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La vergüenza de ser madre soltera

por Icart Isern, Carmen, Icart Isern, Teresa

El objetivo de este texto es analizar la película Philomena (S. Frears, 2013) [1], basada en hechos reales, como punto de partida para estudiar y explicar una situación que afectó a un número aún indeterminado de jóvenes irlandesas que concibieron fuera del matrimonio. Los sucesos ocurrieron en instituciones controladas por la Iglesia Católica en el joven estado de Irlanda entre 1920 y 1996.

Philomena, al igual que Las Hermanas de la Magdalena (P. Mullan, 2002) es un largometraje basado en la realidad vivida y sufrida por jóvenes cuyos embarazos fueron el resultado de relaciones sexuales a veces consentidas, otras forzadas (violaciones, incesto, etc.), pero en todos los casos estigmatizadas por una sociedad donde imperaba el orden moral impuesto por la Iglesia Católica que consideraba las relaciones prematrimoniales como un crimen que debía ser castigado.

A continuación se presenta el argumento de la película, su relación con la realidad, una reflexión sobre el contexto social en que tiene lugar la historia de Philomena Lee y sus actuales implicaciones éticas y sociales.
El argumento de Philomena (S. Frears, 2013): de la realidad a la ficción
La historia se inicia cuando una mujer de unos 30 años se entera por boca de su propia madre que ésta había tenido un hijo de soltera el cual fue dado en adopción a la edad de tres años. Este hecho había sido el secreto de Philomena Lee hasta la Navidad de 2004.

A principios de 2005, la hija de Philomena pide al periodista Martin Sixsmith, especializado en temas políticos, que intente averiguar el paradero de su hermanastro. Cuando Sixsmith entrevista a Philomena ésta le explica que había dado a luz a un niño, el 5 de julio de 1952, en un convento en Roscrea (condado de Tipperary, Irlanda). Entonces tenía 18 años y acababa de dejar la escuela de monjas a la que su padre la había enviado a los seis años, después de la muerte de su madre. Philomena afirma que, la noche en que mantuvo relaciones con un joven que acababa de conocer en la Feria del condado, “No sabía de dónde venían los bebes”.

Cuando el embarazo fue evidente su familia la envío a las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y María. A su ingreso todas las futuras madres, al igual que Philomena Lee, debían firmar un documento en el que se comprometían a: “Nunca intentar ver, interferir o hacer cualquier reclamación sobre su hijo en el futuro”. Después del nacimiento de su bebé, Anthony, la Superiora amenazó a Filomena con la “condena eterna”, si alguna vez mencionaba su "secreto". Philomena permaneció en silencio durante más de medio siglo ya que la vergüenza por su pecado, le impedía explicar lo sucedido: "Durante toda mi vida no pude decírselo a nadie. Estábamos tan intimidadas por el pecado. Era algo horrible tener un hijo fuera del matrimonio...”.

Aunque intentó negarse a firmar el documento de adopción acabó cediendo a la presión de la Superiora. La entrevistada recuerda el domingo próximo a la Navidad de 1955, en el que Anthony partió con su familia adoptiva, sin que ella le pudiera despedir.

Poco después, el padre de Philomena se desentendió completamente de su hija. La profunda vergüenza que sentía por la conducta de la joven le llevó a decir a sus hermanas que ignoraba su paradero. Del convento la enviaron a trabajar a una institución para niños delincuentes, en Liverpool.

Philomena se formó como enfermera, se casó en 1959 y tuvo dos hijas pero nunca habló de Anthony hasta la Navidad de 2004. En la película describe a su hijo como: "Un pequeño encantador, amable, tranquilo” al que nunca olvidó y del que perdió toda pista a pesar de sus intentos para localizarlo. En efecto, Philomena regresó al convento de Roscrea varias veces entre 1956 y 1989 y pidió a las Hermanas que le ayudaran a localizar a Anthony, pero éstas se negaron recordándole la firma de su compromiso por el que renunciaba a obtener cualquier información sobre su hijo.

Cuando Sixsmith accede a buscar a Anthony, solo sabe la fecha y el lugar de nacimiento y que sus padres adoptivos le había sido llevado a los EEUU donde le habrían dado otro nombre.

Doc y Marge Hess de St. Louis (Missouri, EEUU), cumplían con los criterios de adopción fijados por el Arzobispo McQuaid, eran buenos católicos, y además el hermano de Marge era obispo. Los Hess ya tenían tres hijos, pero querían una hija. Sixsmith relata que, en el curso de su investigación, obtuvo los diarios de Marge Hess quien escribió que en agosto de 1955 viajó a Irlanda donde entró en contacto con la institución católica donde vivía la madre y la niña que quería adoptar. En su diario describe sus primeras impresiones sobre Mary McDonald, una niña tímida de tres años, que le fue ofrecida por la Superiora del convento de Roscrea.

La forma en que se produjo la adopción de Anthony no deja de ser curiosa. Según cuenta Marge Hess, cuando fue a recoger a su nueva hija a la guardería del convento, un pequeño en pantalones bombachos, corrió hacia ella y le dio un beso. Inmediatamente se enamoró del pequeño, así que esa noche llamó a su esposo para pedirle su consentimiento y así poder regresar a St. Louis con dos niños en lugar de uno.

Esa muestra espontánea de afecto de Anthony hacia Marge cambió su vida. A finales de 1955, él y Mary partieron rumbo a otro continente y con nuevas identidades. Anthony recibió el nombre de Michael Hess, era un joven atractivo, adquirió una buena educación y triunfó como abogado. Pero le atormentaban vagos recuerdos de sus primeros tres años en Irlanda, así como el anhelo de encontrar a su madre. Separados por el destino, madre e hijo pasaron décadas buscándose pero sus intentos se vieron frustrados por la negativa de las Hermanas a revelar cualquier información que facilitara el deseado reencuentro.
Sixsmith viajó a los EEUU donde averiguó que Michael fue miembro del Comité Nacional del Partido Republicano, participó en la planificación de las estrategias electorales y en la implementación de reformas que ayudaron a los republicanos a permanecer en el poder durante una década. Cuando George Bush padre llegó a Presidente, eligió a Hess como su principal asesor legal.

Pero Michael Hess era gay y se veía forzado a ocultar su sexualidad a un partido totalmente homofóbico. Se sentía frustrado por su doble vida en la que como profesional debía afianzar en el poder a quienes combatían a sus amigos y amantes, uno de los cuales se inmoló al ser rechazado por Michael. Su madre adoptiva le quería, al igual que Mary, la niña que junto a él fue llevada a los EEUU, pero su padre adoptivo y sus hermanos le rechazaban por su homosexualidad.

Anthony/ Michael volvió a Roscrea, primero en 1977 y nuevamente en 1993, en ambas ocasiones suplicó a las Hermanas que le dieran pistas para localizar a su madre pero éstas afirmaron que no sabían nada de ella. A su regreso a los Estados Unidos, se sumió en el alcohol y las drogas; finalmente contrajo el SIDA y fue expulsado del Partido Republicano, acabando así su carrera política. Su estado de salud fue deteriorándose y temiendo el final de su vida, Hess y su compañero sentimental regresaron a Roscrea en 1993. Allí intentaron conmover a las Hermanas explicándoles que seguramente sería la última oportunidad para reencontrarse con su madre, pero las monjas se mantuvieron firmes en su negativa. Cabe destacar que sus tías vivían a pocos kilómetros del Convento.

En su desesperación, Michael pidió a la Superiora ser enterrado en el cementerio del convento donde la inscripción sobre la lápida quizás podría ayudar a su madre a localizar su cuerpo. Esto sucedió en 2009 cuando Philomena tenía 65 años.

Los obituarios publicados en periódicos estadounidenses, los archivos de la iglesia, los registros de varias Universidades americanas y fuentes del partido Republicano permitieron a Sixsmith recomponer la historia de Anthony que falleció en 1995. Esta historia sería similar a la de otras madres solteras y sus "huérfanos", cuyas vidas cambiaron para siempre por la codicia y la hipocresía de la iglesia y del estado irlandés. Al igual que Michael, otros hombres y mujeres buscan su identidad a través de sus madres biológicas.

Una reflexión sobre el contexto social de Philomena

Durante el siglo pasado, tal era el poder de la Iglesia Católica que el Estado Irlandes se plegó a las demandas del Arzobispo John Charles McQuaid, entregando la custodia de las madres solteras, y de sus bebés, a las monjas que dirigían diferentes instituciones. No se trataba sólo de una cuestión de pecado y moralidad, sino de libras, chelines y peniques. En los años en que Philomena dio a luz, el Gobierno irlandés pagaba a la Iglesia Católica una libra por semana para cada mujer a su cuidado y dos chelines y seis peniques por cada bebé.

Durante el tiempo que las jóvenes permanecían en los centros trabajaban sin percibir ninguna remuneración, y en régimen de semi esclavitud, en las cocinas, invernaderos y lavanderías o haciendo rosarios y objetos religiosos, mientras que la iglesia se beneficiaba de las ganancias de su trabajo. Se les decía que el dinero obtenido servía para pagar los gastos derivados de su manutención y la de sus hijos, sin mencionar que el gobierno pagaba un estipendio a las Hermanas por cada joven acogida y por su bebe.

Incluso más cruel que las condiciones laborales era el hecho de que las madres tenían que cuidar a sus hijos, desarrollando vínculos afectivos con los que debían acabar en el momento de la adopción, que solía producirse en los primeros tres años. Dicho documento era entregado y custodiado por la Superiora de Sean Ross Abbey quien disponía libremente de los menores que eran entregados en adopción a cualquier persona que considera adecuada, dentro o fuera del país.
Después del parto las jóvenes podían abandonar el convento previo pago de 100 libras. Dado que en la mayoría de casos no disponían de dicha cantidad, se veían obligadas a permanecer tres o cuatro años en el convento, periodo en el que su hijo sería adoptado.

Desde el final de la II Guerra Mundial hasta la década de los 70, la Iglesia irlandesa consideraba que las criaturas nacidas en las instituciones a su cargo, también eran de su propiedad. Con o sin el consentimiento de sus madres, cientos de bebés fueron comprados por parejas estadounidenses que pagaron "donaciones" a las monjas. La única condición que estableció el arzobispo McQuaid era que las familias de adopción fueran católicos practicantes.

Sixsmith calcula que por cada adopción se pagaban entre 2.000 y 3.000 dólares, una cifra importante en 1955. Otro periodista, Mike Milotte, autor del libro, Banished Babies: The Secret History of Ireland’s Baby Export Business (New Island Book, 1997), afirma que una de las monjas involucradas en las adopciones, Sor Hildegarde, poco antes de morir admitió haber destruido documentos referentes a las donaciones recibidas de familias estadounidenses. La religiosa también afirmó que esa era la principal fuente de financiación para el convento. Milotte estima que unos 2.000 bebés de madres solteras fueron “exportados a América a través de un sistema de adopción secreto”.

Cuando algunas décadas más tarde corrieron los primeros rumores sobre el papel de la Iglesia, gran parte de la documentación incriminatoria había desaparecido en circunstancias inexplicables, y aún hoy la Iglesia guarda celosamente los archivos de adopción. Sixsmith tardó casi cinco años en seguir algunas pistas y obtener, a través del registro de pasaportes, información sobre el destino de Anthony Lee.
La mayoría de familias que adoptaba a los menores (“huérfanos”), eran estadounidenses. Algunas no podían concebir hijos propios y se inclinaban por Irlanda debido a las facilidades que encontraban en un país pobre, católico y anglosajón. Desde sectores radicales de la Iglesia Católica se ha intentado desagraviar a las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y María alegando que jóvenes como Philomena no tenían otras alternativas en la Irlanda de mediados del siglo XX. Admitiendo cierta parte de verdad cabe preguntarse, qué motivaba a las religiosas a privar a las jóvenes de cualquier medida que aliviara el dolor del parto, por qué reducían el contacto de las madres con sus hijos a una sola hora diaria, por qué las sometían a jornadas agotadoras, y sobre todo por qué ese empeño, décadas después de los sucesos, en negar toda información que facilitara el reencuentro madre-hijo, cuando ambas partes lo deseaban.

La pobreza fue sin duda un factor crucial que también padecían las Hermanas. Muchas provenían de familias con escasos recursos que enviaban a sus hijas adolescentes a un convento porque no podían alimentarlas. Las Hermanas, muchas analfabetas, quizás sentían envidia, hacia unas jóvenes que habían gozado de una mayor libertad y que conocían la experiencia de la maternidad que les había sido vetada/arrebata por quien hubiera decidido su ingreso en la Orden.
Implicaciones éticas y sociales

El tabú del sexo, asociado al placer (sobre todo al que podía sentir la mujer) era la obsesión de una Iglesia Católica preocupada por el sometimiento al orden patriarcal que tanto beneficiaba a sus intereses materiales.

Las religiones aparecen como garantes, junto a los ejércitos, de un sistema que otorga el poder y su mantenimiento, a unas élites. En el caso de las religiones, la élite explota los miedos humanos (la muerte, las pérdidas) ideologizando, ya desde la infancia, en una suerte de violencia psíquica. Por su parte, la élite militar emplea el miedo a la fuerza, o sea la violencia física.

En ambos casos el miedo al castigo, divino o humano, puede actuar autoreprimiendo el ejercicio de la libertad que, seguramente, sería la tendencia del ser humano no adoctrinado por los creadores de la mayoría de los ismos para su propio beneficio. En ese sentido, la educación y un análisis crítico deberían tener un papel clave. Lamentablemente es difícil concebir y aplicar una educación libre, no coercitiva, y que promueva el respeto a lo auténticamente respetable, no a la barbarie de un pater potestas (familia, religión, estado, ejército…) que impone la intolerancia a todo lo disidente o diferente.
En enero de 2014 una delegación del Vaticano, compareció ante el Comité para la Defensa del Niño, en Ginebra. Los 18 miembros que componen dicho Comité y tras ocho horas de deliberación difundieron un comunicado que, además de denunciar los casos de pederastia que la Santa Sede ha ocultado durante años, también se la hacía responsable por el robo de miles de recién nacidos para darlos en adopción, destacando dos países, España e Irlanda. La primera reacción del Vaticano al informe de la ONU, fue un comunicado en el que afirma que estudiará minuciosamente las críticas vertidas en ese documento, al tiempo que denuncia que: “En algunos puntos hay un intento de interferir en las enseñanzas de la Iglesia”.

A sus sesenta y cinco años Philomena visitó por primera vez la tumba de su hijo y ante ella se mostró tranquila y en paz. No obstante se culpa por lo sucedido sobre todo, por haber cedido su hijo en adopción y haber ocultado ese episodio de su vida durante tanto tiempo. Philomena Lee se lamenta por no haber mencionado un hecho que con total seguridad afecta a otras muchas mujeres de su generación. ("Es el lamento más grande de mi vida y tengo que soportarlo. Es mi culpa y ahora es mi aflicción").

En junio de 2014, Philomena Lee dio una rueda de prensa después de ser recibida por el Papa Francisco en el Vaticano, le acompañaba el actor y coguionista de la película, Steve Coogan. La Sra Lee, con casi setenta años, dice que se sintió “honrada” en su encuentro con el Papa, también manifestó que ya no tiene «rencor» hacia la Iglesia católica: “No habría podido vivir con el rencor durante 62 años”. También afirmó que al principio se sintió “herida”, “triste”, “enojada”, pero que después de su breve entrevista con el Papa, se sintió finalmente liberada: “Sentí que ya no debía sentirme culpable”.

Philomena no responsabiliza al Vaticano por lo sucedido durante su juventud. Recuerda que su trabajo como enfermera en un hospital psiquiátrico, y el contacto con el sufrimiento y el dolor de tantas personas, un dolor que considera incluso peor que el suyo, le hizo dejar un poco de lado su propio sufrimiento.

La investigación de Sixsmith ha permitido conocer una vergonzosa operación de venta de niños en Irlanda. Fue un negocio que se extendió durante unos veinte años y que dañó de manera irreversible la vida de miles de recién nacidos y la de sus madres, aterradas por el argumento de la culpa y el pecado.

Es incuestionable que la credibilidad de la Iglesia Católica ha quedado cuestionada. Se trata de un escándalo que azota la cúpula de la Santa Sede y que seguramente tendrá repercusión en el devenir de una institución, que durante siglos ha controlado y dominado las consciencias de una parte del mundo.

Compensaciones y desagravios

Por su parte, en junio de 2013, el Gobierno irlandés se comprometió a pagar a las supervivientes de las lavanderías de la Magdalena 30 millones de libras esterlinas (45 millones de dólares, 35millones de euros). Se estima que se beneficiarán de estas compensaciones unas 600 mujeres que además recibirán una ampliación de sus pensiones y prestaciones sanitarias. Las compensaciones van desde los 15.570 dólares (£9.000) para las mujeres que pasaron hasta tres meses en una lavandería, hasta un máximo de 135.390 dólares (£85.000) para las que estuvieron recluidas durante diez años o más. No obstante, esta compensación no la recibirá Philomena Lee ya que el convento donde estuvo recluida no era una de las lavanderías de las Hermanas de la Magdalena.

El primer asilo de la Magdalena se inauguró en Dublin en 1765 y acogía a niñas protestantes. El primer asilo católico se fundó en Cork en 1809 y poco después también se destinó a madres solteras y jóvenes con dificultades de aprendizaje. Entre 1922 y 1996 hubo 10 lavanderías en la República de Irlanda, la última ubicada en Waterford fue cerrada en 1996. Según un informe publicado en febrero de 2014, unas 10.000 mujeres habrían pasado por las lavanderías de las Hermanas de la Magdalena, entre 1922 y 1996. Las congregaciones que regentaban las lavanderías pertenecían a las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad, las Hermanas de la Misericordia, las Hermanas Religiosas de la Caridad y las Hermanas del Buen Pastor.

La conferencia de prensa que dio la Sra. Lee, fue promovida por el Philomena Project, asociación que, a partir del caso de Philomena Lee, ha pedido al gobierno irlandés que abra los archivos que contienen las historias de las madres que, durante su estancia en los conventos católicos irlandeses, fueron forzadas a dar sus hijos en adopción. No obstante es difícil localizar a las mujeres afectadas ya que a su ingreso en el convento debían abandonar su verdadero nombre y tomar otro, en el caso de Philomena pasó a llamarse Marcela. Entre ellas no establecían vínculos puesto que por su condición de madres soltera se sentían culpables.

Tampoco existe un registro exacto del número de niños dados en adopción, aunque un informe publicado en Irish Times declaró que 500 bebés dejaron Shannon (Irlanda) para ser adoptados en 1950, cifra que fue superada durante los nueve primeros meses de 1951. En octubre de ese año, 18 grupos de niños dejaron Shannon en una sola semana. Sixsmith descubrió que además del de Roscrea hubo otros conventos implicados, entre los que destacan el St Patrick’s Mother and Baby Home (Dublin), Bessborough Convent (Cork), St Peter’s (Castlepollard), Co Westmeath, and St Clare’s Baby Home (Stamullen), etc.

En 1955, la actriz de Hollywood, Jane Russel viajó a Inglaterra con la intención de adoptar a un niño. Sin rodeos declaró a los periodistas, que: "... la ley inglesa no me permitirá llevarme un niño al extranjero, así que me han aconsejado intentarlo en Irlanda...Tengo la intención de volar a Dublín esta semana para elegir a un niño y realizar todos los trámites para traerlo a América”. Finalmente adoptó a un niño de Galway llamado Tommy Kavanagh, y esta historia de la vida real fue la inspiración para una secuencia de la película Philomena, donde Steve Coogan observa una fotografía de la actriz que aparece colgada en la pared del salón de las monjas.

Probablemente, en todos sus años como periodista, Sixsmith nunca imaginó que lo dolorosa historia personal de una mujer en el ocaso de su vida podía terminar siendo su obra mayor. Y lo es porque desde la salid del libro y sobre todo desde el estreno de la película, cientos de mujeres como Philomena en todo el Reino Unido se animaron a terminar con un pasado de secretos y mentiras para poder, por primera vez, contar su historia.

En todo caso, el mérito de Sixsmith es rescatar un episodio de la historia reciente y ayuda a comprender que la pobreza material y moral es un problema que trasciende al individuo y se extiende a las instituciones responsables de la educación y formación de las personas.

Referencias

Agencia EFE. Fosa con esqueletos aviva polémica de abusos de Iglesia irlandesa (4 de junio de 2014). Disponible en: http://www.ultimahora.com/fosa-esqueletos-aviva-polemica-abusos-iglesia-irlandesa-n800702.html

Colaboradores de Wikipedia. Philomena [Internet]. Wikipedia, La enciclopedia libre; 2014 may 26 [citado 2014 jun 9]. Disponible en: http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Philomena&oldid=74638153.

Scaramuzzi I. Philomena Lee: «Al encontrarme con el Papa me liberé de la vergüenza». Disponible en: http://vaticaninsider.lastampa.it/es/reportajes-y-entrevistas/dettagliospain/articolo/philomena-lee-31866/

The Philomena Project. Disponible en: http://thephilomenaproject.org/

Magdalene laundries support scheme unveiled. Disponible en: http://www.bbc.com/news/world-europe-23064112

Bernstein J. "Searching for Philomena’s Real Son". The New York Times. Disponible en: http://www.nytimes.com/2014/01/12/fashion/Philomena-True-Story-Michael-Hess.html?_r=0

El Papa recibió a Philomena Lee, protagonista de un film que se estrena en Argentina. Disponible en: http://www.lanueva.com/Aplausos-/746361/el-papa-recibio-a-philomena-lee--protagonista-de-un-film-que-se-estrena-en-argentina.html

Joyce K. ‘Philomena’ Reminds Us That the ‘Baby Scoop Era’ Affected Millions. Disponible en: http://rhrealitycheck.org/article/2014/02/03/philomena-reminds-us-baby-scoop-era-affected-millions/

Sixsmith M. How I helped Philomena track down her son sold by cruel nuns: It’s the film about a toddler torn from his mother that is reducing grown men to tears... but the REAL story will haunt you forever. Disponible en: http://www.dailymail.co.uk/news/article-2495391/How-I-helped-Philomena-track-son-sold-cruel-nuns-Its-film-toddler-torn-mother-reducing-grown-men-tears--REAL-story-haunt-forever.htm



NOTAS

[1Ficha técnica y artística. Dirección: Stephen Frears. Producción Gabrielle Tan, Steve Coogan, Tracey Seaward. Guión Steve Coogan y Jeff Pope, basada en la novella: The lost child of Philomena Lee de Martin Sixsmith. Música: Alexandre Desplat y Naomi Donne. Fotografía: Robbie Ryan. Montaje: Valerio Bonelli. Protagonistas: Judi Dench (Philomena), Steve Coogan (Martin Sixsmith), Sophie Kennedy Clark (Young Philomena), Barbara Jefford (Sister Hildegarde), Ruth McCabe (Mother Barbara), Peter Hermann (Pete Olsson) y Sean Mahon (Michael). Premios obtenidos: 24 y 41 nominaciones.





COMENTARIOS

Mensaje de DEBORA HOFMAN  » 31 de octubre de 2014 » hofmandebora@gmail.com 

Muy buena información.



Mensaje de Elina Ioan  » 25 de octubre de 2014 » elinaioan@yahoo.com.ar 

El análisis de la película Philomena da cuenta de lo perverso e hipócrita que es el sistema religioso: en nombre de la misericordia llevan a cabo atrocidades filiatorias que dejan secuelas que también de algún modo "tallan" la subjetividad de Philomena y su lugar en el mundo.

Podría decirse que las monjas ubican en lugar de objeto a las jóvenes madres solteras en connivencia con la iglesia. El único objetivo es el de sostener la hipocresía de la iglesia a expensas de estas jóvenes madres.

Una vez más se puede observar en este film un sistema perverso sostenido por sujetos perversos.



Mensaje de   » 15 de septiembre de 2014 » viviana_rocca@hotmail.com 

Es muy interesante el recorrido que a partir de la pelicula Philomena realizas, ya que hace notorio la asociación entre política y religión como estandartes de poder subjetivo, económico y social.
Philomena Lee puede concluir frente a la tumba de su hijo " Es mi culpa y ahora es mi aflicción", reuniendo los dos preceptos que la Iglesia Católica utiliza para producir efectos de represión y autocastigo.
Excelente recorrido histórico sobre el Arzobispo John Charles McQuaid y el internado de Roscrea.



Mensaje de Montserrat Díaz Membrives  » 10 de septiembre de 2014 » montserrat.diaz@idi.gencat.cat 

Felicidades por el magnífico y riguroso análisis de lo ocurrido en Irlanda a estas jóvenes y por el relato del contexto histórico y social de la época.

La película hace pensar en cuál debía de ser el código ético de la Iglesia Católica, de los conventos de la Magdalena y de las mal llamadas Hermanas de la Misericordia, que no mostraron misericordia alguna ante el error o la desgracia de estas jóvenes chicas y que no dudaron en inflingirles el castigo de trabajar para ellas en sus lavanderías y de verse separadas de sus hijos después de años de convivencia. La resistencia por parte de las monjas a la visión de este dolor hace pensar que los ingresos económicos que recibía la congregación debían justificar o disfrazar una realidad sórdida y triste. De todas formas, cuando Philomena y su hijo por separado acudieron durante años posteriormente a la congregación, ya no existía motivación económica, ¿debía ser pues la creencia que hacían lo mejor lo que las hacía actuar así, o sencillamente no querían que se desvelara su organización?.

Este caso presenta algunos rasgos comunes con los niños robados en España que han aparecido en los medios de comunicación en los últimos años. Concretamente, de los más de 1500 casos denunciados, muchos de ellos apuntan a algunas religiosas de la congregación Hijas de la Caridad como autoras de estos robos y por los que parece ser percibían sumas de dinero a cambio de adopciones en familias católicas. Es de esperar que el gobierno español emule al irlandés, resuelva satisfactoriamente las denuncias y compense a las víctimas.
Gracias por el análisis.