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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra: Fariña

Perez Knees, Nayla
LU: 319124840
Comisión 7
Prof: Alfano, Adriana

”Now that I see you, all my mind and all my guts
behold how much we both will grow
now that I feel you, dance with me accordingly
enlightening what we strive to be
Whoever we want, whenever we want we’ll change it
but we must always be two to tango…”

[Pork – “Two to Tango”]

Un perfume inédito:
El Coronel no tiene quién le escriba. Y aunque lo tuviese, no podría leerlo, ya que sus ojos no ven las letras, no puede comprender el lenguaje escrito del resto de los mortales. Pero a raíz de su ceguera ha desarrollado magníficamente su sentido del olfato. Frank ve el mundo no a través de sus ojos, sino a través de su nariz. Se nos antoja un tipo insolente, arrogante, manipulador y egoísta. Quizás justamente porque el mundo no va más allá de sus narices...
El comentario acerca del film no vacila al centrarse sobre este enigmático personaje de mirada taciturna, el Coronel Frank Slade, quien establece claramente sus deseos, en una mirada casi adolescentista del asunto. Mujeres, Ferraris, y algo más que no nos deja ver, quizás porque él mismo no lo ve. Y aquí dejamos de hablar de sus ojos. El Coronel no es visible para sí mismo. Encerrado en la oscuridad de su ceguera, se ha cerrado completamente a su familia. Es un ser malvado, incluso con los niños, y hasta con Charlie. Pero aquí hay algo más, y el autor del comentario nos permite vislumbrarlo, resistiéndose a la posibilidad de un argumento tan sólo de morales en pugna. El deseo del coronel se deja entrever, más allá de su gusto por los placeres de la carne, la danza y la velocidad. Charlie es el ritmo que le falta a Frank para poder bailar el tango. Es sus ojos, y no tan sólo un lazarillo. No son los argumentos morales del joven los que disuaden al Coronel de cometer su tan planeado suicidio. La conmovedora escena, con lágrimas en los ojos de ambos, las palabras de Frank, nos dan la pista, para luego culminar con la aparición del Coronel "en representación de los padres de Charlie", en la Asamblea. Tal como dice el comentario, "ese hombre que sólo podía vinculares con sus parientes desde el odio o la compasión, encuentra la ocasión de hacer algo con su fantasma familiar [...] se trata del perfume de mujer, de la fragancia inédita del deseo", esa fragancia que lo hace ir más allá de sus propias narices, allí donde se encuentra con Charlie, más allá de los principios morales, pues en él encuentra una salida, una singularidad dentro de su universo de perfumes, Ferraris y odio, inaugurando así otra subjetividad. Pero no nos adelantemos. Ocupémonos ahora de presentar el circuito de responsabilidad del Coronel.

Los tres tiempos del llegar a tiempo:
Tenemos entonces en un primer tiempo lógico, un Frank huraño, taciturno, malvado. Una decisión: viajar, hospedarse en un hotel de lujo, una cena, una bella mujer. Luego volarse los sesos. Slade emprende esta acción junto a Charlie, considerando que esta se agota en los fines para la que fue realizada. Simplemente cenará, se acostará con una bella mujer, y luego morirá. El Coronel es hasta aquí egoísta, omnipotente. Pero la escena en la que es disuadido del suicidio nos deja ver una interpelación. Podríamos estar tentados de decir que es Charlie quien lo disuade, a fuerza de principios. Pero no.. hay aquí una pregunta que a Frank lo atraviesa. Un tiempo 2 que lo deja barrado, sin esa omnipotencia de antaño. Su llanto lo pone en evidencia como sujeto castrado, como sujeto del no todo…la interpelación barra su subjetividad, y pregunta entonces entre sollozos “¿ahora qué hago?”, atravesándolo luego a Charlie con una conmovedora pregunta, que da cuenta del eventual advenimiento de un tercer tiempo “¿Cómo vas a sobrevivir sin mí en este mundo?”. Por retroacción aquí se interpela al tiempo 1 de la decisión del viaje y eventual suicidio por parte del egoísta Coronel. Es la culpa la que irrumpe, en sus figuras, es ella la que inaugura el circuito de los tiempos lógicos de la responsabilidad subjetiva, ya que, como plantea Oscar D’Amore “La culpa es una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva: es una condición sin clivage. Es la culpa, lo que ob-liga a responder”. La angustia de Frank, visible figura de la culpa en la pregunta que atraviesa a Charlie, resignifica aquel primer tiempo, liga estos dos tiempos lógicos, dejándose entonces Frank, invadir por la interpelación. ¿Qué hará Charlie sin él? Pues no lo sabe, pero ciertamente tampoco quiere averiguarlo. Se pone en marcha entonces el circuito, a partir de esta interpelación, sin la cual no podríamos hablar de un circuito de responsabilidad, pues es esta interpelación la que según D’Amore pone en marcha el circuito. La pregunta, al retornar sobre la acción, está hecha. Frank debe responderla, debe dar esa respuesta, ya que es de él de quien se espera tal cosa, en tanto debe advenir su responsabilidad como sujeto del deseo. .
Emprenden entonces los compañeros la retirada, y logran llegar a tiempo. ¿A qué tiempo? Dos caminos se despliegan, pero no hay encrucijada. Estos caminos refieren a dos dimensiones diferentes.
La asamblea esta por comenzar… es Charlie quien llega justo a tiempo para responder por aquella broma universitaria, por la cual debe decidir si acusar o no a sus compañeros. Pero también el Coronel llega a tiempo, llega al advenimiento de su tercer tiempo, en el que su aparición en representación de los padres de Charlie evidencia su responsabilidad como sujeto. Se debaten aquí principios morales, pero no es esta la responsabilidad que ha atravesado a Frank. Él ha sido atravesado por un efecto-sujeto, ha sido devuelto responsable de su deseo. Ha advenido el tercer tiempo, de la responsabilidad subjetiva. El Coronel que vemos ahora no es el mismo que vimos al comenzar el film. Da cuenta de esto el entrañable discurso, en el que defiende a capa y espada a Charlie, su compañero de emociones. El acto ético se despliega, se produce el sujeto del inconsciente. Frank Slade toma responsabilidad por su deseo, adviene la responsabilidad subjetiva. Ha dado respuesta.
No podemos decir, bajo ninguna circunstancia, que esta situación es azarosa. Cierto es que se dan elementos de azar, pero no rigen por completo a la situación. Tampoco está regida por la necesidad, si bien en el film necesidad y azar se confunden constantemente. El juego, el encuentro de necesidades, de por sí es azaroso, mas la necesidad va más allá de los encuentros entre los personajes, ya que, según Juan Michel Fariña “Necesidad es aquello que rige por fuera de la intervención del sujeto en situación”. El hecho de la carrera militar de Frank, su ceguera por causa de un accidente en el ejército, lo cual obliga a su familia a encontrar a alguien “que lo cuide durante el fin de semana”, nos sitúan dentro del campo de lo inexorable, de la fatilidad, de lo riguroso de la diosa Necesidad. La situación de Charlie también lo es, su condición de alumno becado, pobre, dentro de un ambiente de niños ricos. Su necesidad de dinero que lo lleva a buscar un empleo. Por otro lado, el encuentro de las situaciones nos sitúa en el campo del azar. El hecho de que Charlie haya conseguido el trabajo por ser el único aplicante, la situación conflictiva por la que se haya atravesando respecto de la broma de los compañeros de la Universidad. Aquí se encuentra con Frank. Entre ellos se encuentra la grieta entre la necesidad y el azar… es la grieta entre ellos la que dibuja la situación de responsabilidad, esta grieta que abre el camino para que el efecto-sujeto advenga en el Coronel. Este plan repentino de viajar, al lado de Charlie, para realizar este último recorrido por los placeres. La diosa del azar ha desconectado esta relación entre causas y efectos, abriéndonos el interrogante de cómo es que Charlie y Frank llegan a encontrarse en este momento en que todo cuadra, en que sin saberlo se necesitan mutuamente. Necesidad y azar hacen su aparición, mas no se puede omitir la grieta entre ellos, ya que estaríamos desligando al Coronel de su responsabilidad subjetiva, borrando al sujeto en tanto borramos su acto, en tanto responsable de su deseo. Juan Carlos Mosca plantea que “El sujeto es siendo. Nunca del todo realizado, pero siendo. De eso debería dar respuesta, de la razón de su ser en la razón deseante”. Es decir, el Coronel debe dar una respuesta por su deseo.
El deseo sobre el muro: a capa y espada o entre la espada y la pared?:
¿Qué deseo? Nos preguntamos. La hipótesis clínica nos arroja la pista de la paternidad. Frank es en-representación-de. Charlie es como un hijo para él. El fantasma familiar del Coronel queda así fácil de vislumbrar, y él es responsable de esto, de su deseo de paternidad, de familia, tal como Ibbieta es responsable de su deseo de querer vivir, al menos un poco más. Los paralelismos quedan así expuestos. Ibbieta con su jugarreta, y la fatídica traición no consciente en la que incurre al situar a Ramón Gris en el cementerio. La elección de Ibbieta no es ingenua. Hay un juego, una lucha entre la vida y la muerte. Sabe que uno de los dos vivirá, y el otro por consiguiente morirá. Conscientemente Ibbieta elige en esta acción, pero hay otra elección de la que no se anoticia… la elección de su propia vida, y por ende de la muerte de Gris, que lo sitúa en el campo de la responsabilidad subjetiva, mas no jurídica. La broma de Ibbieta, quien ya no teme a la muerte, quien no está atado ya a la vida por conocimiento de su muerte venidera, tiene un fin… el fin de jugar una broma a los falangistas. Él cree que se agota allí, en el fin para el que fue concebida. Sin embargo la noticia de la captura de Gris lo hace trastabillar, lo barra, lo cuestiona. Adviene un tiempo 2. Nuevamente el interjuego entre necesidad y azar, entre la situación de los falangistas, y el hecho de que Gris se haya ido a esconder exactamente en el lugar donde Ibbieta lo sitúa, abren esta grieta donde se ubica la responsabilidad subjetiva de Ibbieta por su deseo de seguir con vida, al menos un tiempo más. Ibbieta no delata entonces a Gris, sino que se delata a sí mismo, delata su deseo. El llanto y la risa nos dan la pista de la interpelación que ha sobrevenido, tal como lo hace el llanto del Coronel, en esta pregunta que pide respuesta, una respuesta desde el deseo, un efecto-sujeto que lo coloque en “superávit”, como plantea Juan Carlos Mosca, realizando una metáfora económica, frente al “déficit” que supondría el estancamiento en una posición de culpa.
Hemos podido apreciar cómo el personaje de Frank Slade, inquebrantable, déspota, va quebrándose en su propio circuito, al tiempo que adviene en él la responsabilidad en un último tiempo. Frank responde, y de qué manera lo hace, en una de las escenas cinematográficas más memorables de todos los tiempos. Este film nos muestra el largo camino de la responsabilidad, con sus tiempos lógicos, y no cronológicos, que la componen. El inquebrantable rompe en llanto, se pregunta, se barra. Sus sentidos aprenden otra forma de sentir, es el perfume del deseo, ese perfume inédito del que habla el comentario de Belén Sánchez Ayala. El azar y la necesidad juegan esta vez una buena pasada, en cuya grieta Frank es responsable de desear. Charlie cuadra en los compases de su danza fantasmática, y al ritmo del tango se convierte en su como-sí, aquel que lo obliga a responder por su deseo, convirtiéndolo en un no todo, en un coronel barrado, y por consiguiente responsable, un Frank Slade que huele más allá de sus narices. Es la extraordinaria danza de la subjetividad, el tango de la singularidad en situación.

Bibliografía consultada:

- MOSCA, Juan Carlos: Responsabilidad, otro nombre del sujeto.
- SARTRE, Jean Paul: El muro.
- DOMINGUEZ, María Elena: Los carriles de la responsabilidad; el circuito de análisis.
- D’AMORE, Oscar: Responsabilidad subjetiva y culpa.
- FARIÑA, Juan Jorge Michel: Responsabilidad; entre necesidad y azar
- SALOMONE, Gabriela Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad.



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