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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicologia, Ética y Derechos humanos
Prof. Tit. Reg. J.J.M. Fariña
Catédra I
Comisión: 15
Prof. Gabriela Mercadal

Segundo parcial. Domiciliario

Integrantes:
Juan José Lucero DNI 18.078.161
Nadia Carolina Perujo García DNI 31.009.754

En “In loco parentis”, comentario sobre el film Perfume de Mujer de Martín Brest, Belén Sánchez Ayala centra su análisis sobre la responsabilidad subjetiva en relación al coronel Frank Slade y propone pensar la siguiente hipótesis clínica. Nos invita a reflexionar sobre el fantasma familiar del coronel, sobre la ocasión de hacer algo con este, dejando que su deseo lo trascienda. En este comentario se propone que el deseo que trasciende al coronel es el de “formar una familia”.
Para formular esta hipótesis clínica la autora se vale de ciertos indicadores que encuentra a lo largo del film. Un ejemplo es la relación que el coronel establece con el resto de las personas. Nos propone pensar que su amabilidad esta ligada a la posibilidad de conseguir alguna cosa de otro y que su agresividad se debe pensar en relación a su personalidad militar, a la cual recurre para infundir temor o miedo en los demás. Al finalizar el film, el coronel regresa a su casa como una persona “diferente”, podemos observarlo en el trato ahora tierno y afectuoso que otorga a los hijos de su sobrina.
Otro indicador para dar cuenta de esta hipótesis que sugiere la autora son las formas en que el coronel nombra a Charlie a lo largo de la película. Lo trata de “my son, my boy, Kid”, lo cual la pone en la pista de la paternidad junto con la forma en la cual justifica su presencia ante el tribunal de Baird. Dice estar en representación de los padres de Charlie, “In loco parentis”.
Concordamos con la hipótesis planteada por Sánchez Ayala y con los tiempos lógicos que esta consigna plantea.
En un primer tiempo lógico encontramos al coronel Slade emprendiendo un viaje de “placeres” cuyo fin último sería el suicidio.
Consideramos que en este tiempo el coronel se encuentra posicionado en el lugar de víctima, desde el cual no podría surgir un sujeto de responsabilidad.
Como víctima, acepta la marca asignada por el otro, se refugia en esta para desimplicarse del mal que le compete.
De esta manera, el coronel se describe como alguien que “no sirve para un carajo y que nunca ha servido”, como alguien que solo “gasta las provisiones de la tribu”.
Desde este lugar, el suicidio, es la forma que el coronel encontraría para no responder a su deseo, para no verse ob-ligado a responder. Se quedaría solo con el “ser ruin”, el lugar de ciego que para nada sirve y que con el que nadie quiere ya sentarse a la mesa.
Hablar de culpa y responsabilidad se hacen necesarios en este análisis. En los fragmentos antes citados, el Coronel pone en evidencia la asociación que existe entre ambas y refuerza nuestra idea sobre la posición de víctima en la que se encuentra instalado.
Cuando el coronel se refiere con tono irónico : -“…ni siquiera sabe que voy yo. Ya verás su cara cuando entre. Me quiere mucho…” resalta lo que referimos sobre la víctima y la marca asignada por el otro, en este caso su familia. Sobre este punto Frank solo efectiviza quejas pero sin actuar en consecuencia ya que este actuar lo obligaría a interpelarse y de esta forma ingresar a la secuencia del tercer tiempo del circuito de la responsabilidad subjetiva.
Charlie, a quién consignaremos como un elemento de necesidad para el surgimiento del coronel como sujeto de responsabilidad subjetiva, abre la posibilidad para que este sujeto “víctima” deje ese lugar, de goce superyoico, donde la culpa ocupa el ser del sujeto.
Este muchacho es un becado que asiste a la escuela de Baird, a quien su padre biológico abandonó y quien dice tener una mala relación con su padrastro. El joven elige de una cartelera de ofertas de empleo, el trabajo de cuidar a un veterano ciego el fin de semana de acción de gracias. Charlie, estudiante, justo antes de iniciar este trabajo es testigo de un hecho que lo obligará a responder sobre su futuro y sobre su persona, así como también es parte necesaria para Frank en la secuencia de los tiempos lógicos para que este último pase a ser sujeto de responsabilidad. Ahondando en el análisis, se podría decir que en este caso el azar jugó del lado del sujeto de responsabilidad, de lo contrario, el film propuesto podría haber tenido otros desenlaces, como el posible suicidio del protagonista, quedando este instalado en el segundo tiempo.
Ambos personajes se encuentran en un viaje que abrirá en el coronel la posibilidad para que este pueda hacer su hipótesis clínica, pueda interpelarse sobre su propio deseo. Es en este segundo tiempo, en el cual se prepara para suicidarse, el coronel se interrogará sobre lo que había planificado hacer y que le permitirá preguntar de forma conmovedora a Charlie: “Ahora qué hago?”. Esta escena del film es una joya sin desperdicios. La intervención que hace Charlie en este momento es crucial para el surgimiento del Coronel, ya no como víctima, héroe o culpable, sino como sujeto de responsabilidad. El joven lo confronta con su deseo cuando, ante la amenaza hecha por el coronel de matarlo a él también si no se va; Charlie le responde: “… Hágalo, ciego hijo de P…”. El coronel se hace responsable de su deseo [“… no sé si matarte o adoptarte (…) Charlie, contéstame, quieres que te adopte?...”] y continua viviendo. Charlie, a manera de espejo, lo confronta con su deseo y lo invita “a seguir bailando”.
En un tercer tiempo lógico lo podemos ver al coronel como representante de los padres de Charlie y con los ojos abiertos a la posibilidad del amor de una mujer. La autora hace referencia a que un hijo, una mujer, ya hacen a una familia. Así encontramos, como hacíamos referencia párrafos atrás, a un Coronel Frank que regresa a su casa distinto, abierto a las posibilidades que advendrán, responsable de su deseo.
Poniendo en relación a este personaje con Ibbieta, de “El muro” pieza literaria de Jean Paul Sartre analizado por Juan Carlos Mosca en su texto “Responsabilidad: otro nombre del sujeto”, encontramos similitudes que quisiéramos proponer.
Nos arriesgamos a postular que en ambos existe un deseo de seguir viviendo que los interpela y que los ob-liga a responder, a hacerse responsables.
En Ibbieta, su jugarreta da cuenta de este deseo que lo hace resistir al sueño para no perderse horas de vida. Podría haber callado pero decide hacer la jugarreta, decide hablar y decir que Gris está en el cementerio. Este personaje esta “contra el muro”, al límite de una vida que, esperando la muerte, se le presenta ajena, sin sentido. Nuestro coronel Frank no ha sido obligado por privación de la libertad como en el caso de Ibbieta a estar allí, en Nueva York, con un arma en la cabeza, a punto de acabar con su vida. A Ibbieta lo amenazan con matarlo si no entrega a Gris, el coronel Frank ha planificado su muerte.
Pero ambos tienen algo en común, ambos están en una encrucijada, ambos son interpelados por el otro que los confronta con su deseo y da lugar al surgimiento de la responsabilidad como una singularidad del sujeto en acto.
Ibbieta responde : “En el cementerio”, Frank baja el arma y le pregunta a Charlie que hacer ahora. Ibbieta estalla en risa y llanto mientras dice: “¡En el cementario!”, El coronel le propone a la niña pequeña de su sobrina comenzar de nuevo. Segundo tiempo que interpela al sujeto sobre un primero, surgiendo de este segundo tiempo con otra mirada de la vida, ya no como ser de la responsabilidad sino como sujeto de responsabilidad subjetiva.
Estos personajes consiguen salir de la posición de víctima, y logran hacerse responsables de su acto. Acto ético por ubicarse en la línea de lo Universal-singular.



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