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Consignas de Evaluación:

Título Original: POTESTAD de Eduardo Pavlovsky
“Un médico de 60 años trata de reconstruir un hecho traumático que cambió su vida, mientras hace un viaje en el subterráneo: la pérdida de su hija de diez años”

1)- Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la Responsabilidad Subjetiva? ¿Propone el autor alguna Hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores

2)- Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3)- Establezca los elementos de Azar y Necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4)- Si corresponde, establezca las figuras de la Culpa que aparecen, estableciendo su relación con la Hipótesis sobre la Responsabilidad Subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la Responsabilidad Jurídica.

5)- Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (Cuento “El Muro”, de Jean Paul Sartre).

1)- Potestad, de Eduardo Pavlovsky encaran el problema de la represión y de la tortura, observados desde la óptica del represor.
El protagonista de Potestad es el Dr. Eduardo Martínez. El doctor tras haber certificado la muerte de los padres de una niña, se apropia de ella, robándole su identidad.
Esta historia transcurre durante la época de la dictadura militar Argentina.
Para abordar el análisis de la responsabilidad subjetiva, nos basaremos en el comentario escrito por Juan Jorge Michel Fariña, y sumándole aportes de la profesora Gabriela Salomone, quien escribió su texto en base a la obra teatral.
El análisis de la responsabilidad subjetiva recae sobre la figura del Dr. Eduardo Martínez.
La responsabilidad subjetiva confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno, ajenidad que para Freud no es causa de inimputabilidad, pero no en términos morales o jurídicos, sino éticos.
Los motivos de la acción responsabilizan al sujeto. La ética aparece en términos de la renuncia pulsional. En palabras de Freud: “Ético es quien reacciona ya frente a la tentación interiormente sentida, sin ceder a ella. Pero quien alternativamente peca, y luego, en su arrepentimiento, formula elevados reclamos éticos, se expone al reproche de que arregla las cosas de manera harto cómoda. No ha realizado lo esencial de la eticidad, la renuncia, pues la vida ética es un interés de la humanidad”.
La responsabilidad subjetiva se configura a partir de la noción de sujeto del inconsciente, que no es dueño de su voluntad e intención.
Fariña propone que donde existe un punto ciego en la responsabilidad de un sujeto, allí aparece el sentimiento de culpa en su lugar. Estos sentimientos de culpa pueden ubicarse en Potestad en diversos momentos, con los recuerdos del protagonista, recuerdos que lo llevan siempre a un mismo punto de partida: la apropiación de Adriana.
La hipótesis clínica planteada por Fariña y Salomone, es que la responsabilidad reside en que el protagonista, justifica cada uno de sus actos como “hazañas”. Es decir; la preocupación constante de Eduardo se basa en la búsqueda de la mirada de su mujer Ana María, que no es una simple mirada, sino “una mirada particular, que lo sostenía virilmente, algo que impregnaba de masculinidad”.
Por ello Eduardo se obliga a banales proezas cotidianas para lograr esa mirada, desde proezas deportivas en la juventud hasta posiciones físicas estudiadas en detalle en la actualidad. Pero este intento siempre fracasa. Eduardo quiere reparar el sentimiento de humillación.
La responsabilidad de Eduardo radica en la posición en la que él mismo se ubica.
Él adopta una posición de instrumento de otros. Si bien los “Otros Hombres” lo humillan, el se siente sostenido por ellos.
A partir del texto “La seducción totalitaria” de Contardo Calligaris, se pudo entender que dicha posición adoptada por Eduardo se debe a una salida del sufrimiento neurótico, de modo que el protagonista reduce su propia subjetividad a una instrumentalización. Calligaris en su texto dice: “Esta pasión me parece una tendencia inercial de cualquier neurótico: la pasión de la instrumentalización”.
Esto puede ubicarse en Potestad cuando el protagonista le lleva a Ana María su trofeo: Adriana.
Citando la novela: “¡Ana!, no digas nada, esta nena es nuestra (…) ¡me la gané yo, yo, YO! Esta nena es nuestra, ¡me la gane YO!
La pasión por la instrumentalización implica que el sujeto pague el precio que sea a raíz de salir del sufrimiento neurótico, y la mayoría de los neuróticos están dispuestos a pagarlo. El neurótico considera que cualquier precio es bueno.
Fariña plantea que el film pasea a los espectadores por una galería de culpa constante, con lo cual nos hace pensar sobre la culpa y la responsabilidad; a saber, que el sentimiento de culpa aparece allí donde no se hace presente la responsabilidad.
El sujeto opta por la vía de la culpabilización en lugar de hacerse responsable de sus actos.
La responsabilidad se hace presente dependiendo de la posición subjetiva que el sujeto adopta respecto de su sufrimiento. En el caso de Eduardo, se ubica en posición de víctima, de humillado.
Eduardo se protege de la responsabilidad mediante el sentimiento de culpa.

2)- Encontramos en el film Potestad argumentos ricos que nos permiten pensar el circuito de responsabilidad. Partimos de la base que en todo el transcurso de la película el Dr. Eduardo Martínez, se encuentra con constantes tiempo de interpelación subjetiva, que lo remiten una y otra vez al mismo e idéntico punto de partida: el primer encuentro con Adriana, la niña apropiada por el Dr. Eduardo Martínez.
Al hablar de responsabilidad, no se hace referencia a la responsabilidad jurídica, sino a la responsabilidad subjetiva, aquella que surge a partir de una acción realizada por el sujeto, que va más allá de lo esperado por el mismo. Lo desborda y lo ob-liga a interpelarse por la situación.
A partir de lo dicho, ubicamos el circuito de la responsabilidad en tres tiempo lógicos; un Tiempo 1 en el cual el sujeto realiza una acción o decir intencional. Esta acción será interpelada en un Tiempo 2, que resignifica retroactivamente el Tiempo 1. Es decir, el Tiempo 2 es el tiempo de la interpelación subjetiva. A partir de esto el sujeto es llamado a responder. La respuesta puede darse de dos formas, que el sujeto se desentienda de su propia acción y de la interpelación, introduciendo un circuito de culpabilización; o por el contrario, que cambie de posición subjetiva gracias a esa interpelación, dando así lugar a un Tiempo 3. Este último tiempo es propio de la responsabilidad subjetiva.
En la película, ubicamos el circuito de la responsabilidad a partir de la siguiente escena:
El Dr. Martínez se encuentra dándose un baño re confortador mientras al otro lado de la mampara su mujer Ana María dobla unas toallas, acción que realiza con auriculares en sus oídos. Ana le pregunta a su esposo que quiere cenar por la noche, a lo que el Dr. Eduardo le responde un bife de carne bien cocido. Ana María dice (dando la impresión de que no lo había escuchado): “¿Ah entonces querés pollo con ensalada?”.Eduardo la regaña, diciendo que no le presta atención y que se quite los auriculares.
En ese momento se hace un primer plano del grifo de la ducha, que Eduardo mira y al darse vuelta aparece en otra escena, otro baño. El baño de la escena del crimen, en donde Eduardo encuentra a Adriana, de aproximadamente un año y medio dos, llorando dentro de la bañera.
El motivo por el cual Eduardo llega a esa escena se debe a que había sido convocado en calidad de médico por los “Otros Hombres”, autos nombrados como futuros “padrinos” de la niña. Eduardo debía certificar la muerte de los padres de Adriana.
Uno de estos hombres es quien lleva a Eduardo al primer encuentro con Adriana.
Eduardo la toma en brazos y dice: “Por Dios ¡un milagro de Dios!¡Tantos años esperando. Gracias a Dios!¡Quien te va a cuidar a vos más que yo y Ana María, que estuvimos esperándote tantos años!
A partir de esta escena esbozada podemos describir el siguiente circuito de la responsabilidad.
En el Tiempo 1, tiempo marcado por el accionar del sujeto, ubicamos aquella escena en la cual Eduardo encuentra a Adriana llorando dentro de la bañara, la toma en brazos y la mira pensando en que es un milagro haberla encontrado.
Esta acción excede el objetivo del sujeto.
Como Tiempo 2, tiempo caracterizado por la interpelación subjetiva, encontramos aquel momento en donde Eduardo se está bañando, mira el grifo de la ducha, pone cara de consternado y es cuando la imagen del grifo lo remite a ese primer momento de encuentro con Adriana. Es el Tiempo 2 que retrospectivamente inaugura el Tiempo 1, dándole un sentido. El Tiempo 2 llena de sentido a ese primer tiempo sin-sentido.
Es decir, estos recuerdos son indicadores que ponen sobre aviso al sujeto de que algo anduvo mal. Su accionar del Tiempo 1 fue más allá de lo esperado.
La distancia entre el Tiempo 1 y el Tiempo 2 supone una pregunta acerca de la responsabilidad de Eduardo, y ante lo debe responder.
Pero para generar esa interpelación, la distancia entre los tiempos no debe ser por el azar y la necesidad.
Eduardo piensa en encuentro con Adriana como un milagro de Dios. Por lo tanto se desentiende de su responsabilidad, atribuyéndole lo sucedido al azar, a la “suerte”.
En cuanto al Tiempo 3, tras un análisis exhaustivo consideramos que no hay en el transcurso de la película ningún momento que nos lleve a pensar que haya asumido la Responsabilidad subjetiva por lo que hizo. Creemos que la respuesta del sujeto es la culpabilización con respecto al sufrimiento ocasionado a la niña. En palabras del Dr. Eduardo: “Vos sabes Tita, que la nena sufrió mucho. Primero lo de los padres y ahora esto…”
También lo vemos reflejado cuando Eduardo se cuestiona, luego de que se llevaran a Adriana, sobre si hubiese sido mejor haberle comentado a Adriana que esto alguna vez podría suceder. Es decir, que no se puede ubicar un Tiempo 3.
Citado del libro Potestad:”Una sola vez en el día tengo la oportunidad de hablar con Ana María, ¡una sola vez! Y yo le pregunto: ¿No nos equivocamos en algo con la nena, Ana María, no deberíamos haberle explicado algo, haberle dicho algo?”.
En ningún momento vemos que Eduardo asuma que su accionar fue erróneo. No cree que el apropiarse de una vida sea un hecho que se encuentra en falta.
Eduardo intenta mediante este acto resolver sus frustraciones respecto de la paternidad, dejando en un segundo plano el pensar este acto como ético o no.
Consideramos importante destacar que Eduardo, luego de que se llevaran a Adriana, acentúa que se la robaron con sabias mentiras, nunca haciendo referencia a la apropiación de la niña por el mismo. Eduardo continúa sosteniendo, luego de la ida de Adriana, que él es el padre y que pronto volverán a estar juntos los tres.
Es decir, el sentimiento de culpa aparece cuando la responsabilidad no es asumida por el sujeto.

3)- Con respecto a los elementos de azar, coincidencias en las situaciones, ubicamos el encuentro azaroso del Dr. Eduardo con la niña Adriana.
Lo consideramos como un hecho azaroso debido a que la niña puede haber estado como no.
El Dr. Eduardo llega a la casa de la niña, para certificar la muerte de dos jóvenes, tras haber sido llamado por los “Otros Hombres”. Que la niña se encuentre en la bañadera de la casa, es azaroso. A esto se le suma el deseo frustrado del doctor por ser padre.
La respuesta que el protagonista es darle curso a su deseo de ser padre, debido a aquella frustración como pareja que tenían con su mujer Ana María.
El azar es lo fortuito, lo accidental, lo que no se puede calcular porque es ajeno a la decisión, al deseo y a la voluntad del sujeto.
En cuanto a la necesidad, podemos ubicar esa frustración en la paternidad.
En palabra de Eduardo: “…con Ana María fuimos una pareja que nos quisimos mucho, muchísimo. Una pareja triste, resignada, esperando algo que nunca llegaba y paralizados por una ilusión.
Todos nuestros diálogos desembocaban siempre en lo mismo, en esa especial frustración de la espera, habíamos agotado todos los tratamientos médicos posibles y sin embargo los dos seguíamos aferrados a la esperanza (…) teníamos en el fondo una secreta ilusión, pero no la compartíamos. Por eso cuando se acercaba la fecha, cada mes, ¡por Dios! Esperábamos el milagro”.
La necesidad es una condición físico-matemático y no responde a la voluntad del sujeto.
Luego de un análisis al respecto, consideramos que si bien el sujeto no es responsable de aquello que lo determina -en Eduardo su imposibilidad de ser padre- si será responsable de la decisión tomado respecto de esa determinación.
La necesidad y el azar convocan a la responsabilidad. La responsabilidad de Eduardo radica en darle curso a su deseo, ubicándose en posición de víctima respecto de su imposibilidad.
La necesidad es aquello que sucede por fuera del designio humano y por ello no se espera de eso una respuesta por parte del sujeto.
Consideramos que lo sucedido es una combinación de azar y necesidad. Junto a la frustración de ser padres fue necesaria la coincidencia de que la niña estuviera en la casa y que Eduardo quedara solo con ella.
Juan Carlos Mosca dice: “la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar”.
El sujeto debe responder por su accionar. Pero no referimos a una responsabilidad social, sino una responsabilidad subjetiva.

4)- Con respecto a las figuras de culpa, vemos como el Dr. Eduardo Martínez remarca continuamente que todo lo que sucede es por y para el Otro, que no hay ganancia de su lado. Esta queja lo protege, no de la culpa, pero sí de la responsabilidad.
Lo interesante es que el sentimiento de culpa aparece con todas sus fuerzas.
El Otro al cual Eduardo intenta complacer es Ana María, esto lo vemos desde las proezas deportivas en la juventud hasta las posiciones físicas estudiadas en detalle en la actualidad; todo para reparar ese sentimiento de humillación que siente constantemente.
La siguiente cita hace referencia a lo situado anteriormente:
Eduardo: “Al sonar el timbre me levanté, así atléticamente, casi como en un lineout. Sí, mi mujer siguió estudiando inglés…no me miró”.
Siempre para lograr esa mirada de Ana María, tan deseada por Eduardo. El alega que esa mirada tan particular de su mujer lo sostenía virilmente, que lo impregnaba de masculinidad. Eduardo buscaba ser perfecto pero siempre se termina encontrando en falta.
Esta ecuación se repite bajo la figuras de esos “Otros Hombres”, los militares “padrinos” de Adriana y luego ante los extraños que vienen a llevársela. Los primeros le entregan la criatura y paradójicamente los segundos vienen a quitársela, pero vemos como el Dr. Eduardo sostiene todo el tiempo su admiración por ellos.
Con respecto al padre de Eduardo, el era un médico ejemplar e inalcanzable. Eduardo se muestra sometido a él, quien lo desmerece sintiéndose así humillado.
Aquí donde podría declararse como no responsable, bajo la teoría de Freud lo pensamos como responsable de un deseo. Un deseo que viene del Otro como demanda ante la cual el sujeto se somete. El yo no es propietario del deseo pero si es responsable de su puesta en acto. Y es a partir de esta razón deseante que se constituye el campo de la subjetividad.
Ubicamos la responsabilidad en relación a ese propósito inconsciente que lejos de la voluntad del yo, propició la acción.
Durante el film, se presentan constantes sentimientos de culpa en Eduardo, no se hace responsable de sus actos, de su deseo que motivo dicho accionar. Hasta el final de la obra el protagonista sostiene su posición de padre, que él se auto nominó. Luego de la ida de Adriana, Eduardo continúa pensando que se la robaron, que se la llevaron con mentiras.
El protagonista nunca asume su responsabilidad, lo cual puede ubicarse en la siguiente cita de la novela Potestad: “Hola, Adriana, no hables hija, no hables y escucha, escucha…Yo quiero que sepas que papá y mamá están aquí rezando por vos todos los días, todos los días rezando…Hay que tener mucha paciencia. Adriana, muchas paciencia. Porque si las cosas siguen así, y Dios quiere, dentro de muy poco, vamos a estar juntos otra vez los tres, Adriana. Si las cosas siguen así, dentro de muy poco, vamos a estar juntos otra vez los tres…”
Es decir, el protagonista se desentiende de su responsabilidad.
Desde la perspectiva jurídica, consideramos que Eduardo es un sujeto imputable.
La responsabilidad jurídica implica un sujeto entendido como autónomo, voluntario y de intención. El cual es capaz de hacerse responsable por sus acciones, decisiones y elecciones.
Para la responsabilidad jurídica se requiere de un acto que transgreda la ley de estado, en donde se juzga el acto realizado, concreto.
En el caso de el Dr. Eduardo se lo puede declarar culpable de apropiación ilegitima de una identidad.
Por cierto, en la novela Potestad se puede ver como Eduardo confiesa dedicarle sus hazañas a Ana María, considerando el robo de Adriana como un trofeo que se ganó. Eduardo mantiene durante todo el film la misma posición subjetiva. El doctor sabe de su acto cometido.
Con lo cual consideramos que Eduardo era consciente del acto ilícito que estaba cometiendo, el robo de una identidad.
Con respecto a la perspectiva jurídica ubicamos el “derecho a la identidad”. El derecho a la identidad es uno de los derechos más importantes de la humanidad. Eduardo, al robarse a Adriana y criarla como su propia hija, robo su identidad, apropiándose de ella de manera ilegal. Por lo cual, desde la perspectiva jurídica, Eduardo Martínez al ser consciente de su acto, es una persona imputable.

5)- A partir del cuento “El Muro” de Jean Paul Sartre logramos encontrar puntos de comparación con el film “Potestad” de Eduardo Pavlovsky.
Un punto de comparación entre Potestad y El Muro es el análisis del circuito de la responsabilidad, en el primero dicho análisis recae sobre el personaje Eduardo Martínez, mientras que en el segundo se basa en el personaje de Pablo Ibbieta.
En ambos casos el circuito de la responsabilidad se desencadena a partir de un hecho azaroso.
El Tiempo 1 se caracteriza por un hecho azaroso. Mientras que Ibbieta escoge la palabra “cementerio” para hacer una jugarreta a los falangistas delatando de este modo el escondite de su amigo Gris; quien víctima del azar, tras haber discutido con sus primos, cambió de escondite, dirigiéndose al cementerio. En cuanto al Dr. Eduardo, se encuentra con Adriana en una bañera, luego de haber sido llamado por los “muchachos” para certificar la muerte de dos jóvenes, hecho igualmente azaroso, ya que podría haber estado como no.
En ambos casos, ni el Dr. Eduardo ni Ibbieta, desarrollan una responsabilidad subjetiva propia del Tiempo 3. Un Tiempo 3 implicaría asumir la responsabilidad por el acto, en Eduardo, y por lo dicho en Ibbieta.
Ibbieta es claramente responsable. Responsable de abrir la boca, de hablar, aún en la ignorancia, responsable de querer burlar al Otro, de engañarlo y en una forma paradojal aceptando las reglas de los falangistas, su goce.
En cuanto a la figura del Otro, en el caso de Potestad, vemos como juegan un papel similar; admirándolos a cada uno de ellos. Nos referimos aquí a: el padre, Ana María, los “padrinos” y quienes vienen a llevarse a Adriana. Aceptando también sus reglas.
La respuesta de Ibbieta es de un sujeto dividido, entre la risa y el llanto que nace en él al enterarse que los falangistas encontraron a su amigo Gris en el cementerio. Sintiéndose culpable por haberlo delatado y cumpliendo su deseo inconsciente de querer vivir más, por lo cual debería responsabilizarse. Es decir que la respuesta de Ibbieta es culposa.
En cuanto al Dr. Eduardo, no se responsabiliza por el acto cometido, tan solo se siente culpable por haberle causado ese daño a Adriana, por no haberle prevenido algo que quizás ocurriría algún día. Eduardo no desarrolla una nueva posición subjetiva, propia del acto ético.
Ambos personajes ceden a sus deseos. Ibbieta a su deseo de querer vivir, y Eduardo cede a su deseo de querer ser padre, luego de varios intentos, al encontrarse azarosamente con Adriana, opto por quedarse con ella, debiendo así responsabilizarse de su deseo.
Lacan propone que si de algo es culpable el sujeto, es de haber cedido en su deseo.

Bibliografía

 Calligaris, C.: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.
 D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
 Pavlovsky, Eduardo: Potestad, Ediciones búsqueda, Bs. As., 1987.
 Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972.



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