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Sam y la emergencia de la singularidad frente a lo "inimaginable"

por Fernandez Carloni, Daniela Elizabeth, Tapia, Paula Martina

Desarrollo

Sam, personaje en el que se centrará el presente análisis, es un cirujano cardiotoráxico cualificado para realizar una extracción de órganos en un bebé recién nacido para su posterior trasplante.

En el hospital en el que él trabaja se presenta el caso del nacimiento de un niño anancefálico, cuya madre decide donar los órganos del mismo apenas este nazca, lo cual, para Sam sería “acelerar el proceso” de la prematura muerte que sufriría este bebé debido a su condición. Esperar a que el bebé muera para donar los órganos no es una opción, ya que para ese entonces estos no serían viables para trasplante porque estarían deteriorados.

Necesidad y Azar

Entendiendo a la necesidad como “aquellos sucesos ajenos a la voluntad humana” [1] es decir, como “aquello que va a ocurrir inexorablemente” [2], se podría ubicar lo siguiente: frente al orden de la necesidad, que en este caso se consideraría la prematura muerte del bebé anancefálico, el que nunca será consciente, se propondrá la aparición de un dilema para el sujeto: extraerle los órganos antes de que muera, para trasplantes a otros bebés cuyas vidas dependen de ello, a costa de acelerar la muerte de este, o esperar a que muera para realizar la operación, cuando esos órganos podrían ya no estar disponibles para trasplante debido a su deterioro. La muerte como ejemplo de la necesidad, se ubicaría en este caso del lado del bebé anancefálico, inevitable y prematura, y de los bebés que esperan los trasplantes, para poder sobrevivir. Podría modificarse lo segundo y es aquí donde se abriría una grieta que permite vislumbrar la responsabilidad.

Por otro lado se podría hablar del azar en tanto sólo hay nueve cirujanos capacitados y habilitados en el área para esa operación. Ocho han dicho que no, y Sam, en el noveno lugar queda en una posición tal que se depende enteramente de él para la realización de la misma. Es decir que si algún otro cirujano hubiese aceptado Sam no hubiera tenido que enfrentarse a la situación de tener que tomar la decisión de participar o no participar. Aquí, entonces, ubicamos el azar.

De esta forma y siguiendo a Juan Carlos Mosca se sugiere que “la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar” [3].

Circuito de la Responsabilidad Subjetiva

Se intentará articular la decisión que toma Sam frente a este dilema para analizar el circuito de la responsabilidad subjetiva ubicando sus coordenadas en los tres tiempos lógicos.

El circuito de la responsabilidad “está compuesto por un tiempo 1 donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que se supone, se agota en los fines para los que fue realizada...” [4] Se podría considerar que en este tiempo 1 estaría la postura que toma Sam frente a la decisión de Amelia de donar los órganos de su bebé, considerándolo como un asesinato y oponiéndose a operar. Basa su postura en lo que estipula la Academia Americana de Pediatría. De esta forma el tiempo 1 se corresponderá con un síntoma egosintónico, aquel que se encuentra en la misma sintonía del yo. En este tiempo 1 Sam estaría utilizando lo que postula la Academia Americana de Pediatría para refugiarse y sostener su postura, ubicándose como un médico que actúa de acuerdo a la ley, actuando como sujeto yoico, respondiendo como sujeto jurídico. Se ubicaría de esta forma la responsabilidad jurídica, aquella que “en función del sistema de referencias legales (...) constituye una de las formas de la responsabilidad moral” [5].

A su vez, este accionar de refugiarse en lo moral del eje de lo particular se podría suponer como un síntoma, en tanto “elemento accesible a la conciencia que es medio de expresión de otra cosa, de algo desconocido pero sobre el cual podemos suponer un saber no sabido. Nos enfrentamos entonces al campo de la responsabilidad subjetiva y su relación con aquello que perteneciéndole al sujeto, le es ajeno.” [6]

En el tiempo 2 se produce una interpelación de manera retroactiva, produce una resignificación fundándose de este modo el tiempo 1 que cobra un nuevo sentido para el sujeto y que es lógicamente posterior al tiempo 2. Irrumpe algo extraño que resquebraja el sentido previo, la consistencia del yo, de su discurso, de los elementos egosintónicos, quedando manifiesta la división del sujeto mediante las formaciones del inconsciente, que a su vez permiten vislumbrar la dimensión del deseo inconsciente [7]. Es la falta, que se deja ver propiciando el punto de inconsistencia, que da lugar a la responsabilidad subjetiva fundadora de sujeto.

Dentro del circuito de la responsabilidad subjetiva, en el tiempo 2, la realidad le devuelve al sujeto algo que da cuenta de un exceso en el accionar del tiempo 1, algo anduvo por fuera de lo calculado, y de esta forma el sujeto se ve interpelado. Podría ubicarse este tiempo 2 en la escena cuando Sam va a ver a Amelia para decirle porqué no formará parte de su equipo de trasplante, ella le dice “vos vas a hablarme de ciencia, tecnicismos, pero la cosa es que no es por eso que no quieres extraer los órganos, es porque es inimaginable”, marcando de esta forma un exceso en el tiempo 1. Se podría hipotetizar que Sam no se estaría guiando por lo que estipula la Academia Americana de Pediatría, sino que hay otra cosa allí, que se juega el deseo del sujeto en relación a la paternidad y la confrontación con la muerte. Ésta, en tanto aquel bebé va a morir indefectiblemente y frente a la pregunta por la paternidad en tanto Amelia en su relato le plantea lo que ella le esta pidiendo como la madre de ese bebé, podría pensarse que ésto lo enfrenta de manera análoga con la paternidad.

Frente a la interpelación, donde Amelia le dice que él no lo quiere hacer porque es “inimaginable”, proponemos ubicar allí un punto de inconsistencia, la aparición de un elemento egodistónico que desbarata las acciones egosintónicas del yo, que pone en jaque el universo particular del sujeto que tiene sus cimientos y ancla en las seguridades y certezas del yo, ese intento de consistencia que se advierte en Sam en relación al recurso que él utiliza para dar cuenta de la consistencia de su discurso haciendo referencia a la leyes y de lo que jurídicamente es la vida y la muerte, y basándose en estas leyes sostener su decisión de no participar en la cirugía. Es el tiempo 2 en el que, como se ha mencionado, Sam se ve interpelado, operación simbólica de la que depende la culpa, condición necesaria para el circuito de las responsabilidad subjetiva. La culpa, puede ser ubicada en el exceso que marca la interpelación, en el accionar del tiempo 1, culpa que ob-liga a responder por ese exceso, porque hubo algo de su propio deseo que se jugó en ese accionar, más allá de que Sam se haya refugiado en las leyes del eje particular, se podría pensar que es responsable de haber dado otros motivos que no eran los que daban cuenta de su deseo.

De modo retroactivo se re significa el tiempo 1 del circuito de la responsabilidad, instaurándolo y cobrando las acciones de este tiempo un nuevo sentido, manifestado mediante el exceso de las acciones del tiempo 1. Hay algo allí que le pertenece a Sam, algo del orden de lo inconsciente, que lo enfrenta con la castración, lo barra, quiebra la consistencia del yo enfrentándolo con aquello que no tiene un significante que pueda representarlo, como hemos indicado proponemos que el sujeto se pregunta por la muerte y por la paternidad, “surgiendo de este modo como efecto de la palabra que lo divide” [8]

En el tiempo 2 se da el lugar a la emergencia de interrogantes que el sujeto pueda comenzar a realizarse. En Sam proponemos que las preguntas por la muerte y la paternidad es lo que propiciará el espacio para la emergencia de una singularidad, que en él la podríamos ubicar en la posición que toma frente a la muerte del bebé luego de la operación de extracción de órganos, en la escena en que toca al bebé luego de la operación, tapándolo, sacándole una gota de sangre que había en su rostro, y diciéndole “gracias”. Este acto queda por fuera de todo procedimiento médico, además de su nueva posición subjetiva frente a su deseo de formar una familia con Addison, una médica que trabaja en la misma clínica que él, y el bebé de esta, asumiendo él la posición de padre de ese niño. Las dos escenas mencionadas proponemos que dan cuenta del acto del sujeto y cambio de posición subjetiva que conforman el tercer tiempo del circuito y que instala la responsabilidad subjetiva. Y se dice que este acto es ético porque en él se produce un sujeto de deseo inconsciente.

Lo indicado anteriormente como acto del sujeto, como respuesta, deja en evidencia la “incompletud del universo previo junto con la caída de los ideales que allí se sostenían” [9]. En el personaje de Sam podemos ubicar los ideales de su universo previo en las leyes de la ciencia, en la normas de la Academia Americana de Pediatría, en los fundamentos médicos y jurídicos de lo que es la vida y de cuales son los requisitos médicos y fisiológicos para poder decretar la muerte de una persona. Este universo y sus leyes no le alcanzan para poder responder a los interrogantes que comienzan a emerger a partir de advertir el nuevo sentido y el exceso del tiempo uno.

Se podría formular como hipótesis clínica que el exceso que se considera hubo en el tiempo 1 es en relación al deseo inconsciente del sujeto de análisis, donde Sam justificaba su acción refugiándose en las estipulaciones de las normas jurídicas y médicas para no participar en la operación. Esta justificación que usa el sujeto hace pensar en ese exceso, del encuentro de Sam con su propia incompletud, castración y con mociones inconscientes en relación a la muerte y a la paternidad. Allí se propone la ubicación del deseo inconsciente del sujeto en relación a la paternidad, formar una familia con Addison y a la confrontación con la muerte. Para Sam era inimaginable volver a ser padre y formar una familia, pero lo manifiesta mediante lo que suponemos como una acción sintomática, “aquellas que tienen un propósito inconsciente y su significado va a surgir a partir del sentido singular que esas acciones tengan para el sujeto” [10], considerando como inimaginable realizar la operación.

En relación al deseo inconsciente, es pertinente mencionar que: “la única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva psicoanalítica, es de haber cedido en su deseo” [11]. En relación a lo enunciado en la cita es que se propone esbozar una hipótesis respecto de la decisión de Sam y su deseo. En este sentido proponemos que el deseo inconsciente del sujeto, se juega en relación a la paternidad y el enfrentamiento con la muerte. Por tal motivo se propone que el sujeto no cede en su deseo, y los fundamentos que se consideran para ello son el cambio de posición frente a la operación y la acción del Sam que se ha propuesto en el tiempo 3, a saber: poder imaginarse como padre y actuar conforme a su deseo proponiéndole matrimonio a Addison para formar una familia con ella.



NOTAS

[1Michel Fariña, J.J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de Cátedra. Cátedra I Psicología, Ética y Derechos Humanos, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

[2Michel Fariña, J.J. Op Cit.

[3Michel Fariña, J.J. Op Cit.

[4Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.p.135.

[5Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.p 118.

[6Salomone, G. Z.: Op Cit.p 125.

[7D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006. pp 150

[8Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006. pp 129

[9Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006. pp 135

[10Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.p 120.

[11D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006. pp 155




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Director: Mark Tinker, Tom Verica, Ann Kindberg, Bethany Rooney, Michael Zinberg, Eric Stoltz, Donna Deitch, Karen Gaviola, Jeff Bleckner

Año: 2007

Pais: Estados Unidos

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