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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Ética y Derechos Humanos
1 er cuatrimestre 2010

Cátedra: Fariña, Juan Jorge Michel
Profesor a cargo de la comisión: Lic. Alejandro Ollier
Co-ayudante: Flavia Navés

Comisión nº : 24
Grupo responsable:

Cuomo Antonela L.U: 328816410
Doña Lisa Laura L.U: 33877566

1. Para comenzar mencionaremos a la responsabilidad subjetiva la cual confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno: aquella que interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconciente. Puede oponerse la noción de sujeto autónomo que se desprende del discurso deontológico-jurídico, en la cual priman los conceptos voluntad y conciencia (así como los de imputabilidad e inimputabilidad), a la del sujeto responsable por definición, determinado siempre por lo Inconsciente. En este campo el sujeto es siempre imputable en términos éticos, no morales, y es aquí donde se introduce la perspectiva clínica y la noción de responsabilidad subjetiva: responsabilidad intrínseca al sujeto, incluso sobre aquello que desconoce de sí mismo.
En el film “Perfume de mujer” tomamos al Coronel Slade como el personaje sobre el que se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva, coincidiendo así con lo propuesto por la cátedra. Es decir, la responsabilidad del coronel Slade aparece en una dimensión distinta de la moral, excediendo lo que podría ser entendido como un conflicto de valores, e introduciendo la propia subjetividad del personaje.
Aquí se produce un viraje desde una actitud inicial y un plan inquebrantable, cuyo último eslabón era el suicidio, hacia los efectos inesperados introducidos por la relación con un segundo personaje (Charlie), quien lo hace abandonar el propósito originario y le permite establecer un vínculo afectivo y tener una perspectiva a largo plazo.
2. El circuito de la responsabilidad está compuesto por tres tiempos lógicos y una hipótesis clínica. El primer tiempo lógico es donde puede ubicarse una acción determinada que concuerda con el universo del discurso en que el sujeto se haya inmerso. Corresponde a cuando, desde la voluntad y la conciencia, se decide hacer algo. Esto lo podemos ver en la decisión que tiene el Coronel Slade de viajar a New York y llevar a cabo su plan.
En el transcurso del film suceden diversas cosas que hacen que el sujeto se confronte con un tiempo dos; se produce un efecto no esperado en la acción determina que el sujeto emprendió en el primer tiempo. En este segundo momento es cuando el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que dicho sujeto tenía al comienzo del mismo. Es el tiempo de la interpelación, donde emerge una singularidad que pone de manifiesto la incompletad del universo previo.
Este tiempo dos sorprende al Coronel Slade cuando sus planes no estaban saliendo como lo esperaba, es decir de acuerdo a sus intenciones iniciales. Este tiempo se ve en la escena del film donde el Coronel no dispara su arma, es decir no se suicida, por el pedido de Charlie que le hace ver las cosas de otra manera. El sujeto en este segundo tiempo se ve interpelado por ciertos elementos disonantes y algo de esa diferencia le pertenece. La hipótesis clínica explica el movimiento que supone que el tiempo dos se sobreimprime al tiempo uno resignificándolo.
El film nos hace plantear una hipótesis clínica que la podemos expresar en el deseo no sabido del Coronel Slade de paternidad.
Por último, aparece un tercer tiempo que verifica la responsabilidad subjetiva, que da cuenta del accionar del sujeto y su posición en dicha situación. Este tercer tiempo es el que presenta a un sujeto diferente al que inauguró el film. Se ve claramente en el recorrido del film el cambio del Coronel Slade: su agresividad y pragmatismo se ven desplazados por la emergencia de ciertas actitudes compasivas y una clara necesidad de proteger a Charlie en el conflicto en el que está inmerso.
Presentándose en la asamblea denota por primera vez un compromiso con alguien y un cambio de posicionamiento en relación a su incapacidad previa de establecer vínculos afectuosos. Dicho cambio podría estar relacionado con ese deseo no sabido de paternidad, de poder recomponer los lazos con su familia y de comenzar una propia.
3. El autor plantea una hipótesis clínica, luego de mencionar al primer y segundo tiempo lógico del circuito de la responsabilidad, afirmando que el destino y el azar se ven “conmovidos frente al curso de los acontecimientos”, dejándose así entrever algo de la dimensión del sujeto. Aquí también introduce el deseo no sabido del Coronel Slade, vinculado con la paternidad, citando el ejemplo del Coronel en la Asamblea final, cuando asegura ser representante de los padres de Charlie. Es a partir de esta escena el autor propone como hipótesis dicho deseo que sin duda trasciende al protagonista.
En relación a esta hipótesis se puede mencionar indicadores del azar y la necesidad. El primero se puede ver en el hecho de que su plan no estaba saliendo como lo esperaba, es decir, aparece algo del orden de lo imprevisible, algo desconocido que cambio el rumbo de los acontecimientos. Al coronel le sorprende su buena relación con Charlie, su acompañante en el viaje a Nueva York, a quien incluso llega a defender en una cena familiar. Asimismo, en lo referente a su tan planeado suicidio, se produce un desenlace inesperado, siendo Charlie quien detiene al Coronel. Se introducen de esta manera ciertos acontecimientos fortuitos, o, mejor dicho, imprevisto, que desvían al personaje principal de su plan e intenciones iniciales.
Por otro lado, la necesidad está referida a aquello que hace que se produzca cierta situación, cierto anhelo. Esto queda de manifiesto en el plan del Coronel, que consiste en viajar a New York para hospedarse en el mejor hotel, cenar en el mejor restaurante, bailar tango, acostarse con una mujer, manejar una Ferrari y finalmente tirarse en una cama y volarse los sesos.
4. No puede hablarse de responsabilidad subjetiva sin introducir el concepto de la culpa, no como sentimiento inconsciente de culpa, sino como introductor de la dimensión del deseante. Es la culpa la que obliga al sujeto a responder por el acto en cuestión.
Dada la interpelación subjetiva, aparece la culpa que corresponde al deseo inconsciente que se encuentra detrás del efecto inesperado introducido en el segundo tiempo, por lo que se puede decir que la culpa del sujeto vela y a la vez devela algo. La interpelación pone en marcha el circuito en el que la culpa insiste por darle una explicación a lo que aparece como ajeno, dicha culpa es condición necesaria para un tercer tiempo de reconocimiento. Es decir, propicia la vuelta sobre el primer tiempo, activa a que se retorne a la acción primera por la que el sujeto debe responder.
No hay forma de no responder a esa exigencia de dar un sentido, sin embargo, la toma de responsabilidad subjetiva y la introducción de la singularidad y la dimensión ética pueden no producirse, presentándose sólo una respuesta que enmiende desde la perspectiva moral.
En el caso del film, creemos que no aparecen mecanismos como la proyección, el sentimiento de culpa o la negación, sino más bien un sentimiento de perplejidad en el Coronel dado el desenlace imprevisto de su plan. No hay un intento de reparación por un daño sino un abandono de una postura previa, y la asunción de un nuevo posicionamiento subjetivo que implica hacer surgir algo del deseo propio y de la reconciliación con los anhelos anteriormente abandonados, a saber, una pareja y una familia. Hay un traslado desde una convicción inicial de que no valdría más vivir luego de haber experimentado todos los placeres que le brindaba Nueva York, hacia una interrogación sobre el deseo propio del sujeto y sus implicancias a futuro.
5. En el relato de Jean Paul Sastre en el cuento “El muro” puede ubicarse un personaje al que se le presenta una interpelación subjetiva similar a la presentada en el film, es decir, frente a una acción se produce un desenlace inesperado que obliga al sujeto a interpelarse sobre su responsabilidad.
Ibbieta, personaje principal del relato, es encarcelado y obligado a revelar el paradero de un compañero, y frente a su constante negativa le ofrecen dejarlo con vida a cambio de tal confesión. Él opta, sin embargo, por hacerles creer que va a decir la verdad cuando en realidad inventa que su amigo se encuentra en el cementerio.
Pero los acontecimientos toman un rumbo insospechado y su compañero resulta estar en el lugar al que Ibbieta los mandó, ocasionando así el asesinato de Ramón Gris.
Aquí pueden ubicarse tres dimensiones: por un lado, la exigencia que se le presenta de tener que responder sobre el escondite de Gris, lo cual no le es ajeno al personaje, sino que es una orden que lo obliga a tomar una decisión. Por otro lado, el azar se desprende de la indicación del cementerio como paradero de Gris, lo cual puede ubicarse como una coincidencia. Por último se vislumbran los aspectos de la responsabilidad, el modo en el que el sujeto como participante se posiciona frente a la determinación que tomó. Se introduce aquí una vez más la dimensión del deseo, de la posibilidad de sobrevivir y de la traición vinculada con actuar en conformidad con ese deseo.
En el caso de Ibbieta también puede hacerse la distinción de los tres tiempos marcada anteriormente en referencia al film. En un primer momento podría hablarse de un sujeto conciente que realiza una acción de manera voluntaria (decir que Ramón Gris se encuentra en el cementerio). Pero, dado en el desencadenamiento de los hechos se produce algo imprevisto, se le presenta la interrogación y aparecen la perplejidad y la culpa, se introduce así la lógica retroactiva y el personaje de Ibbieta debe volver sobre sus actos. Al principio la frase “en el cementerio” implica una afirmación, luego se presenta como una pregunta que invoca al juez interno del sujeto y lo hace cuestionarse sobre su participación en los hechos.
Dada dicha interpelación, cabe preguntarse si hay asunción de la responsabilidad y cambio de la posición subjetiva. Creemos, en este caso, que no alcanza con darse cuenta de lo que ocurrió para asumir la responsabilidad. Pese a que Ibbieta responde y se asombra (ríe, tiembla), nos parece que no queda del todo claro si el personaje verifica finalmente su responsabilidad subjetiva.



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