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No es copia fiel. Acerca de un sustituto inquietante

por Provenza; Ailen Lucila

La transición del paradigma cartesiano moderno al paradigma de la complejidad en el cual se encuentra inscripta nuestra época se efectuó en el marco de una centralización de la sociedad de consumo. Es en este escenario que empuja al sujeto al acto de consumo, en detrimento de la reflexión, que se introdujeron nuevos objetos-mercancía que pretenden subvertir la forma en la que el sujeto se relacionaba con aquellos puntos de complejidad que encarnan algunos aspectos inherentes a la condición humana, como por ejemplo la muerte.

En el episodio Be right back de la serie inglesa Black Mirror (Brooker, 2013) Martha pierde a su pareja, Ash, de forma repentina. Tomada por la tragedia, contrata un software inteligente que constituye una suerte de doble del difunto. Podríamos pensar que ante la pérdida del hombre, Martha recurre a la máquina. Sin embargo, es preciso adelantar que el encuentro con el Ash que trae la ciencia no es sin vicisitudes.

En este trabajo intentaremos analizar cuáles son las implicancias que se desprenden de intentar sustituir al hombre por la máquina, reflexionando acerca de por qué tal operación parece fracasar para Martha. Asimismo, analizaremos los efectos ominosos que la presencia de este Ash-máquina produce en la protagonista, y cómo el objeto mismo repercute en el momento coyuntural de duelo que atraviesa. Del mismo modo, pensaremos a la Inteligencia Artificial como un objeto de consumo más que es ofrecido al sujeto por el capitalismo tardío, e intentaremos enmarcar al accionar de Martha dentro de las coordenadas de la época, descriptas al comienzo del apartado.

Si el hombre perece, la máquina aparece

En primer lugar recorreremos brevemente los puntos nodales del argumento de Be right back, para luego embarcarnos en el análisis de los ejes mencionados.

Tal como se ha adelantado, Ash, la pareja de Martha, muere trágicamente en un accidente automovilístico. Martha se encuentra visiblemente consternada, por lo que una de sus amigas la introduce en un servicio que la “ayudaría a superar la pérdida”. El mismo consiste en un software de Inteligencia Artificial que toma todos los datos publicados por Ash en sus redes sociales, y pretende recrear, de la forma más exacta posible, su personalidad. Si bien en un comienzo Martha rechaza la oferta de su amiga, al enterarse de que está embarazada del difunto decide ver de qué se trata.

De esta manera, Martha comienza a comunicarse por mail, y luego por teléfono, con el software inteligente, quien reproduce los modismos y formas de Ash a la perfección. Posteriormente, mediante un costoso upgrade, el software encarna una suerte de cuerpo idéntico al del difunto, constituyendo así un verdadero doble. Es preciso recalcar que este upgrade en la complejidad del software trae aparejado también un “upgrade” en la ambivalencia que experimenta Martha, cuyos niveles de angustia crecen exponencialmente.

Resulta claro que Martha se ve tomada por el vínculo que crea con esta versión robótica de su pareja, por momentos creyendo en algún punto que se trataría del mismo Ash. Sin embargo, como se ha adelantado, la cosa no marcha con el objeto tecnológico. Hacia el final del episodio, Martha pone en palabras el fracaso de su empresa: “Tú no eres tú. Eres un eco. No tienes historia. Eres una performance de todo lo que él solía hacer y eso no es suficiente”.

PARTE I: La distancia estructural entre el hombre y la máquina

Amor y castración: una empresa netamente humana

En primer lugar, como se ha dicho, resulta claro en el episodio de Black Mirror que la operación de reemplazar a Ash por el doble robótico no da frutos. Para analizar este punto será preciso pensar qué es lo que diferencia estructuralmente al hombre de la Inteligente Artificial.

En el Seminario 10 ([1962-1963]2013), Lacan presenta los esquemas de división subjetiva, los cuales darían origen al sujeto escindido con el que trabaja el psicoanálisis. Allí, menciona la existencia mítica de un S en tanto sujeto hipotético, completo, el cual se inscribe en el tesoro de significantes que es el Otro (A) como un cociente. Sin embargo, en esta división que constituye el pasaje por los desfiladeros del significante queda un resto. Aquello que cae y descompleta tanto al sujeto, convirtiéndolo en $, como al Otro, convirtiéndolo en el Otro barrado (una A tachada), es el objeto a. Se trata de un resto no simbolizable, sustituto del objeto perdido de la primera experiencia de satisfacción freudiana. Más adelante, Lacan definirá a este objeto a como causa del deseo, es decir, no como una meta del sujeto, sino más bien como aquel causante del deseo del ?. Esto se encuentra en consonancia con el axioma lacaniano “el sujeto desea el deseo del Otro”, es decir, no quiere objetos, ni mucho menos al Otro en tanto objeto, sino que se trata esencialmente de hacerle falta.

De este modo, el baño de lenguaje produce como resultado una pérdida inaugural de goce y un sujeto del inconsciente, el cual se encuentra atravesado por la falta, y en consecuencia deviene deseante. En este sentido, las consideraciones lacanianas sobre el amor se desprenden de lo teorizado arriba. La formulación más famosa de Lacan al respecto es “amar es dar lo que no se tiene [1]([1960-1961]2003). Este aforismo remite indudablemente a la falta y como tal al deseo, pues amar es por un lado mostrarse en falta, y por otro revelar que algo quiere alcanzarse en el Otro. Así, el amor involucra a la castración, y amar es esencialmente experimentar esa falta (Cossio, 2012). Si hay deseo es porque hay una falta estructural resultante de la marca del significante sobre el cuerpo, la cual jamás ha de ser colmada, y lo que se desea es, entonces, el deseo de ese Otro.

Martha ama a Ash, a pesar de que el mismo dista de ser un hombre perfecto, y es mostrado como tal en el film. Esencialmente, ama a ese hombre en su incompletud, y desde la propia. Dado que no hay relación sexual [2], el amor viene allí a velar la falta estructural con la ilusión de que dos hacen uno (Cossio, 2012). Ahora bien, muy distinto es el Ash que trae la ciencia, el cual se presenta de algún modo como un Otro completo: toma de él sólo las buenas costumbres, no tiene siquiera las necesidades biológicas inherentes a la fragilidad del cuerpo humano, trata constantemente de darle a Martha lo que cree que quiere, y en consecuencia obtura el deseo.

Ocurre que mientras el sujeto está estructuralmente escindido, la máquina intenta ser una creación del hombre sin fisuras. De hecho, idealmente debe pasar varios controles de calidad antes de llegar a las manos del consumidor. Entonces, si del lado humano tenemos un $ y un ?, ambos atravesados por la lógica del deseo y de la contingencia, del lado de la máquina tenemos un objeto de consumo programado con antelación, que se regiría por el sistema binario de A y –A (Reos, 2015). En este sentido, vemos cómo todo el accionar del doble tecnológico se basa en aprender qué es lo que Ash haría (A), y qué no (-A). Así, el robot se limita a ofrecerle a Martha meros objetos, quedando siempre encerrado en la lógica de la demanda. Esta operatoria nada tiene que ver con el deseo y, por consiguiente, con el amor. Recordemos que el deseo es precisamente aquello que de la necesidad no puede ser atrapado por la concatenación de significantes de la demanda (Lacan, [1958-1959]2014).

Por otro lado, si la constitución del sujeto obedece a la operatoria expuesta en el esquema de división subjetiva, resulta claro que nada de esto sucede con el Ash-máquina. No existe para la máquina un momento mítico, fundante, en el cual sea atravesada por el lenguaje, y como consecuencia caiga sobre ella la barradura que indica allí la presencia del deseo. Creemos, entonces, que no existe sujeto del lado de la Inteligencia Artificial.

De este modo, concluimos que no es posible el amor en relación a la máquina, debido a que allí no habría sujeto. Es ya en este primer punto estructural donde el sustituto se devela fuertemente como insuficiente.

La muerte como factor constituyente del hombre

Si existe alguna certeza en el campo de lo humano, esta es aquella que remite a la propia finitud. En este sentido, diversos autores se han encargado de teorizar acerca la muerte como un factor constituyente del hombre, e incluso como el elemento que daría sentido retroactivamente a la vida humana y a la cultura.

Hegel ([1807]2008) señala en Fenomenología del Espíritu que no existe una naturaleza humana a priori, sino que la condición del hombre como tal es consecuencia de una lucha por puro prestigio, en la cual la hominización depende de la posición que se tome ante la misma. Así, en la dialéctica del amo y el esclavo, devendrá hombre aquel que privilegie el deseo de reconocimiento del otro, negando así su naturaleza, mientras que aquel que elija la conservación de la propia vida devendrá animal. La palabra será la terceridad pacificadora que medie en el pacto que definirá estos dos lugares.

En este punto, Hegel fue el primero en evidenciar la relación antinatural y antiadaptativa del hombre con el deseo, marcando que el mismo no se satisface con lo natural, sino que desea otro deseo [3]. Esta negación de la naturaleza sería, para Hegel, la característica más acérrima de lo humano.

En La idea de muerte en Hegel ([1933-1934] 1985), Kojève señala que la muerte en tanto negatividad funda a la libertad, y constituye el móvil último de la Historia: es al negar lo dado de la naturaleza que se constituye el hombre histórico y se crea el Mundo.

Por otro lado, Heidegger ([1927]2009) apunta en Ser y Tiempo en la misma dirección, mediante el concepto de ser-para-muerte. Si el Dasein es el ser-ahí, el ente que está arrojado al mundo, entonces el mismo encarna esencialmente a la posibilidad. No obstante, hay un posible que le concierne a todos los posibles, siendo este que en cada una de sus posibilidades el hombre puede morir. Es esta posibilidad de morir la que constituye al Dasein, y la que remite en un sentido fuerte al concepto de ser-para-la-muerte. Entonces, la muerte se presenta como inminente para el Dasein, y la existencia auténtica del hombre es la de aquel que asume su finitud, y en consecuencia hace verdaderas elecciones sobre su propia vida.

Como se ve, la muerte se presenta según estos pensadores como inherente y constituyente en relación al hombre. La máquina, en cambio, a pesar de poder “dejar de funcionar”, no puede realmente morir, entendiendo a este término desde su cara antropológicamente fundante y simbólica. Aquella conciencia sobre la propia finitud de la que hablan Hegel y Heidegger, así como aquel posicionamiento frente a lo inefable que tendrá consecuencias en las elecciones que conciernen más íntimamente al sujeto, quedarán únicamente del lado humano. En un sentido estrictamente hegeliano, es únicamente en relación al posicionamiento acerca de su propia muerte, y de la negatividad que ha de ejercer sobre su medio, que el hombre ha devenido como tal y ha modificado al Mundo, construyendo así la historia de la civilización y la propia. Tal como señala Martha, el Ash que trae la Inteligencia Artificial es una “performance (…) un eco (…) no tiene(s) historia”. Por más inteligente que sea el software, no hay forma de que la máquina comprenda fehacientemente el concepto de muerte en un sentido histórico u antropológico, y en consecuencia, a pesar de que entienda que puede “apagarse”, esto no tendrá el mismo valor, ni los mismos efectos, que tiene para el humano la conciencia sobre su propia finitud.

En este sentido, puede pensarse que Martha, mediante un rodeo tecnológico, pretende rechazar la muerte de Ash. No obstante, esta tentativa fracasa, dado que implicaría desconocer en algún punto un elemento constituyente de la condición humana. En este sentido, negar la muerte interponiendo un objeto tecnológico no es para la protagonista sin peculiares efectos, tributarios de este fracaso. ¿Qué puede decirse de ellos?

PARTE II: Lo ominoso de la copia

El horror ante el doble

Es innegable que la mera presencia del doble suscita efectos inquietantes. Este punto, mencionado anteriormente como ambivalencia, remite más precisamente a los profundos sentimientos de horror que se desprenden de la interposición de este extraño objeto. Creemos que esta condición angustiosa del doble se debe a que el mismo, y esto se observa más claramente cuando efectivamente encarna un cuerpo, deviene ominoso en un sentido netamente freudiano.

Freud ([1919]1992) señala en el texto que trata sobre el tema que lo ominoso es inherente a lo terrorífico, particularmente en aquella vertiente que lo anuda con lo familiar. Etimológicamente, encuentra que el concepto de lo ominoso posee matices de significado diversos, e incluso contradictorios: lo familiar, lo íntimo, lo doméstico, lo que debiera permanecer oculto pero sale a la luz, lo extraño. Sin embargo, Freud pretende analizar cómo es que se produce el nexo entre estos dos campos de representaciones, en apariencia opuestos. ¿Cómo es que aquello familiar deviene extraño, y en consecuencia, traumático?

El autor concluye que para que se produzca el efecto ominoso, es condición sine qua non que haya algo familiar que se creía superado, reprimido, y que este retorne. Señala Freud que “nuestros ancestros primitivos consideraron esas posibilidades [la resurrección de los muertos] como realidad de hecho (…) hoy ya no creemos en ello, pero no nos sentimos del todo seguros de estas nuevas convicciones; las antiguas conviven en nosotros y acechan la oportunidad de corroborarse . Tan pronto como en nuestra vida ocurre algo que parece aportar confirmación a esas antiguas y abandonadas convicciones, tenemos en sentimiento de lo ominoso” ([1919]1992, pág 247).

Siguiendo las coordenadas freudianas arriba enunciadas, tenemos elementos significativos para comprender por qué el doble de la Inteligencia Artificial resulta altamente traumático para Martha. Puede pensarse que aquello que resultaba doméstico y familiar, como lo era el hombre al que amaba, deviene extraño, dado que no reconoce del todo en el autómata a quien solía ser su pareja. La máquina trae una figura que se presenta como familiar (es idéntica físicamente al difunto, posee su voz, se expresa en sus términos), pero, por otro lado, resulta extraña e inquietante (no respira, no duerme, no come). Un punto en el que se observa muy claramente esta condición simultánea de lo familiar y lo extraño es el parlamento que lanza Martha hacia el final del episodio: “Tú no eres tú”. Se trata de un doble que deviene amenazante, ominoso, y por consiguiente genera efectos de horror y angustia.

Ahora bien, además de desencadenar estos efectos angustiantes en la protagonista ¿cómo repercute la interposición del objeto tecnológico en el momento coyuntural de duelo que atraviesa?

PARTE III: El duelo en las coordenadas del discurso capitalista

El congelamiento del duelo

Be right back narra esencialmente la historia de la pérdida de un objeto de amor, y de cómo la misma es atravesada por la protagonista. Este episodio es, en otras palabras, una narrativa acerca del duelo y sus vicisitudes. Freud señala que “el duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada” ([1915]1992, pág 241). Es importante recalcar que el autor conceptualiza al proceso del duelo como un afecto normal que pasado cierto tiempo será superado sin dejar secuelas.

Freud continúa su desarrollo ubicando las etapas del duelo normal. En primer término, mediante un examen de realidad el sujeto observa fehacientemente que el objeto ha cesado de existir, y por lo tanto es exhortado a quitar de él la libido con la que lo había investido. Sin embargo, señala, el hombre se muestra renuente a abandonar una satisfacción de buenas a primeras. Entonces, si bien es esperable en el duelo normal que prevalezca el acatamiento a la realidad, este imperativo no puede ser obedecido inmediatamente, y de este modo conviven en el sujeto dos corrientes psíquicas contrarias. Esto debe entenderse como la aceptación de la muerte del objeto, por un lado, y por el otro el rechazo de la misma. Si leemos este primer momento del duelo a la luz de un texto freudiano posterior, El fetichismo ([1927]1992), podemos pensar que la coexistencia de estas dos tendencias incompatibles en relación a la realidad exterior responde a un mecanismo defensivo, el mismo que interviene en la constitución del fetiche, denominado por Freud como desmentida [4].

Las etapas siguientes del duelo aluden a la sobreinvestidura de los enlaces libidinales con el objeto que se ha perdido, y posteriormente el desasimiento de la libido como tal, proceso que se ejecuta pieza por pieza y con un gran gasto de energía para el sujeto. De este modo, una vez que la libido se ha retirado de los enlaces libidinales relativos al objeto, el estado de profunda desazón cesa, y el sujeto es libre para investir un nuevo objeto.

De este modo, se infiere que el recorrido establecido por Freud no sigue su curso hasta el fin, sino que queda en Martha detenido en su primera etapa. La introducción del objeto tecnológico tapona el trabajo simbólico del duelo, imposibilitando que Martha acepte la pérdida, condición fundamental para que comience el retiro de la libido. El objeto tecnológico, entendido como el software de inteligencia artificial, es totalmente funcional a la desmentida, ya que con su presencia contribuye directamente a seguir sosteniendo las tendencias contradictorias respecto de la muerte de Ash. Así, objeto mediante, el duelo de Martha deviene patológico, y se congela en la etapa inicial de desmentida.

Subjetividad en los tiempos del capitalismo tardío

Hemos dicho que la detención del duelo se da precisamente mediante la introducción de un objeto de consumo que tapona la falta. Este es esencialmente el mecanismo que sostiene el discurso capitalista. En estos términos, puede inferirse que el accionar de Martha responde a la subjetividad de la época, la cual se encuentra determinada por la ideología y las condiciones socio-históricas del capitalismo tardío.

En el Seminario 17 ([1969-1970]1992) Lacan define al discurso como un lazo social basado en el lenguaje, es decir, como un organizador de los modos posibles de goce y de vínculo con los otros. De este modo, plantea la existencia de cuatro discursos: el Amo, el Universitario, el Histérico y el del Analista. Posteriormente, en la Conferencia de Milán de 1972, añade a estos elementos un quinto pseudo-discurso, el Capitalista, al cual considera como una variación del Discurso del Amo.

En términos lacanianos, el Discurso Capitalista rechaza la castración, prometiéndole al sujeto que sería posible obturar esa falta introduciendo allí un objeto de consumo. En otras palabras, para el capitalismo tardío “todo es posible”, y por ende se promueve la ilusión de que la falta estructural podría ser colmada, y que el objeto perdido freudiano podría ser reencontrado por la vía del consumo de mercancías.

Al negar la imposibilidad estructural, el sujeto queda sometido al imperativo del goce que encierra este discurso, el cual implica que “si se quiere, se puede”, y así es empujado a consumir ad infinitum las mercancías que produce la ciencia (Barrionuevo, 2011).

Se observa, entonces, que el modo de transitar el duelo de Martha responde fuertemente a estas coordenadas. Al ser confrontada con la castración, debido a la muerte de Ash, decide rechazar ese imposible, intentando sustituirlo con un objeto de consumo, a saber, el software de la Inteligencia Artificial. Así, se encierra en un goce autoerórico con ese objeto que le facilita el mercado, y el lazo social con los otros se obstaculiza.

En este sentido, es preciso retomar el concepto lacaniano de segunda muerte, enunciado en el Seminario 7 ([1959-1960]1988). Para Lacan, lo que diferencia al hombre del animal es su atravesamiento por el significante, lo que tiene como consecuencia la existencia de una segunda vida y de una segunda muerte. La segunda vida remite a aquella afectada por el deseo y la palabra, con la pérdida de naturalidad que implica el baño de lenguaje. La segunda muerte, por su parte, refiere a la muerte simbólica, necesaria además de la muerte biológica. Es por la vía del significante, mediante los ritos funerarios y la lápida con el nombre del difunto, que el sujeto se eterniza y perdura en la memoria de los otros. Esta es la posición de Antígona, quien prefiere la muerte, antes que permitir que su hermano no fuera enterrado en acuerdo con la dignidad que establecen las leyes divinas. En oposición a esto, como explica Sobral Silva (2006), se encuentra el Marqués de Sade, quien pretendía consagrar su vida al goce, y rechaza esa segunda muerte al pedir que no haya ningún nombre o indicación que recuerde el lugar donde yacen sus restos. No quería mantener una relación con lo simbólico, sino únicamente con el goce.

Sobral Silva (2006) concluye que vivimos en un mundo que evidencia ser mucho más afín a la aspiración de Sade que a la heroicidad de Antígona. Señala que si lo propio de la castración es una pérdida del goce, la cual posibilita la constitución del deseo, el discurso capitalista se presenta como una circularidad caracterizada por la reapropiación constante del goce, bajo la forma de la relación con el objeto tecnológico. Esencialmente, este empuje al goce desmiente a la castración, y a la finitud del hombre que marca la muerte. De este modo, si bien en el caso de Ash los ritos funerarios están presentes, de hecho una de las primeras escenas del episodio es la del funeral, la tramitación del duelo no sigue predominantemente la vía simbólica, sino que esta se subordina al goce con el objeto tecnológico que rechaza la pérdida. En este sentido, es preciso señalar que el Discurso Capitalista no elimina a lo simbólico y a la cultura, operación que no sería viable, dado que estos elementos son inherentes al hombre, pero sí debilita fuertemente su estatuto.

Conclusión

Esencialmente, lo que este episodio nos enseña es que no puede vencerse a la muerte, al menos no mientras queramos permanecer dentro del campo de lo humano.

El discurso capitalista, entonces, empuja al sujeto a un consumo que lo deja sólo con sus objetos, y esto no es sin consecuencias. Las “soluciones” que ofrece el capitalismo tardío reconfiguran los modos de hacer lazo, y fomentan la emergencia de nuevas formas de padecer, no tan ligadas a lo enigmático de la metáfora, sino más del lado del acto y de la angustia no ligada. Así, el deseo y la palabra se degradan, en favor de un empuje al goce autoerótico con el objeto tecnológico.

Podemos concluir que, a pesar de que el hombre se ubique en el rol de creador de mercancías milagrosas, entre las cuales se encuentra la Inteligencia Artificial, con las que pretende rechazar la castración y negar imposibilidades, como lo es la muerte, esta operación fracasa, dado que son precisamente esos elementos los que constituyen estructuralmente al sujeto en cuanto tal. Existe una distancia inconciliable entre el hombre y la máquina, en la cual esta última siempre se develará como un sustituto insuficiente.

Bibliografia

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Cossio, E. (2012). Sobre el amor entre el goce y el deseo. Varité N°21.

Freud, S. (1992). Duelo y melancolía [1915]. En S. Freud, Obras completas de Sigmund Freud Tomo XIV (págs. 235-257). Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1992). El fetichismo [1927]. En S. Freud, Obras completas de Sigmund Freud Tomo XXI (págs. 141-147). Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1992). Lo ominoso [1919]. En S. Freud, Obras completas de Sigmund Freud Tomo XVII (págs. 212-253). Buenos Aires: Amorrortu.

Hegel, G. (2008). Fenomenología del espíritu [1807]. España: Fondo de cultura económica de España.

Heidegger, M. (2009). Ser y tiempo [1927]. España: Trotta.

Kojève, A. (1985). La idea de muerte en Hegel [1933-1934]. Buenos Aires: Leviatán.

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Lacan, J. (1988). El Seminario 7: La ética del psicoanálisis. [1959-1960]. Buenos Aires: Paidos.

Lacan, J. (1992). El Seminario 17: El reverso del psicoanálisis [1969-1970]. Buenos Aires: Paidos.

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Lacan, J. (2013). El Seminario 10: La angustia [1962-1963]. Barcelona: Paidos.

Lacan, J. (2014). El Seminario 6: El deseo y su interpretación [1958-1959]. Barelona: Paidós.

Reos, F. (2015). Dilema, bits y un sustituto particular. V Congreso Online de Ética y Cine.

Sobral Silva, G. (2006). La segunda muerte y el empuje al goce. Imago Agenda N° 97 .



NOTAS

[1Este aforismo también ha sido popularizado como “amar es dar lo que no se tiene a quien no lo es”. Esta segunda parte ha sido objeto de largos debates, e incluso algunos no la atribuyen al propio Lacan. En todo caso, podría interpretarse que refiere a que, como se ha dicho, la falta en ser es estructural, y por lo tanto no existe nadie que pueda colmarla verdaderamente. A pesar del popular mito de la media naranja, no existe una relación de complementariedad entre los sexos, y, por ende, el Otro jamás será la mitad que complete al sujeto.

[2Si bien el desarrollo de este axioma lacaniano excede las intenciones de este trabajo, cabe señalar que remite a que no hay simbolización del sexo de la mujer en cuanto tal. La posición sexuada de los sujetos no es un dato de partida, sino que tiene que pasar por el aparato simbólico para ser reconocida. Se trata de atravesar el Edipo, determinado por su estructura, la metáfora paterna, y así inscribir en términos significantes la sexualidad del sujeto. Sin embargo, esta operación se hace a partir de un solo elemento: el falo. Existe, por lo tanto, una disimetría en el plano del significante. Cabe mencionar que en la máquina esta operación no se da, y la sexualidad sí podría leerse como dato de partida, en tanto la asunción determinados rasgos de género dependerá de la programación que el hombre le dé a su creación. Distinto es el encuentro del hombre con la contingencia que determinará su posición sexuada.

[3Lacan toma esta formulación de Hegel, aunque con algunas salvedades. En el Seminario 10 ([1962-1963]2013) explica que el deseo del deseo de Hegel se enfrenta con el Otro como conciencia: es el otro que me ve, que inicia la lucha y me reconoce en tanto hombre. En cambio, para Lacan el Otro está allí como inconsciencia, pues concierne al deseo del sujeto en la medida de lo que le falta sin que él lo sepa (pág 32).

[4Articulando esto con una de las últimas producciones del padre del psicoanálisis, puede pensarse que esta desmentida tiene por consecuencia una escisión del yo, en tanto “desgarradura que nunca se reparará” ([1938]1991, pág 275). Si bien en estos escritos Freud venía anudando los conceptos de desmentida, escisión y castración en relación a la perversión, poco después, en Esquemas de psicoanálisis ([1938]1991), señala que la escisión del yo es un dato constitutivo en la neurosis, donde la desgarradura se produce, dado que una parte del neurótico acepta la castración, y la otra la rechaza. En este sentido, queda claro que estas cuestiones remiten a la castración entendida como una posición del sujeto con respecto a una falta en el plano simbólico.





COMENTARIOS

Mensaje de federicovillar  » 30 de octubre de 2016 » federicovillar@gmail.com 

Me fascina la serie Black Mirror, y este episodio en particular me generó una angustia inquietante. El artículo me tranquilizó, por decirlo de alguna manera, me pareció que establecía indicadas relaciones, ya que la máquina busca siempre tapar ese agujero, esa falta. Creo que allí radica una de las críticas centrales de la serie.

pero claro, supongo que aquí lo que angustia es ese proceso de duelo no realizado, que "no duele", ya que la máquina busca ocupar ese lugar. Y creo que eso, esa falta de atravesar la falta, o buscando un "sustituto" tan exacto, se fue intolerable. Igual ojo;: ¿cuantós harán esto sin necesitar de un robot que simule al otro sino con otra persona o sustituto?.

Muy buen articulo!!!



Mensaje de David Goldman  » 30 de octubre de 2016 » davidhgoldman@gmail.com 

Considero que Black Mirror es una joya de nuestro tiempo que nos interpela y nos hace pregunta capitulo a capitulo.Me resulto refrescante e interesante esta propuesta porque vincula conceptos fundamentales del psicoanálisis como lo son muerte y sexualidad en relación al objeto tecnológico y su lugar en el capitalismo tardío.



Mensaje de   » 18 de septiembre de 2016 »  

Tomando como punto de partida la idea que plantea este escrito de que la máquina intenta ser una creación del hombre sin fisuras, un Otro completo, punto con el que se puede concordar y que a su vez se puede usar para relacionar con otro escrito de este mismo congreso (“La tecnología y el duelo”) y con la película “Her”. Se puede analizar como la tecnología opera ante la falta, la falta de un cuerpo ante la muerte como en Black Mirror o la falta de la palabra en la soledad del personaje de Her. Falta que se intenta obturar pero como vemos en ambas situaciones fracasa, ya sea por el anonadamiento de la creación de un cuerpo infinito o por el engaño de las palabras, “el lenguaje es fuente de malos entendidos”. Este punto de las palabras, de cómo ellas pueden hacernos crear/creer en algo, es el ejemplo más claro que de que somos sujetos del lenguaje y estamos sujetos a él. Algo de esto se puede traer del escrito mencionado cuando se refiere a que la máquina no está atravesada por el lenguaje y como consecuencia no cae sobre ella la barra que indica la presencia del deseo. Asimismo, del otro escrito que también habla de este capítulo de Black Mirror, se puede extraer lo que se dice sobre el consumismo, de las redes sociales y de Internet, donde nuestra vida y lo que ocurre en ella se convierte en un archivo digital. En Her, podemos encontrar ambos puntos mencionados, la voz de un sistema operativo que simula estar barrado para generar empatía y una relación que se consume a través de esa realidad ficticia, que no enfrenta al personaje en casi toda la película a nada real, a diferencia de Black Mirror donde aparece el horror ante un cuerpo, sino que le permite fantasear y moldear el narrado de su propia historia: “El pasado es sólo una historia que nos contamos a nosotros”


Película:Black Mirror

Titulo Original:Black Mirror

Director: Owen Harris

Año: 2013

Pais: Reino Unido

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