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Universidad de Buenos Aires
Carrera: Licenciatura en Psicología
Materia: Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra: Fariña, Michell
Comisión: 21

(2do parcial domiciliario).
Fecha: 1/11/12

Profesor de Prácticos: Lic. Alejandro Ollier
Profesor de teóricos: Lic. Michell Fariña

Alumnos:
Stinner, Iván Eduardo
Nro de libreta universitaria: 346926500 Dni.: 34.692.650
López, Analía Verónica
Nro de libreta universitaria: 263379310 Dni.:26.337.931

Resumen
El presente escrito se propone trabajar con el film “Plegarias para Bobby”, basado en la novela homónima de Leroy Aarons que a su vez se basa en una historia real ocurrida en los años setenta.
Se optó por dicha película ya que queda en claro cómo Mary Griffith atraviesa los tres tiempos lógicos. En un principio Mary considera la homosexualidad de su hijo como una enfermedad de la cual debe ser curado ya que se encuentra embebida en sus creencias religiosas de corte ortodoxo, allí se puede entrever una peculiar vinculación entre la crueldad en las acciones de Mary, la autoridad y la subordinación. Sin embargo, luego de un hecho inesperado (el encuentro con el reverendo de la PFLAG, quien no rechaza a los homosexuales) Mary decide (re)interpretar la palabra de la Biblia, dejando de considerar a la homosexualidad como una aberración y un pecado para así entenderla como algo “normal” de la condición humana. Dadas las circunstancias, decide trabajar arduamente por los derechos de gays y lesbianas, sumándose al movimiento PFLAG.
Esta pieza espectacular por el modo en que muestra una problemática real de la época (aún hoy vigente en ciertos sectores sociales y en muchos lugares del mundo) debería ser considerada por todos los espectadores ya que se observa como Mary resignifica lo vivido dando cuenta de que la perspectiva depende del punto donde se ubica el observador y ella como observadora activa de las situaciones se ubica en puntos contrapuestos, atravesada por la culpa y sus figuras, dando lugar a la interpelación subjetiva que abre un circuito en el que parece quedar girando, el de la responsabilidad. Tomando a Jinkin (1987) responsable “es aquel de quien es esperable una respuesta” y vaya si Mary responde.

“No es posible prescindir de las marcas de la herencia.
Precisamente por ello, para el sujeto se trata
del desafío de administrarlas”. Lewkowicz y Gutierrez
Circuito de la responsabilidad:
- El primer tiempo: Es la decisión conciente efectuada por la madre de Bobby, cierta acción con determinado fin: que Bobby se cure de su homosexualidad para poder ir al cielo al fallecer, lugar donde se reencontraría toda la familia. Para ir al cielo no debe ser pecaminoso y la homosexualidad es pecaminosa para Mary, por eso el primer tiempo se encuentra implicado por las acciones llevadas a cabo por la mamá de Bobby para que éste “se cure” de la homosexualidad. Son acciones del lado de la crueldad que, en relación a lo que Eduardo Laso (2009, p 15 y sigs.) comenta del experimento de Stanley Milgram, la crueldad tiene una fuerte vinculación con la relación de autoridad y subordinación (más adelante serán tratados ambos temas). Mary así, en este primer tiempo se sitúa en una suerte de estado de agente en el que pone en práctica el deseo de otro, encarnándolo como deseo propio por pertenecer a un determinado grupo con las mismas representaciones sociales, creencias y valores. Es entonces que ejerce violencia secundaria sobre su hijo Bobby: se observan actitudes retaliativas con respecto a cómo se viste su hijo, qué posturas corporales adopta, la elección de amigos homosexuales, entre otras.
- El segundo tiempo: En el segundo momento ocurre la interpelación subjetiva de Mary. La culpa es el efecto de la interpelación subjetiva del tiempo dos. En este segundo momento la acción no es automática, hay una resignificación del primer momento que atraviesa al sujeto Universal – Singular, en este sentido ocurre algo inesperado: el encuentro con el reverendo de la PFLAG, quien no rechaza a los homosexuales. Mary no espera encontrarse a un sacerdote que no sea ortodoxo como los que ella acostumbra a tratar, éste es lábil en relación a la palabra de la Biblia y a su vez liberal. Para Mary tiene autoridad por el hecho de pertenecer al clero y sin embargo su personalidad es opuesta a lo que ella esperaba. Esto conduce a Mary a reinterpretar la Biblia. Paralelamente ella nunca se hubiera imaginado que iba a terminar visitando por su propia voluntad a una asociación vinculada a los gays y lesbianas, grupo que pugna por los derechos de los homosexuales de diversas maneras. Se resignifica entonces el primer tiempo ya que deja de pensar a los homosexuales como enfermos. Esto queda bien claro en la escena en que abraza a un muchacho gay, abrazo legítimo que involucra lágrimas y una sonrisa que denota aceptación; en cambio en el primer tiempo luego de un apretón de manos con un muchacho gay decide ir y lavárselas compulsivamente al punto de dejarlas rojas de tanto fregárselas.
Esto permite observar como un acto ético instaura un punto de partida nuevo respecto de una situación al modificar el sistema de creencias acarreado a lo largo de toda la vida de Mary antes del hecho inesperado.
- El tercer tiempo: Es el cambio en la posición subjetiva de la madre de Bobby, a saber: Mary se compromete a trabajar arduamente por los derechos de gays y lesbianas, defendiéndolos de una sociedad que se mostraba reacia ante ellos.
Incita a la gente a pensar antes de hablar y a rechazar la homofobia ya que, según sus palabras, "un niño está escuchando". Este tercer tiempo es efecto de la interpelación subjetiva dada en el segundo tiempo. Es así que junto a su familia viaja a San Francisco y con miembros de la PFLAG participan en un desfile del orgullo gay, durante el cual logra ver a otro joven parecido a Bobby y lo abraza para luego continuar con la manifestación. Al abrazar a una persona de esta condición, Mary cambia de posicionamiento subjetivo, es decir que ella se conecta con otro posicionamiento respecto de la homosexualidad, y aquí es donde se da una renuncia narcisista de esa posición anti-homosexualidad.
Retomando el punto mencionado en el primer tiempo respecto a la vinculación entre la crueldad en las acciones de Mary con la autoridad y la subordinación. Gutiérrez (2009, p 7 y sigs.) hace referencia a que Eichmann, militar de segunda línea, era un simple engranaje, agente de transmisión; alude así a las palabras del propio militar quien dijo que tenía órdenes (crueles si se quiere) y debía ejecutarlas tal como su juramento de obediencia lo mandaba. Éste sigue diciendo: “por desgracia no podía sustraerme, y por otra parte nunca lo intenté” (Brauman, R y Sivian, E.,1998, p 108).
Tres cuestiones a ubicar: por un lado en el III Reich la palabra de Hitler era ley, a su vez Eichmann era un engranaje que cumplía órdenes y, por último, dice que no podía sustraerse pero que tampoco lo intentó. Se establece entonces una analogía con el modus operandi de Mary quién en el primer tiempo era un eslabón más de la cadena representada por la Iglesia Presbiteriana, engranaje de la máquina que funcionaba considerando ominosa la homosexualidad, razón suficiente para ir al infierno pos mortem y vivir un infierno plagado de discriminación en vida (crueldad). Como tal cumplía órdenes (subordinación) que se fundamentaban en la palabra de la Biblia, la cual era ley (autoridad). Sin embargo puede pensarse que el efecto no esperado que da lugar al segundo tiempo permite una cabal divergencia con Eichmann debido a que Mary logró sustraerse de la palabra de la Biblia literal como una ley, para poder reinterpretarla subjetivamente. De todos modos, la culpa quedará del lado de esta obediencia -subordinación a la autoridad- y de lo que Mary considera su consecuencia: el suicidio de Bobby. Las figuras de la culpa presentes en Mary como efecto de la interpelación subjetiva del segundo tiempo serán:
Proyección: proyecta su culpa en el reverendo de la Iglesia Comunitaria. Culpa al reverendo por decirle a los homosexuales que Dios los ama como son.
Autoreferencia: Mary se culpa a sí misma por la muerte de su hijo Bobby al gritar desconsoladamente “¡Yo maté a mi hijo! ¡Mate a mi hijo!”.
Reconocimiento: Cuando sale en televisión y dice: “Hace ocho meses que mi hijo saltó de un puente y murió. Lamento profundamente mi falta de conocimiento sobre lo que significa ser gay o lesbiana, veo que todo lo que se me enseñó y se me dijo es producto del fanatismo y la deshumanización. La muerte de Bobby fue el resultado directo de la ignorancia de sus padres y del miedo que sentían hacia la palabra homosexual.”
Arrepentimiento: Mary estallada en llanto se pregunta: “¿Cómo puede Dios perdonarme?, ¿Cómo puede Bobby perdonarme?”.
Reparación: Mary asiste al grupo de padres de homosexuales de la Iglesia Comunitaria. A su vez retira todos los carteles que había pegado en múltiples lugares de la casa escritos con párrafos de la Biblia, con la esperanza de que Bobby “se cure” de su homosexualidad al leerlos cada día; también cuando participa del encuentro internacional de lesbianas y gays, y le da un emotivo abrazo a un muchacho gay que se parecía a su hijo (hace una identificación de su hijo con dicho muchacho, de modo que la reparación sería abrazar a su hijo y aceptarlo como realmente es).

Por otro lado se pede ubicar a La necesidad, que es forzosa, rigurosa, exacta, inexorable, es una determinación ineludible, algo que idefectiblemente va a ocurrir, y de eso no somos responsables. La necesidad conecta la relación causa-efecto, Bobby saltó de un puente y una vez abajo lo atropelló un camión. El hecho de ser atropellado por un camión necesariamente va a producir un daño físico inevitable. En el caso de Bobby terminó en la muerte, pueden haber casos que no terminen en la muerte, de hecho si no hubiese habido un camión tal vez la sola caída del puente hubiese causado daño físico pero no la muerte.
El azar, en cambio, es casual, accidental, contingente, desconecta la relación causa-efecto. Hay una escena en la cual Mary y su marido se encuentran en la cama matrimonial, ella está leyendo un libro que pertenecía a su hijo Bobby, y su marido se le acerca con un pedido amoroso, al que ella rechaza diciendo –“No puedo”, y continúa leyendo dicho libro, del cual por azar se da la caída de un panfleto de la Iglesia Comunitaria a la que asistía su hijo. Mary lo lee y a causa de ello decide ir a visitar dicha Iglesia, donde tiene la oportunidad de conocer al reverendo y por ende empezar a asistir a los grupos de padres de homosexuales.
De acuerdo con el texto “Responsabilidad: Otro nombre del sujeto” de Juan Carlos Mosca, “La imposibilidad de determinar su responsabilidad, el ser el engranaje de la máquina predeterminada por la Divina Providencia, empobrece la subjetividad” (Mosca, 1998, p 115). Se puede afirmar que la subjetividad de Mary se ve menguada por la pasividad con que toma y aplica los preceptos de la Biblia, aplicándolos sistemática y automáticamente, sin una mirada y lectura críticas. No hace cuestionamientos, sino que toma en forma literal lo que lee, no analiza, no hay subjetividad en acción ya que acepta verticalmente lo que afirma su congregación. Es decir que Mary se comporta como un engranaje más de los mandatos divinos, (que antes de llegar a ella pasaron por los intérpretes, los sacerdotes de su congregación, que posiblemente ignoran la esencia de ciertos temas que predican), no pudiéndose determinar su responsabilidad. El decirle a su hijo lo que está bien y lo que está mal, que es un pecado abominable ser homosexual: -“Sabes que no está bien”, es una “especie de Obediencia Debida bíblica que ubica al personaje fuera de responsabilidad” (Mosca, 1998, p 114). En el mismo escrito Mosca plantea que la responsabilidad interpela a un sujeto, quien debe o puede, dar “respuesta” por su acto. Y esto es lo que hace Mary en el segundo tiempo, se interpela subjetivamente y siente culpa. El autor plantea que “el yo no es propietario del deseo pero sí diremos que el sujeto es responsable de su puesta en acto”, es decir Mary no es responsable de su deseo de que su hijo no sea homosexual pero sí es responsable de su acto de decirle a su hijo: –“si sos homosexual entonces no tengo un hijo”.
Cabe citar una conocida frase de Lacan dicha en el discurso de Roma: “Que renuncie quien no pueda incluir en su horizonte la subjetividad de su época”. Esta frase se puede distinguir en el circuito de responsabilidad: Mary en el primer tiempo estaba dispuesta a seguir adelante con lo que la conservadora Iglesia Presbiteriana le había enseñado, enseñanzas propias de un contexto, una época en la que la homosexualidad en si misma era considerada como una aberración, cuando no como una enfermedad. Sin embargo, retomando la frase de Lacan, en el segundo tiempo, Mary comienza a observar cierta diferencia, da cuenta de que en la misma época convivían al menos dos formas diferentes de ver una realidad, el universo en el que se encuentran “A” representado por quienes aceptan a los homosexuales, y “No A” representado por quienes no aceptan a los homosexuales. El caso singular de Mary amplía este universo. Con arduo trabajo decide incluir en su horizonte este modo de ver a los gays y lesbianas como sujetos “normales”, eliminando su modo particularista de ver como lo natural y normal a la heterosexualidad, y como enfermedad a la homosexualidad. Así Mary logra expandir su horizonte, los homosexuales pasan a ser para ella personas sanas con una elección sexual que difiere de la de otros y no por ello hay que condenarlos al infierno.
Dado un universo determinado, lo particular es aquello que está recortado en un universo. Puede haber muchos particulares, A y -A. En este caso el particular “A” esta conformado por personas que apoyan a los homosexuales (la PFLAG), (dentro de este particular se encuentran casos singulares e irrepetibles como: la madre del muchacho gay que va a la casa de Mary, la madre de una adolescente lesbiana que estuvo a punto de sufrir electrochoques por orden de un psiquiatra, el padre de otro muchacho gay; todos ellos forman parte del particular “A”). Al contrario, el particular “-A” esta conformado por los padres que no apoyan a sus hijos homosexuales y están a favor de la heterosexualidad, aquí también nos encontraremos con casos singulares e irrepetibles.
Hipótesis clínica:
Se presenta en el punto de encuentro entre lo que trae el paciente y la capacidad de escucha del terapeuta, en este caso se trabajaría en función de la culpa que dice sentir Mary por la muerte de su hijo, adjudicándose a si misma ser el motor que impulsó al suicidio de Bobby. Se tratará de observar qué papel juega la repetición y la propia historia familiar en su modo de ser y actuar. Se observa que Mary se encuentra sujeta a los mandatos bíblicos, vive con mucho miedo de que su familia no se reúna en la otra vida y esto se ha transformado en una obsesión. También se observan mecanismos de control hacia toda la familia, y creemos que controlar es una forma de mitigar la ansiedad provocada por el miedo. Su vida gira en torno a mantener la vida de su familia bajo el control de los mandatos bíblicos. Debido a esto su subjetividad está empobrecida. Se encuentra muy sujeta, como un objeto, que siente que debe cumplir imperiosamente con los mandatos divinos porque si no lo hace la invadirían intensísimos sentimientos de culpa. Se piensa que todo esto llevó a Mary a cometer la acción del tiempo uno.
Bibliografía:

- Brauman, R y Sivian, E. (1998). Un especialista, en Elogio de la desobediencia. Fondo de cultura Económica. Bs. As. Pág. 108.
-Gutiérrez, C. (2009). Eichmann y la responsabilidad. En: Michel Fariña, J. J.; Salomone, G. Z. Dossier de Ética y Cine: Ética y ciencia. De la eugenesia al tratamiento contemporáneo de las diferencias humanas. Proyecto IBIS / Aesthethika. Grupo Blanco Ediciones. Buenos Aires.
- Laso, E. (2009). Las coordenadas de la obediencia. En: Michel Fariña, J. J.; Salomone, G. Z. Dossier de Ética y Cine: Ética y ciencia. De la eugenesia al tratamiento contemporáneo de las diferencias humanas. Proyecto IBIS / Aesthethika. Grupo Blanco Ediciones. Buenos Aires.
- Mosca, J.C. (1998). Responsabilidad: otro nombre del sujeto. En Ética: Un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.



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