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En el film “Perfume de Mujer” el análisis de la responsabilidad subjetiva se centrará en el personaje del Teniente Coronel retirado Frank Slade.
La hipótesis que el texto plantea es la de un deseo no sabido del coronel, el de ser padre, el deseo de formar una familia, y con esto darle sentido y continuidad a su vida.
En varias escenas del film se puede adivinar este deseo inconciente que lo atraviesa: se dirige a Charlie llamándolo “hijo”; le pide que lo escuche, que se quede con él, que lo ayude; en una oportunidad, mientras volaban a Nueva York, luego de narrarle la experiencia de estar con una mujer y lo que ello le ocasionaba, le anuncia al muchacho que su “educación” comenzaba allí. Por otro lado, en reiteradas ocasiones, presentaba al joven como a su hijo. También podemos suponer que el haberlo hecho participar de aquella tensa cena familiar llevada a cabo en casa de su hermano, no ha sido un hecho menor. El coronel se porta muy groseramente en dicha reunión, provocando la furia de uno de sus sobrinos, quien finalmente estalla y termina poniéndolo al tanto a Charlie de algo que muy difícilmente el propio coronel hubiera podido contarle: la causa de su ceguera. Con esto queremos sugerir que Slade, sin darse cuenta, necesitaba que el muchacho supiera su historia y el ataque de su sobrino finalmente lo acercó al joven, a quien se lo puede ver muy conmovido por la escena presenciada e incluso se pone en posición de defender a Slade. Se puede pensar que el coronel ha provocado tal situación para finalmente despedirse de esa familia definitivamente, tal fueron las palabras pronunciadas frente a su hermano: “No sirvo para nada”. Pero de allí no se va solo, lo acompaña el joven estudiante… ahora él comparte su historia y su pasado con Charlie.
Luego, el interrogar al muchacho en varias oportunidades sobre qué pensaba hacer el día de la asamblea -e intentar persuadirlo en todas ellas para que “se salvara” a él mismo- pareciera ser una estrategia de Slade para saber quién era realmente ese joven. Y el mostrarse supuestamente en desacuerdo con la postura de este de no dar los nombres de sus compañeros, podría ser un ponerlo a prueba, es decir, no decirle lo que verdaderamente piensa al respecto y mostrarle, por el contrario, los beneficios que le depararía el adoptar una posición vista socialmente como inmoral: la del delator, la del soplón, la del que traiciona. Posición que no parece coincidir con su pasado de héroe militar.
Cuando el coronel decide asistir a la asamblea acompañando a Charlie, está representando la figura paterna, y aquí nuevamente podemos intuir este deseo de ser…ser un padre. Aquí dejamos de considerar que se trate de un saber no sabido, pero sobre esta escena volveremos más tarde.

Con lo que respecta al circuito de RESPONSABILIDAD planteamos lo siguiente:
Tiempo 1: El coronel ha planeado un fin de semana de placeres, lujos y excentricidades, el cual culminaría con su suicidio.
Aquí la acción es el mero disfrute. El sujeto se halla inmerso en un universo del discurso que no contempla otra posibilidad que no sea la de procurarse sus placeres predilectos. Se supone que dicha acción se agota en los fines para los que fue realizada, pero esto pronto se verá confrontado con un segundo tiempo que resignificará este tiempo 1 (el cual no podrá ser borrado).
Diremos que se produce, como dice en su texto María Elena Domínguez, un cortocircuito que producirá el quiebre del universo particular de este sujeto, el cual se preguntará sobre su posición en aquel primer tiempo, se interrogará sobre ese universo ideal que verá quebrarse y caer, el cual se le presenta sin la completud con la que lo suponía. Es el momento de la interpelación, la cual exigirá siempre una respuesta.
Tiempo 2: El coronel comienza a darse cuenta de que las cosas no se están dando como él pretendía inicialmente. Intenta suicidarse (podríamos preguntarnos si es un verdadero intento de suicidio), pero Charlie aparece en la escena. Ambos se quiebran, hay tensión y lágrimas. Algo inesperado ha acontecido. Algo ha escapado a sus planes.
Este tiempo 2 ha resignificado el tiempo 1, esto produce un tiempo 3 en el cual el sujeto se reconoce situacionado en un lugar en el que no creía estar. Y es aquí donde se ubica la responsabilidad subjetiva -el efecto sujeto- es decir, una de las posibles respuestas a la interpelación inaugurada en el tiempo 2. Para Sartre el sujeto se constituye a partir de una elección que no es conciente, pero siempre hay elección, estamos condenados a elegir. Porque la pregunta exigirá una respuesta es que el sujeto no puede no responder. En este caso nuestro personaje lo hace desde la responsabilidad subjetiva, es decir un hacerse responsable que implica un cambio de posición subjetiva.
Tiempo 3: El coronel es un sujeto diferente. Se ha presentado espontáneamente a la asamblea convocada en la escuela para representar a los padres de Charlie, ha actuado conforme a su deseo. Ya no transmite odio ni busca compasión, se ha convertido en un hombre que se permite sentir. Como dice el texto de Sánchez Ayala: “encuentra la ocasión de hacer algo con su fantasma familiar”.

Con respecto a los elementos de azar y necesidad, podemos ubicar los siguientes:
Al principio del film azar sería el momento en que Charlie se detiene frente al aviso de búsqueda de una persona para cuidar a un discapacitado. Esto combinado con el hecho de que fue el único candidato en presentarse.
Necesidad la ubicamos en el las características de la situación que el estudiante encontró cuando se presentó en casa de la sobrina del coronel: éste era ciego, la familia debía ausentarse durante el fin de semana y no podían dejarlo solo. Se trata de necesidad planteada en términos situacionales (texto fariña); no está en Charlie cambiar tal situación, pero que haya sido precisamente él quien finalmente acompañó al coronel no escapa a su responsabilidad, ya que decidió aceptarlo.
Para Mosca la responsabilidad se ubica en la grieta entre necesidad y azar, allí es donde ubicamos la decisión del joven y desde ya, la del Coronel Slade.
Otro elemento de azar que ubicamos se da en la escena en que Charlie y un compañero son testigos ocasionales de la broma que otros tres alumnos están preparando para el director del colegio. Nuevamente aquí se combina otro elemento azaroso, ya que ellos mismos son sorprendidos por una docente que si bien no puede en ese momento ver lo que ellos sí han visto, su declaración hará que luego sean citados e intimidados por el director. Necesidad aquí creemos que es la posición de la profesora al acusarlos frente a la autoridad escolar, ya que siendo de alguna manera parte de ella no podría actuar de otra forma.

Con respecto a la culpa, si bien no estamos seguros, podemos ubicarla en el hecho de que el coronel haya cedido a su deseo, es decir, hubo responsabilidad subjetiva a raíz de su acto. Esto, a decir de Oscar D`Amore, tiene que ser necesariamente así. La otra opción planteada por el autor es que puede haber culpa sin que advenga el sujeto. No es el caso de nuestro protagonista, ya lo hemos visto.
Si bien no logramos hallar con facilidad indicadores de culpa en el protagonista, haciendo una analogía con el caso del personaje Ibbieta, personaje del cuento de Sartre “El Muro”, podríamos ubicar la culpa en Slade en relación al planeamiento de su fin de semana rebalsado de placeres. Es decir, de la misma forma que Ibbieta sintió culpa en un segundo tiempo por haber dicho “cementerio” creyendo que favorecía la llegada de su muerte, el Coronel Slade sentiría culpa por el planeamiento en sí y realización de la cena, el tango, la Ferrari, el sexo, etc.; ya que todo esto supuestamente, al igual que en Ibbieta y aquí un punto en común con el mismo, también favorecía su muerte dado que pensaba culminar su plan con el suicidio. En ambos casos, los protagonistas se encuentran ante un acontecimiento que da cuenta de que algo de lo que venían planeando no funcionó. En un primer tiempo (decir cementerio o planear un fin de semana hedónico) su decisión no contemplaba conciencia acerca del verdadero motivo, es decir del deseo inconciente que subyacía a tal elección. En el caso de Slade, todos esos planes eran contradictorios en sí mismos, ya que si bien eran previa de su muerte, el plan en sí fue lo que permitió el acercamiento a Charlie lo que terminó dando por resultado una posibilidad y un motivo de vivir, de continuar con su vida. Podríamos plantear que esos planes que terminaban con la muerte, estaban motivados por el deseo de vivir, pero no solo de vivir y durar, sino el deseo de paternidad, de hacer algo con su posición subjetiva frente a una familia, posición que se vio alterada por la resignificación del tiempo 1 apoyada en la interpelación en el tiempo 2, ante el acontecimiento que resultaba inesperado para el protagonista.

Bibliografía:

• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Etica: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Alemán, J. (2003). Notas sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
• D’ Amore, O. Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Volumen I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Domínguez M. E. Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Volumen I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Sartre, J. P. El existencialismo es un humanismo. Escritos polémicos.



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