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Films >  Congresos Online >  Congreso Online 2013 > Film:  Rigoletto en apuros
Jena en apuros
por Diaz, Susana
Título original: Quartet

Dustin Hoffman / UK / 2012

Dustin Hoffman debuta como director a los 75 años con Quartet, Rigoletto en apuros en Argentina, un film que sirve de homenaje a músicos veteranos del mundo de la lírica y del jazz a partir de un puñado de personajes deliciosos. Esta historia de Ronald Harwood, no le es ajena ya que aborda historias de artistas que se encuentran, como el, en el crepúsculo de la vida. El director conoce en carne propia el tema que aborda y lo hace con maestría y sin golpes bajos.

La acción se desarrolla en la casa Beecham, en Gran Bretaña, una confortable y coqueta residencia para músicos retirados de los grandes escenarios aunque no de la música ya que preparan el gran evento anual para recaudar fondos.

La vida en la residencia muestra una actividad febril que se presenta en los coros de los ancianos, algunos de los cuales, sordos ya, desafinan y desatan escenas de fino humor entre los colegas. Se destaca entre ellos, el director del espectáculo, un desmemoriado y excéntrico vejete interpretado por Michael Gambon.

Padecimientos y achaques propios de la vejez se muestran entre los veteranos con delicadeza y naturalidad. Fallas de la memoria, obsesiones, muestras de testarudez, achaques físicos, toman un tinte permisivo y risueño bajo la batuta de Hoffman.

Se observa un clima de intensa actividad a causa de la preparación del evento que tiene la finalidad de obtener dinero para garantizar la continuidad de la residencia con la que se benefician los artistas. Todos ellos se muestran causados, convocados por el proyecto y comprometidos en su deseo de participar en el proyecto común. Variados números musicales están en marcha a cargo de los huéspedes quienes desarrollan sus especialidades que van desde los distintos estilos del jazz a la ópera.

El foco de la historia se aproxima a tres personajes, Cecily Robson o Cissy, la mezzosoprano, interpretada por Pauline Collins, Reginald Paget en la actuación de Tom Courtenay y Wilfred Bond a cargo de Billy Connolly. El trío mantiene una amistad entrañable y han decidido trabajar juntos, sin embargo, se muestran dubitativos en cuanto al área que interpretaran en el gran espectáculo.

Un rumor se cuela en este acontecer laborioso de la vida cotidiana en la casa y perturba su armonía. Se comenta por los pasillos acerca de la llegada de una gran diva de la ópera pero se mantiene su nombre en estricto secreto. Nuestros tres personajes restan importancia al cuchicheo y continúan con sus debates que transcurren al mismo tiempo que sus achaques, a destacar entre ellos las fallas de la memoria de Cissy que sus dos amigos disimulan amorosamente.

Y aquí es donde irrumpe Jena Horton, la diva, interpretada por Maggie Smith. Jena resulta ser una antigua compañera de nuestro trío, el entonces cuarteto, que supo conquistar la fama en una exitosa interpretación de “Rigoletto”, la ópera de Giuseppe Verdi, que fue elogiada por la crítica y aplaudida por los amantes de la lírica.

Luego del sonado triunfo, Jena asumió la victoria como propia, se apartó entonces de sus compañeros y continuó su carrera como solista. Lo que tomó como su conquista personal alimentó un circuito imaginario entre ella y su voz que la alejó, no sólo del cuarteto, sino también de su matrimonio con Reggie. Su nuevo partenaire era su preciada voz, ella y su voz eran la garantía de éxito ante el público.

La Jena de ese presente que el film relata es ahora una veterana insegura que se muestra intolerante y malhumorada ante su destino. Se ha empobrecido, no puede afrontar los gastos de alguien que la cuide y la asista en su vejez y parece aceptar de mala gana la opción de la coqueta casa de retiro de los músicos británicos.

Sin embargo, el conjunto de ellos la reciben con un aplauso sincero que alude a la gloria del pasado, aplauso al que Jena responde con un saludo de diva al terminar la performance.

Jena es invitada a participar del evento pero rechaza cualquier sugerencia. Ella se ha retirado, su voz no tiene ya aquel brillo en el que ha sabido reposar su ser. Está acabada y nunca volverá a cantar, ya no alcanza aquellas notas que la convertían en una cantante excepcional.

Se rehúsa a participar de las múltiples actividades de la casa. Exige tomar sus comidas en su habitación y no asiste a ninguna de las actividades que en ella se desarrollan.

He aquí sentadas las bases de advenimiento del acontecimiento digno de destacar, aquel que convierte este film plácido que diserta con alegría y diversión acerca de la vejez, en un acto con efectos subjetivos irreversibles. Se ha introducido el elemento de inestabilidad, Jena no calza en el conjunto, no puede sintonizar con el deseo de los otros. Tal vez quiera recuperar a Reggie, pero no al precio de desnudar su voz, de perder la conexión mágica con su partenaire.

Sus tres colegas encuentran por fin el área a interpretar que no es otra que una que pertenece a la opera Rigoletto que tantas satisfacciones les dio en el pasado. Alertados de la negativa de la recién llegada a participar de cualquier evento en la casa Beecham, deciden, empapados por su entusiasmo, producir una situación tal que Jena no pueda rehusar el convite. Preparan a tal efecto, una suerte de amistosa emboscada, para la cual obtienen el permiso de llevarla a cenar fuera de la casa, a un restaurante elegante en una localidad cercana donde hablarían con ella de las ventajas de volver a reunir el cuarteto. Rentan un coche a tal efecto, se visten con sus mejores trajes y salen como antaño lo hacían después de las galas. En medio de la cena le proponen reeditar aquel área de Rigoletto para el evento anual de la casa.

Pero el discurso tiene consecuencias y Jena reacciona con violencia, tiene reproches para los tres por haberla llevado engañada a cenar con un propósito oculto. Ella no volvería a cantar y estaban intentando violar su voluntad. Se retira ofendida.

A la mañana siguiente irrumpe en un espacio común de la casa, el comedor donde se están desayunando los huéspedes. Por primera vez se presenta ante el conjunto con algo para decir aunque no es agradable ya que recrimina con duras palabras a los tres colegas que la llevaron a cenar y afirma a los gritos que nadie la obligará a participar con su canto del evento. Vuelve furiosa a su habitación. Cissy va a buscarla, intenta disculparse de modo confuso e insiste con el proyecto pero Jena la empuja fuera de su cuarto con tal fuerza que la derriba.

Se ha producido algo que Jena no puede controlar. No hay marcha atrás. No es posible borrar lo que se ha dicho, nada puede ser como antes, como aquel día que llegó a la residencia. Aunque golpee a sus colegas o los insulte, ya no se tiene en su habitación, su furia se derrama por fuera, por el comedor, por los pasillos, algo se ha vuelto indomable para ella. Salir de esta situación se vuelve imperioso si bien Jena no atina con el modo y lo resuelve a los golpes en una serie de acciones odiosas.

Sin embargo, luego de que la tierna Cissy sufra una especie de crisis, producida por su ataque, y se la interne en una habitación con otros huéspedes enfermos Jena reduce su furia y parece comprender que la violencia no es una salida y resulta además dolorosa y estéril.

Esa furia no es otra cosa que la negación de su envejecimiento, significa, sencillamente su negativa a dejarse ver sin aquel vestido brillante de su voz y sus ropajes de diva.

Aquí se produce entonces el acontecimiento, lo que Badiou nombra como tal, en este caso, el acontecimiento subjetivo, Jena acepta cantar Rigoletto con el cuarteto, y , con ello, acepta también las nuevas limitaciones de su voz, ya no alcanzará aquellas notas altas que la distinguían del resto, pero aún podrá disfrutar de cantar con sus colegas y recibir los aplausos del auditorio.

La constelación subjetiva de Jena ya no es la misma que cuando entró a la casa, es otra Jena, en esto reside el acontecimiento. Ya no volverá a ser aquella, ni la de la voz brillante ni tampoco la que se oculta a evocarla en la soledad de su habitación.

Es lícito preguntarse quien ha sido el agente del acto aquí, donde no hay analista. ¿Hay actos sin analista? Los hay para Badiou que los llama acontecimientos. También para Lacan con la salvedad de que no serían actos analíticos, pero si actos. Actos irreversibles para una constelación subjetiva.

Jena podía espiar con la ayuda de Cessy las actividades de la casa, lo que no podía era compartirlas, ser una mas en la residencia. Ella solo era en la privacidad de su cuarto, ella sola con su voz, la voz que hace brillar el objeto y que está ahí al alcance de su mano, a tiro de su soledad

Esto es lo que perturba de una vez y para siempre la inocente intervención de los tres amigos, al punto de desatar una serie de acciones que no aciertan a despojarla del malestar propio del desequilibrio libidinal. Es aquella cena y lo que allí se dice lo que perturba la marcha armoniosa del principio del placer y la sumergen en el displacer.

Pero aún es posible aproximar algunas aserciones. Si hay aquí algún agente del acto se trata sin duda de ese trío que lo precipita sin saberlo, desconociendo la tempestad que desataría su propuesta. Algo de esa intervención perfora el equilibrio libidinal de Jena, mete una cuña en su fantasma fundamental, clava el puñal en el losange que mantiene su relación al objeto.

El objeto es esa voz, prohibida y por lo tanto preservada en su pura potencia. Mientras no se use, es posible evocarla en los vinilos que pone a solas en su habitación, esa era la voz dorada.

El acto de esta sujeto de decidirse a entrar en la casa, en el evento, e incluso en el cuarteto dista enormemente del acto de iniciar un análisis al que se refiere Lacan en el seminario sobre el tema como acto de decidirse y difiere aún más del acto analítico. Sin embargo, es sencillo reparar en el carácter comprometido del acto que Jena acomete.

De modo tal que luego de una serie de acciones estériles que traen como resultado dañar a quienes aprecia, Jena da con el acto que cambiará su posición en la amistad, en la casa e incluso, en el amor. Es posible situar en este punto el acta de nacimiento de este sujeto en oposición al acta de defunción que su posición anterior implicaba. Es esta suerte de acto lo que habilita la reinscripción de su nombre en el cuarteto.

Referencias

Badiou, Alain. L’être et l’évènement. Editions du Seuil. Paris. 1988.

Díaz, Susana. A ressonancia do trauma. En: Stylus. Revista de psicanalise Nª9. Rio de Janeiro. 2004

Díaz, Susana. Lo ininterpretable. En: Memorias de las X Jornadas de Investigación. Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires. 2003.

Díaz, Susana: Voces de la Pantalla. Ediciones FADU-Nobuko. Buenos Aires. 2011

Freud, Sigmund. Obras completas. Libro XX. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1998

Freud, Sigmund. Obras completas. Vol I. Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina. Biblioteca Nueva. Madrid. 1968.

Lacan, Jacques. Seminario 14. La lógica del fantasma. 1966/67.

Lacan, Jacques. Seminario 15. El acto psicoanalítico. 1067/68.

Lacan, Jacques. La logique du fantasme. En: Autres écrits. Editions du Seuil. Paris. 2001


Notas






Comentarios

Mensaje de Norma Tortosa  » 24 de septiembre de 2013 » normatortosa@terra.com 

Algunos interrogantes. Sólo para seguir pensando...
“Jena asumió la victoria como propia se apartó de sus compañeros y continuó su carrera como solista”, dice Susana.
Parece que se asumió como solista, también porque podía -era una excelente cantante- aunque no sin perpetrar una traición al grupo y haciendo de su voz su mejor aliado imaginario, ya no necesitaba a nadie más.
Cabe preguntarse de qué naturaleza era el triunfo, y sobre quien. Al final está sola con su decadencia y sólo conectada melancólicamente con los rastros que reproducen a aquella otra antigua voz... ¿la voz materna? ¿Está allí atrapado su deseo, en el deseo del Otro?
¿Es ingenua la decisión del trío colega? ¿Su elección del aria de Rigoletto podría recuperar las satisfacciones que les dio en el pasado? ¿Fue amistosa su “emboscada” o una respuesta a aquella antigua traición?
Ella reacciona con violencia, algo se ha conmovido dolorosamente dentro suyo. Hay una amenaza de pérdida insoportable. El trío, si fue agente del acto con su decisión, la pone en evidencia, hay algo violento (venganza?) en esa ceremonia, la llevan engañada, de algún modo también le demandan, sin palabras, ser la que fue, lo que ella no puede y pretende, lo imposible.
Así pudo haberlo interpretado ella. La vuelven loca.

Sin embargo, parece que los efectos de este acto han puesto a Jena en el camino de cierta restitución subjetiva y Badiou dice: “se produce el acontecimiento subjetivo”, el que reintegra a Jena al cuarteto y puede aceptar los límites de su voz, como apunta Susana.

Sus antiguos colegas no fueron inocentes, apuntaron al núcleo de su fantasma fundamental y “supieron”, sin saber, conmover bruscamente su posición subjetiva.
¿Cómo reconduce Jena, como se separa de la Diva, de la omnipotencia que la mantuvo secretamente unida a ella en la mayor gratificación? ¿Cómo rompe ese consolidado equilibrio libidinal que le proporcionaba la soldadura al objeto?
Sorprende el acto de Jena, pero no tanto. El trío dio en la diana y tenía algo que ofrecerle: amistad, compañía, amor incluso, por eso acepta la propuesta. Jena en algún punto estaba conectada a la vida, contaba con otra forma de relación al objeto por la que sin duda pudo ser una gran cantante y pudo renacer después de la cachetada. Todo comenzó con su inimaginable ingreso en una residencia, que la confrontó con el exitoso cuarteto del pasado, con sus comienzos.
A veces, es la vida misma que en una oportuna torsión, nos sorprende con sus efectos significantes. Ofrece coartadas para el encuentro con la castración y da la posibilidad, no de ser otra/o, sino de vivir (mejor).
Norma Tortosa.
www.normatortosa.com



Mensaje de Marcelo  » 24 de agosto de 2013 » mgrigoravicius@hotmail.com 

Muy interesante!!! Muestra con destreza como el encuentro con la castración nunca nos deja indiferentes....



Mensaje de Leoiapi  » 11 de agosto de 2013 » Leoiapichino@hotmail.com 

Excelente trabajo de análisis de esta gran película llena de matices...con humor risueño contando aventuras alocadas..construye los personajes desde una amable mirada sobre el deterioro de las facultades de los sentidos, en este caso primordialmente el oído. Inteligente en sus diálogos, sin búsquedas estéticas novedosas, pues no las necesita, entre la picardía y el humor ...con gigantes interpretaciones...
El envidiable escenario del castillo o residencia geriatrica con el tono otoñal de la fotografía de John de Borman, da el ambiente inigualable...
Felicitaciones Susana Díaz !!



Mensaje de Ricardo Iapichino. Docente Titular de sonido. DIy S, UBA, y La música en el Cine" Enerc Incaa.  » 5 de agosto de 2013 » riapichino@gmail.com 

Una deliciosa descripción del film, y lo que se juega en la historia de esos personajes. Es importante la descripción que haces acerca del personaje de Jena. Ella se encuentra en apuros. Rigoletto es una obra grandiosa de mucho respeto para aquellas personas con un gran don de voz como lo que perece haber tenido en algún momento la misma Jena.
Como dice Susana Díaz, " el objeto es esa misma voz, prohibida y por lo tanto preservada en su pura potencia. Mientras no se use........!!!!
Esa era la voz dorada. Y aquí como dice la autora de este artículo, se produce el nudo, y su encadenado desenlace, la tensión que provoca esa sucesión de situaciones dramáticas con los otros personajes que quieren exponerla, a enfrentarla con su decadencia, el envejecimiento de su registro, la caída y exposición en este presente. Nadie sabe más que ella de ese dolor, ese que ella aloja tan secretamente en su interior.
A quien le gustaría exponer su falla?
Jena en definitiva transforma en ese acto de aceptar la propuesta de sus amigos, traspasar el umbral más temido, transformándolo en un acontecimiento de vida.



Mensaje de Guillermo  » 3 de agosto de 2013 » guillermo.kozameh@gmail.com 

"Pero aún es posible aproximar algunas aserciones. Si hay aquí algún agente del acto se trata sin duda de ese trío que lo precipita sin saberlo, desconociendo la tempestad que desataría su propuesta. Algo de esa intervención perfora el equilibrio libidinal de Jena, mete una cuña en su fantasma fundamental, clava el puñal en el losange que mantiene su relación al objeto.

El objeto es esa voz, prohibida y por lo tanto preservada en su pura potencia. Mientras no se use, es posible evocarla en los vinilos que pone a solas en su habitación, esa era la voz dorada"

Estas frases me han parecido estupendas. Siempre hay (u ojalá) algún agente del acto que nos permite dolorosamente acercarnos a la castración sin que sea la muerte.
La voz grabada, las fotos permiten mantener la ilusión de esa fantasía de eternidad.
El acto analítico tiene otro contexto, y en el buscamos sin que sea nuestro propósito voluntarista como analistas, que se produzcan de vez en cuando "acontecimientos"

Muy bueno el trabajo, felicitaciones Susana Díaz





 

 
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