del marco jurídico encontraremos que, en el momento de entrar en conocimiento del hecho acometido por su vecina, Koontz era “responsable de sus actos”, es decir, consciente de lo que hacía, en fin, responsable de un delito: el de encubrimiento. Pero tengamos cuidado, nos estamos moviendo aquí en una esfera completamente distinta de aquella que nos ha orientado hasta aquí a lo largo del presente. Una lógica en la que los actos del sujeto deben coincidir necesaria y plenamente con la idea de autonomía de la conciencia, las intenciones y la razón, en la que la responsabilidad es sinónimo de culpabilidad.
Nuestra intención, pues, no se remite a ubicar la culpabilidad del sargento en este sentido, sino poder determinar cuáles son las causas que lo han movido a comportarse de un modo “inesperado”. Aquí la respuesta “esperable” de nuestro protagonista queda supeditada a aquello que el tiempo 2 de nuestro circuito desencadenó, instancia en la que ya no cuentan ni la intención, ni la pretendida (por el marco jurídico) autonomía de la conciencia, pues aquella ha introducido una dimensión deseante mas allá de estas últimas.
Obsérvese, lo reiteramos una vez más, que el advenimiento del tiempo 2 del circuito ubicado líneas atrás no es sin consecuencias para al Sr. Koontz. Eso inesperado que lo interpela lo toca de cerca; muy de cerca. Realmente lo toca y lo moviliza, del mismo modo en que Ibbieta, en el texto de Sartre, se vio interpelado ante la puesta en conocimiento de la muerte de su amigo Gris. Detengámonos en este punto por un momento en un paralelismo que, entendemos, será enriquecedor en lo referente a nuestro trabajo. Pensemos en un personaje como Ibbieta, un sujeto resignado ante lo inevitable del destino el cual, frente a una situación problemática decide tomar un papel activo y no callarse ante los falangistas. ¿No se comporta de un modo análogo nuestro sargento ante el ataque sufrido por su vecina? Situamos lo esencial de este planteo en el carácter activo que uno y otro personaje asumen ante el evento que los pone “contra las cuerdas”. Quedarse callado en el caso del primero, y permanecer apacible en su morada, en el segundo, eran respuestas esperables que, sin embargo, no se hicieron presentes en los relatos que estamos citando.
¿No es homologable la resignación de Ibbieta ante lo inevitable de la muerte a la resignación del sargento Koontz ante la soledad en que se encontraba sumido su existir, en los momentos previos a los respectivos eventos que los interpelan? A modo de conclusión, no es nuestra intención incurrir aquí en interpretaciones que puedan “empantanar” nuestro empeño. Sólo afirmaremos que la única culpabilidad que podemos atribuir a ambos es la de haber cedido en sus respectivos deseos, instancia ante la que el yo ha de ser responsable en lo relativo a su puesta en acto.

Bibliografía

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972.
Viñar, M. (2005). Especificidad de la tortura como trauma. El desierto humano cuando las palabras se extinguen. Psicoanálisis APdeBA - Vol. XXVII - Nº 1/2 – 2005



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: