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1- El personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es el protagonista de la obra, interpretado por Eduardo Pavlovsky. Este personaje en un primer momento de la obra se muestra como un hombre de familia, un marido enamorado de su esposa, un padre que se identifica con su hija. Sin embargo, con el transcurso de la obra se puede ir percibiendo otras facetas de este personaje. En tiempos de la dictadura militar, este hombre trabajando como médico de la policía, se hacía cargo de los certificados de defunción de las víctimas de los operativos.
La hipótesis clínica que podemos vislumbrar, que propone la autora del comentario, y que tiene que ver con el tema de la posición subjetiva del protagonista en relación a su deseo, podría ser el anhelo del personaje por satisfacer y colmar a su objeto de amor (su esposa), para que este lo reconozca como un hombre: “sus esfuerzos se reparten entre ser lo que cree que ella espera de él y en darle lo que cree que ella necesita, lo que le falta. Pero nunca alcanza”(1). Todos sus esfuerzos se centran en demostrarle a Ana María cuan masculino es, para así poderse reconocer como tal en las miradas de ella. Se puede contemplar que el personaje encarnado por Pavlovsky, siempre necesitó de la mirada de Ana Maria para sentirse viril: “Y esta mirada, tan particular de mi mujer, me sostenía virilmente, me impregnaba masculinidad”.(2)
Algunos de los indicadores que dan cuenta de esta hipótesis clínica son, por ejemplo, a partir de una posición fisica “perfectamente estudiada, sofisticada, arbitrariamente buscada, científicamente lograda…”, él intenta cautivar, virilmente, la mirada de su mujer. Otro indicador es la queja del protagonista referida a las dificultades de comunicación y a las escasas relaciones sexuales entre la pareja. Se puede observar en su relato que ambas, con el transcurso de los años, se fueron desgastando, lo que hace que su hombría se vea amenazada, al no obtener ninguna respuesta (mirada aprobatoria).
Por último, otro indicador que encontramos, y sobre el cual se centra la obra, muestra hasta qué punto, para obtener la mirada de su mujer, es decir para reconocerse como “un hombre”, el protagonista puede llegar. Cuando por ejemplo cotidianamente un hombre, para obtener el reconocimiento de su esposa, le regala flores, bombones, etc., nuestro personaje le ofrece a Ana María también un regalo, una hija, una niña apropiada: “quién te va a cuidar a vos más que yo y Ana María; que estuvimos esperándote tantos años. Agarré a la nena y la puse en el coche, y la nena me miraba con esos ojos celestes (…) y se la lleve a Ana (…) no digas nada, esta nena es nuestra…¡ me la gané yo, es nuestra! No preguntes nada”. La excitación en sus palabras al entregarle a la niña, refleja hasta donde es capaz de llegar para poder posicionarse masculinamente. En ese pequeño discurso se puede leer que con la llegada de esa niña le demuestra a su mujer que ambos la merecían (trofeo) y que estaba determinado de antemano que esto ocurriese. El “se la había ganado” para ella. Un nuevo recurso para obtener la mirada de Ana María. Es decir, el protagonista trata de salvar con la paternidad sus frustraciones con respecto a su masculinidad.

2.y 4. En la obra podemos sugerir un circuito de responsabilidad ubicando como tiempo 1 el robo de Adriana. El sujeto lleva adelante una determinada acción, voluntaria, conciente, con un determinado fin entendiendo que se agota en ese fin: apropiarse de un bebé para que él y Ana María sean padres. En la última escena se describe cómo el protagonista se apropia de Adriana y se muestra un sujeto que sabía lo que quería y lo que hacía con esa acción. La intención de esta consistencia del ser se refleja claramente en la frase: “Le enseñamos a decir papá y mamá de entrada”.
Es necesaria la aparición de un tiempo 2 para hablar de un circuito de responsabilidad. Este tiempo es el de la interpelación, el sujeto se ve interpelado por algún indicador de la realidad y ese objetivo que tenía el sujeto en el primer tiempo se muestra en exceso.
Nuestro personaje es interpelado cuando dos personas acuden a su domicilio para llevarse a Adriana y restituirla a la familia biológica. En un primer momento pareciera que el personaje pone su atención en la “imagen perfecta” de aquellas personas que llamaron a su timbre, más que en el motivo por el cual se encuentran allí. Sólo cuando contempla que efectivamente se llevan a Adriana del brazo, el personaje parece afectado por la situación, es decir, se ve interrogado por esa acción que llevó a cabo en el tiempo 1. Retroactivamente se puede resignificar que el robo de Adriana no sólo tenía como fin su paternidad, sino que él quería más de lo que él creía que quería: “regalarle” una hija a Ana María para verse aprobado por su mirada y así reafirmarse como “macho”.
Consideramos que no hay un tiempo 3, por lo que se produce un cortocircuito en el circuito de responsabilidad. No se produce ningún efecto singular y el personaje no asume la posición de responsabilidad subjetiva, sino que responde con diferentes mecanismos de defensa.Como dice Fariña “La culpa se constituye en el reverso de la responsabilidad”(3) Las respuestas como la proyección o los sueños serán algunas de sus formas desplazadas en el yo de la responsabilidad ausente en el sujeto:
Autorreproche no por el acto de apropiación, sino por no haberlo calculado mejor : “A veces pienso, Tita, si no nos equivocamos con la nena… haberle dicho algo, explicarle algo, haberle sugerido algo…”
Odio y resentimiento: “¡me la robaron con mentiras!(…) ¡Yo pensaba que la maldad era una cosa abstracta, teórica! Pero cuando la veo encarnada en las personas de carne y hueso que (…)persiguen, como si hubieran nacido para eso, ¡para perseguir!”.
Negación aliada con la proyección: el personaje en ningún momento admite el hecho que haya robado a la niña, sino que, por el contrario, cree que se la robaron a él. “Y me la robaron Tita, me la robaron con mentiras.”
Dificultades en el sueño: “Vos sabés Tita que yo nunca tomo nada para dormir… ahora todas las noches tomo algo para dormir…porque ¡no aguanto el olor a lágrimas de Ana María llorando por la nena!”
Proyección: el personaje se siente permanentemente bajo las miradas de los otros y les adjudica un sentido.
“Adriana hacia un movimiento hacia atrás… y yo siento que me dice: “Papá vos y yo nos sentamos solamente asi… te adoro papá, te adoro…”
“Él me miró y como si hubiera comprendido toda mi relación histórica con Ana María y con Adriana…”
“Fui a comprar aspirinas y cuando estaba pagando en la farmacia, miré a un costado y estaba parado el padre de la pelirroja.(…)y yo lo miré y me esquivó, Tita, el hijo de puta me esquivó… tuvo miedo, se puso a mirar la vidriera para no saludarme … cagones.”
Este abuso del mecanismo de proyección sirve a los fines de la defensa, ya que cuando el reproche viene de afuera puede anteponérsele una desautorización y el yo queda “libre de culpas”. En cambio en el reproche interno, no hay escapatoria.
“Responsable es aquel del que se espera una respuesta”, y las manifestaciones anteriormente citadas son respuestas que dicen “Sí”, cada una a su manera a la interpelación. Son todas respuestas que ubican al sujeto en un corte particular, sin que haya cambios en la posición subjetiva ni que por lo tanto haya un advenimiento de un nuevo sujeto. Por lo tanto, no se puede ubicar la responsabilidad subjetiva en este personaje.
Con respecto a la responsabilidad jurídica, que considera al sujeto como sujeto de derecho, autónomo, capaz de hacerse responsable de sus acciones y decisiones (contrariamente al sujeto del deseo de la responsabilidad subjetiva), podemos decir que el personaje sería considerado imputable por el acto cometido, ya que en ese momento se encontraba bajo pleno uso de sus facultades mentales y emocionales. Consultando a la legislación vigente, el acto de apropiación de menores viola los siguientes artículos (3) que están detallados al final del trabajo:
Del Código Penal: Artículos 139,142,146 (apropiación de menores) y 292
De la Convención sobre los Derechos del niño: artículos 7 y 8.

3. A partir del cortocircuito descrito anteriormente podemos llegar a la conclusión que el personaje no asume la responsabilidad por sus acciones, no dando lugar al surgimiento de ninguna singularidad. Según Mosca, la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Sin embargo, el personaje se apoya en la categoría de necesidad para justificarse y marcar un determinismo, un destino ya escrito, inexorable, contribuyendo a la exculpación del sujeto “¡Eran épocas de mierda, Tita! Había que salir a cagarse a balazos todos los días”. “.. éramos una pareja resignada pero cada uno de nosotros tenía una secreta ilusión.” “¡Quién te va a cuidar a vos más que yo y Ana María; que estuvimos esperándote tantos años!”
Esa fuerte obstinación del personaje se puede ver también en la convicción de que estarán juntos nuevamente los tres. “Si las cosas siguen así, dentro de muy poco, vamos a estar juntos otra vez los tres…”, mostrando la misma posición subjetiva que la de aquella tarde de domingo, en la que se apropió de esa bebé.

5. En el tiempo 1, ambos personajes, Ibbieta y el interpretado por Pavlovsky, llevan a cabo una acción la cual creen que se agota en sí misma: la jugarreta de Ibbieta a los falangistas y la apropiación de Adriana para ser padre él y hacer madre a su esposa.
En el tiempo 2, es donde los sujetos son interpelados por un indicador de la realidad mostrando que ese objetivo que el sujeto tenía en el tiempo1 se encuentra en exceso. Es la culpa la hace que los sujetos retornen sobre la acción hecha por la que se debe responder (ob-liga)(4). En el caso de Ibbieta: ¿Qué fue lo que hice cuando quise hacer la jugarreta?, en el caso del médico:¿Qué fue lo que hice cuando me apropié de la beba?¿Esa acción no va en contra de mi profesión de médico? Frente a esta interpelación el sujeto se descubre barrado y obligado a responder. Esta respuesta abre a un potencial tiempo3 o se puede producir un cortocircuito. En este punto radica la diferencia más notable de los protagonistas: Ibbieta cambia de posición subjetiva, adviene un nuevo sujeto dividido que se sujeta en la falta. En este tiempo3 el sentimiento de culpa se diluye y se trata de una respuesta singular de dimensión ética; este tiempo es el de la responsabilidad subjetiva. Ibbieta podría haber adjudicado el resultado al azar y desentenderse de su acción; sin embargo, su risa y llanto muestran su implicación sobre su acto, su deseo inconciente disfrazado por la vía de la jugarreta, la cual le permitió vivir más tiempo. En cambio, en el caso del personaje de Pavlovsky, no hay un tiempo3 y por lo tanto, no hay un advenimiento de un nuevo sujeto ya que responde a la interpelación con respuestas que no da a lugar a la responsabilidad subjetiva. Se trata de otro modo de respuesta que hace que el sujeto quede estancado en el círculo vicioso de lo particular, no adviene ninguna singularidad. El personaje de Pavlovsky justifica (intelectualiza) su acción argumentando que los verdaderos padres de Adriana eran unos “fanáticos” y que “¡A estos hijos de mil puta, si no los cagaban a balazos en la cama, te cagaban ellos…” El deseo inconciente del médico es disfrazado por la vía de la apropiación y la paternidad. Adriana consistía en un “trofeo” más para complacer a su mujer y así poder sentir a partir de la mirada de ella, que él es un hombre.

Artículos del Código Penal
En el título IV:
Delitos contra el estado civil, capítulo II : Supresión y suposición del estado civil y de la Identidad
Artículo 139. — Se impondrá prisión de 2 a 6 años: 2°. Al que, por un acto cualquiera, hiciere incierto, alterare o suprimiere la identidad de un menor de 10 años, y el que lo retuviere u ocultare."
artículo 139 bis"Será reprimido con reclusión o prisión de 3 a 10 años, el que facilitare, promoviere o de cualquier modo intermediare en la perpetración de los delitos comprendidos en este capítulo, haya mediado o no precio o promesa remuneratoria o ejercido amenaza o abuso de autoridad.
Incurrirán en las penas establecidas en el párrafo anterior y sufrirán, además, inhabilitación especial por doble tiempo que el de la condena, el funcionario público o profesional de la salud que cometa alguna de las conductas previstas en este Capítulo."
Delitos contra la Libertad, capítulo I: Delitos contra le libertad individual
Artículo 142 bis: Se impondrá prisión o reclusión de cinco (5) a quince (15) años, al que sustrajere, retuviere u ocultare a una persona con el fin de obligar a la víctima o a un tercero, a hacer, no hacer, o tolerar algo contra su voluntad. Si el autor lograre su propósito, el mínimo de la pena se elevará a ocho (8) años.
La pena será de diez (10) a veinticinco (25) años de prisión o reclusión:
1. Si la víctima fuese una mujer embarazada; un menor de dieciocho (18) años de edad; o un mayor de setenta (70) años de edad.
5. Cuando el agente sea funcionario o empleado público; o pertenezca o haya pertenecido a alguna fuerza de seguridad u organismo de inteligencia del Estado.
Artículo 146. — Será reprimido con prisión o reclusión de 5 a 15 años, el que sustrajere a un menor de 10 años del poder de sus padres, tutor o persona encargada de él, y el que lo retuviere u ocultare."
En el título XII
Delitos contra la fe pública, capítulo III: Falsificación de documentos en general
Artículo 292.- El que hiciere en todo o en parte un documento falso o adultere uno verdadero, de modo que pueda resultar perjuicio, será reprimido con reclusión o prisión de uno a seis años, si se tratare de un instrumento público y con prisión de seis meses a dos años, si se tratare de un instrumento privado.
Si el documento falsificado o adulterado fuere de los destinados a acreditar la identidad de las personas o la titularidad del dominio o habilitación para circular de vehículos automotores, la pena será de tres a ocho años.
"Para los efectos del párrafo anterior están equiparados a los documentos destinados a acreditar la identidad de las personas, aquellos que a tal fin se dieren a los integrantes de las fuerzas armadas, de seguridad, policiales o penitenciarias, las cédulas de identidad expedidas por autoridad pública competente, las libretas cívicas o de enrolamiento y los pasaportes, así como también los certificados de parto y de nacimiento."
Convención sobre los Derechos del Niño

Artículo 7:
1. El niño será registrado inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde éste a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos.

2. Los Estados Partes velarán por la aplicación de estos derechos de conformidad con su legislación nacional y las obligaciones que hayan contraído en virtud de los instrumentos internacionales pertinentes en esta esfera, sobre todo cuando el niño resultara de otro modo apatriado.

Artículo 8
1. Los Estados Partes se comprometen a respetar el derecho del niño a preservar su identidad, incluidos la nacionalidad, nombre y relaciones familiares de conformidad con la ley sin injerencias ilícitas.

2. Cuando un niño sea privado ilegalmente de alguno de sus elementos de su identidad o de todos ellos, los Estados Partes deberán prestar asistencia y protección apropiadas con miras a restablecer rápidamente su identidad.

Notas
1. Salomone, G.: “Comentario sobre la versión teatral” en www.eticaycine.org
2. Todas las citas de la obra han sido extraídas de Pavlovsky, E. 1985. Potestad. Buenos Aires, Ediciones Búsqueda, 1987.
3. Dominguez, M.E.:” El padre en la apropiación” en www.redibis.com.ar
4. D`Amore, O.:(2006)”Responsabilidad subjetiva y culpa”, en La transmisión de la ética. Clínica y deontología.Letra Viva, Buenos Aires, 2008.

Bibliografía general
 D`Amore, O.:(2006)”Responsabilidad subjetiva y culpa”, en La transmisión de la ética. Clínica y deontología.Letra Viva, Buenos Aires, 2008.
 Dominguez, M.E.:(2008)” El padre en la apropiación” en www.redibis.com.ar
 Michel Fariña,J.J.: (2000)”Lecciones de Potestad” en La encrucijada de la filiación: tecnologías reproductivas y restitución de niños, Editorial Lumen, Buenos Aires
 Michel Fariña,J.J y Gutierrez C.: “Veinte años no son nada” en Causa y Azares, número 3, Buenos Aires
 Mosca, J.C.:(2002)“Responsabilidad : otro nombre del sujeto” en Ética: un horizonte en quiebra, Eudeba, Buenos Aires, 2004.
 Pavlovsky, E. 1985. Potestad. Buenos Aires, Ediciones Búsqueda, 1987.
 Salomone, G.: “Comentario sobre la versión teatral” en www.eticaycine.org
“El sujeto dividido y la responsabilidad” en La transmisión de la ética. Clínica y deontología.Letra Viva, Buenos Aires, 2008.

Código Penal de la Nación Argentina:
http://www.infoleg.gov.ar/infolegInternet/anexos/15000-19999/16546/texact.htm
Convención de los Derechos del Niño (resolución en español en la página web de UNICEF)
http://www2.ohchr.org/spanish/law/crc.htm



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