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FACULTAD DE PSICOLOGÍA
CATEDRA I Psicología Ética y Derechos Humanos

TITULAR: JUAN JORGE MICHEL FARIÑA

Segundo Parcial Domiciliario
Film: PERFUME DE MUJER

Profesora: Samolevich, Ianina
Alumna: Casa Valencia, María Rosa
L.U.: 28575020
Comisión: 1

Primer Cuatrimestre 2010

El Teniente Coronel retirado Frank Slade, es el personaje sobre el que se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva en este film.
Se juega en la vida del Teniente Slade un antes y un después luego de haber pasado un fin de semana con Charlie Simms, quien fue contratado por su sobrina para cuidarlo por ser ciego y ella tener que ausentarse el fin de semana. Al oir la llegada de Charlie, Slade lo recibe con una agresividad tremenda. Está acostumbrado a ser amable solamente con las personas de quienes desea obtener algo, lo que logra mediante sobornos o propinas generosas. Utiliza su ceguera para llevar a cabo sus deseos, estableciendo sus propias leyes en forma perversa al transgredir en todo sentido las leyes establecidas para obtener lo que desea.
Slade subsiste, su dimensión moral lo conduce a eso, se ríe de las normas y códigos que el sujeto tiene que tener frente a la sociedad… hace la suya. Su agresividad está imbuida del autoritarismo que le marcó su vida militar y, por ende, no tiene límites, se mueve en una dimensión contraria a todo lo ético, apela a su rango de militar para infundir respeto, temor. En este plano podría comparar a Slade con los falangistas de la pieza literaria El Muro de Sartre, ellos también apelaban además de esos artilugios al terror para lograr que los condenados a muerte denunciaran a sus líderes anarquistas para evitar o aplazar la muerte que los esperaba.
Cuando la sobrina y su familia se fueron, Slade solicita a Charlie que lo ayude con las valijas porque se van a Nueva York. Ante el asombro del adolescente le dice “un día más para recorrer el campo de batalla” y así parten con un itinerario ya planeado por el Teniente: hospedarse en un lujoso hotel, comer en un buen restaurante, hacer el amor con una mujer increíble y luego “volarse los sesos”. Ya en el avión y luego de hacerle el inventario de todo lo que pasaría en Nueva York, le comenta a Charlie “tu educación ha comenzado”
Estimo que con esta acción Slade marca el tiempo uno de la puesta en marcha del circuito de la responsabilidad subjetiva. Es el sujeto del acto, lleva a cabo esta acción concientemente, ya tiene todo estudiado para que se cumpla su objetivo, que es suicidarse.
Se hospedan en el Waldorf Astoria y cenan en el Oak Room. Mientras cenan Slade le confiesa a Charlie que lo trajo para que lo ayude con su plan y además de ello desea visitar a su hermano Willy “la familia es importante y cuando vuelva me acostaré y me volaré los sesos” Charlie queda muy conmocionado y a la vez se paraliza ante la confesión. Van a cenar a la casa del hermano, esto genera el malestar de toda la familia y un gran nerviosismo, hasta que el sobrino lo increpa diciéndole a Charlie cómo su tío había quedado ciego. Se sucede una violenta escena y Slade decide irse, pero ya en la puerta confiesa a su hermano “Adiós Willy. No sirvo para nada y nunca he servido”
Llegan al hotel… Charlie ve como Slade porta un arma. Le exige que se la entregue y ante la amenaza de dejarlo solo no accede a entregársela y guarda el arma. Slade le pide que se quede “necesito recorrer el campo de batalla un día más. Puedo recorrer Nueva York sólo, pero necesito a alguien que me marque la dirección…tú entiendes porque lo hago, ya no puedo dar batalla… nadie quiere sentarse a cenar conmigo”.
Comparten un trago en un lujoso salón, el Teniente saca a bailar tango a una hermosa muchacha y nuevamente desliza a Charlie otro comentario “El tango no es como la vida, te puedes equivocar, te enredas y puedes seguir bailando”. Termina la noche tal como había anunciado acostándose con una prostituta.
A la mañana siguiente y ya alrededor del mediodía, Charlie se asoma al cuarto de Slade sorprendido porque no se había levantado, lo encuentra en la cama muy deprimido. Al preguntarle qué le pasaba, le dice “- actualmente tengo otros planes”, “- ¿otros planes?, “- de morir hijo”, “- vamos no sea aguafiestas, mire que lindo día, vamos a pasear, usted está deprimido”. Lo convence y salen, en una agencia de autos Slade alquila una Ferrari. A partir de acá podemos ver cómo Slade hace caso omiso de la responsabilidad jurídica que le cabe, la que se plantea en función de la noción de sujeto autónomo, que tiene que ser el sujeto de la voluntad y la intención que restringe la responsabilidad al terreno de la conciencia, que determina que el sujeto de derecho al ser considerado autónomo tiene que ser capaz de hacerse responsable, no sólo por sus acciones, sino también por sus elecciones y decisiones. Esto lo tiene muy sin cuidado: maneja una Ferrari a toda velocidad siendo ciego, permite que Charlie la maneje siendo menor y, como corolario, se burla del policía disimulando su incapacidad y diciéndole que es el padre del adolescente.
A esta altura ya el Teniente Slade comienza a vislumbrar que hay algo que no está saliendo de acuerdo con sus intenciones iniciales. Arriba así al segundo tiempo del circuito, sobre todo en lo que hace a su convencimiento de matarse y al darse cuenta de la pregunta importante que le hace al adolescente “Ahora ¿qué hago Charlie?” con los ojos húmedos de lágrimas.
La responsabilidad subjetiva interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconsciente. Es el tiempo de los efectos no deseados, lo que lo excede, y que se funda en la resignificación del tiempo uno. El accionar hace que asuma una culpa por lo planeado y no concretado, se instala la culpa, pero no en el sentido tradicional en que entendemos ese término, sino la culpa que nos lleva a lo simbólico, o sea la interpelación subjetiva. Ese accionar tiene un sentido, sabe que le pertenece, se abre el campo de la responsabilidad subjetiva o también se puede responsabilizar moralmente, puede adjudicarse la culpa, la puede proyectar, puede haber síntomas, se puede autoreprochar. En esta instancia hay un pacto de silencio que se rompe, es un momento de quiebre donde se manifiesta la falta estructural.
Entre los tiempos uno y dos hay un lazo asociativo, una hipótesis clínica, que sitúa la naturaleza de esa ligadura. Algo ha emergido en el segundo tiempo des-ligado del universo particular, éste buscará re-ligarlo hallando una explicación a su presencia.
Finalmente, el tiempo tres verificará la responsabilidad subjetiva, donde se infiere una toma de posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produzca una singularidad.
El recorrido de este circuito es invariable en cuanto a la lógica que instrumenta: la retroacción, que hace que vuelva sobre una acción que ya sucedió. Es la interpelación la que hace que vuelva sobre lo dicho, según D Amore “el tiempo uno es ya un tiempo resignificado por la interpelación a través de la culpa. La culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se debe responder. No hay forma de no responder, pues la interpelación exige respuesta. La interpelación subjetiva se pone en marcha cuando la ley simbólica del deseo obliga a retornar sobre la acción y, en efecto, el psicoanálisis procede de este modo, retorna sobre la acción más moral, más particular, favoreciendo la interpelación para la responsabilidad subjetiva”
De este tiempo tres aflora un Slade completamente diferente al que conocíamos. Un Slade que demanda contínuamente a su acompañante: “Charlie, hijo, quédate un día más… Charlie, ayúdame con… Charlie, muchacho, escúchame…”
Comprueba cómo, a pesar de su juventud, Charlie es una persona ética, que se mueve en otro plano de existencia: es educado, amable y, sobre todo, tiene fuertes convicciones y principios. Charlie le cuenta la broma a la que había sido expuesto el Director del colegio y que él y otro compañero habían visto quiénes fueron, Slade le dice:
- “jode a tus amigos, todo es mierda”
- “no soy un soplón”
- “tendrías que denunciarlos”
- “hay ciertas cosas que uno no puede hacer”
- “explícamelas”
- “no puedo… bueno, el Sr. Trask me dijo que si los delato voy a Harvard y sino… aunque George me dijo que el padre nos sacará del aprieto”
- “¿los sacará? ¡cuidado con el plural!”
- “¿qué vas a hacer?
- “ya se me ocurrirá algo”
Ya en el hotel le había dicho “- me partes el corazón hijo, yo me he pasado la vida oponiéndome a todo y a todos porque así me sentía importante, tú lo haces por principios, eres íntegro… ¿quieres que te adopte?”, “- usted está pasando por una depresión”, “- no, ninguna depresión, soy malo, no, no soy malo, soy ruin”
Para ambos protagonistas se juega en forma conmovedora el azar y la necesidad o destino como dice el Prof. Fariña en su ficha de Cátedra . Cuando Slade decide llevar a cabo su plan de suicidarse necesita de una persona que lo guíe dada su incapacidad y Charlie a su vez necesita ganarse unos pesos. He aquí el destino que los juntó. Vuelven en auto a New Hampshire, es recurrente el tema del colegio, Charlie está apesadumbrado y Slade lo percibe y dice “- no tolero la idea de que traiciones tus principios, pero en tu situación no puedes discutir, ¿por qué estas tan solo, tus padres?”, “- es mi padrastro, no me llevo bien… es un cabrón”
Llegan, Charlie baja del auto y se despide por la ventanilla, Slade le dice “ven acá hijo” y al acercarse con su mano le recorre la cara para reconocerlo. Se despide “Siempre cuenta conmigo Charlie”
Qué deseo lo trasciende a Slade para presentarse en la Asamblea del colegio en representación de los padres, in loco parentis como respondió, qué deseo no sabido de Slade se juega en esta escena, infiero que es la paternidad que nunca llegó a disfrutar.
El encendido alegato que pronuncia Slade en la Asamblea del colegio, permite que los que deberían juzgar a Charlie salgan a favor de él quedando exonerado de la culpa por no haber delatado a sus compañeros, ya que al preguntarle el Director quiénes habían sido los autores, Charlie le contestó que “podrían haber sido cualquiera de los estudiantes de la escuela”, respuesta inusitada que sorprendió a todo el auditorio, especialmente a los que tenían que juzgar cuál iba a ser su destino futuro.
Cuando se retiraban del colegio, se acercó una profesora que saludó a Slade felicitándolo por su elocuente discurso, él adivinó que perfume tenía puesto y la muchacha se quedó prendada y sorprendida a la vez, viéndolo alejarse.
La vida de Slade ya comenzaba a deslizarse en otro plano, distinto al que estaba acostumbrado. Es otro Slade el que regresa a casa, ya podía contar con Charlie como un hijo y por qué no, esa muchacha que se le acercó para felicitarlo lo había hecho admirada por su elocución, no por compasión por su incapacidad. Quizás en el futuro podría también él gozar de una familia, había pasado la barrera de lo moral. En Slade se produjo ese acto singular que supone un antes y un después en la vida de un sujeto, Slade dejó atrás su subsistencia para ingresar en la existencia que está más allá de la temporalidad en la que un sujeto está condenado a vivir.

Bibliografía

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