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El comentario de la película “Potestad” realizado por J.J. Michel Fariña centra el análisis de la responsabilidad subjetiva en el personaje del Dr. Eduardo Martínez, protagonista del film.
La hipótesis que propone el autor; es sobre la relación de Eduardo con los hombres, quién queda colocado en una posición de objeto, de “sometimiento” no importa el rango que ocupen ni posición ideológica siempre se sostendrá en su admiración y soportará las humillaciones a las que lo sometan.
En el film esto se ve reflejado en una escena con su padre: un médico ejemplar, perfecto, completo, inalcanzable, no atravesado por la falta; quién lo humilla, lo rebaja, lo subestima y no lo escucha; Eduardo no puede acceder a él, no puede enfrentarlo y sumisamente se retira de escena.
También se corrobora en la relación que el protagonista tiene con los militares, Eduardo no pregunta y accede a los pedidos de “servicios” de ellos. Acepta sus regalos: las entradas para el partido de fútbol, la nena, la muñeca para la nena. Un sometimiento a la autoridad, amparado en el determinismo: “son tiempos difíciles los que se están viviendo y uno cree que hace lo más apropiado”; dichos del Dr. Martínez donde intenta deslindarse de toda responsabilidad subjetiva.
El Dr. Martínez está todo el film en una posición de objeto, de instrumento de otros hombres, “él se sostiene en su admiración por todos ellos” .
También, se podría ver el sometimiento a los hombres en la escena de la panadería que desencadena en el robo de Adriana por la pareja de extraños: Eduardo no puede negarse al panadero que insiste en que ingrese a la cuadra a ver la horneada de pan recién hecha. La niña queda sola en la parte delantera de la panadería y ese es el momento justo en que se la llevan. Eduardo queda mirando a través del vidrio, pasmado, sin atinar a hacer nada: “se toma de la mano izquierda de él, se da vuelta y me saluda”. “Se la llevan sin violencia”. Al Doctor Martínez “le arrancaron al vida” llevándose a Adriana y él no pudo hacer nada para evitarlo.
El circuito de la responsabilidad tiene tres tiempos lógicos: en el tiempo uno, el sujeto realiza una acción que cree que se agota en los fines para la cual fue concebida. En un segundo tiempo, hay algún indicador que hace que se interpele la posición que el sujeto tenia al comienzo del mismo, el tiempo 2 resignifica al tiempo 1 y puede dar lugar a un tercer tiempo, donde aparece el cambio de posición subjetiva, el momento en el que el sujeto se encuentra con su deseo y debe dar una respuesta.
En el film se ubica el T1, en el momento en que el Dr. Martínez se apropia de la niña de la pareja asesinada por los militares. “En que mejores manos podía estar” le dice el militar que participó del procedimiento.
Y para el T2 Se recortó la escena entre el Dr. Martínez y el dueño de la calesita:
En off se oye al Dr. Martínez que habla de la relación de él con la niña como un “filigrana”, lleno de pequeños detalles, hasta que “de pronto algo se modificó”
Seguidamente la escena con el calesitero:
Calesitero:- últimamente he visto tantas cosas malas, creo que ya no tenemos salvación…
Eduardo:- uno no elige, estamos viviendo tiempos difíciles, las cosas se dan así y uno cree que hace lo más apropiado
C:- ¿realmente lo hacemos o nos estamos condenando?
E:- nos equivocamos, no somos perfectos, pero ¿de ahí a merecer una condena?...no, yo tengo la conciencia limpia
C:- sí, todos decimos lo mismo. No estamos actuando de buena fe, nos ponemos vendas en los ojos para no ver lo que no queremos… ¿Me escucha doctor?
E:- lo escuché pero realmente, no sé lo que quiere decir Don Carlos
C:- ¿no lo sabe?, yo creo que si sabe…
E: -(ofuscado) usted me sorprende don Carlos, con Adrianita venimos todas las tardes, lo apreciamos mucho
C:- usted está ocultando algo, algo que no puede mostrar y le cuesta arrancar de su pecho, quizá algo monstruoso.
Se abren como respuesta a la interpelación, las formaciones sintomáticas del Dr. Eduardo Martínez, la culpa y la angustia.
Algo lo interpela y el Dr. Martínez tiene que responder, aparece la angustia y frente a ella tiene que elegir y la elección es sin garantías; la angustia es una de las formas en las que el sujeto aparece barrado, acercarse a ese lugar donde el Otro ya no tiene respuestas y aparece la falta, la barradura en el Otro. La angustia ya es una respuesta, pero no implica responsabilidad subjetiva, sino que la vela.
Se abren respuestas también, desde lo particular, la moral, aquellas que parten del yo como un intento de aliviar la angustia: “los padres de Adrianita eran subversivos, capaces de hacer volar la casa si era necesario, yo la salvé”, “¿en qué mejores manos podría estar”?; (frase que se repite varias veces durante la película); se dirá el Dr. Martínez.
El T2 nos lleva a la pista del T1, el momento en que se apropia de la niña, la escena, del Calesitero resignifica el T1. El T2 lo interpela y él se refugia en el determinismo y la “mala fe”. Cree que desde la autonomía del yo lo va a poder manejar: “uno no elige, estamos viviendo tiempos difíciles, las cosas se dan así y uno cree que hace lo más apropiado”, “nos equivocamos, no somos perfectos, pero ¿de ahí a merecer una condena?...no, yo tengo la conciencia limpia”. Pero no puede, hay algo de la insistencia que es del inconsciente. Las formaciones sintomáticas irrumpen de una manera extraña, como si no fuesen de él.
La culpa es el reverso de la Responsabilidad. Eduardo no pudo responder más que con los síntomas, la culpa, la angustia.
No hubo un cambio de posición subjetiva en él por eso no se puede ubicar un T3, que diluya la culpa y la angustia del T2. En el T3 el sujeto aparece como barrado, Eduardo se refugia en la resignación de volverse a encontrar con su mujer y su hija “cuando Dios quiera”. El Dr. Martínez se queda con la culpa y arma síntomas con ella, algo en conflicto que reprimió. Queda tomado por la angustia y no hay un cambio subjetivo.
La sumisión frente a los hombres de la película, la obediencia, es otra de las formas en las que el sujeto no se responsabiliza, queda pendiente su respuesta frente a su deseo. Se ampara en el Otro para no dar su propia respuesta frente a su deseo.
Cuando es interpelado en el T2, no se hace cargo de su deseo, más bien elige ampararse en las determinaciones podría haber elegido a partir de ellas tomar algún otro tipo de decisión. Escudarse en el determinismo le sirve para aplacar la angustia.
También una de las respuestas frente a la angustia es lo que Jorge Aleman nombra desde Sartre como “mala fe”: “Porque Dios lo quiso”; y eso lo calma. A esto llama mala fe porque no es una decisión del sujeto en relación a su deseo sino que es un taponamiento de la angustia. Lo contrario de las determinaciones es la angustia y la angustia es la cura de la mala fe.
Al final de la película en off, Eduardo dice: “hay que tener paciencia, mucha paciencia; si Dios quiere y todo sigue así vamos a estar juntos los tres otra vez”.
La rivalidad con su padre y la imposibilidad de “ser” padre, se encuentran en la trama de la película y frente a la necesidad/ determinismo material de la situación de dictadura militar que se vivió en esas ésas épocas en el país y además el azar que hizo que Eduardo se encontrara con la niña en uno de sus “servicios”; desencadenan en la apropiación de la niña por parte del Dr. Martínez. Paradójicamente le dirá en un tiempo 2 al Calesitero: “uno hace lo que considera más apropiado”
El azar, se puede ubicar en el encuentro del Dr. Eduardo Martínez con la bebé en el momento en que va a la casa de los padres de la niña muertos por los militares, para hacer el certificado de defunción, tarea que llevaba cotidianamente, noche tras noche.
La necesidad se ubica en la situación política del país que atravesaba un gobierno militar y su condición de médico de hospital.
La responsabilidad aparece en la grieta entre la necesidad y el azar, el Dr. Martínez no se encuentra tomado únicamente por el azar y la necesidad, hay elementos de ambos que se conjugan en la situación pero entre estos se abre una grieta, y es ahí donde se cuela la responsabilidad subjetiva del protagonista, tuvo elección y tomo una decisión, al hacerlo le corresponde entonces poder hacer algo con la decisión tomada.
Las figuras de la culpa que aparecen específicamente en este film, son todas las formaciones sintomáticas del Dr. Martínez como las proyecciones paranoides, (“hay tanta maldad por todos lados” o “Ana María se está volviendo loca, habla con Adriana” (cuando es él el que habla con la nena)); los fantasmas persecutorios, (la pareja que se llevó a la nena, él ve que lo persigue; o la gente que lo mira en el subte, el ataque en el hospital ¡esto es una conspiración! grita). Otra figura de la culpa: las alucinaciones (ve por momentos a su mujer y a su hija por todas partes, en el subte, en la confitería, en su casa. También a sus amigos de la juventud, a su mujer cuando eran novios en una escena del gimnasio del club de rugby, en el cual él jugaba). Aparecen los autorreproches, preguntándose qué mal habrá hecho con la nena y la angustia como consecuencia de todo lo que le pasa y no entiende porque.
La culpa y todas sus figuras, son una respuesta a la interpelación pero no la respuesta a la responsabilidad subjetiva. La culpa y sus figuras la taponan no hay implicación.
Se transfiere en un sujeto “joya”: la responsabilidad jurídica es aquella de la que Eduardo quedó exento dada la imposibilidad de encontrar una verdad material. Responsabilidad y culpabilidad desde esta dimensión deontológica jurídica, no van juntas, habrá que corroborar los hechos para determinar la culpabilidad de Eduardo (cuestión que no se llega a ver en el film).
Desde la dimensión subjetiva el sujeto siempre es culpable, hay una verdad subjetiva en tanto sujetos barrados. Aún cuando el propósito de la acción sea desconocida para el sujeto; es responsable; hay algo de la verdad de su deseo que no puede escapar. Quizá algo que esboza el film y que tiene que ver con la hipótesis del sometimiento a los hombres por parte del Dr. Martínez que tiene correspondencia con el vinculo que tuvo en la niñez con su padre, ese padre que se mostraba ante él completo, sin falta, sin barrar, humillándolo y no dándole una oportunidad para hablar, como él se lo estaba pidiendo. Ese padre que lo rebaja a la nada: “vos no sabes nada”. Podríamos postular como hipótesis clínica el lugar de objeto en el que Eduardo se coloca ante los hombres donde soporta la humillación, y el deseo de mostrarse hombre para su mujer, necesidad de que lo vea como antes y de demostrarle que él puede ser un padre, perfecto como el suyo. Por eso el T2 resignifica el T1 Algo de ese ser perfecto se rompe y aparecen los síntomas como un modo de defensa ante la verdad que no puede soportar, saberse en falta como hombre, no poder ser padre, y la caída de la imagen perfecta que se había construido.
Si se compara conceptualmente el caso con el de Ibbieta se encuentra en Ibbieta a la necesidad dada por la situación de guerra civil en España y su apresamiento por parte de los falangistas, el Dr. Martínez es un médico que trabaja para los militares en el momento en que el país atraviesa una dictadura militar.
El azar se presenta en ambos casos; Ibbieta debe dar respuesta acerca del paradero de Gris y como no quiere delatarlo les dice que se encuentra en el cementerio, inventando una mentira que luego resulta ser verdadera. Es producto del azar que Gris se haya peleado con su primo y haya decidido esconderse precisamente en el cementerio.
El Dr. Martínez añora junto con su esposa tener hijos pero se ven imposibilitados de hacerlo, el azar lo lleva por medio de su trabajo a realizar la partida de defunción de dos personas muertas por los militares y en el baño encuentran a una beba decide quedársela aludiendo que ellos tienen mucho amor para dar.
En ambos casos la necesidad y al azar están presentes y un deseo en juego que los interpelará a hacerse responsables de sus decisiones, Ibbieta ha deseado vivir un poco más y es responsable por eso, no así por la muerte de Gris, pero algo de su deseo se puso en juego que lo llevo a dar esa respuesta alargando así el instante de su muerte.
El Dr. Martínez también pone un deseo en juego en su decisión, el deseo de ser padre para mostrarse perfecto ante su mujer y ser como los hombres que el admira, un deseo que veía truncado una y otra vez ubicándose como objeto que satisface las demandas del otro, en este caso su mujer.
Al ser interpelado comienza a desarrollar sintomáticamente las manifestaciones de la culpa, en al caso de Ibbieta esta se manifiesta como una risa que lo conduce hasta el llanto al darse cuenta del efecto de su acto.

BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA

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