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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

Facultad de Psicología

PSICOLOGÍA ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

“Segunda Evaluación”

Alumnos: CASTRO, LORENA
e- mail: loreleicastro@hotmail.com
Teléfonos: 49631050 y (011) 1555040605
D.N.I: 31.837.503

COLETTI, ANTONELLA
e- mail: antonellacoletti@hotmail.com
Teléfonos: 48613616 y (011) 1531403813
D.N.I: 32.454.058

Datos de los docentes:
Titular de Cátedra: Juan Jorge Michel Fariña
Docente de Prácticos: Adriana Alfano
Comisión: 7

Buenos Aires, 18 de noviembre de 2009
(2do cuatrimestre)
CONSIGNA DE EVALUACIÓN

Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En caso de elegir una creación cinematográfica, la misma debe haber sido realizada entre el año 2005 y el presente (salvo condiciones excepcionales, las cuales deben ser autorizadas por el docente a cargo de la comisión de trabajos prácticos).

En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.

Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.

Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.

Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.

La película que elegimos para la realización del presente trabajo es “¿Quién quiere ser millonario?”. La misma cuenta la historia de Jamal Malik, un joven de dieciocho años, huérfano de los barrios bajos de Mumbai (India) que participó de un programa televisivo de preguntas y respuestas (de audiencia masiva) donde el premio mayor era una gran cantidad de dinero, que, hasta el momento, nadie había podido ganar. El hecho de que Jamal (joven sin estudios, criado en la calle, cuyo trabajo actual consistía en servir té a los empleados de una empresa telefónica) lograra reiterados aciertos y esté a punto de alcanzar dicho premio, levantó la sospecha de fraude. Fue entonces cuando intervino la policía con el fin de investigar lo sucedido, y torturó a Jamal esperando la confirmación de la “trampa”. Desesperado por demostrar su inocencia, Jamal contó la historia de su vida; ya que cada capítulo de su historia revelaba la clave de la respuesta a una de las preguntas del concurso. Podemos observar como algo del orden del azar se introduce en la trama; ya que como él mismo reconoció, si las preguntas hubiesen sido otras, probablemente desconocería las respuestas.
Introduciéndonos en la historia narrada por Jamal, nos parece necesario destacar la presencia de dos personajes importantes: Salim (su hermano mayor) y Latika (el gran amor de su vida).
Jamal y Salim, desde pequeños, quedaron expuestos a las vicisitudes de una sociedad hostil, que los enfrentó con la lucha diaria por sobrevivir. En ese camino, conocieron a Latika, quien se encontraba en una situación similar. Cierto día, los tres niños fueron interceptados por un explotador, quien llevaba adelante prácticas aberrantes con menores de edad (tales como: obligarlos a mendigar, lesionarlos con el fin de provocar en ellos alguna discapacidad que generara mayor compasión en la gente, explotarlos sexualmente, entre otras). Luego de un tiempo de estar sometidos a este estilo de vida, a los hermanos Malik, se les presentó la posibilidad de escapar y huyeron, dejando a Latika en manos enemigas.
Los años pasaron, y los hermanos incurrieron en todo tipo de estrategias necesarias para la supervivencia (tales como vender productos robados en los trenes, sacarle comida a los pasajeros, pedir monedas, etc.). Pero el tiempo no logró quitar en Jamal el sentimiento de culpa por haber abandonado a Latika, por lo que decidió emprender su búsqueda. Para ello, los hermanos retornaron a su ciudad natal, donde la encontraron aún sometida a la esclavitud de aquel explotador. Para poder fugarse y rescatarla, Salim mató al hombre que tanto daño había ocasionado en sus vidas, y huyeron. Fue a partir de ese momento, donde cada uno de los personajes, tomó caminos diferentes.
Salim, en su permanente búsqueda de poder y dinero, se puso al servicio del jefe de la mafia local, arrastrando involuntariamente a Latika en su decisión y dejando por fuera de esto a Jamal. Se fugaron juntos y durante muchos años Jamal desconoció el paradero de ambos. Si bien tuvo que continuar con su vida, jamás olvidó a su gran amor, ni pudo superar el rencor que le produjo la traición de su hermano; por ello, sus intentos de encontrarlos no cesaron hasta lograrlo.
Cierto día tuvo la oportunidad de reencontrarse con Salim, a través de quien esperaba ayuda para localizar a Latika. Pero éste manifestó desconocer cualquier dato en relación a ella, actitud que resultó sospechosa para Jamal, por lo que decidió seguirlo sin que éste se diera cuenta, y tal como esperaba, esto lo condujo hacia el lugar donde se encontraba la muchacha.
Para su sorpresa, la halló nuevamente en una situación de sometimiento, esta vez como la mujer del jefe de su hermano. Esto generó una gran angustia en Jamal, por lo que le propuso a Latika escapar, planeando un encuentro en la estación de tren que los llevaría a concretar la huída. El día de la fuga, Salim se interpuso impidiendo, una vez más, la realización del deseo de los enamorados. En el momento en que por azar, lograron cruzarse sus miradas en medio de una gran multitud de personas, Salim y sus secuaces tomaron a Latika por la fuerza, lastimándola y llevándosela lejos. Jamal, impotente al contemplar la escena desde una distancia que le impedía alcanzarlos, intentó llegar a ellos, pero no lo logró. Fue así como, una vez más, perdió el rastro de su amada y de su hermano.
En su desesperación por encontrarla, se le ocurrió la idea de presentarse en ese famoso programa de preguntas y respuestas “¿Quién quiere ser millonario?”, con la esperanza de que Latika fuera una de los miles de espectadores y se contactara con él al verlo. Es decir, su objetivo no era ganar el dinero en juego, sino concretar su deseo de estar con ella.
En el momento en que Jamal estaba por responder la última pregunta del concurso, azarosamente Latika (que se encontraba en una fiesta privada en la casa donde convivía con Salim y el jefe de la mafia) encendió el televisor y lo vió. Salim que estaba sentado junto a ella, contemplaba la pantalla sorprendido por la perseverancia y agallas de su hermano; y conmovido por la expresión de Latika decidió cooperar con su reencuentro, en un intento de compensar todo el daño que les había causado en los últimos años. Para ello, aprovechó la distracción del jefe, que estaba bailando en la habitación contigua, rodeado de mujeres; y le entregó a Latika las llaves de su auto junto con su celular. Traición que con certeza, le costaría la vida.
Ella agradeció el gesto y se dirigió hacia el estudio de televisión donde se encontraba Jamal. En el camino, intervino nuevamente el azar. Jamal desconocía la respuesta a la pregunta que le estaban haciendo, por lo que se le brindó (como regla del juego) la posibilidad de un llamado telefónico. Fortuitamente, el único número que sabía era el del celular de su hermano Salim, que se encontraba en manos de Latika. Así se produjo la comunicación sorpresiva entre ellos. Ella no pudo ayudarlo a responder, porque tampoco conocía la opción correcta; circunstancia que poco importaba a Jamal, ya que su objetivo por fin estaba cumplido: había encontrado a su amor. Respondió así, arriesgándose por una de las opciones que resultó ser la correcta, convirtiéndose en el ganador del juego millonario.
Paralelamente, Salim estaba observando el final del programa, sintiéndose satisfecho por el desenlace de la historia de amor. Esto le permitió liberarse de la culpa que sobre él recaía y prepararse para su inexorable destino. Una vez que el jefe de la mafia descubrió su traición, irrumpió en la habitación donde se encontraba (dentro de una bañera cubierto de billetes y con un arma en la mano); y antes de que sus secuaces procedieran a matarlo, fue Salim quien disparó terminando con la vida del jefe.

A los fines de nuestro análisis, tomaremos el personaje de Salim como sujeto de la responsabilidad.
El circuito de la responsabilidad se comprende de tres tiempos. Un Tiempo 1, que puede ser cualquier acción que se agota en sus fines y que se resignifica recién a partir del Tiempo 2, momento en el que el sujeto es interpelado por su acción. Ambos quedan del lado de lo particular y permiten dar paso al Tiempo 3, que corresponde al campo de lo singular. Dicho tiempo, implica un “hacerse” responsable del propio deseo aunque no siempre esté presente. No todos los sujetos pueden cambiar su posición subjetiva a partir de las interpelaciones. Es importante considerar que para que haya responsabilidad subjetiva la culpa tiene que estar presente, sabiendo que no existe deseo sin culpa: “la única cosa de la que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo” . El Tiempo 3 entonces, es el tiempo de la responsabilidad subjetiva. Ésta da cuenta de aquello a lo que debe responder el sujeto: “la responsabilidad interpela a un sujeto quien debe, o puede, dar “respuesta”, responder por su acto” .
A partir de aquí se podría ubicar como Tiempo 1, el momento en el que Salim separa a Latika y a Jamal, y la entrega como objeto a su jefe para que disponga de ella en la forma en que desee. Vemos aquí como algo del orden de la “obediencia” se hace presente en Salim. “Obedecer es oír. El obediente no escucha. Oye la orden y la ejecuta” . Hasta aquí, no observamos nada en relación a la culpa, ni a la responsabilidad subjetiva.
La existencia de este primer tiempo sólo es posible por la presencia de un Tiempo 2 que lo resignifique, y que lo ubicamos en el momento en el cual Salim ve a su hermano por televisión y se enfrenta con la expresión en el rostro de Latika, situación que lo conmueve y lo lleva a interrogarse sobre su accionar previo. Es a partir de este momento donde el circuito de la responsabilidad se activa. Es decir, es algo que le “viene de afuera”, que interpela al sujeto y que nos permite inferir el surgimiento de un sentimiento de culpa y un posible arrepentimiento por las elecciones realizadas hasta ese momento.
En este punto, creemos interesante arriesgar algunas posibles preguntas que condujeron a Salim a un cambio de posición subjetiva como veremos a continuación. Éstas podrían haber sido: ¿Por qué le quité a mi hermano la posibilidad de ser feliz con la mujer que amaba? ó ¿Cuánto daño le hice a Latika sometiéndola a vivir con alguien que no eligió en condiciones de esclavitud permanente?
Es menester plantear aquí una “Hipótesis clínica”, la misma será la encargada de explicar “el movimiento que supone que el Tiempo 2 se sobreimprime al Tiempo 1 resignificándolo. Resignificación que dará cuenta de una respuesta del sujeto que advierta un cambio de posición frente a sus circunstancias, de allí la potencialidad de un Tiempo 3: el de la responsabilidad” . Si bien no contamos con información suficiente del protagonista como para hablar de su constitución psíquica; podríamos pensar que hay una necesidad por parte de Salim de encontrar en su vida alguna figura que haga las veces de un “gran Otro”. Este lugar, no podría ser ocupado por cualquier persona, sino que debe, necesariamente, ser una figura poderosa y autoritaria a quien él responda y obedezca sin cuestionamiento alguno. Es a esta ley absoluta del amo a la que Salim se somete, pero es esto a su vez, lo que le otorga un lugar en tanto sujeto, en tanto “ser para un Otro”. En el Tiempo 1, Salim elige al jefe de la mafia como figura autoritaria e idealizada. Se pone en juego entonces un “querer ser como el Otro”, materializado en el poder, el dinero, la ambición, y las mujeres. Todo accionar en función de su deseo no genera sentimiento de culpa alguno hasta en momento de la interpelación en el que es llamado a responder.
Podríamos comenzar a vislumbrar entonces, una posición subjetiva distinta en Salim donde marca una diferencia y toma al caso desde su singularidad. Esto se refiere al Tiempo 3 del circuito de la responsabilidad. La responsabilidad subjetiva es “otro nombre del sujeto ”. Parafraseando a D´ Amore podemos establecer que el efecto sujeto es una respuesta a la interpelación, es un acto ético.
El personaje de Salim, como dijimos se ve interpelado (Tiempo 2) y esto lo convoca a actuar, a responder: le entrega las llaves de su auto a Latika diciéndole “Toma. Vete. Sólo conduce. No habrá otra oportunidad”. Ella responde “Me matará (haciendo referencia al jefe de la mafia del cual era esclava)”, “Yo me encargaré de él. Tienes que hacerlo, podrás comunicarte con esto (y le entrega su celular)”. En ese momento Salim acaricia la cicatriz que él mismo había producido en el rostro de Latika y le dice: “Por todo lo que he hecho, por favor, perdóname. Ten una buena vida”. Esta escena es la que nos indicaría el cambio en la posición subjetiva del personaje.
Finalmente podemos pensar que “El sentimiento de culpa se diluye en el efecto sujeto y es una respuesta de dimensión ética” . Cuando Salim ve por televisión que efectivamente su hermano pudo reencontrarse con su amor, se dibuja una sonrisa de alivio y satisfacción en su rostro, que nos estaría indicando algo del pago de su deuda. Es allí donde se prepara para morir (sabiendo que este es el destino de los traidores en el círculo mafioso en el cual estaba inmerso). Podríamos hablar entonces en términos de “necesidad” , en el establecimiento de una conexión entre causa y efecto: Salim traicionó a su jefe, por lo tanto, morirá. Pero antes de morir, como cumplimiento de la promesa hecha a Latika (encargarse de su jefe para que no la mate), toma un arma y le dispara antes de que el resto de los secuaces se encarguen de matarlo a él.
Pudimos observar a lo largo del desarrollo del circuito de la responsabilidad, los tres tiempos lógicos que lo constituyen. Existen dos elementos inherentes a dicho circuito: la interpelación subjetiva, y la culpa o sentimiento de culpa, que es señal de que la interpelación se ha puesto en marcha. La culpa es un tipo de la respuesta, aunque no es considerada como un tercer tiempo.
La interpelación subjetiva se activa cuando la ley simbólica del deseo se plasma en forma de culpa para retornar sobre la acción, por la que se “debe” responder. El deseo no puede ser vivido sin culpa, pero ésta es sólo una respuesta, lo que subyace es la implicación, la decisión de un sujeto en relación a su deseo inconsciente, que hace que el sujeto modifique su posición frente al deseo. Entonces, no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, en este sentido, esta última pertenece al orden de lo particular, mientras que la primera al de lo singular.
Como conclusión, consideramos que Salim se encontraba atravesado por un deseo inconsciente de poder y dinero, que lo llevaba a que, en un primer tiempo, todas sus acciones estén dirigidas hacia la satisfacción del mismo. Esto no generó culpa en el personaje, hasta que no advino la interpelación en un segundo tiempo, que resignificó al primero. De esta forma, se hizo cargo de su deseo inconsciente asumiendo una responsabilidad subjetiva y actuando en función de la misma.

Bibliografía

• D´Amore, O.: “Responsabilidad Subjetiva y Culpa”. En: La transmisión de la Ética: Clínica y Deontología. Vol I. Ed. Letra Viva. 2006
• Domínguez, M. E.: “Los carrilles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” En: La transmisión de la Ética: Clínica y Deontología. Vol I: Fundamentos. Ed: Letra Viva. Buenos Aires. 2006.
• Lacan, J.: “La ética del Psicoanálisis”. En el Seminario 7
• Michel Fariña, J.: “Qué es esa cosa llamada ética”. (Cap. II); “Lo universal-singular como horizon-te de la ética”. (Cap. IV). “El interés ético de la tragedia” (Cap. V). “Del acto ético” (Cap. VI). En: Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires. 1998.
• Michel Fariña, J.: “Responsabilidad: entre responsabilidad y azar”. Ficha de cátedra.
• Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C.: “Veinte años son nada”. Causas y Azares. Número 3. Buenos Aires. 1996.
• Mosca, J. C.: “Responsabilidad, otro nombre del sujeto”. En: Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires. 1998.
• Salomone, G. Z.: “El sujeto dividido y la responsabilidad”. En: La transmisión de la Ética: Clínica y Deontología. Vol I: Fundamentos. Ed: Letra Viva. Buenos Aires. 2006.



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