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Una película de amor. Una historia sobre la resistencia
por Conte, Desiré
Título original: Proyecto mariposa

Sergio Cucho Constantino / Argentina / 2014

La única cosa más o menos seria que puede hacerse:
Una carta de amor

Jacques Lacan

Ay mariposa, me encantaron tus palabras, son un aire, una brisa, y espero que sigan. Sé que estas palabras se multiplicaran por miles. Sé que algún día nos veremos y volaremos en libertad. Me lo dice el corazón.

Estas primeras palabras -que luego se multiplicaron- recitadas por una voz en off, resuenan mientras el sol de la mañana deja atrás el alba en una ruta cercana a la ciudad de San Luis. Primeras luces de un día especial. Un viaje, el interior de un auto, las manos nerviosas de una mujer sintonizan una radio. La voz de la locutora da los buenos días y anuncia un día de mucho calor; “Sobre todo aquí” dice, “donde los ánimos están caldeados”. Allí es el Tribunal Oral Federal (TOF) de San Luis; donde después de escuchar los últimos testimonios, el tribunal puntano decidirá la pena correspondiente para algunos acusados de delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar. Las manos de uñas rojas siguen nerviosas y el sol encandila. La cámara deja seguir viajando al auto en soledad y cambia el plano. Enseguida nos presenta a quien suponemos dueña de esas manos que se mueven inquietas en el asiento acompañante: Lina Garraza. Lina se presenta desde un muelle en San Luis; habla sobre su nombre. La cámara se traslada hacia la ciudad de Buenos Aires para descubrir a quien conduce el auto en el viaje que inicia el film: David Mazal. David menciona rasgos culturales y socio-políticos de los años ´70 que lo marcaron.

Ellos son los personajes centrales, ellos construyeron la historia que el director quiso contar.

A partir de aquí comienzan a sucederse una serie de testimonios de familiares y amigos que son convocados a contar la historia de amor verídica que ha pretendido y logrado transmutar en película. Los testimonios se enlazan con música, danza, imágenes del juicio, fotos del pasado, diarios del año 1976 anunciando la captura de peligrosos subversivos, lágrimas, orgullo, impotencia, desconsuelo, desconcierto, amor, dignidad y una infinita amalgama de sentimientos y sensaciones. No hay golpes bajos ni mártires. Hay militantes, artistas, trabajadores, profesionales, hay nombres propios contando las circunstancias que vivieron bajo la última dictadura, hablando con honra de su militancia, tomando posición en la clandestinidad de aquella época, reafirmando su oposición al totalitarismo. Cada uno de los protagonistas de la historia es presentado con su nombre propio y el nombre de guerra que portaba durante la época de militancia clandestina. Estas personas se reconocen como víctimas de la dictadura imperante entre los años 1976 y 1983, son testigos en los juicios contra los perpetradores, pero no parecen ubicarse en el registro dicotómico culpables-inocentes. El contexto que configura la reapertura de los juicios por violaciones a derechos humanos a partir de la declaración de inconstitucionalidad de las tres leyes de la exculpación (Fariña, 1987) en el año 2003, permite la introducción de una tercera posición, la de víctima responsable, posición que permite romper la identificación con el sufriente pasivo y hace posible la restitución subjetiva (Noailles, 2014). Saben porque los buscaron –los perseguidores conocían sus nombres y actividades-, ellos reconocen el motivo, desde lugares diferentes proclaman su posición de lucha. Sin embargo no fueron víctimas de una guerra, fueron víctimas de terrorismo de Estado, de delitos de lesa humanidad. Delitos que, en el marco de Estados democráticos, se sustentan en sí mismos y no pueden ser justificados en las acciones de civiles o grupos de civiles.

La historia

Lina y David fueron militantes activos de la agrupación montoneros [1] y presos políticos durante los años 1976 y 1983. No se conocían en ese entonces. Al momento de su detención ninguno de los dos había cumplido los veinte años. David fue secuestrado con otros militantes en Buenos Aires y Lina fue detenida junto a su familia en su casa de San Luis. Unos días antes, el novio y compañero de militancia de Lina en aquel tiempo, Pedro “el Negro” Ledesma, fue interceptado en la vía pública con dos amigos mientras se dirigían a una reunión política. Uno de ellos fue muerto allí mismo, los otros secuestrados y luego desaparecidos. Apenas comenzaban a vislumbrar los estragos que iba a generar la dictadura en la sociedad argentina y sobretodo, en quienes se oponían ideológicamente al gobierno inconstitucional. Conocieron la tortura en carne y alma propia. El panorama era desolador, pero tuvieron la fortuna, al menos ellos lo inscriben así, de franquear la figura de secuestrados ilegales para convertirse en presos de lo que llamaban el PEN, el Poder Ejecutivo Nacional. Se transformaron en presos legales, teniendo en cuenta el marco de pseudolegalidad impuesto por la dictadura. En 1979, luego de la visita de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) decidida a partir de una gran cantidad de denuncias a ese organismo, se permitió a los presos comenzar a intercambiar correspondencia sólo con familiares directos. Lina inició carteo con su padre, quien también seguía en prisión. No paso demasiado tiempo hasta que, como un juego, a pesar del espacio limitado que había para la invención que éste promueve, se cuelan en esas cartas las palabras de un compañero de celda de su padre, el joven David. Lina responde; algo que no terminan de entender y constantemente intentan explicar los sujeta. Quedaron prendidos a ese intercambio epistolar durante los años que restaron de prisión. Se recortaron como hombre y mujer entre todos los demás posibles. El intercambio de cartas entre desconocidos no estaba permitido, por eso Don Pedro, padre de Lina, se tomaba el trabajo de transcribir lo que David escribía dentro de su propia carta. Para distinguir su mensaje del de Don Pedro, utilizaban un código dentro de esas cartas que anunciaba una intrusión: “llegó la mariposa”.

Con la vuelta de la democracia, en el año 1983, fueron liberados y se conocieron personalmente por primera vez. Se casaron tiempo después y hasta hoy permanecen juntos. Tienen dos hijos que hoy cuentan con pocos años más de los que ellos gozaban cuando se truncó su juventud.

El documental: testigo de testigos

Se produce un libro: acontecimiento minúsculo,
pequeño objeto manuable. Desde entonces
es arrastrado a un incesante juego de repeticiones (…)
ni completa simulación ni completa identidad.

Foucault

El director ha querido contar una historia de amor. Y parece haberlo logrado, en palabras suyas “una historia de amor con memoria”. Dice Costantino que aunque el contexto es político, él sólo quiso ubicar el plano político como marco de una historia de amor. Una joven presente en el auditorio el día del preestreno en el Centro Cultural Haroldo Conti, que acusó la edad de 22 años, se sirve del tiempo de intercambio de comentarios que proponen quienes presentan el film luego de la proyección del mismo, y agradece porque le han contado parte de la historia del terrorismo de Estado en Argentina durante la última dictadura militar desde el amor. Para ella la película cuenta parte de la historia de esos años nefastos utilizando como marco el amor que opone al rencor de otros relatos. ¿Qué es marco y que núcleo?, las intenciones de quien escribe se desdibujan cuando pone a rodar su producto por el mundo, ¿quién puede predecir el recorte que hará alguien de una historia? ¿Dónde posará la mirada cada ψυχ? [2]? Resuena aquí el concepto de extimidad que utiliza Lacan para ubicar la realidad psíquica como verdad del sujeto, donde no hay interior ni exterior, sino que el único modo de establecer ese orden es desde un recorte singular. La mirada fuera del cuadro circunscribirá los bordes del núcleo que ella misma dibuje. Del mismo modo que la palabra documentada en los juicios no puede reproducir los hechos sin la distancia entre las palabras y las cosas que introduce un sujeto singular, el film documental no puede ser reflector pasivo de los hechos. No puede más que testimoniar el acto de testimoniar, con las implicancias subjetivas que esta acción conlleva. El film documental se diferencia del film ficcional sólo en que en el primero, lo hechos que suceden o sucedieron y son relatados, y los personajes que allí aparecen, existen por fuera de la película. (Beceyro, 1997). En este sentido, nuestra película es un documental. Y como tal, tiene la particularidad de construir ficción, invitando al relato sobre hechos verídicos a los protagonistas. En términos psicoanalíticos, la elaboración narrativa que acontece en esas coordenadas tiene estatuto de ficción. La diferencia es, que aquí, no es el director quien impone el libreto.

Posiciones singulares. Un saber común emergente

Hay un modo de transmitir el testimonio
que se distingue de la versión inefable y de la literal.

Luis Guzmán

Los efectos subjetivos que puede desencadenar el acto de testimoniar son incalculables. No hay modo de preverlos. La historia ha documentado que la tragedia no está exenta de ser una de las posibles consecuencias. Sin embargo, ¿es pertinente adjudicar ese efecto al suceso de dar testimonio? ¿Hay un mejor modo para el ser humano en tanto sujeto del lenguaje de existir que no sea el de poder contar lo ocurrido aunque nunca encuentre las palabras apropiadas? Quizás sea esa búsqueda el modo de seguir transitando, de hacer experiencia en contraposición a la vana supervivencia que implica el silencio anulando el discurrir discursivo que hace sujeto. En este punto la diferencia entre callar y testimoniar, podría homologarse a la distinción que establece Lewkowicz (2002) entre sobrevivir y habitar. Siguiendo esta idea, instalar socialmente el espacio para el testimonio es la única manera de convocar a un sujeto a habitar el mundo.

Sabemos que para los sobrevivientes de delitos de lesa humanidad brindar un testimonio ante la justicia no es un hecho menor, es un punto álgido. Luego del llamado a silencio mortífero que sufrió la sociedad argentina con las leyes de la exculpación (Fariña, 1997), la decisión del Estado de la reapertura de los juicios cobra un estatuto particular. El reconocimiento desde el Otro que vehiculiza la ley permite establecer las coordenadas para configurar otra historia, una historia en la que la violación sistemática a los derechos humanos por parte de un gobierno sea condenada como delito en contra de la humanidad. Los marginados recuperan así la razón. Pasa, entonces a ser el Estado quien carga el peso de la memoria -de sus propios delitos- a partir del reconocimiento de ese singular pasaje del dolor en el cuerpo al dolor en el alma que implica para el individuo el acto de atestiguar; de este modo es posible construir una memoria colectiva que no se sostenga en mártires individuales. Sólo el relato del horror permite tomar distancia del horror (Viñar, 1986), pero el relato, para permitir esa distancia, debe ser alojado en un espacio social que lo legitime. Luego cada quien podrá o no dar cuenta de sus respectivas posiciones subjetivas, del lugar que ocupó en la crónica de su propia vida.

Lina y su hermana Ani, cuentan que luchaban activamente por un mundo mejor, del modo que lo creyeron necesario.

David dice ser sobreviviente de una guerra y agrega parafraseando a Neruda que tiene un pacto de amor con la vida y un pacto de sangre con su pueblo. Suele tomar palabras prestadas de sus amigos poetas.

A Silvia, hermana de David le gusta pensar que podría haber habido destinos peores para él, la desaparición, la muerte, el exilio; cree que para David la cárcel fue una escuela de política, "al menos eso pudo sacar como beneficio". Doña Victoria, su madre, cuenta que ser joven y pensante en aquella época era peligroso, “ la biblia era peligrosa".

Julio, amigo del desaparecido Negro Ledesma y Lina por esos años, amigo actual de la familia y dueño de la guitarra y la nostalgia en los asados; a pesar de compartir la lucha ideológica, nunca entendió lo de los nombres de guerra (aunque supo llevar el suyo con la frente alta), ni de la lucha armada, su arma era un libro comenta, él era un hombre de la cultura, Julio es el hombre que se pregunta por la existencia. También recuerda que los golpes que le suministró Pla existieron.

Pedro, el padre de Lina se enorgullece de sus hijas, relata que las tres son profesionales y buena gente, dice "eso es lo que demuestra que esos sinvergüenzas no tenían razón." También recuerda a Pla, lo hace con un rictus en el rostro. Pareciera dolerle el dolor de Chabela, su esposa. Ella está a su lado pero no habla demasiado, él la mira con ternura, festeja cada mínima sonrisa que ella emite. Es difícil dejar de pensar las cosas por las que han pasado.

Pancho, hermano del Negro recuerda que se lo arrancaron en Septiembre, a pocos días del cumpleaños de su madre y desde entonces las primaveras son tristes. Maldice a los dictadores por no devolver el cuerpo, no logra comprender que les hayan quitado a los vivos la posibilidad del duelo; “hicieron tan bien su trabajo…” lamenta.

Cada uno tiene su historia, y es la que puede contar. Todos fueron testigos en los juicios. Los acusados conocían a quienes perseguían y, sobretodo en ciudades chicas, no era extraño que los secuestrados conozcan a sus verdugos. La mayoría de nuestros personajes coincide en el recuerdo de los golpes y torturas de uno de los acusados, el oficial de policía Esteban Pla.

Volvemos al día del viaje en auto, el día de lectura de las condenas, el film nos muestra al oficial en cuestión. El tribunal le ofrece decir sus palabras finales antes de leer la condena, el imputado se niega haciendo uso de su derecho constitucional. Tiene los mismos derechos constitucionales que rigen para cualquier ciudadano dentro del territorio argentino. Es declarado culpable y se lo sentencia “a la pena de prisión perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua por encontrarlo autor mediato, y penalmente responsable de los delitos de….” violaciones varias a los derechos humanos.

Lina y Eva, su hija, escucharon la sentencia en el auditorio, se abrazan fuerte en un abrazo que no termina, en un abrazo triste y aliviado.

Para Lina, el juicio significó, no sólo un cierre de su historia truncada con el Negro, sino que también implicó darle un cierre a la familia de él. Ella siente que algo les debía y recién se los pudo devolver después de casi 30 años, cuando el verdugo fue juzgado y su palabra alojada. Ella muestra la placa con el nombre de Ledesma en la municipalidad de San Luis, nos presenta a su novio de la adolescencia.

No es lo mismo desconocer una desaparición que reconocer a un desaparecido e inscribir su nombre en una insignia. Esta nominación lo sustrae del anonimato, da existencia al paso por el mundo de ese hombre, permite que los lugares de los vivos se reordenen posibilitando la evocación en la memoria compartida. No hay cuerpo, pero hay un reconocimiento al nombre, que, al menos, podría rescatar lo simbólico de ese cuerpo.

Una historia de almor [3] y mariposas

Se acercan tiempos difíciles, Amar es urgente
Miguel abuelo, de la canción Mundos In Mundos

El código que anunciaba la palabra de David en la carta que Lina recibía de su padre, cual interdicto de ese Edipo singular, era: llegó la mariposa. Esa frase funcionó cómo corte de un amor endogámico corriendo la mirada de Lina desde su padre hacia David.

Muchas culturas orientales consideran a la mariposa como la encarnación del alma. Los griegos llamaban a las mariposas ψυχ? (psyché), palabra que en origen significa “soplo” y que luego designa al soplo vital, al principio de la vida y que acaba identificándose con el concepto “alma o espíritu”. “Los griegos lo aplicaban basándose en la ligereza y sutileza de la mariposa y en su capacidad de salir vivas volando de una crisálida, como muestra el espíritu vital que en la pupa anidaba” [4]. Quien sabe si es cierto, lo cierto es que Lina y David decidieron anidar su espíritu vital en el bienaventurado encuentro epistolar. Lacan ubica que,

No está claro por qué el hecho de tener un alma- si fuese verdad- habría de ser un escándalo para el pensamiento. Si fuese verdad, sólo podría llamarse alma lo que permite a un ser –al ser que habla, para darle su nombre- soportar lo intolerable de su mundo (…) Lo cual es considerarla en él –en este mundo- sólo por su paciencia y su valentía para hacerle frente (Lacan. P102)

Hay amor, porque hay alma que ama dice Lacan, construcción fantasmática producida en el intento de aprehender lo real del mundo. El amor se construye en el lugar de la ausencia de relación sexual, falta de complementariedad entre los sexos que implica para el ser humano un desplazamiento de la idea de determinación que rige a otras especies vivas. Lo que permite la invención singular es una falta. Invención anudada a un núcleo real que Lacan ubica cómo verdad.

La condición de amor que dice saber David es que Lina era una compañera [5], él cuenta que podría haber comenzado a escribirse con cualquiera de las otras mujeres de los otros hombres, pero eligió a Lina, la hija de Pedro, primero eligió a Pedro en una elección que no es tal, que tiene la forma de la decisión (Domínguez, 2013), del acto inconsciente, luego él explica que ella le respondió, que entendió el código, que respondió mediante un código común, “cuando ella respondió supe que estábamos en la misma sintonía”. Pero eso fue después, el primer momento no cobra estatuto en lo que llamamos consciencia. “Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto” lo explica Cortázar. Esa lluvia es lo que enlaza, el modo en que enlaza es singular y desconocido para el sujeto que queda ligado en ese vínculo, es desconocido porque es del orden de lo inefable, es la verdad de lo real que porta el síntoma, lo que no podrá ser dicho más que por rodeos. Luego podremos construir sentido –saber- sobre eso, pero en un segundo momento. Quizás sea posible construir una relación sustentada en saberes, sería un modo, pero si lo que Lacan llama amor se inicia en el deseo, ¿es posible desear desde el saber? La palabra deseo no es utilizada aquí como sinónimo de pasión, anhelo o demanda de un objeto, sino con el estatuto conceptual que lo presenta el psicoanálisis. Deseo como el carácter estructuralmente insatisfecho por estar articulado a una falta fundante. Siguiendo esta línea sólo es posible desear desde la falta. Falta que se debe articular a un texto que no puede acabarla toda y deja un resto que relanza al mundo simbólico al sujeto. Qué lo obliga a reinventarse.

Si la elección de amor se impone desde esa marca inconsciente de la que nada se sabe, no hay más posibilidad que elaborar narrativamente el encuentro en un momento posterior. El relato en tanto saber, -la construcción de un saber- viene a dar cuenta del desconocimiento de una verdad inefable del sujeto. Esa verdad singular que Lacan llama un destino (1975), y a la que sólo se puede acceder por la vía particular de la palabra. De acuerdo a esto, algo de esa verdad puede ser entramado en un saber. Entonces el destino se construye en un recorrido.

No es cualquier palabra la que permite el encuentro, sino su desecho, lo que de ella quedó elidido, lo que marcó el cuerpo en el inicio de la vida; son las ruinas del objeto metonímico en que se constituyó la palabra (Lacan, 1957, p55). Marca ineludible que para el psicoanálisis constituye la verdad última y con la que habrá que aprender a hacer. Marca que determina la condición de amor.

Lacan ilustra con una imagen de la naturaleza la reducción a las dimensiones de la superficie que exige lo escrito, que exige el recorte discursivo que produce sujeto:

…el trabajo de texto que sale del vientre de la araña, su tela. Función en verdad milagrosa, cuando vemos dibujarse, desde la superficie misma que surge de un punto opaco de ese extraño ser, las huellas de esos escritos donde asir los límites, los puntos de impase, de sin salida, que muestran a lo real accediendo a lo simbólico.

Lo que queda por fuera de lo simbólico es la verdad que resiste como causa de deseo. Es en ese núcleo real que se constituye la resistencia a la fijación que implica el encadenamiento significante, la resistencia a la alienación. De allí emerge la sustancia que subvierte el saber establecido, la vida que desborda lo instaurado exigiendo nuevos sentidos.

Otras marcas

Lewkowicz ubica que el destino se impone no a pesar, sino a través de las libres decisiones del sujeto. Cuenta que alguien noto que destino y sentido tienen las mismas letras y concluye en que el destino es un sentido desordenado (1999). Si bien las marcas que nos signan durante la vida, tanto las primitivas como las secundarias, constituyen la sustancia del destino; es necesario ordenarlas y la única manera que tenemos en tanto seres hablantes es mediante el relato, en la historización de los hechos. Hay que hacerlas hablar. En palabras de Gutiérrez (2009) “sólo la historización crítica de las marcas de la memoria –que interpelan al sujeto para conservarlas o para dialectizarlas ficcionalmente- permite ubicar a un sujeto responsable al señalar los modos en que un sujeto responde a esta invitación de las marcas.” La primera de las posiciones sobrevive identificada a las marcas, la segunda vive a partir de ellas.

Hay momentos en que un sujeto puede estar lo suficientemente oprimido como para ser incapaz de tomar una posición en las coordenadas que lo sostienen, es el caso de alguien bajo tortura. Pero esto no impide que tal sujeto pueda llegar a ser responsable, responsable por su posición subjetiva, no se trata aquí de la responsabilidad social por los hechos aberrantes que le tocaron vivir, sino de responsabilidad en tanto respuesta por la posición subjetiva que cada quien ha tomado en el plano que le fue dado por la vida. Para el ser humano tomar una posición es ineludible, dice Sartre que el hombre al ser condenado a ser libre, lleva sobre sus hombros todo el peso del mundo (1943). Lleva el peso de su mundo, de sus marcas, y para vivir es necesario hacerlas algo, inclusive identificarse con ellas en un acto de inmolación o taparlas es hacer algo con esas marcas, es sustraerse de la pasividad que impone la necesidad. Esta sustracción del designio es lo que restituye subjetivamente a un individuo, es lo que lo separa de la especie, lo que quiebra la determinación.

Mundos Otros en Mundos In Mundos [6]

Quisieron un par de diosas griegas [7] agrietar el mundo de Lina y David. Entonces ellos decidieron enamorarse.

Si algo puede destotalizar un sistema totalitario eso es un sujeto, alguien que no acepte funcionar como instrumento del semblante de saber que sostiene a los totalitarismos (Calligaris, 1987). Esa subversión puede manifestarse de modos inesperados y sorprendentes, sin saber su propio portador de esa acción revolucionaria que está llevando a cabo, sin tener la intención de que su acción cobre ese valor. No se trata de muchos individuos, no es en el registro cuantitativo en el cual el totalitarismo se resquebraja. Es en la infinitud del lenguaje como espacio simbólico en el que emerge lo singular, espacio infinito que lo real que resiste permite instituir. Lo que desborda el universo es una singularidad y ésta sólo emerge en el campo subjetivo. Una singularidad solo se constituye mediante una nominación, una intervención subjetiva, no se trata de un término transgresor sino de algo incalificable según el lenguaje de la situación. (Lewkowicz, 1998). Esas cartas de amor parecen al menos haber sido un acto revolucionario. Sus propios carceleros concretaban el intercambio de correspondencia. Los dictadores no les temían a esas cartas por no portar intercambio de información. Lo que portaban era resistencia. En ellas se hizo más fuerte el compromiso político que puso tras las rejas a Lina y David. Ese amor les permitió consolidar su posición ideológica, soportar las pérdidas, transitar algunos duelos. Esas palabras dichas desde el ser amado cobraron un valor de causa que posibilitó la sustracción del abatimiento y la muerte que los acechaba.

La película llega al final. Lina Y David, después de casi 40 años escriben con aerosol la V de victoria en un Muro, así lo hacían entonces. Pero ahora, aquella escritura, parece ser suplementada por un arduo camino de historización de sus marcas que les ha permitido responder sobre quiénes son. Camino en el que han encontrado la gloria que implica saber cómo llegaron al lugar que hoy habitan.

Referencias

Agamben, G. (1999). Lo que queda de Auschwitz. Homo sacer III. El archivo y el testigo. Valencia, Pre-Textos, 2005.

Beceyro, R. (1997) Sobre cine documental. Cine y política. Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral. Disponible en: http://www.catedras.fsoc.uba.ar/dec...

Calligaris, C. (1987). La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.

Cortázar, J. (1963). Rayuela. Capítulo 93. Buenos Aires, Alfaguara, 2013.

Diccionario virtual etimológico. Disponible en: http://etimologias.dechile.net/?lep...

Domínguez, M. E. (2013). El acto de juzgar entre el dilema y el problema ético. En Salomone, G. Z. Discursos institucionales, lecturas clínicas. Dilemas éticos de la psicología en el ámbito jurídico y otros contextos institucionales, Buenos Aires, Dynamo, 2013.

Fariña, J. J. Responsabilidad. Entre necesidad y azar. Ficha de la cátedra I de la materia Psicología, Ética y Derechos Humanos. Facultad de psicología, Universidad de Buenos Aires. Disponible en: http://www.eticayddhh.org/textosyar...

Fariña, J. (1987). Algunas consecuencias de la amnistía/amnesia en la Argentina. Los tres tiempos de la exculpación. Otras realidades, otras vías de acceso. Caracas. Editorial Nueva Sociedad. (1987)

Foucault, M. (1964). Historia de la locura en la época clásica I. Buenos aires, Fondo de Cultura Económica, 2010.

Gutiérrez, C. (2009). En busca del encuentro perdido. Aesthethika. Revista internacional de estudio e investigación sobre subjetividad, política y arte. Departamento de Ética, Política y Tecnología, Instituto de Investigaciones, Facultad de Psicología. Universidad De Buenos Aires. Volumen 9, Nº 2, Abril 2014.

Guzmán, L. (2009) El dilema del perdón. Revista Conjetural número 50. Buenos Aires, Ediciones Sitio, 2009. P 45- 80

Lacan, J. (1957) El seminario. Libro 5: Las formaciones del inconsciente. Buenos Aires, Paidós, 1999

Lacan, J. (1972) El seminario. Libro 20: Aun. Buenos Aires, Paidós, 2012

Lacan, J. (1975) Intervención luego de la exposición de André Albert sobre El placer y la regla fundamental, 14-6-75. Inédito. Traducción de la cátedra Clínica Psicológica y Psicoterapias: Clínica de Adultos (Universidad de Buenos Aires)

Lewkowicz, I. (1999) ¿Un neoyorquino en Budapest? Ética y Cine. Buenos Aires, JVE, 1999.

Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Buenos Aires, Eudeba, 1998.

Lewkowicz, I. (2002) Ley de la manada. Aesthethika. Revista internacional de estudio e investigación sobre subjetividad, política y arte. Departamento de Ética, Política y Tecnología, Instituto de Investigaciones, Facultad de Psicología. Universidad De Buenos Aires. Volumen 9, Nº 2, Abril 2014.

Noailles, G. Víctimas responsables. Diario Página 12, Bs. As., 30 de Enero de 2014. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/p...

Página 12. (2009) Prisión perpetua y cárcel común para cinco represores. Disponible en : http://www.pagina12.com.ar/diario/u...

Sartre, J. P. (1943). El ser y la nada. Buenos Aires, Losada, 2004.

Viñar, M. (1986). La transmisión de un patrimonio mortífero: premisas éticas para la rehabilitación de afectados. En Territorios, número 2. MSSM. Buenos Aires, 1986.


Notas

[1] Agrupación política organizada de un sector del partido peronista que toma posición de lucha activa contra los grupos dominantes de la época.

[2] Alma en griego y supuesto origen etimológico de la palabra mariposa

[3] Neologismo que condensa amor y alma. Así se traduce en el libro 20 la conjugación que hace Lacan del verbo aimer (amar) con âme (alma).

[4] Diccionario etimológico

[5] Compañero/a: modo de identificarse de los integrantes del partido peronista que connota valores morales compartidos.

[6] Canción de Miguel Abuelo

[7] Fariña, Responsabilidad. Entre Necesidad y azar.






Comentarios

Mensaje de Tamara García Karo  » 31 de octubre de 2014 » 

Desiré,
Muy interesante tu artículo. Leyéndolo recordé una referencia al testimonio que hace Derrida en el libro "Salvo el nombre". Allí señala que el testimonio no consiste en una experiencia de conocimiento. Lo concibe como un acto, pero no de enseñar, de hacer saber, de transmitir un saber, sino como un acto de memoria en el que se deja una huella de un momento. Y reflexionando, por qué no concebirlo también como una interpelación a los interlocutores.



Mensaje de Fernanda  » 2 de septiembre de 2014 » 

No vi la película pero felicito a Desiré Conte por el artículo,gracias.





 

 
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