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Etica y Cine
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por 

- UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES -
FACULTAD DE PSICOLOGIA
Psicología, Ética y Derechos Humanos

2º PARCIAL DOMICILIARIO

Cátedra I
Prof. Tit. Reg: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Comisión 10
A.T.P.: Lic. María Elena Domínguez

Alumna: Florencia Sofía Zanetti
L.U.: 33595886-0
e-mail: flop_05@hotmail.com

2o Cuatrimestre
2009
¿QUIÉN DICE QUE ES FÁCIL? Argentina, año 2006.

DESCRIPCIÓN

La historia se centra en Aldo y Andrea.
Aldo es un hombre de barrio, solitario, vive encerrado en una rutina en la que pretende tenerlo todo controlado. Cada mañana se levanta a la misma hora para llegar a tiempo a su negocio, un lavadero de autos, y espera así que nada altere su sistema de costumbres. La película muestra varios episodios rutinarios: controlar el gas, controlar su dieta, lustrar sus zapatos, controlar a sus vecinos, etcétera.
Eventualmente decide alquilarle el departamento que posee frente a su casa a Andrea, una atractiva mujer, fotógrafa, de vida libre, que se ha pasado los últimos años viajando por el mundo.
A pocos días de instalada en la propiedad, Aldo se acerca a la casa para solucionar un problema de cañerías del baño. En este encuentro, Andrea le pregunta si puede tomarle unas fotografías. Aldo se rehúsa al principio, aludiendo que debe llegar a tiempo a trabajar, pero ante la insistencia de la mujer accede aunque no muy convencido. En esta escena, por iniciativa de ella se produce un encuentro sexual pero en el que, por eyaculación precoz de Aldo, suceden solo unos besos. Aquí él se entera de que ella está esperando un bebé, pero que desconoce quién es el padre y tampoco le interesa saberlo.
En los días posteriores, Aldo evita encontrarse con Andrea. Busca argumentos para romper el contrato de alquiler y obligar a la mujer a abandonar la propiedad, pero como se lo hace saber su abogado, ella no ha incurrido en ninguna falta para que pueda ser desalojada.
En otra escena, aparece Aldo junto a dos amigos. Estos personajes le preguntan sobre su nueva vecina. Él les cuenta que está embarazada, a lo que agregan algunos comentarios como: “El otro día leí que la mujer embarazada es una perra caliente, una mujer insaciable”. Luego preguntan sobre el marido, Aldo les dice que murió a causa de un accidente: cuando se fue a bañar se resbaló en el piso de madera barnizada y se clavó la punta de una sopapa en el ojo. Murió por el desangrado.
Días después Andrea organiza una reunión con amigos para inaugurar su nueva casa. Aldo es invitado pero no concurre. Por la madrugada ante los ruidos molestos que no lo dejan dormir decide ir hasta la propiedad para quejarse. Allí termina alcoholizándose, sumándose a la fiesta y bailando hasta el final.
A partir de aquí la relación entre ambos personajes comienza a ser diferente. Aldo se acerca a Andrea. En cierta ocasión ella se descompone por el embarazo y como su auto no tiene nafta, él la lleva al médico, una especie de gurú que practica medicina alternativa. Andrea desea tener a su hijo por vía natural en su casa, sin clínica ni anestesia de por medio. La mujer debe guardar reposo. Aldo le hace las compras, la continúa acompañando a los controles médicos, entre otros cuidados. Es así que se van acercando hasta que él le confiesa su amor. Deciden comenzar una relación.
Cuando Aldo le cuenta a su papá que está saliendo con Andrea y que ella está embarazada le dice, al igual que a sus amigos, que el padre del bebé murió.
Organizan una cena para que Andrea y el padre de Aldo se conozcan. En este encuentro, el hombre expresa su admiración a Andrea por haber sido valiente y apostar a una nueva relación luego de haber quedado viuda, cosa que él no se animó a afrontar. Esto produce una primera discusión en la pareja: ella se muestra disgustada con Aldo por haberle mentido a su padre respecto de la paternidad del bebé. Aldo asegura que fue un mal entendido y que luego aclarará todo. Sin embargo, no lo hace.
Un segundo punto conflictivo sucede cuando una tarde los dos amigos de Aldo visitan a Andrea para convencerla de que su marido difunto fue mal atendido por los médicos, ya que nunca podría haber muerto a causa del desangrado por el accidente con la sopapa.
Esto desencadena la pelea que producirá la separación de la pareja. Andrea increpa a Aldo por no poder aceptar que no exista nombre y apellido para el padre de su bebé y por no poder desligarse de los prejuicios que corren en “su barrio” acerca de una mujer que no pueda definir la identidad de la persona de la cual quedó embarazada.
Luego de la discusión, Aldo se marcha de la casa (ambos habían roto la pared que separaba las dos viviendas vecinas). Aparecen una serie de situaciones en la que se encuentra solo, pensativo y angustiado.
Al día siguiente recibe un llamado que le avisa que su padre fue internado de urgencia. En la habitación del hospital, su padre intenta hablarle pero como no puede le escribe una nota: “me voy a morir en lo mejor de mi vida…?” Aldo no entiende estas palabras. Cuando sale de la habitación se encuentra con su profesora de guitarra de la infancia, lo cual lo sorprende enormemente. Ella le cuenta el por qué de su presencia: su padre la había llamado para contarle que iba a ser abuelo. Fue a buscarla a la salida de la escuela y cuando ella se acercaba, él calló descompuesto al piso. Fue allí cuando lo internaron. Estos dos personajes se habían enamorado en la época en que Aldo tomaba sus clases de guitarra pero, luego de la muerte de su madre, su padre había decidido terminar la relación y mantenerla en secreto. Aldo queda atónito con la revelación.
Luego va a buscar a Andrea, pero cuando entra en su casa encuentra la especie de puerta que habían practicado en la pared tapada con maderas. Intenta acceder a la vivienda vecina pero todo está cerrado y Andrea no responde.
Se entera que ella ha sido internada en el mismo hospital que su padre. A causa de alta presión, que pone en peligro la vida del niño, van a practicarle una cesárea. Aldo intenta explicarle al médico que Andrea no desea tener a su bebé en esas circunstancias y le pide que la dejen ir a su casa, cosa que el médico rehúsa. A la noche, junto con una amiga de Andrea, la sacan de la clínica y la llevan a su casa. Llaman al médico gurú para que concurra allí y es entonces cuando se produce el nacimiento del niño de forma natural, como la mujer siempre deseó y asistida por Aldo.
La película finaliza mostrando la imagen de un niño de alrededor de 4 años, junto a su mamá y a Aldo, que se encuentra tocando la guitarra.

ANÁLISIS

El siguiente desarrollo se centra en el personaje de Aldo. Se intentará dar cuenta de la responsabilidad subjetiva, cuyo circuito se desarrolla en tres tiempos lógicos, y en base a ello tratar de llegar a una hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto.
La responsabilidad llama al sujeto a responder por su acto. No se trata de dar una respuesta en términos de responsabilidad jurídica o moral, es decir en base a lo que está bien o está mal, sino que se trata de una respuesta que involucra al Sujeto, que suponga un cambio de posición frente a sus circunstancias.
Este movimiento configura un circuito de tres tiempos lógicos: en el Tiempo 1 (T1), el personaje lleva adelante una conducta con el supuesto que esta se agota en los objetivos para los cuales fue concebida. En un Tiempo 2 (T2) recibe de la realidad indicadores de que las cosas fueron más allá de lo esperado, hay un exceso respecto a ese accionar. Es este T2 que interpela al sujeto y funda el T1: es un movimiento retroactivo. A partir de esta interpelación el sujeto se ve compelido a responder. Esto abre la posibilidad de un Tiempo 3 (T3) en que se resignifica ese T1 y el sujeto adviene a una nueva posición respecto de la verdad anticipada allí.
En el film podemos ubicar un T1 allí cuando Aldo decide mentirles a su padre y a sus amigos acerca de la existencia del padre del bebé de Andrea: el mismo falleció.
Observamos a Aldo totalmente alienado a los significantes del Otro, a esos significantes que lo determinaron. Esa mujer, que nada sabe acerca de la identidad de la persona de la que quedó embaraza, es “una perra calentona, insaciable sexualmente”, una “puta”, tal como lo marcan los dichos de sus amigos. Esto se capta muy bien en aquella discusión que Aldo tiene con Andrea, en la que le pide que si no sabe la identidad del hombre aunque sea invente un nombre posible: “… es que cuando me preguntan yo no puedo decir ‹no, no sabe› porque ahí es cuando mis amigos empiezan a pensar cualquier cosa y no se, me resulta casi obsceno”.
Ubicamos aquí la categoría de lo particular. Aldo envuelto en una moral particular que indica acerca de los ideales: qué se espera de un hombre y de una mujer, qué mujer debe escoger un hombre. Esa que no puede definir quién es el padre de su hijo, que se pasó los últimos años viajando por todo el mundo y manteniendo relaciones con diferentes hombres, no encaja con el ideal de mujer aceptable para conformar una familia. Él mismo se refiere a ella como “una mujer en la que no se puede confiar, demasiado relajada, suelta, muy libre”.
También de él se espera que sea un hombre intachable, tal como lo fue el padre, que dedicó su vida a la madre y le ha permanecido fiel aun luego de su muerte.
La revelación del secreto de su padre, la relación amorosa con la profesora de la infancia mantenida oculta hasta luego de la muerte de la madre, opera aquí como T2. Será a partir de esta revelación que Aldo será llamado a responder por su posición anterior y de allí acceder a un lugar diferente respecto de su deseo. Hace tambalear el universo particular sostenido en las certidumbres yoicas.
Esto posibilita que irrumpa la potencia de lo universal-singular. La emergencia de la singularidad que hace desfallecer el particular previo es una respuesta de dimensión ética donde ubicamos el efecto Sujeto. En T3 Aldo va en busca de la mujer amada, la saca de la clínica sin la autorización del médico y la acompaña en el parto “natural” (siempre se había manifestado opuesto a la idea de Andrea de tener al bebé por esa vía. Él prefería que sea en una clínica, bajo la supervisión de los médicos y con las tecnologías con que allí cuentan). Finalmente, forma una familia junto a ella y el niño, más allá de no saber acerca de la identidad del verdadero padre del chico.
Entonces, en el acto de ir a buscar a esa mujer, de elegirla, se da el efecto-sujeto que coincide con la responsabilidad subjetiva.
Cabe despejar de este circuito las categorías de azar y necesidad, que intervienen en la vida cotidiana de los sujetos pero no se confunden con la responsabilidad. Cuando un hecho se explica por completo bajo estas categorías no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Solo en la hiancia entre azar y necesidad se abre tal posibilidad de interrogar.
Es del orden del azar que esa mujer, estando embarazada, haya sido la inquilina del departamento de Aldo y que ambos se conozcan en tales circunstancias. Necesidad refiere a aquello del orden del determinismo, lo que necesariamente va a ocurrir. Aquello que inexorablemente va a ocurrir en esta historia es el nacimiento del niño.

Se ensayará a continuación una hipótesis clínica.
En un primer momento Aldo se presenta en posición claramente neurótica, como un personaje completamente tomado por la lógica de la demanda, alienado a los significantes del Otro.
Su estrategia neurótica parece reducir el deseo a demanda: todo lo que realiza lo hace porque es lo que los demás esperan de un hombre. En una discusión que mantiene con Andrea dice: “Yo formo parte de la gente que se levanta a la mañana para ir a trabajar, vestida. Donde un hombre cumple el rol de hombre, donde los médicos utilizan guardapolvo y los chicos generalmente nacen en los hospitales”.
Se enamora de Andrea y comienza una relación a pesar que esa mujer se presenta discordante con sus “valores”. Sin embargo allí aparece la cobardía, no poder decir la verdad acerca de ella, como señal de que aún se encuentra alienado a esos significantes que lo determinaron. Esta cobardía trasluce la figura de la culpa, caracterizada como déficit del sujeto, reverso de la responsabilidad subjetiva. Culpa ligada al ideal: qué debe ser un hombre o qué mujer debe tener un hombre. Elegir a esa mujer lo aleja del ideal y aparece la respuesta culpógena figurada en la cobardía.
Lacan nos propone: “de la única cosa de que puede ser culpable un Sujeto es de haber cedido en su deseo”. Y como dice Mosca, el sujeto cede en los caminos del deseo para amoldarse a los mandatos superyoicos , la paradoja es que cuanto más se amolda a ese ideal más culpable se siente.
A partir de conocer el secreto de su padre, el personaje muestra un viraje en su posición. La revelación deja a aquel hombre, que se presentaba como intachable, bajo la falta. La caída de ese padre ideal auspicia como una suerte de autorización para el sujeto pueda elegir a esa mujer sin culpas. Se conjetura que Aldo es llamado a responder por ese lugar que busca ocupar respecto a los ideales en T1.
“Eso inesperado e impensado que le ha sucedido lo toca de cerca, “realmente” lo toca. Roza lo real, pero todavía hace falta una segunda vuelta que recorte la posición del Sujeto. De este roce, que hace marca, la segunda vuelta plantea qué hacer con esa marca (…) En ese recorrido se funda una posibilidad: saber algo de ese lugar que se ocupa en relación a él, y hacerlo propio” . Es decir saber algo de ese lugar respecto a los significantes que lo determinan y hacerlo propio. El sujeto puede quedar alienado a allí, en ese lugar de ser el ideal de hijo o de hombre, y se abre un abanico de posibilidades: responder por ejemplo desde el sentimiento de culpa, “Es mi culpa por haber dicho esa mentira”, o mediante la proyección, “Esta mujer viene a arruinarme la vida, me quiere endosar al hijo”. O puede elegir por la verdad y la responsabilidad. Aldo responde con el acto de ir a buscar a esa mujer.
Lacan destaca en un momento de su obra que la constitución subjetiva “implica la relación con un deseo que no sea anónimo” , es decir, el niño se constituye como sujeto en una referencia a un deseo que no tiene que ser sin nombre, anónimo. Y cuando habla del deseo del padre, como un deseo encarnado, también abre la distancia con el padre ideal. En tanto subraya que la ley tiene que encarnarse en un deseo y no en un ideal. Es esto lo que posibilita que se transmita algo de la función simbólica del padre.
Con la revelación de su relación amorosa con la profesora, el padre deja de ser ese ideal para constituirse en un sujeto deseante, que hace de una mujer causa de su deseo.
Esto da el acceso para que el sujeto pueda responder por su propio deseo. Y no deja de resaltarse que elegir a esa mujer convoca algo de la función paterna, ya que ella está embarazada.

BIBLIOGRAFIA DE CONSULTA

• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Alemán, J. (2003): "Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo". En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
• Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
• Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
• Lacan, J. (1969). Dos notas sobre el niño.



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