por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Segunda Evaluación

TITULAR: Juan Jorge Michel Fariña
AYUDANTE: Fernando Perez Ferretti
ALUMNAS: Fabiana Calcagno
L.U: 17.198.880/0
Adriana Castaño
L.U: 21.171.560/0
COMISIÓN: 2 (Curso de Verano)
AÑO: 2010

Consigna de Evaluación:
1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5. ¿Cuáles son los elementos comunes entre el caso presentado y el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre)?
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

Síntesis argumental:
La obra trata de un médico que trabajaba para las fuerzas represoras de la dictadura militar que se sucedió en nuestro país desde 1976 hasta 1983. Y en una de las visitas que tiene que realizar para certificar una muerte, se encuentra con una niña de aproximadamente un año y medio o dos y como él y su mujer no habían podido tener hijos, lo toma como un regalo y se la lleva a su casa. Con el paso de los años, un día llegan a su casa dos hombres y de manera abrupta de llevan a la nena, no pudiéndola ver nunca más. La obra citada se llama “Potestad” y su autor es Eduardo Pavlosky.

Análisis:
Es posible ubicar tres coordenadas en una situación: la necesidad, el azar y la responsabilidad subjetiva. Mientras el azar está relacionado con la incertidumbre, con aquello que escapa al sujeto porque no se prevee; la necesidad es entendida como el elemento que situacionalmente gobierna sin que el sujeto pueda intervenir para modificar sus efectos. Por lo tanto, puede decirse que tanto la necesidad como el azar no son atribuibles al sujeto, ya que ambos están más allá de su voluntad.
En la obra podemos ubicar el azar en cuanto a que, si bien el médico podía suponer que en algún momento tendría la posibilidad de apropiarse de una criatura en las condiciones para las cuales el trabajaba, lo azaroso está del lado de que fue esa niña y no otra la que él pudo llevarse y además no sabía que detrás de esa puerta, en la habitación contigua se encontraba la hija del matrimonio. Y con respecto a la necesidad, el transforma ese azar en un artificio de necesidad, ya que no había discurso en esos médicos que los justificara en su accionar, no había un guión que pudiera significar esas acciones. No había nada que lo justificara en ese lugar. Utilizando esa situación azarosa como medio para salvar su matrimonio.
No obstante, es importante destacar que la responsabilidad subjetiva no queda anulada ni por la necesidad ni por el azar sino que se instala en la grieta entre ambos.
En el tiempo 1, el sujeto realiza una acción determinada con una intención en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso, que sería el aparato represor al cual respondía el médico y por tal motivo, como es característico en este tiempo 1, esta acción no le genera conflicto para el yo, siendo egosintónica.
Con respecto al protagonista podemos ubicar un tiempo 1 en la escena en que él va a verificar la muerte de dos personas y se encuentra con la niñita detrás de una puerta y emprende la acción de llevarse a la nena a su casa.
Del tiempo 1, puede decirse que consiste en una acción que el sujeto emprende con ciertos fines entendiendo que se agota en ellos. Se trata de una acción puntual, recortable en el tiempo, son acciones que tienen intención y terminan en sí mismas en este tiempo.
En la obra se ve primero otra escena, en la cual dos hombres irrumpen en la casa del doctor y se llevan a la niña, dicha escena la ubicaremos como tiempo 2, ya que debido a esa escena se va resignificar la acción anterior.

Sin embargo hallamos una escena en la obra que hace que vuelva sobre la acción anterior, constituyendo un segundo tiempo, resignificando el primero y este efecto retroactivo en el circuito se da a través de la culpa que da lugar a la interpelación del sujeto, que funda este segundo tiempo en su resignificación del primero, que dará lugar o no, a la posibilidad de una respuesta a la duda que emerge en el tiempo 2. Donde algo le “hace ruido”, es decir aparece la culpa y la angustia poniendo en marcha el circuito, intentando ligar los elementos “disonantes”. Esta hiancia o punto de inconsistencia se aprecia en la escena donde el personaje recrea junto a las pastillas para dormir que consume y el llanto, las huellas de algún remordimiento, las señales de algún autorreproche que se va haciendo cada vez más recurrente diciendo:
- “Yo pensé que esto podía ocurrir alguna vez, Tita, pero nunca imaginé que fuera así, demasiado de golpe, estas cosas…pueden ocurrirle a otro, a otro. Nunca a uno…”.”…A veces pienso, Tita, si no nos equivocamos con la nena…haberle dicho algo, explicarle algo, haberle sugerido algo…”
En cuanto al tiempo 2, es importante señalar que es aquel en el que se produce la interpelación subjetiva, la cual “(…) se pone en marcha cuando la Ley simbólica del deseo, ob-liga a retornar sobre la acción.” Dicha interpelación indica que el sujeto fue más allá con su acción, ya que se trata de una acción que está en relación al deseo. De este modo, algo irrumpe y quiebra todo sentido, el yo se desorienta frente a lo que le es ajeno. Frente a la interpelación pueden tener lugar distintas respuestas, en el caso del doctor, cuando se llevan a Adriana (la niña) se muestra sorprendido por la situación, pero su desconcierto se expresa especialmente respecto de un gesto sutil, este dato no emana de los elementos externos que irrumpen en el living de su casa, sino que aparece referido a su mujer, cuando dice:”le aprieto la mano…las dos manos tocándose, no había nada que hablar, y yo descubro:” ésta es mi mujer…ésta es mi mujer…”
El desconcierto es respecto de la posición de su mujer, que se muestra con prescindencia frente a lo que está aconteciendo, el hombre puede sostener la farsa, la mujer sabe de su déficit respecto de esa hija y, cuando se desencadena la patraña, ya no puede seguir adelante con ella.
Tomando a María Elena Domínguez podríamos decir que existe un cortocircuito de la responsabilidad y la idea de que no hay linealidad en este circuito para llegar o no a la responsabilidad subjetiva, ya que como dice Lacan, el verdadero original sólo puede ser el segundo por constituir la repetición que hace del primero un acto, pues ella introduce allí el apres-coup propio del tiempo lógico.
La interpelación implica una deuda por la que hay que responder, ya sea cerrando el circuito o dando lugar a un tercer tiempo de la responsabilidad subjetiva.
En este caso la respuesta es particular, no encontramos singularidad en esta vuelta al surco de lo moral, ya que las respuestas del sujeto en vez de abrir el circuito hacia un tiempo 3, responsabilizándose por su acto, lo que hace es cerrar el circuito, dando respuestas que podríamos llamar “genéricas” a esa interpelación subjetiva, taponando la dimensión ética. Como puede ser la proyección:
”-Me la robaron con mentiras…”solamente esta gente es capaz de transformar lo bueno en malo, lo justo en injusto. Cuando la calumnia de esta gente echa a rodar, todos los valores se trastocan. Yo pensaba que la maldad era una cosa abstracta, teórica. Pero cuando la veo encarnada en personas de carne y hueso, que gritan, se ríen, gesticulan, insultan y persiguen, Tita, persiguen, como si hubieran nacido para eso, para perseguir…”
Acá el médico estaría proyectando su accionar y el del aparato represor del cual él mismo era parte, en los jueces que irrumpen en su casa a los fines de llevarse a Adriana.
Otra respuesta es la negación:
“Eran épocas de mierda, Tita! Había que salir a cagarse a balazos todos los días…Por eso, cada vez cada vez que suena el teléfono y yo pienso que puede ser Adriana que no la dejan hablar pero que puede escuchar…porque si las cosas siguen así y Dios quiere, dentro de muy poco vamos a estar juntos otra vez los tres…”
Acá se puede ver como niega la apropiación de Adriana, también los devastadores efectos posibles subjetivos para la niña, en tanto no tiene en cuenta su derecho a la identidad y el Terrorismo de Estado como contexto.
Intelectualiza a su vez, su accionar justificando con explicaciones morales su maniobra, como por ejemplo la protección dada por él a la niña. Como cuando dice:
“Vos sabes, Tita, que la nena sufrió mucho. Primero lo de los padres y ahora esto…Me llamaron para ver si estaban vivos los padres, ¿lindo oficio el de medico no?..”
Estas respuestas culpógenas a la interpelación cierran el circuito y generan certidumbre. El sujeto se responsabiliza moralmente y trata de enmendar lo que encuentra de malo en su accionar que es no haberle dicho “algo” a la niña, que podemos suponer referido a que podrían venirla a buscar algún día. Sin embargo no podemos decir que se responsabiliza subjetivamente por la apropiación de la niña, o sea que no da lugar al tercer tiempo del circuito, no logra sustraerse al guión y posicionarse en acto de otra manera. La responsabilidad subjetiva provoca un efecto sujeto, un tiempo 3, de incertidumbre, en donde se sigue pero sin un guión ajeno. Dado que el acto es en soledad y el tipo de respuesta que da el protagonista no implica dicha responsabilidad.
Retroactivamente podemos hallar en el lazo asociativo entre 1 y 2, una hipótesis clínica que sitúe la naturaleza de esa ligadura. Es decir, si algo ha emergido en el 2º tiempo des-ligado del universo particular, este buscará re-ligarlo hallando una explicación a su presencia. Finalmente será necesario un tiempo 3 que verifique la responsabilidad subjetiva, una toma de posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produzca un efecto sujeto.

La Hipótesis Clínica le aporta al sujeto algo que no sabe de sí mismo, con ella se trata de ir un poco más allá del texto, ésta da cuenta de cómo el personaje responde frente al deseo. Hay algo del orden de la singularidad y del inconciente que puede estar en juego. Tratando de rastrear este deseo en el personaje trascendiendo sus intenciones concientes podemos decir que en su accionar se estaría jugando el deseo de quedar posicionado como hombre, o sea a recuperar su posición viril frente a su mujer. Al respecto el personaje da cuenta de los conflictos vinculares familiares, desde el comienzo de la obra, haciendo una descripción casi perfecta de las posiciones de cada integrante de la familia en una escena que se juega en el living de la casa:
“He tratado entonces de estudiar cada una de las posiciones físicas que me permiten recrearla imagen de aquella mujer que un día estuvo enamorada de mí…
Que ahora ni se mueve, ni me mira…”
Un reproche a una mujer que lo desautoriza como macho, una esposa ausente, dificultades sexuales y problemas de comunicación entre los tres integrantes de la familia.
“Hace muchos años este juego de rodillas en el matrimonio era sencillo, se abrían y se cerraban con suma facilidad…desde que cumplí cuarenta y siete, hace como cinco años, esto ni con torniquete se abre… ¡es dificilísimo!...”
Al respecto también podríamos hipotetizar que en el personaje se estaría jugando un Ideal del Yo caracterizado por la rigidez, la obediencia a los mandatos familiares y sociales, etc. Teniendo en cuenta que el padre del protagonista también fue médico, él, estaría respondiendo a los mandatos paternos, también a un cierto modelo de familia. Podríamos establecer un paralelo entre la sumisión a los mandatos como a las fuerzas militares.
“…Agarré el bracito de ella y le puse el aparato de la presión que me regaló papá…”

Con respecto a los elementos comunes que se pueden encontrar entre el caso presentado y el de Ibbieta del cuento “El muro”, se podría ubicar al régimen de dictadura en el cual se encontraban ambos países. Pero la diferencia es el modo de respuesta de uno y otro protagonista. Ya que Ibbieta les hace la “jugarreta” a los falangistas tratando de ocultar el verdadero paradero de su amigo Gris, mientras que el doctor Martinez muestra una posición de sumisión ante sus superiores. Además de pertenecer a las fuerzas.

Comentarios finales:
En cuanto al deseo que se le juega al protagonista podemos decir que no es el deseo de ser padre. Este padre nunca pudo cumplir la función paterna, ya que la niña fue apropiada y no adoptada legalmente, dentro de las posibilidades de ser padre no está incluida la sustracción de un menor. Además de la supresión de identidad. En este caso la niña fue objeto para resolver las supuestas frustraciones respecto de la paternidad, apropiándose de la niña. Cancelando la posible función parental respecto de la menor e impugnando el vínculo que los une.
Ya que la restitución de niños desaparecidos a sus legítimas familias es en verdad un acto de restauración de la función paterna. La restitución no es del niño sino del Padre.
La hiancia de la Ley: se puede pensar para la ley una doble acepción, una Ley condición para la estructuración del sujeto y una ley que hace referencia a los sistemas sociales y particulares. Buscando la sanción jurídica, la ley es un medio para restablecer el derecho que fue objeto de una violación, pero hay una paradoja que se presenta y es la relación entre la demanda de justicia en la que se insiste en no ceder y un estatuto que no repara plenamente las consecuencias de un delito como la apropiación, ya que en el caso de los niños desaparecidos se trata de los límites que surgen de la apropiación de los procesos de constitución psíquica, dado que algunas de las marcas allí producidas dejan huellas indelebles, que es lo que nuestro caso el doctor no tuvo en cuenta, porque lo que se juega en la acción de la apropiación fue el deseo de él por sobre el deseo de la niña. El protagonista no pensó nunca en reintegrar la historia que le corresponde por derecho a Adriana. Continuando con la farsa, sin desbaratar la impostura. Condición de reparación en el orden subjetivo de la niña.

Bibliografía:

Ética y cine.Juan Jorge Michel Fariña. Carlos Gutierrez (comps) Eudeba,
Buenos Aires.

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Mosca, J.C. (1998), Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebre. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G, Domínguez, M. E (2006), Ética y Responsabilidad, Parte III. En: La transmisión de la ética, clínica y deontología.



NOTAS

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