por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología
Curso de verano 2010
Psicología, ética y DDHH
Prof. Tit. Reg. Juan Jorge Fariña
Segunda evaluación
“El jardinero (in)fiel”
A.T.P.: Lic. Patricia Mónica Gorocito
Comisión de trabajos prácticos no 4
(martes y jueves de 20:00 a 22:00 hs.)
Integrantes del equipo
Bar, Dora L.U.: 10.630.642/0
dora_bar@hotmail.com
Parodi, Juan Manuel L.U.: 29.319.642/0
juanmanuelparodi@gmail.com
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CONSIGNA DE EVALUACIÓN
1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se
centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al
respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los
indicadores respectivos.
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación
con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna
relación con la responsabilidad jurídica.
5. ¿Cuáles son los elementos comunes entre el caso presentado y el de Ibbieta (cuento “El
muro”, de Jean Paul Sartre)?
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario
fuera pertinente con las del módulo 4.
Cátedra I Psicología, Ética y Derechos Humanos
Facultad de Psicología
Universidad de Buenos Aires


3
Descripción del argumento
El presente trabajo de análisis se centra en el film “Noches blancas” (Insomnia, 2002)
de Christopher Nolan. La película comienza cuando el detective Dormer (Al Pacino) y su
compañero Hap Eckhart (Martin Donovan) arriban a Nightmute, un pueblo de Alaska en el
cuál, durante la época del año en la cual los detectives llegan, el sol nunca se oculta.
Los investigadores son convocados al poblado para descubrir al asesino (Robin
Williams) de una joven, la sentencia de Dormer es terminante: “Volverá a hacerlo”.
La escena siguiente nos muestra a Hap expresándole a su compañero que ha
decidido delatarlo en una investigación sobre asuntos internos que se estaba llevando a cabo
en ese momento en Los Ángeles, lugar donde los dos detectives trabajan. Al parecer, el
desempeño del detective Dormer hallaba su leit-motiv en plantar evidencias en situaciones
que así lo requerían, es decir, para que el criminal sea apresado, y así contribuir con su parte
a la eficiencia de la institución policíaca. A partir de aquí, Dormer decide no dirigirle la palabra
a Hap y, en cambio, se muestra presto a impartirle enseñanzas a Ellie Burr (Hilary Swank),
una joven oficial de Nightmute
Aquí el espectador descubre que el propósito de la “convocatoria” de ambos
investigadores encontraba otro fundamento que excede al de hallar al asesino de la joven en
Alaska: el alejamiento de estos dos detectives de la investigación sobre asuntos internos en
Los Ángeles.
“En este pueblo hay dos clases de personas: las que nacieron aquí y las que llegan
huyendo de algo”, dice la empleada del hotel donde Dormer se hospeda, claramente él no
había nacido en Nightmute.
Deciden entonces tenderle una trampa al asesino de la joven, pero algo sale mal y
Dormer le dispara a Hap, quien muere preguntándole “¿quisiste matarme?”, Dormer
responde “No, no podía ver en la niebla”.
A partir de aquí, Dormer intentará hallar otro culpable de dicho asesinato, llevándolo a
plantar evidencias que señalen a otro como autor, ese otro es Walter Finch, el asesino de la
joven.
4
Con lo que Dormer no cuenta es que Finch ha sido el único testigo de lo que él no
está dispuesto a asumir, lo que lo lleva a establecer una relación de mutua complicidad con
Finch. Ambos intentarán manipular la evidencia para que el culpable de ambos asesinatos
sea el novio de la joven asesinada. Así, Dormer mantiene su reputación y Finch es
convocado a colaborar con la investigación del caso en calidad de mentor de la joven.
La culpa para el detective no tarda en aparecer en escena, transmudada en insomnio
e intelectualizada por medio de la continua luz del sol sobre “Nightmute” (si, hasta la luz es
culpable), Dormer no vuelve a dormir.
Las “noches” se transforman en un desfile de fragmentos de imágenes en la mente
de Dormer sobre el episodio por el que Hap lo quería delatar, sobre el asesinato de su
compañero y sobre la joven asesinada en Alaska. Procesión que se ve esporádicamente
interrumpida por llamadas telefónicas que le hacía el asesino de la joven para ultimar detalles
sobre cómo proseguir sin que ninguno de los dos sea incriminado por su asesinato, ya que
uno sabía sobre el crimen del otro.
Así, la continua vigilia de Dormer se concentra en hallar al culpable de la muerte de su
compañero y plantar evidencia para tal fin. El trabajo no es muy diverso al que realizaba en
Los Ángeles, el problema para Dormer es que, al mismo tiempo, no está dispuesto a hallar al
verdadero asesino de Hap.
A su vez, a Ellie le encargan la tarea de elaborar un informe sobre lo ocurrido en el
confuso episodio donde Hap termina muerto. Hacia el final, la joven policía, halla en la
escena del crimen una bala que pertenece al arma de reserva de Dormer.
En un momento de la película Ellie le dice a Dormer: “Un buen policía es aquel que no
puede dormir cuando resuelve un caso, un mal policía es aquel cuya conciencia no lo deja”,
en este sentido Dormer cumple con ambas condiciones: no duerme por un caso, cuya
resolución no es admitida por su conciencia.
La película concluye en una escena donde se encuentran Dormer, Finch y Ellie. Ella
los oye discutir sobre la complicidad que existió entre ellos y, finalmente, se disparan entre
ambos. Finch cae muerto de inmediato, mientras que Dormer agoniza. Ellie entra en escena y
5
le pregunta a Dormer “¿Quiso usted matar a su compañero?”, a lo que Dormer contesta “ya
no lo sé”.
Ellie asiste a Dormer e instantes antes de morir, ella le muestra que había encontrado
la bala de su arma de reserva y le dice “Nadie tiene porqué saberlo… usted no quiso hacerlo,
yo sé que no quiso”, luego intenta arrojar la bala para que no sea encontrada y Dormer quede
así absuelto. El detective interrumpe la acción que lo redimiría a la par que le dice a Ellie “No
lo hagas, no pierdas tu camino… ahora déjame dormir, sólo déjame dormir”. Dormer cierra
los ojos y muere/duerme.
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Análisis
Así cómo en el ensayo entregado en prácticos sobre el presente film, el análisis que
se propone este trabajo recaerá sobre el detective Dormer. Este personaje, a partir de una
acción esperable para un policía que apresa criminales, comete una acción, en apariencia
accidental, que será el disparador (término sugerente en este caso particular), para poner en
jaque su consistencia como sujeto, propendiendo a una transformación subjetiva. Para esto,
se intentará describir el circuito de la responsabilidad en Dormer, dando cuenta de sus tres
tiempos lógicos y se ensayará una hipótesis clínica que dé cuenta de su singular recorrido.
Se comenzará por desplegar aquellos puntos que hacen al comentario recibido sobre
el film. La autora de dicho escrito centra su análisis sobre la responsabilidad subjetiva en el
detective Dormer. Su hipótesis es que, luego de haber disparado a su amigo, aparece la
culpa en Dormer cómo señal que indica el camino de la responsabilidad. El hombre que lo iba
a delatar se hallaba muerto, lejos de tranquilizarse, emerge la culpa y, en su desplazamiento,
el insomnio que comienza a padecer Dormer, hacen de su tiempo un infinito sin descanso ni
sueño. Este elemento establece la pregunta por la responsabilidad, dado que la culpa emerge
desplazada cuando en un sujeto se encuentra algo pendiente respecto de su responsabilidad
subjetiva.
Según la autora, lo azaroso y lo real que insiste, muestran a Dormer su propia
inconsistencia y, sobre el final del film, el detective es capaz de enunciar aquello de lo que es
responsable: “Lo quise matar”.
Hasta aquí lo considerado por el comentario sobre el film.
Intentaremos elucidar que aquello por lo que Dormer responde se encuentra más allá
del haber decidido matar a su compañero.
El comienzo de la película realiza una carta de presentación del detective Dormer
cuando nos sitúa en la discusión que tiene con su compañero acerca de lo que realizaría al
volver a Los Ángeles: delatar a Dormer sobre acciones que ha llevado a cabo (plantar
evidencias) para que la maquinaria policial funcione eficientemente, haciendo de su
reputación una bomba de tiempo pero al mismo tiempo constituyéndolo, por esto mismo,
7
como un detective ejemplar para el departamento donde trabaja. Es así como podría
comenzarse un esbozo sobre el detective Dormer: un individuo (aún no correspondería
llamarlo sujeto) plenamente obediente, sin deseos ni voluntad propia, alienado a los
significantes de un Otro que se muestra como completo: la institución policial. Se es un buen
policía si se contribuye a que la institución no se muestre en falta.
Frente a la confesión de su amigo Dormer responde: “Toda mi vida he hecho esto, si
me delatas acabarás con mi vida”, más adelante dirá “mi trabajo es adjudicar culpas”.
Vemos que la ilusión especular de la que se encuentra preso Dormer refiere
justamente a la relación narcisista que establece con la institución policial: mostrarse sin
fisuras como integrante de la maquinaria policial al administrar culpas / la institución policial
se muestra sin fisuras, si hay fallas, se administran fuera de ella (por ejemplo, al azar): Si
Dormer falla, la institución policial, ese Otro a quién Dormer obedece, pero que también lo
tranquiliza, se resquebraja.
La institución, al mostrarse a sí misma como un universo completo, se hace
impensable la emergencia de un exceso. O se está con el sistema o se está en contra, no
hay otra posibilidad, funciona íntegramente en la lógica de la demanda. No trabaja como
soporte de lo universal-singular sino que tiene una función de aplastamiento de la
singularidad y por ende, de la subjetividad.
Dormer cree tenazmente en ese Otro completo que garantiza su vida, se pierde en su
pertenencia en tanto instrumento y en ser en esa ilusoria completud. Es por ello que cumple
con su deber, sosteniendo a ese Otro.
De acuerdo a estas consideraciones, la confesión de su compañero equivaldría a una
sentencia de muerte para Dormer. Reduciendo así la resolución de la disyuntiva en un par de
opuestos: su propia vida o la vida de su compañero.
Dormer toma una decisión, aunque aún no lo sabe, y en medio de una confusa
situación, donde el azar y la necesidad también hicieron lo suyo pero no todo, el detective
hiere de muerte a su compañero. Situamos aquí el primer tiempo en lo que refiere al circuito
lógico de la responsabilidad.
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Primer tiempo en el cual es “donde se realiza una acción determinada en
concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que se supone
que se agota en los fines para los que fue realizado”1
Este tiempo implica que el sujeto lleva adelante una acción con un objetivo
determinado y cree que al alcanzar dicho objetivo concluye la acción. Es una acción
sostenida desde la conciencia y, en este caso, desde su deber.
En la escena de la persecución Dormer dispara a quien cree el asesino. En este
punto resulta interesante pensar que para Dormer habría dos asesinos: uno manifiesto (el
asesino de la joven) y otro, más amenazador, que se encuentra en lo latente (su
compañero).
Una vez que disparó, Dormer se acerca a su blanco herido advirtiendo que en verdad
se trataba de su compañero, quién le pregunta “¿Me has querido matar?”, a lo que Dormer
responde “No, no veía bien por la niebla”. Aquí la acción emprendida por Dormer excedió los
fines para los que fue llevada a cabo: mató a su compañero. Tampoco este tiempo 1, que
emerge retroactivamente, se agota allí, sino que es con el que se inicia el circuito de la
responsabilidad.
Atribuye así una lógica necesaria sobre lo que ha hecho, la institución policial (no) ha
fallado, la culpa debe de estar en otro lado (la niebla).
En este punto, destacamos los elementos de azar y necesidad actuantes en la
situación.
Por azar se entiende a lo que se encuentra relacionado con la incertidumbre, lo
casual, lo accidental, lo fortuito, lo incalculable, algo completamente ajeno a la decisión, al
deseo y a la voluntad de Dormer y, por lo tanto, algo de lo que no se lo puede hacer
responsable.
Es azaroso que un megáfono se activara en la escena previa a la persecución,
advirtiéndole así al asesino que le estaban tendiendo una trampa. Es azaroso que el
1 Domínguez, M. E.: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”, en “La transmisión de la ética
clínica y deontología”, p. 135, Letra Viva, Buenos Aires, 2006.
9
compañero de Dormer y el asesino huyeran en la misma dirección y, por último, es azaroso
que en el momento de la persecución el asesino haya disparado a un policía que se
encontraba junto a Dormer, y que no le haya disparado a este último.
En cambio, por necesidad se entiende aquello sobre lo que el hombre no puede
incidir, lo forzoso, lo inexorable, lo inflexible. Hallamos los indicadores que refieren a este
punto en la neblina que dificulta la visión durante la escena de la persecución, y en la muerte
de Hap al recibir el disparo de Dormer. Otro elemento que podría encontrarse es la
determinación significante que opera en la lógica de la demanda de este Otro al que Dormer
decide obedecer. Si bien la lógica de este Otro es inexorable, eso no implica a Dormer
desresponsabilizarlo por su posición frente a ésta.
Así es que es en esta acción (y no acto) en donde el sujeto es alcanzado por la
responsabilidad sin conciencia de serlo, su registro imaginario se detendrá antes, es aquí
donde emerge la culpa como reverso de la responsabilidad. “Cuando la responsabilidad del
sujeto se halle ausente, aparecerá, como sustituto, como contraparte, el sentimiento de
culpa. Los sentimientos atormentadores, el remordimiento (…) serán algunas de sus figuras.
En cualquier caso, no más desplazadas – en el yo – de la responsabilidad ausente en el
sujeto.”2
De acuerdo a D´Amore La respuesta culpógena se expresa en una pura culpa
anclada en el “yo soy culpable”. Otras vertientes de la culpabilidad son la negación, la
proyección y las formaciones sintomáticas asociadas al sentimiento inconsciente de culpa.3
Lo que realiza Dormer luego de haber disparado a Hap es, en principio, negar: “no
quise matarte, la niebla no me dejaba ver”.
2 Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3., p. 50, Buenos
Aires.
3 D´Amore, O.: “Responsabilidad subjetiva y culpa”, en “La transmisión de la ética. Clínica y deontología.” Vol. I, p.
158:, Letra Viva, 2006.
10
Esa misma noche la culpa hace síntoma y Dormer padece insomnio. Intenta tapiando
con papeles y almohadones las ventanas de su habitación para que no entre la luz. Pero,
cómo sabemos que la culpa sitúa el acento en un lugar diverso de donde debe hallarse la
responsabilidad, sus esfuerzos son infructuosos y pasa, no sólo esa noche, sino las 6
siguientes en vela.
Los intentos por desplazar el error que ha cometido lo llevan a establecer una relación
de complicidad con Finch, el asesino de la joven. Ambos quedarán en apariencia exentos al
plantarle al novio de la joven asesinada el arma a la que Dormer puso sus balas.
La paradoja in crescendo que implica continuar sosteniendo ser un policía impecable
(sostener ese Otro absoluto) a través de la manipulación de evidencia y estableciendo una
relación de complicidad con el asesino, a partir de haber asesinado a su compañero, lo
enfrentan a Dormer con su propia inconsistencia. Incluso podemos situar las formaciones del
inconsciente que lo confrontan de esta manera. La formación en cuestión es un fallido que
Dormer hace cuando acude a la casa del asesino y al querer preguntarle por el vestido de la
joven asesinada que el asesino guardaba en aquel lugar, Dormer pregunta “¿Dónde está el
vestido de Ellie?”. Ellie no es otra que la oficial que lo ha tomado como mentor de Dormer y
al enterarse de que ella ya sabe que ha trastocado la evidencia en la escena de su crimen
podría pasar a ser, a través de su fallido, otra en la serie de los cómplices que conocen las
acciones que ha llevado a cabo para obturar a falta en el Otro y que podrían delatarlo. Sin
embargo la posición de Dormer adquiere un viraje, a continuación se trabajará sobre dicho
punto.
Así los hechos se han encadenado de manera tal para producir un resultado penoso,
sin embargo también sabemos que la responsabilidad se instala en la grieta entre azar y
necesidad.
. No se trata de ubicar con alguna utilidad práctica para la justicia una posición respecto de
la moral ni para cambiar, o intentar cambiar, algo de lo que ha sucedido. Sino de lo que se
trata es de cómo el sujeto se posiciona frente a esto que le ha sucedido. Aún falta otro
11
movimiento para delimitar la posición del Sujeto, ese movimiento plantea el qué hacer con
esa marca, imposible ya de retornar al mismo punto ni de propender por su repetición.4
Es luego del comentado fallido que una escena parecería repetir aquella dada en el
tiempo 1.
Dormer, Finch y Ellie se encuentran en la casa del asesino. Dormer advierte que
ahora Ellie sabe de su relación de complicidad con el asesino y de que también ha
trastocado la evidencia que lo incriminaría. Escena seguida, Dormer y Finch se disparan
mutuamente, es entonces cuando Ellie le formula al detective la pregunta que otrora le había
formulado Hap luego de recibir la bala de Dormer: “¿Ha querido usted matar a su
compañero?”.
Hasta aquí la escena es prácticamente idéntica, Dormer le ha disparado a un
cómplice que lo delataría como lo habría hecho Hap y luego se le formula la misma pregunta
que lo interpela. La escena sería idéntica incluso considerando el disparo que recibe Dormer,
este disparo parece ser en espejo y retrotrae a la escena con Hap. En su momento, Dormer
había pensado que el disparar contra el asesino en la escena de la niebla habría redimido su
imagen de policía ejemplar (que salvaguarda la completud del Otro), sin embargo al
enterarse que otro ha sido el desenlace, esa imagen que ha intentado salvaguardar se
resquebraja, vale decir, también ha recibido el balazo. ¿Cómo salvar la paradoja de resolver
un crimen en nombre de la completud de ese Otro cuándo eso mismo develaría la falta en
aquel, incluso no resolviéndolo?
En este punto, la pregunta de Ellie lo interpela, y es aquí cuando la escena deviene
heterogénea a la escena de la niebla, la diferencia la hace Dormer cuando responde: “Ya no
lo sé”. Ubicamos en este punto al segundo tiempo del circuito de la responsabilidad.
Este segundo tiempo implica una interpelación al sujeto por aquello que, vivido como
ajeno, le pertenece y perturba su intención conciente, confrontándolo a un punto sin sentido.
4 Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra, p. 120, Eudeba,
Buenos Aires.
12
Este segundo tiempo está caracterizado por los indicios de que algo de lo que estuvo
haciendo el sujeto resulta disonante. En este tiempo, el de la interpelación, es en donde el
universo particular sostenido se resquebraja, provocando la aparición de una pregunta (la
duda de Dormer) en relación a la posición del sujeto que daría lugar al acto.
En el segundo tiempo hay indicadores que señalan un exceso que permiten que el
sujeto se interpele acerca de su posición, en este punto ya hemos tratado anteriormente la
cuestión de las figuras de la culpa. En palabras de D´Amore: “El tiempo uno es un tiempo
resignificado por la interpelación a través de la culpa. La culpa hace la retroacción, hace que
se retorne sobre la acción por la que se debe responder”.5 La aparición de la culpa es lo que
permite que el circuito funcione.
Como sostiene Oscar D´Amore, “...No hay Responsabilidad subjetiva sin culpa”6 .
En cuanto al tercer y último tiempo lógico del circuito de la responsabilidad, lo situamos
cuando el agonizante Dormer, frente a la propuesta de Ellie de eliminar la evidencia que lo
incrimina, impide tal acción a la vez que permite la enunciación de “yo lo quise matar”.
Este tercer momento Implica “una toma de posición en relación a lo universal
inscribiendo un acto que produzca un sujeto “7
En el tercer tiempo de la responsabilidad, hay una verificación de la “responsabilidad
subjetiva“, es el tiempo del acto.
El sujeto del Tiempo 3 no es el mismo que el del Tiempo 1, se produce un sujeto de
deseo Inconsciente. Aquí el Sujeto se hace responsable de su deseo y por fin toma las
riendas de su existencia. Hay un cambio de posición subjetiva en relación al goce.
Su goce se edifica en ser objeto que cubra la falta en el Otro, y se ejerce en querer
ser un funcionario ejemplar. El goce se halla en velar por el buen funcionamiento del aparato
5 D`Amore, O: “Responsabilidad Subjetiva y Culpa”, La transmisión de la ética clínica y deontología. Pág 152,
Letra Viva, 2006
6 D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos.
Letra Viva, 2006. P.145 y 152
7 Domínguez, M.E: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”, La transmisión de la ética clínica
y deontología. Pág 135, Letra Viva, 2006
13
policiaco, dando cuenta de que “el fin justifica los medios”, frase dicha por Dormer cuando
comenta cómo es que plantaba evidencias.
Así, frente a la pregunta de los dos primeros tiempos el recorrido es del “yo no lo
quise matar” al “ya no sé si lo quise matar”, enunciándose como Sujeto del deseo inconciente
en el tercer tiempo, no desde una pregunta que viene del Otro, sino como afirmación que le
es propia. Frente a la certeza de este Otro, encarnado en Ellie, cuando le dice “Yo sé que
usted no quiso matarlo”. Este Otro asumido en la certeza se continúa sosteniendo desde la
lógica del todo, cuando intenta hacer de Dormer objeto de su enunciado que lo mantiene
completo. Dormer establece la operación inversa en tanto Sujeto de la enunciación de su
deseo inconciente, no es una respuesta al otro (ahora con minúscula), sino hacia él mismo.
En esta afirmación es que abandona la seguridad de la lógica de la demanda e
ingresa en un mundo inseguro y sin garantías, sin Otro completo que provea los significantes
necesarios para dirigir la existencia: ha elegido el Deseo, y esto lo ha hecho ingresar en la
dimensión de la responsabilidad subjetiva. En esta acción Dormer ha advenido sujeto,
barrándose a sí mismo y al Otro en el proceso.
El punto entonces es que no se trata de la culpa por haber querido matar a su amigo,
si no de la responsabilidad frente al Deseo que viene de Otro en tanto demanda imposible de
satisfacer ante la cual el Sujeto se somete, de haber renunciado a su Deseo para gozar del
sometimiento.
Ya no es mero objeto que viene a obturar la falta en el Otro, en tanto enunciado (ser
hablado), sino que ubica como sujeto más allá de los signos de ese Otro que se pretende
completo, en tanto Sujeto de la enunciación.
Por tanto el acto de Dormer entra en la dimensión del acto ético. Este es, entonces, un acto
en soledad, un acto que implica una apuesta subjetiva frente a la cual no hay garantías. No
hay significantes previos capaces de inscribir este acto ni de predecir sus alcances, incluso el
mismo Dormer no es capaz de comprender, en un primer momento, su decisión. Se ha
separado de esa “completud” ficticia y se encuentra solo con su deseo. Se ha inaugurado así
el tercer tiempo de la responsabilidad, en el que el sujeto barrado toma posición frente a su
14
acto, ingresando en la dimensión de la responsabilidad subjetiva.
Si el dormir implica la posibilidad de retirar la libido de las representaciones del
mundo, vale decir, de este Otro al que se obedece, su operación inversa implica el insomnio.
Una vez que se elige abandonar la tranquilizadora esclavitud por una libertad arriesgada, la
libido recupera su propiedad reversible y es entonces cuando Dormer significa su muerte
como un dormir… a plena luz del día.
El título que le hemos puesto al presente trabajo se establece, por un lado, por la
insistencia significante de “plantar” en Dormer, con respecto a colocar evidencias que se
fundamenta en el sostenimiento del Otro. La infidelidad recae en el movimiento del Sujeto en
asumirse como tal al distanciarse de esta demanda del Otro.
Nos proponemos ahora establecer algunos elementos en comun con el cuento “El
muro” de Sartre respecto del circuito de la responsbilidad tanto en Dormer com en Ibbieta.8
Respecto al circuito de la Responsabilidad Subjetiva, en el primer tiempo marcado por
el disparo y muerte a su compañero, Dormer supone que esta acción se agota en sí misma:
atrapar al asesino.
Ibbieta en su acción de nombrar al cementerio, también cree que se agota en sí
mismo, porque considera que la única consecuencia que tendrá tal decir es una jugarreta a
los falangistas.
Situamos como anterior a este tiempo 1 las condiciones de determinación significante
que propusieron una encrucijada, no sin desplazamiento, a estos dos personajes frente a su
deseo: Ibbieta es increpado por los falangistas sobre confesar en donde se encontraba su
amigo o morir; mientras que Dormer, la confesión de su amigo lo mataría. En ambos casos
las situaciones se resumen en la máxima bivalente del designio necesario: mi vida o la de él.
El individuo del tiempo uno es un individuo pleno de sus facultades mentales, con un
propósito e intención que se agotan en lo evidente (hacer una broma, apresar a un asesino)
8 Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972.
15
Si nos quedamos en el plano de Dormer e Ibbieta en este punto de que no han
querido matar a su amigo, sino que tal desenlace se atribuye meramente a causas de azar y
necesidad, nos quedamos en el plano de constatar un enunciado con la realidad, obturando
el ingreso de la dimensión de la subjetividad.
En el segundo tiempo de este circuito la pregunta que se establece en la interpelación
(“¿en el cementerio?”, “ya no lo sé”), se retorna al primer tiempo constiuyéndolo como tal a
partir de esa pregunta. Esta pregunta introduce la diferencia entre realidad psíquica y
realidad material, porque es a partir de ésta que el sujeto se ve interpelado, conmoviendo el
sentido unívoco que le daba el sujeto a su accionar en el tiempo uno: las causas necesarias
y azarosas. Abriendo la posibilidad de que algo más estuvo allí presente y actuando.
Por otro lado, sin culpa no hay posibilidad para la responsabilidad, ya hemos tratado
el tema de las figuras de la culpa, diremos que en Dormer se establecen en la formación
sintomática del insomnio, mientras que Ibbieta comienza a temblar antes de formularse la
pregunta del segundo tiempo.
En el tercer tiempo encontramos a estos personajes afirmándose en tanto Sujetos de
deseo, cuando Dormer afirma que lo ha querido matar o con la exclamación de Ibbieta “¡En
el cementerio!”.
Dormer se asume en cuanto a su implicación al ceder su deseo como engranaje de la
maquinaria policial. Mientras que Ibbieta ríe por haber hecho suyo su Deseo de vivir,
mientras que llora la muerte de su amigo, como producto de este deseo de "estirar el
tiempo", intentando una jugarreta. La risa y el llanto figuran la satisfacción para un sistema y
la insatisfacción para otro. Se es responsable de desear, de acceder al deseo del incesto y el
parricidio.
Los tres tiempos entonces podrían expresarse de la siguiente manera:
Primer tiempo: “En el cementerio” / ”No quise matarlo, la niebla no me dejó ver”
Segundo tiempo: “¿En el cementerio? / “Ya no lo sé”
Tercer tiempo: “¡En el cementerio!” / “Yo lo quise matar”
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Hipótesis clínica
En este punto nos abstendremos de elaborar una etiqueta diagnóstica del personaje
de Dormer por dos razones: 1) No correspondería establecer semejante juicio ante un
personaje de una historia de ficción y, 2) Tal pretensión tendería a hacerlo objeto de un
enunciado que no le es propio.
Sin embargo, nos valdremos de algunos elementos teóricos psicoanalíticos para
elaborar una hipótesis basada en algunas consideraciones sobre la neurosis y la perversión
sin emparentarlo directamente con éstas que intente explicar el caso.
Si Dormer nos hace pensar en una posición próxima a la neurosis es porque se
presenta como un personaje completamente tomado por la lógica de la demanda, alienado a
los significantes del Otro que se muestra como completo.
Es este Otro en donde Dormer busca esa ley en la demanda, de modo que esa
demanda venga a dar significación a la pregunta por su deseo, la encrucijada está en que
dicha demanda termina siempre por ser imposible de hacer coincidir con el deseo.
Dormer en su desempeño, en tanto instrumento de la maquinaria policial, había
plantado evidencias en varios casos porque, desde su óptica (no sin la alienación), las
situaciones así lo requerían. Se asume como parte, instrumento del aparato policial que le da
sentido a su vida.
Siguiendo a Calligaris9, si partimos que el sufrimiento del neurótico esta dado por el
hecho de que el saber paterno siempre está supuesto, se le presentan dos alternativas: la
determinación de estar constantemente en la incertidumbre de lo que quiere, por lo tanto
sobre lo que va a suceder, o la otra posibilidad que implicaría asumir que el saber paterno
fuese no supuesto sino sabido.
Este saber sabido es un saber compartido entre nosotros, se alcanzan algunas
certezas: se sabe que hacer. Esto es ser el instrumento de un saber sabido.
9 Calligaris, C.: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.
17
Dormer en la conversación con Hap sostiene que la función de la policía es "velar por
la seguridad de todos" y para ello "el fin justifica los medios", para que los criminales reciban
su castigo.
El ha construido un semblante de este saber policial que le permite contar con un
semblante de certezas, como salida al sufrimiento neurótico banal.
Es una salida hacia la perversión porque es una usurpación del lugar paterno,
transformando el saber supuesto en saber compartido con el fin de quedar funcionando
como instrumento de este saber.
La satisfacción de esta salida de la neurosis a través de la instrumentalización tiene un
precio muy alto para el neurótico ya que el goce no queda insatisfecho.
El sujeto está dispuesto a pagar para funcionar dentro del sistema policial, haciendo
"lo que se espera de él": encontrar culpables que paguen por lo que han hecho.
El goce se expresa en ser un policía eficiente, que sabe que hacer para alcanzar los
fines propuestos y ser un instrumento importante dentro del aparato policial.
La decisón de su compañero de delatarlo, implicaría dejarlo sin funcionar, lo que
significaría su muerte ya que su pasión por ser un instrumento eficiente, fue el ordinario de
su vida social.
Estos lazos asociativos son totalitarios porque reduce al sujeto a ser mero
instrumento del lazo. La tendencia natural va en dirección a la alienación total del sujeto: su
posición instrumental.
A su vez Freud, en “Introducción del narcisismo”10, sitúa la idea de que el superyó
aparece bajo la forma de la conciencia moral. Instancia encargada de velar por la
satisfacción narcisista del yo, vigiando continuamente al yo actual y comparándolo con el
Ideal del Yo, cumpliendo así una función reguladora respecto del narcisismo.
A su vez, el contenido del Ideal del Yo, de acuerdo a Freud, no sólo es individual, lo
es también social, puede contener el ideal común de x. Es decir que la representación de sí
10 Freud, S.: “Introducción del narcisismo” (1914). Obras completas: Tomo XIX, Buenos Aires, Amorrortu Editores,
1979.
18
mismo que se construye a través del ideal viene del Otro. Es así como el sujeto tratará de
parecer el hombre que exigen los requerimientos de un Otro. De esto se sirve la institución
policíaca en relación al pacto narcisista con Dormer, al cual le ofrece un soporte de sentido
sobre el ser, obturando la pregunta por este sentido en el intento por recuperar una
satisfacción narcisista en tanto objeto que satisface plenamente al Otro.
Esta garantía sobre el ser posibilita hacer lazo social, aunque igualmente promueve la
aspiración a serlo todo para el Otro.
Por otro lado Freud11 agrega que el superyó le exige al sujeto renunciar a las
pulsiones en nombre de los ideales, pero sólo para satisfacer a la pulsión a través de la
renuncia misma. Esta instancia entonces le impone al sujeto eliminar esa distancia entre el
Yo y el Ideal, exigiéndole ser todo lo que dicha representación de sí mismo le propone. Esto
supone que el Ideal del Yo, bajo la tutela del Superyó es una vía para intentar hacerse al ser
pero del lado del goce.
Siguiendo a Miller “el superyó se opone al deseo en tanto exhortación imperativa al
goce… al contrario el deseo es el efecto de lo imposible del goce… El Nombre del Padre es
una función coordinada al deseo, el superyó es una función coordinada al goce”12.
Así es como el ideal del yo bajo la primacía y el gobierno del superyó, logran darle
respuestas al sujeto en relación al ser pero del lado del goce. El deber ser promovido por los
ideales y vigilado por el superyó obturan preguntas propias de un sujeto inmerso en el
lenguaje y en la lógica del deseo, preguntas tales como qué es ser un hombre, más allá de
los signos de el Otro, que siempre se establece en el orden de lo particular.
Si Dormer estableció su accionar de acuerdo a una lógica particular que se pretende
universal ha sido desde el contrato narcisista con este Otro que le garantiza y le delimita
aquello del orden del ser, sin embargo algo sucede que ese universo de sentido se ve
conmovido y adviene algo que no ha sido nombrado en ese universo, eso para lo que aún no
hay significantes que lo recubran se ve inaugurado en el acto ético.
11 Freud, S.: “Introducción del narcisismo” (1914). Obras completas: Tomo XIX, Buenos Aires, Amorrortu Editores,
1979.
12 Miller, J.: “Recorrido de Lacan. Ocho conferencias”, Buenos Aires, Manantial, 1991. P 141-142
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Bibliografía
•Calligaris, C.: (1987) La seducción totalitaria. En Psyché.
•D´Amore, O.: (2006) “Responsabilidad subjetiva y culpa”, en “La transmisión de la ética.
Clínica y deontología.” Vol. I, Letra Viva, Buenos Aires.
•Domínguez, M. E.: (2006) “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”, en
“La transmisión de la ética clínica y deontología”, Letra Viva, Buenos Aires.
•Freud, S.: “Introducción del narcisismo” (1914). Obras completas: Tomo XIX, Amorrortu
editores, 1979, Buenos Aires.
•Michel Fariña, J. J.: “Responsabilidad: entre necesidad y azar”, disponible en
http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/informacion_adicional/obligat
orias/071_etica/index.htm. Visto el 22/02/10.
•Michel Fariña, J. J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares.
Número 3, Buenos Aires.
•Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en
quiebra, Eudeba, Buenos Aires.
•Sartre, Jean Paul: (1939) “El muro”, Editorial Losada, 1972, Buenos Aires.
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Anexo
21
Cine y Psicoanálisis
Insomnia
El detective Dormer era un hombre organizado. Su
vida tenía un sentido: su desempeño como buen
detective, aquél que captura y lleva a la cárcel a
criminales seriales
19-10-2002 - Por Elizabeth Ormart
Noches blancas
El detective Dormer era un hombre
organizado. Su vida tenía un sentido: su
desempeño como buen detective, aquél
que captura y lleva a la cárcel a criminales
seriales. Hap, su compañero, su amigo,
había decidido traicionarlo. Venderlo a
Asuntos Internos, por un poco de
tranquilidad. Y, efectivamente, su expediente no estaba
muy limpio. Hubo oportunidades en las que plantó
evidencia, porque así lo exigía la situación. No podía
permitir que ninguno de esos asesinos se saliera con la
suya. Su compañero Hap había vivido junto a él la difícil
tarea de buscar y apresar a esos “animales”. ¿Cómo podía
entregarlo a Asuntos Internos? No era sólo traicionarlo a
él: era detener la maquinaria policial; era hacer que los
asesinos quedaran libres, que la paciente tarea de
apresarlos se tornara sin sentido.
Decidió no dirigirle la palabra. Tenía que pagar el precio de
su traición. Sólo estaba dispuesto a dar cátedra a una
joven detective fascinada con su maestro.
Dormer y Hap llegan a Alaska para investigar el homicidio
de una estudiante. El asesino cruzó una barrera sin retorno
y el vaticinio de Dormer es inapelable:“volverá a hacerlo”.
La investigación los fue llevando a una cabaña en la
montaña, en la que colocaron un señuelo para atrapar al
asesino. La presa apareció y dócilmente se aproximó a la
trampa. Todo parecía cuadrar con el cálculo policial. Un
cálculo montado en un complejo proceso decisorio en el
que se ponderaron distintas variables. Pero el azar jugó
una mala pasada. El asesino, advertido de la trampa inició
su huída entre la niebla. Dormer fue tras él. Cegado de
furia corría sosteniendo el arma persiguiendo sombras que
no se dejaban apresar. Hasta que al fin creyó verlo,
disparó y se enfrentó a la magnitud de su elección. Había
herido de muerte a Hap. Se acercó a él para explicarle que
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había sido un error de cálculo.
Hap, en su agonía y aterrado, lo acusaba de eliminarlo
para librarse de “Asuntos Internos”. ¿Qué asuntos internos
lo movieron a disparar? La culpa no tardó en aparecer
mostrándonos el camino de la responsabilidad. Las noches
blancas de Alaska se transformaron en un tiempo sin fin,
sin descanso, sin sueño. Se había librado de la espada que
pendía sobre su cabeza, ya no estaba el hombre que con
su declaración habría arrojado por la borda su carrera de
detective ejemplar. Ahora que su narcisismo estaba a
salvo y los números cerraban ¿por qué no podía conciliar el
sueño?
Lo azaroso y la insistencia de lo real terminan
enfrentándolo con su propia inconsistencia. Y muy próximo
a emprender el sueño eterno, pudo decir aquello de lo que
era responsable. “Lo quise matar”.
Disponible en: http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=2597



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