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¡Silencio! Una lectura de persona, de Bergman
por Marafioti, Julieta
Título original: Persona

Ingmar Bergman / Suecia / 1966

Cinematografía

Persona es una película dirigida por Ingmar Bergman que se estrena en 1966. Bergman (1970) cuenta que el primer título que había pensado para la película era “Cinematografía”. Este título decepcionó al productor, por lo que empezó a buscar otros y pensó en “persona, el vocablo latino con que se designaban las máscaras en la antigüedad, los actores ocultaban el rostro. Y me di cuenta de que tenía un título particularmente adecuado, porque, finalmente, ése era el tema de mi film: las máscaras que llevan los individuos” (p.129-130) .

Creemos que el primer título del film, cinematografía, lo podemos ubicar en el encuadre de la película: en las escenas del inicio, el medio y el final. En los primeros cinco minutos de la película vemos imágenes que se suceden rápidamente. Una persecución en una película muda, un pene erecto, un clavo martillado en la palma de una mano, la autoinmolación de un monje budista, cadáveres en una morgue. Algunas imágenes van tan rápido que incluso es imposible distinguirlas. Luego, vemos a un niño delgado en una camilla de hospital, delante de él, una imagen borrosa que se transforma en la imagen del rostro de una mujer. El niño estira la mano y empieza a acariciar la imagen. A este niño no lo veremos hasta el final de la película, cuando aparece un montaje de imágenes fragmentadas (más breve que el del inicio de la película) que finaliza cuando aparece este niño y vuelve a estirar la mano para acariciar el rostro de una mujer. En la mitad de la película, en una toma del rostro de Alma, la imagen se resquebraja y se rompe. La escena siguiente ocurre como si nada hubiera pasado.

Estas escenas las podemos ver como meditaciones de Bergman sobre el cine en sí mismo. A diferencia del cine clásico, donde la cámara buscaba parecer inadvertida para el espectador, acá la cámara participa como intermediario. En estas escenas Bergman busca recordarnos que lo que estamos viendo ahí es cine, es una película. Susan Sontag (2005) en relación a estas escenas dice:

A Bergman sólo parece interesarle secundariamente la idea de que puede ser saludable para el público que le recuerden que esta presenciando una película (un artefacto, algo fabricado) y no la realidad. Más bien, Bergman proclama la complejidad de lo que se puede representar, afirma que el conocimiento profundo e intrépido de cualquier cosa terminará por ser destructivo (p.217).

Coincidimos con Sontag en que Bergman en estas escenas nos muestra la complejidad de lo que se puede representar y lo destructivo que puede llegar a ser el conocimiento, pero consideramos que esta idea recorre toda la película, no sólo el encuadre (las escenas del inicio, el medio y el final).

Persona

Luego de la introducción, vemos a una enfermera, Alma, ingresar al consultorio de una doctora, quien le dice que le comentará la situación de una paciente de la que deberá ocuparse: Elizabeth Vogler.

Elizabeth es una actriz que interrumpe una función de Electra y mira a su alrededor con estupor durante un minuto. Luego continúa con la escena y al día siguiente la llaman de la compañía de teatro para saber si se olvidó del ensayo, pero la encuentran en su cama en un estado de mutismo. Cuando va al hospital psiquiátrico lleva tres meses muda y ha pasado por múltiples exámenes que revelan que se encuentra sana de cuerpo y mente. La médica aclara que tampoco se trata de una reacción histérica. Esta escena arranca con Alma de cuerpo entero y la cámara se acerca hasta llegar a un primer plano del rostro de Alma mientras le cuentan sobre su futura paciente.

Alma va a ver a Elizabeth y se presenta diciendo que tiene 25 años, está comprometida, sus padres tienen una granja y su madre también fue enfermera antes de casarse. Cuando sale de la habitación la médica le pregunta cuál es su primera impresión y ella dice que al principio le pareció dulce e infantil, pero que tiene una mirada muy dura y severa, y quizás sea un caso para alguien más experimentado que ella. En todas estas escenas la cámara filma primeros planos del rostro de Alma. Bergman (1970) sostiene:

Hay muchos realizadores que se olvidan que el rostro humano es el punto de partida de nuestro trabajo (…) debemos también recordar que el más bello medio de expresión del actor es su mirada. El primer plano objetivamente compuesto, perfectamente dirigido y actuado, es el medio más poderoso de que dispone el cineasta para influir sobre su público (p.8).

Dijimos anteriormente que ser persona implica tener una máscara. En Persona ambas mujeres lucen máscaras, la de Elizabeth es el silencio y la de Alma es la vida normal. En el transcurso de la película veremos cómo ambas máscaras se conmueven.

El silencio de Elizabeth

Un interrogante recorre todo el film: ¿por qué calla Elizabeth?

Hay una escena en la que la psiquiatra busca comprender esto. Siguiendo a Jaspers (1910) podemos decir que la vida anímica puede considerarse de dos maneras: o comprendemos al otro, buscamos ponernos adentro del otro y consideramos los elementos de los fenómenos psíquicos en su relación; o captamos del modo en que lo hacemos en el mundo físico, como si hubiera un trasfondo objetivo.

Creemos que la psiquiatra se ubica en la primera posición, trata de comprender, cuando dice que entiende el “sueño de ser, no de actuar, sino de ser (…) Ese abismo entre lo que eres ante los otros y lo que eres en ti misma (…) El papel de esposa, el papel de camarada, el papel de madre, el papel de amante, ¿cuál es el peor? ¿cuál te ha hecho sufrir más? (…) ¿Por dónde se rompió todo eso? ¿Dónde fallaste? ¿El papel de madre es el que te venció? Porque no era el papel de Electra. (…) Uno puede inmovilizarse. Enmudecer. Así ya no se puede mentir. (…) Considero que debes continuar haciendo este papel hasta que ya no lo encuentres interesante”.

La psiquiatra busca comprender porqué calla Elizabeth racionalmente, mediante una restitución de motivaciones, siguiendo una lógica. Finalmente, le dice que no tiene sentido que permanezca en el hospital, que la naturaleza es un buen médico y, como sabe que no quiere volver a su casa, puede ir con Alma a su casa en la playa.

A partir de aquí la película es la convivencia de Alma y Elizabeth en la casa de la playa. Asistimos al diálogo entre una voz y un silencio.

La actriz crea un vacío con su silencio. Alma habla sin cesar, como si quisiera demostrar que el habla es inofensiva. En un momento le dice a Elizabeth que es la primer persona que la escucha, que se siente tan bien por poder hablar y que en su vida nunca nadie se tomó el trabajo de escucharla. Podríamos preguntarnos qué le hace pensar que Elizabeth la escucha.

Elizabeth se mantiene en silencio y le escribe una carta a la doctora donde le dice que nota que Alma le ha tomado cariño, que incluso se ha enamorado de ella inconcientemente, y que para ella es una alegría vivir aislada, que le gustaría vivir siempre así.

Sontag (2005) sostiene que Bergman deja que el público interprete de diversas formas la mudez de Elizabeth: como una crisis mental involuntaria y como una decisión moral voluntaria. Y considera que la disertación de la psiquiatra no es clave. En este sentido, Sontag (2005) dice que

Al situar este parlamento tan cerca del comienzo de la película (…) y al no volver a referirse explícitamente a esta explicación, Bergman ha tomado en consideración a la psicología y al mismo tiempo se ha desentendido de ella. Sin descartar la explicación psicológica, relega a un lugar secundario cualquier consideración acerca del papel que desempeñan en la acción los motivos de la actriz (p.203)

Sontag (2005) sostiene que en las narraciones tradicionales se suministra al espectador información completa, mientras que en las nuevas narrativas, entre las que cuenta a Persona, se frustra deliberadamente el deseo de saber del espectador. Consideramos que Bergman no busca frustrar el deseo de saber del espectador, si no mostrar que es imposible saberlo todo, dado que hay un significado que está perdido y al que el artista tampoco tiene acceso.

El silencio como acto

Ariel (2012) conceptualiza al silencio como lo más propio del sujeto. Plantea que la responsabilidad es la habilidad para responder y que el sujeto es responsable por cómo responde, por su acto. Sostiene que uno puede dormir en los signos de un guión ajeno o despertar y escribir la propia historia. Afirma que lo moral, lo religioso, lo jurídico, todo suena, y propone que el silencio posibilita lo propio, permite el pasaje de creado a creador.

Ariel (2012) dice

Si todo eso suena, la única posibilidad de lo propio es el silencio. Cuando yo soy silencio, cuando no soy ni la palabra que me nombra, ni el grito que me calla, ni la mano que me acaricia, ni el pan que me alimenta, ni el destino que me contaron. Cuando yo no soy todo eso, yo soy silencio (p. 103).

Elizabeth es una actriz bella, exitosa y tiene una familia que la quiere. ¿Por qué calla? Tomando el planteo de Ariel, podemos pensar que el silencio es un recurso frente a la pereza de la existencia. Elizabeth venía viviendo acorde a un guión ajeno, por lo que el silencio en el que la encontramos en la película sería un despertar. Elizabeth está muda porque se autorizó a hacerse preguntas.

En oposición podemos ubicar la posición en la que se encuentra Alma al principio de la película. Decíamos que el silencio posibilita las preguntas y creemos que justamente por eso Alma no para de hablar.

Es muy ilustrativa la escena en la que está poniéndose crema en la cara antes de dormir y da un monólogo frente a la cámara en el que dice que todo está decidido para ella, que se casará con su prometido, tendrán hijos, los criará y que no tener que pensar nada al respecto le da mucha seguridad. Luego parece que va a cuestionarse algo porque dice “por otro lado…”, pero se repite que “es bueno, es bueno” y se acuesta a dormir.

En la casa de la playa Alma no para de hablar, asocia libremente, dice cuánto quiere a su prometido y que le es fiel y, de pronto, confiesa una aventura que tuvo en una playa desierta, una orgía improvisada, y dice que “lo más cruel de todo era el placer físico que yo sentía”. Luego dice que cuando volvió a la casa fue a la cama con su prometido, “esa noche entendí lo bonito que era darse por amor”. Finalmente, confiesa que quedó embarazada y su novio lo tomó a mal porque no quería niños, pero por suerte el embarazo se frustró.

Alma se mostraba bajo la máscara de la vida normal, a partir de este momento vemos cómo ese lugar de normalidad en el que estaba tan cómoda empieza a resquebrajarse. En esta escena se produce un punto de inflexión en el personaje de Alma porque dice verdades de las que es imposible desdecirse. Podemos pensar entonces que no sólo el silencio posibilita las preguntas, Alma nos muestra cómo el lenguaje puede traicionarnos, cómo por hablar podemos decir verdades de las que será imposible desdecirnos.

¿Intercambio de identidades?

Durante todo el tiempo que pasan en la playa, Elizabeth se niega a hablar. Cuando Alma lee la carta que Elizabeth le escribió a la doctora, se siente traicionada. A partir de ese momento quiere que Elizabeth hable como sea. En una escena vemos que la amenaza con una olla de agua hirviendo. En otra escena rompe un vaso y deja los vidrios rotos en el piso.

Sontag (2005) plantea que hay un consenso entre los críticos en plantear que a lo largo de la película se produce un intercambio de identidades entre las protagonistas. Alma se debilita y asume los problemas de su paciente, mientras que Elizabeth recupera el habla y vuelve a su vida anterior. Sin embargo, para la autora en el film no hay elementos suficientes que justifiquen esta versión dado que hay numerosas escenas en las que no hay elementos que nos permitan considerarlas reales.

Hay una escena en la que una noche Elizabeth entra al cuarto de Alma y le acaricia el pelo. Al día siguiente, Alma le pregunta si estuvo en su habitación y Elizabeth responde negando con la cabeza. ¿Por qué mentiría Elizabeth? ¿Esta escena es una fantasía de Alma?

En otra escena vemos que un hombre de mediana edad va a la casa de la playa, se acerca a Alma y la llama Elizabeth. Al principio ella se resiste, pero finalmente cede, le dice “sí, soy Elizabeth” y se acuesta con él. Durante la escena Elizabeth está a pocos centímetros de distancia. Luego vemos a las dos mujeres juntas, como si nada hubiera pasado. ¿Cómo interpretar esta escena? ¿El marido de Elizabeth realmente se equivoca y confunde a Alma con su esposa? ¿Es una fantasía de Alma, que está cada vez más identificada con Elizabeth?

Sontag (2005) explica que:

La exigüidad de las pistas que aporta Bergman debe interpretarse como un testimonio de que éste se ha propuesto conservar en parte la naturaleza cifrada de su película. El espectador sólo puede encaminarse hacia la certidumbre sobre la acción, pero sin alcanzarla jamás (p.200)

¿Qué es realidad y qué es fantasía en la película? Bergman no da indicios, no muestra diferencias entre las escenas reales y las fantasías de los personajes.

El silencio frente a lo real

En una de las primeras escenas de la película, cuando Elizabeth está todavía en la clínica, mira en un noticiero de la televisión cómo un hombre se prende fuego a sí mismo en una ciudad en el contexto de la guerra de Vietnam. En una escena más cercana al final de la película la vemos mirar la foto de un niño del gueto de Varsovia.

Estas imágenes remiten a algunos de los momentos más traumáticos de la historia del Siglo XX, dan cuenta de la violencia, el horror y la crueldad de que somos capaces los seres humanos.

Una de las definiciones que da Lacan de lo real es lo imposible de soportar. Cuando lo real se presenta sin velo, como en estas escenas, angustia. Lacan dice que la angustia es el afecto de todo encuentro con lo real y que es el único afecto que no engaña.

Colette Soler (1998) llama discursos pantalla a los discursos que logran hacer de pantalla a lo real. Son discursos consistentes que permiten poner distancia frente a lo real, permiten que los sujetos estemos protegidos frente a los traumas. Cuando los discursos pierden su consistencia, cuando las pantallas se agujerean, hay traumatismo. El sujeto se encuentra frente a un real sin sentido.

Soler (1998) sostiene que el trauma tiene dos componentes: el golpe de lo real y las secuelas. El golpe de lo real es la forclusión, es un real que se presenta sin poder ser procesado por la maquinaria simbólica con la que cuenta el sujeto, no tiene su correspondiente en el discurso. Las secuelas refieren a las repercusiones subjetivas, cómo el sujeto lo toma.

Podríamos pensar que Elizabeth se queda en silencio porque todavía no ha logrado desarrollar un discurso que le permita dar sentido a lo real, poner una distancia. Desde esta lectura, el silencio de Elizabeth da cuenta de una falta de recursos, de una imposibilidad para tramitar lo real.

Conclusiones

Persona es un film sumamente rico que puede ser analizado desde múltiples perspectivas. En este trabajo vimos que ser persona implica tener una máscara y ubicamos cómo a lo largo del film se conmueven las máscaras de las dos protagonistas. En Elizabeth la máscara es el silencio y en Alma, la vida normal.

Como eje de nuestro trabajo, nos propusimos pensar porqué calla Elizabeth y encontramos que su silencio puede ser leído de dos maneras. Podemos pensarlo como un recurso con el que cuenta Elizabeth, dado que le permite hacerse preguntas para construir sus propias ideas y dejar de vivir respondiendo a un guión ajeno. También podemos pensar el silencio de Elizabeth como una imposibilidad frente a lo real, como una falta de recursos para tramitar lo real mediante lo simbólico. Ambas lecturas son válidas y creemos que sería poco fiel al espíritu de la película proponer interpretaciones cerradas.

Sontag (2005) sostiene que “Persona no es sólo una representación de los intercambios entre los dos personajes, Alma y Elizabeth, sino también una meditación acerca de la película que versa “sobre” ellas (p.211)”.

Bergman nos muestra en esta película la complejidad de lo que se puede representar, nos enseña que no se puede tener todo el saber dado que no todo puede ponerse en palabras y hay un saber al que el artista tampoco tiene acceso.

Bibliografia

Ariel, A. (2012). La responsabilidad ante el aborto. (Bio)ética y cine. Letra Viva. Argentina.

Bergman, I.(1970) Persona, Ediciones ERA, México.

Jaspers, K. (1963) Escritos psicopatológicos. Gredos. España

Soler, C (1998). El trauma. Conferencia en el Hospital Alvarez el 15-12-98.

Sontag, S. (2005). Persona de Bergman. Estilos radicales. Suma de letras


NOTAS





Comentarios

Mensaje de María Laura Aranart  » 11 de septiembre de 2016 » mlaranart@arnet.com.ar 

Leyendo el análisis de este film, acuerdo con la idea de no acotar la interpretación a una sola posibilidad. Bergman no deja librado al azar, el azar que lo es tan poco, ningún elemento de sus películas. Sin embargo, creo que la segunda de las hipótesis planteadas en la conclusión es la que tiene más peso.
Todas las imágenes del comienzo de la película se pueden pensar como una invasión de reales. Son apuballantes y la sucesión y la velocidad con que son proyectadas definitivamente mueve a la angustia como punto de encuentro en el que no hay significante como posibilidad de engaño.
En esta línea, no es un dato de menor importancia que Elizabeth queda muda representando Electra cuyo tema es el asesinato de la madre, Clitemnestra, quien a su vez ha matado a su marido y padre de Electra, Agamenón. Encuentro con lo ominoso sin lugar a dudas. Aquí también hay todo un real puesto en juego.
En segundo lugar, la cita de Sontag “Persona no es sólo una representación de los intercambios entre los dos personajes, Alma y Elizabeth, sino también una meditación acerca de la película que versa “sobre”, da pleno sentido al título que Bergman había elegido en primera instancia para este film “Cinematografía”, que no fue aceptado.
Otra información que queda planteada para un futuro análisis es la intertextualidad que se produce entre las imágenes del adolescente que aparece en Persona, quien resulta ser el niño, de otra gran película de Bergman que llamativamente, se llama, El Silencio (1963), que no es sino el estado en el que cae Elizabeth.



Mensaje de Mailén  » 9 de septiembre de 2016 » myp24@hotmail.com 

Me resultó muy interesante leer el planteo que realizaste. El papel de "las mascaras"también como soporte ante lo real de la incógnita "quien soy", la respuesta con algo simbólico proveniente de un Otro o de otros, situando una lectura piscoanalítica.
Y también pensaba, como el silencio de Elizabeth y su presencia, hace que Alma hable. Y se me ocurre preguntar porqué no es lo mismo hablar frente a alguien que no dice nada o estar solo, si en ambos casos hay una no-respuesta, y cierta retórica en el hablar?

Felicitaciones por el análisis, esta muy bueno.



Mensaje de Daniela Prieto  » 14 de agosto de 2016 » danii.prieto@hotmail.com 

Siguiendo las afirmaciones de Alejandro Ariel acerca del silencio, al cual ubica como lo más propio del sujeto, creo que es posible pensar que a diferencia de lo que se menciona al inicio del escrito el mutismo de Elizabeth no es una máscara, sino que por el contrario es una caída de la máscara. Pero a su vez se pone en juego el hecho de que en tanto "personas" esas máscaras representan una dualidad, por un lado taponan la emergencia del sujeto, actúan como barrera a la emergencia de la angustia que genera lo real, pero a la vez nos permiten hacer lazo con el otro, porque como menciona Elizabeth, a quedar muda descubre que quiere vivir para siempre aislada.

Otro punto que me parece interesante es el de las identidades de Alma y Elizabeth, quizás no hay un intercambio en el sentido de que una pasa a ser la otra y viceversa. Quizás el director quiere mostrar que en una misma persona coexisten ambigüedades, que el yo está fragmentado, y que mientras algo nos empuja a callar y poder escribir nuestro propio guión otra parte de nuestro mismo ser nos empuja a querer tapar ese silencio y descansar en los signos del Otro, en lo ya escrito y conocido.



Mensaje de K  » 12 de agosto de 2016 » karinandrovich@hotmail.com 

Me quedo pensando, según las conclusiones del texto, si ese soportar lo real sin poder tramitarlo desde lo simbólico de Elizabeth (su silencio) pueda ser visto como una posibilidad en sí misma, bastante poco considerada y estudiada.

El personaje parece contradecir (en su rostro, sus ojos, su actitud, etc) la imposibilidad de soportar lo real que Lacan afirma como sentencia. El personaje de Elizabeth sugiere contar con esa posibilidad, que creo hace de ella una mujer enigmática y con esto la película puede ser leída desde el intento de ofrecer una apuesta que encarne lo enigmático de lo femenino en acción.

Muchas gracias y un placer encontrar este trabajo.





 

 
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