por 

Psicología Ética y Derechos Humanos
Nueve Reinas – Circuito de Responsabilidad

Profesor Titular: Fariña, Juan Jorge Michel
Profesora adjunta: Pérez Michielli, Soledad
Coayudante : Pereyra, Ezequiel
Cátedra I: Fariña
Comisión 18

Alumna:

• Alanis, María Belén LU:33.202.399-0

Segundo cuatrimestre
26 de Octubre
Año 2010

El siguiente trabajo es basado en la película “Nueve Reinas”, desde la cual se tomará un recorte de la misma, donde se ubicará el circuito de responsabilidad. Para alcanzar tal objetivo, me propongo partir de la descripción de la situación a la que se le irá integrando el análisis propuesto.
La situación parte del personaje (quien será el sujeto que se ubicará en el circuito de responsabilidad) Juan (Gastón Pauls). Juan es un joven, cuyo padre se encuentra en la cárcel por haber realizado algunas estafas que lo llevaron a esta condición. Para poder salir de prisión, el padre de Juan necesita juntar setenta mil pesos, de los que no posee nada. Entonces, su hijo, Juan, decide hacerlo por él, realizando una estafa muy grande, con el fin de obtener ese dinero. En medio de la trama, ya realizando este chantaje, va a ver a su padre a la cárcel. En esta situación, él le dice a su padre que no puede verlo en ese lugar y que necesita hacer algo. Su padre, le dice que no intente nada raro ya que ese “negocio” no es para él (refiriéndose a una estafa o robo). Juan lo cuestiona pero decide ocultar el hecho de lo que está llevando a cabo. Mientras, durante la conversación, el padre le está haciendo un truco de magia, que la situación presta a entender que era uno de eso trucos que le hacía a su hijo desde la infancia (más abajo vuelvo sobre esto). Truco que consiste en poner boca abajo 3 cartas de póker, un As y 2 cualquiera, y la otra persona debe dar vuelta la carta donde cree que se encuentra el As. En cada uno de estos movimientos, Juan da vuelta la carta donde se encuentra el As. Mientras discuten acerca de la situación del padre, este le dice a Juan: “Se ve que estoy perdiendo la mano” (con el juego de magia). Pero al final, cuando el padre determinantemente le pide que no haga nada para sacarlo de la cárcel, de la manera que él se imagina, Juan lo mira como quién encubre una mentira. El padre le responde con la mirada hacia abajo, indicando que elija una carta, de las que acababa de acomodar nuevamente para seguir intentando el truco de magia (que hasta el momento Juan viene adivinando casi sin mirar). Juan, entonces da vuelta la primera carta, pero hay un 3 de trébol. Mira al padre, y luego da vuelta otra. Allí también hay otra carta que no era el As. Finalmente, da vuelta la última carta, y allí tampoco está el As. Acto seguido, mira a su padre asombrado, como quien espera una explicación. El padre le dice: “Vos no sobrevirías”.
De este recorte, se puede establecer como primer tiempo lógico del circuito de responsabilidad, la decisión de Juan de mentir a su padre sobre la estafa que estaba llevando a cabo para sacarlo de la cárcel. Como segundo tiempo lógico, se puede ubicar en el momento que Juan da vuelta las cartas y no descubre el truco.
Este segundo tiempo lógico nos muestra un tiempo de interpelación, un momento que hizo tambalear al sujeto y re-ver su acción del primer tiempo. Este hecho, puso sobre aviso a Juan de que lo que realizó fue un poco más allá o acá de los objetivos que se planteó. Para continuar pasaré a comentar una situación anterior, de la que me serviré para el análisis de mi hipótesis clínica: Al principio de la película, Juan le cuenta a su compañero Marcos (Ricardo Darín) que su padre había sido estafador toda su vida y le había enseñado algunos trucos y engaños para embrollar y estafar. Sin embargo, el padre luego le prohibió repetirlos y se arrepintió diciéndole que eso estaba mal.
Esta última situación nos va a ayudar a entender cómo Juan había intentado, mediante la estafa que estaba llevando a cabo, hacer lo mismo que su padre. Nos podemos servir para esta explicación, del mito de la horda primitiva, como bien describe Freud en Totem y Tabú. El parricidio de este mito, dar muerte al padre (por los hijos) para ocupar su lugar y heredar así su saber y placeres de los que solo él tenía privilegio, transforma la voluntad del padre en ley, quedando instaurado simbólicamente el lugar del padre como imposible. Este campo de imposibilidad da cuenta a los hijos de que si este lugar fuese ocupado sería peligroso ya ellos que correrían la misma suerte. Este es el momento en el que el padre, a quien quiere matar el hijo en la horda primitiva, da
paso al padre que transmite la ley “no ya que es la ley, sino que la transmite”.
Se puede dar cuenta en Juan un deseo de buscar ocupar el lugar de su padre. Sin embargo, esto no bien puede darse sin la culpa y arrepentimiento que surgen del deseo de ocupar esta posición, como una consecuencia de sentimientos ambivalentes hacia él: el odio, que lleva a querer ocupar su lugar, y el amor que lleva al arrepentimiento. Trata de alcanzar el saber absoluto, lo que conduciría a obtener la omnipotencia y la grandeza del Padre de la horda primitiva. Pero esos deseos, como en el mito de Edipo Rey, luego han caído en la represión: “Como Edipo, vivimos en la ignorancia de esos deseos que ofenden la moral, de esos deseos que la naturaleza forzó en nosotros..” (Esto lo retomaremos más tarde).
Desde la situación de infancia de Juan, se puede ver este deseo de querer ocupar el lugar de su padre, ser él mismo un estafador, con los trucos y engaños aprendidos de el. Pero estos deseos de ocupar su lugar, tuvieron que haber caído en la represión, junto con sus deseos incestuosos.
Ahora bien, retomando la hipótesis clínica, sobre la posición deseante del sujeto, Juan, se alcanza a vislumbrar que en el primer tiempo lógico, él toma la decisión de ocupar este lugar de estafador, lugar que había sido del padre, a través de trucos enseñados por este, sin ser conciente de esto último. Durante la charla con este, Juan se lo oculta y se enfrenta a él cuestionándole por qué cree que su hijo no podría ser capaz de hacer una estafa como él lo hizo. De este enfrentamiento le sigue el segundo tiempo lógico, cuando Juan no logra entrever el truco que el padre le está haciendo y lo mira, me atrevo a decir, con ojos infantiles de quién nuevamente ve a su padre como aquel que todo lo sabía, el omnipotente. Este es el punto crucial en el que surge la culpa (o arrepentimiento, como diría Freud) de querer ocupar esta posición, como si el haber enfrentado al padre equivaliera a matar al padre en la horda primitiva, lugar que si fuese ocupado, como ya indiqué, sería peligroso ya que correría la misma suerte, y de allí surge el arrepentimiento. Es allí donde aparece la culpa que pone en marcha la retroacción al primer tiempo lógico, obliga y liga los dos tiempos de lo que se esperará una respuesta. La ley simbólica, resultante de la represión de dichos deseos de su infancia, interpela a la decisión tomada por Juan.
Esta situación exige de Juan una respuesta. La interpelación es una culpa, como bien decíamos que se da en Juan, que generó una retroacción para resignificar el primer tiempo lógico obligando a ligar los elementos disonantes que surgieron en el segundo tiempo, en el que da vuelta las cartas sin encontrar el As, que puso en marcha este circuito de responsabilidad. Se ve en Juan que efectúa allí un rodeo inconsciente, pero momentáneo, en que él mismo se vuelve a ver en esa postura de niño, de aprendiz de su padre, quien lo sabe todo, quien él deseaba ser. Aparece en este momento, una fuerza simbólica (de la interpelación) que obliga a responder, a dar una respuesta “más allá de lo que el yo querría responder”.
Sin embargo, esto no llega a hacerlo hacerse responsable de su deseo: Evita asumir la responsabilidad de contestarse qué se ha conmovido en él, en el encuentro con su padre. No hay un tercer tiempo lógico en este circuito, ya que Juan, luego de esta escena, continúa con la estafa como si nada lo hubiese interpelado. Entonces podemos decir, que no hubo responsabilidad subjetiva, sino que el tipo de respuesta por parte del sujeto fue de una defensa de negación. No hubo cambio de posición subjetiva y, por lo tanto, no hay efecto sujeto. Juan, podría haber pensado que el culpable era su padre por haberle enseñado esos engaños, negando neuróticamente, su responsabilidad (y el arrepentimiento de su padre al prohibirle, en su infancia y en su adultez, a repetir lo que él mismo había echo).
En este punto introduciré las categorías de lo particular, universal y singular en el circuito de responsabilidad que vengo describiendo en este sujeto, para seguir entendiendo la posición del mismo. Existe allí, en el momento en que Juan se ve interpelado por la situación con su padre, que hay un exceso que exige ligadura, un exceso que quiebra su universo particular. Este es el universo que viene guiando sus acciones y la acción del primer tiempo lógico antes de su interpelación. Es el conjunto de normas y la moral por la que se rige este personaje, su bagaje. Una vez que el asunto de las cartas lo moviliza, y que debe retornar sobre su decisión de mentirle a su padre sobre la estafa a llevar a cabo, tambalea todo lo conocido por él hasta ese entonces. Esta situación, da cuenta de una falta, de que su universo particular no era el todo que él conocía, sino que la situación lo llevó a cuestionarse y pensar en un posible más allá. Probablemente, esto podría haber sido suficiente para hacer dar cuenta a Juan que su deseo de ser como su padre constituía una falta, donde allí apareció la culpa para dar cuenta de esto. Sin embargo, al verse obligado a responder, a asumir una responsabilidad subjetiva de ser culpable por lo dicho y echo, no hubo interpelación subjetiva sino que su respuesta correspondió a una de las posibles que fue la negación. No pudo ponerse en juego el eje universal – singular que hubiese dado cuenta de un no-todo y, por lo tanto, no hubo trabajo del inconsciente. La singularidad por parte del sujeto, hubiese dado cuenta de un tercer tiempo lógico, una acción singular que asumiera una falla estructural y su trabajo inconsciente le hubiese otorgado sentido para constituir un acto ético, acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente y donde hay responsabilidad subjetiva. El sentimiento de culpa, en vez de haber sido transformado en negación, se habría diluido en una respuesta de dimensión ética de un efecto sujeto.
Anteriormente había citado la frase: “Como Edipo, vivimos en la ignorancia de esos deseos que ofenden la moral, de esos deseos que la naturaleza forzó en nosotros..”.

También, podemos ubicar allí como Freud nos da indicios acerca de una fuerza que quiebra con lo particular, que es la moral (Freud refiere allí a la ley simbólica, la ley de la función paterna). “Deseos que la naturaleza forzó en nosotros..” me ayuda a comprender la idea de un universal, como un exceso de algo que va más allá o acá de lo conocido hasta entonces, y por medio de esta fuerza que quiebra lo particular de una situación, dando cuenta de la existencia de un algo más. Esto es lo que nos lleva a comprender la ética como un horizonte en quiebra. Un horizonte que podría mostrarse como lo particular, el conjunto de conocimientos adquiridos, junto con la moral compartida en el lazo social, valores y normas que lo rigen a Juan. En el punto que una situación se revela como desbordando todo este horizonte conocido y, hasta entonces comprendido como “el todo”, presentando una irregularidad, se siente como un quiebre, un cuestionamiento, una exigencia a ligar algo que queda des-ligado sin saber. Se quiebra ese horizonte, hay un quiebre en lo particular. Y es allí, en donde se abre paso a la singularidad, que dará cuenta de qué hacer allí, donde parecía no haber respuesta. El recorte de la película Nueve Reinas, nos deja ver como el horizonte sobre el que Juan se manejaba en sus acciones y pensar, se vio resquebrajado al sufrir una interpelación que le exigió una respuesta, le exigió ligar. Sin embargo, no hubo allí una respuesta del orden del eje universal-singular. Su respuesta realizó una negación de esta interpelación. Por lo que, decíamos que no hubo acto ético, acto que hubiese requerido de un quiebre en el horizonte, pero no solo eso, sino del asumir la responsabilidad del deseo inconsciente que produjo ese resquebrajamiento de su universo. No hay singularidad que hubiera echo desfallecer al particular previo.
Entonces, retomando lo que veníamos diciendo de la culpa que produjo la interpelación en el sujeto de la película, Juan, puedo decir que este no pudo asumirse como un yo que desea pero que no puede tenerlo todo, un yo que tiene una falta y que no puede abarcarlo todo. Juan, como también indiqué anteriormente, momentáneamente se da cuenta que algo quebró con su saber, y respondió negándolo.
Más aún, se puede establecer una relación con la responsabilidad jurídica, la cual se basa en comprender a un sujeto autónomo: sujeto libre, dueño de sus acciones, responsable de ellas y, de ser así, culpable. Valiéndome nuevamente del mito de la horda primitiva, Freud explica que al instaurarse el lugar del padre como imposible no solo hay fundación del registro de la ley en el sujeto, sino que además inaugura al orden cultural. En este mismo punto, Freud sitúa el origen de la organización social, en cuyo marco es de relevada importancia destacar el sistema jurídico, como un modo legítimo de expresión de la legalidad simbólica fundante de la cultura; es decir, expresión de la función paterna en el orden social . La responsabilidad jurídica, en el caso de Juan da cuenta de una imputabilidad sobre un acto ilícito, de un robo o estafa. Juan como sujeto autónomo, es responsable jurídicamente por sus actos y por lo tanto culpable por ello. Pero en nuestro ámbito, es importante abrir la dimensión de la subjetividad y que este tipo de responsabilidad, a la que hacemos referencia en este párrafo, no cierre el circuito, sino que abra a la pregunta sobre la propia posición del sujeto. Pese a este intento de abrir a la dimensión subjetiva de Juan, el sujeto no se deja ser abordado inconscientemente, interpelado subjetivamente, y se refugia en la negación de su posición deseante, no permitiendo abrir el circuito de responsabilidad a un acto ético, a su dimensión ética.
Pero antes de finalizar este análisis, es preciso ubicar a este circuito de responsabilidad entre las figuras de la Necesidad y Azar, ya que la situación no está atravesada por una acción sin posibilidades de decisión, ni tampoco está jugada al azar (o casualidad). Si ubicara a la situación del lado del Azar o de la Necesidad, el sujeto estaría por fuera de su responsabilidad. Sin embargo, podemos encontrar en la situación la figura de Necesidad, como, aquello determinado, en la limitación de ser condición el dinero para poder salir de la cárcel. Y, por otro lado, podemos ubicar la figura de Azar, en la oficio del padre, que era estafador: de haber tenido cualquier otra profesión u oficio, la situación posiblemente habría sido otra.

Intentando concluir este escrito, buscaré no ser reiterativa, pero sí destacando las conclusiones a las que fui arribando. Partiendo de la elección de un sujeto, Juan, personaje que ha tomado una decisión equiparable en términos teóricos a la que hizo Ibbieta, personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre, ya que he podido ubicar los dos tiempos lógicos de los que se pudo entrever la interpelación del segundo tiempo al primero, ligándolos y obligando al sujeto a dar una respuesta, lo que fue ya descrito en el trabajo. Ambos personajes fueron interpelados en sus decisiones y obligados a producir una respuesta, momento que nos permite en ambos casos delucidar una posición deseante en los sujetos. Volviendo sobre las conclusiones del escrito, destaco lo obtenido de la hipótesis clínica a la que he arribado: Juan ha deseado ocupar el lugar de su padre, ha deseado ser como él, aún en el acto ilícito de la estafa, ya que en aquellos trucos aprendidos desde la infancia, Juan veía a su padre con un saber omnipotente (que redundantemente se puede entrever en lo que es la realización de un truco de magia). En el truco realizado, siendo los dos ya adultos, Juan es interpelado, pero no logra una interpelación subjetiva que de lugar a un efecto sujeto de responsabilidad subjetiva y, por lo tanto, no abriendo lugar a la dimensión ética en su acto. Juan responde a la interpelación, a la culpa desencadenante (o desencadenada), con una negación a sus deseos inconscientes.

BIBLIOGRAFÍA
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-  Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• Bielinsky, Fabián - Dirección: Película Nueve Reinas (2000), Argentina.



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