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Universidad de Buenos Aires

Facultad de Psicología

Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra I: Juan Jorge Michel Fariña

Alumna: Mariela Monjes
L.U.: 318779190

Docente: Adelqui Del Do
Comisión: 2

Segundo parcial
Fecha de entrega: 7 de junio de 2010

Film: Minority Report/ Sentencia Previa

Minority Report (2002) es un film futurista dirigido por Steven Spielberg. En el año 2046, comienza a funcionar la unidad del Precrimen, en el distrito de Columbia, con el fin de detener a los asesinos antes de que cometan los homicidios. La policía se vale de las predicciones de tres jóvenes videntes que mediante conexiones y tomografías ópticas, pueden reflejar en pantallas holográficas lo que ellos ven: los crímenes antes de que sucedan. Tom Cruise, en el papel de John Anderton, es el mejor detective del Precrimen y quien debe dirigir la captura de los futuros asesinos mediante la información arrojada por los videntes.
El sistema funcionó durante seis años sin fallas, es decir, impidió que todos los asesinatos se llevaran a cabo. Uno de los policías declara “trabajamos cambiando el destino”. A la par, las publicidades de las calles, venden el sistema: “Imagine un mundo sin asesinatos” y las maestras enseñan a los niños acerca de los beneficios de contar con estos policías. Como dice Fariña, el film “apela a una de las cuerdas más sensibles de la preocupación popular: la inseguridad”.
Los Precog o videntes lanzan bolas de madera infalsificables con el nombre de la futura víctima y del futuro asesino. Así es, que un día, el protagonista, John, se ve involucrado como futuro homicida y reniega contra su destino: “yo no soy un asesino”, dice en repetidas ocasiones. Su futura víctima, Leo Crow, es para él un desconocido. Intenta, con el tiempo contado (porque también es exacta la hora de las futuras muertes), escapar a su destino, ser detenido por la unidad del Precrimen en calidad de futuro asesino. Vemos que John se revuelve contra la idea de estar aislado en las cápsulas donde él mismo contribuye a archivar a los presos.
En su búsqueda por escapar al destino, John acude a la inventora del sistema, preguntándole cómo fingir una previsión. Aquí nos enteramos de un dato macabro, los videntes son hijos de drogadictos que nacían con daño cerebral y morían antes de los 12 años; por las noches soñaban con asesinatos que luego se cumplían. Los tres videntes de la piscina, Agatha y los dos gemelos, eran hijos sobrevivientes incautados. Frente a la desesperación de John, la inventora le confiesa que los videntes no se equivocan, pero a veces disienten. Es decir, uno de ellos, ve el evento de forma diferente a los otros dos. El reporte menor, es destruido, para que el Precrimen no sea puesto en tela de juicio, para seguir transmitiendo a la sociedad la efectividad total del método, para no colapsar el sistema. Aquí, John reflexiona sobre la posibilidad de haber detenido gente cuyo futuro podría ser alterno.
Sin embargo, el reporte menor, si es que lo hay, queda alojado dentro del vidente que lo ha producido. La minoría es representada por la precog mujer, Agatha. John la secuestra para buscar esta información, ella dice estar “cansada del futuro”, no puede ofrecerle su reporte menor y sus visiones apuntan más a que él pueda esclarecer el crimen de su propia madre.
Cuando John se encuentra con su futura víctima, ve en su cama incontables fotos de niños. El hijo del protagonista había desaparecido años atrás en una pileta donde jugaba con él. Sabe que en esos seis años sólo había pensado en dos cosas: en cómo sería su hijo si estuviera vivo y qué le haría al hombre que se lo llevó. Cara a cara con él, se dispone a matarlo: “asesinaré a este hombre”. Mientras, Agatha solloza “puedes elegir”, los otros futuros asesinos no tenían la opción de saber lo que ocurriría, él sí. El reloj del crimen da la hora. John apunta. Agatha llora. Crow se prepara para su final.
El protagonista introduce la primera falla del sistema al no matar a la víctima a la hora señalada. En este instante de reflexión da lugar a la futura víctima, para poner en palabras algo más. Había sido contratado para ser muerto y dejar a su familia cierto status económico, no había sido él quien se había llevado a su hijo, todo estaba armado. Aquí se revela que ante un sistema perfecto, la singularidad humana siempre abre un espacio para lo imprevisible.
Hemos visto durante la cursada, que la responsabilidad subjetiva hace referencia al sujeto del inconsciente; por eso es que somos responsables de lo que decimos, hacemos y hasta de lo que soñamos. Freud responsabiliza al sujeto sobre sus formaciones del inconsciente, pero no siempre el sujeto se hacen responsables de sus actos, hay que ver cuál es la posición que elige allí.
Fariña, en Althusser, dictamen por la minoría, afirma que “Necesidad y azar rigen ciertos sucesos en la vida de las personas. Pero no todos. Existe la dimensión del acto, el cual desbarata la maquinaria de la previsión”. Aquí es donde entra la responsabilidad subjetiva. Volviendo al film, el artículo propone el momento en que John está frente al supuesto secuestrador de su hijo: está dispuesto a disparar, pero no lo hace. (Realiza una comparación con Althusser, quien asesina a Heléne durante un masaje y a continuación, sus amigos lo hacen pasar por loco para evitar la cárcel. “En un caso se lo exculpa por lo que hizo –Althusser- en el otro se lo inculpa por lo que todavía no hizo –John-”).
Podríamos pensar un circuito posible de responsabilidad que organiza la situación. En el Tiempo 1, el sujeto emprende una acción conciente creyendo que se va a agotar en los fines. John dice: “mataré a este hombre”. El Tiempo 2, el de la interpelación subjetiva, obliga a dar una respuesta. Podría ser el instante en que la aguja del reloj marca la hora del crimen, y de fondo, Agatha solloza “puedes elegir, puedes elegir”.
Aquí se abren dos caminos posibles: el primero, disparar y cumplir con el destino que habían anticipado los videntes; evitar la responsabilidad subjetiva y mantener la función yoica, para el psicoanálisis. La otra alternativa, no disparar, el camino elegido por Spielberg para su protagonista. En este Tiempo 3 aparece un nuevo posicionamiento subjetivo, emerge la singularidad en situación, lo que no puede ser previsto.
Si John dispara, cancelaría toda posibilidad de que el secuestrador de su hijo diga algo acerca de lo que pasó; además agujerearía la completud de la Unidad del Precrimen con el primer asesinato cometido en años.
Como John no dispara, sucede algo que es, como dice Fariña, “invención de esa pausa”. Crow revela que fue contratado para ser asesinado a cambio de que su familia no cayera en la ruina económica. John descubre que le tendieron una trampa, que utilizaron a su hijo para llevarlo a los límites más siniestros: pareciera que quisieron borrarlo del mundo de los libres de Columbia. El Tiempo 1 se resignifica, ya no quiere matar a Crow. Pero ¿quién planeó todo aquello?
Ormat se pregunta “¿Puede ser culpable un sujeto por un crimen que no cometió?”. Desde la lógica jurídica, no; desde el film, claramente sí. Y desde el Psicoanálisis, lo que nos responsabiliza no es el acto, sino el deseo vehiculizado en él. El Inconsciente, en el sentido freudiano, es una trama de sobredeterminaciones; y el sujeto aparece cuando puede hacer allí, algo que la supere.
En 20 años son nada, los autores recorren la etimología de la palabra “responsabilidad”: es responsable aquel de quien se espera una respuesta. Luego, marcan el camino abierto por la singularidad: la responsabilidad aparece cuando el sujeto es interpelado, cuando se acerca al deseo inasible inconsciente. Freud postula que la responsabilidad atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo, a lo que es ajeno a la voluntad de su yo. Lacan propone que el sujeto sólo puede ser culpable de haber cedido de su deseo.
Para Mosca, la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar, dos formas que en sus extremos, desresponsabilizan al sujeto. Por un lado, el azar, las coincidencias, la suerte, las casualidades, el accidente; por otro, la necesidad, la determinación, la fatalidad o el destino. Las últimas conectan causas y efectos; y el azar hace lo contrario. Para que el sujeto se interrogue en el Tiempo 2, hace falta que aparezca la responsabilidad y que el azar y la necesidad pasen a un segundo plano. Quizás existan, quizás no, pero en la grieta, el sujeto todavía puede elegir.
Durante la película, el énfasis está puesto en el destino vaticinado por los precognitivos. No hay lugar para el azar porque los precog ven todos los cambios que la libertad dispone (como el Dios Boecio), ellos “no se equivocan pero a veces no están de acuerdo”. No hay reporte menor para su caso, el destino parece inexorable.
Los policías trabajan cambiando lo que impondría el orden de la necesidad. Al atrapar al supuesto asesino no le dan lugar para hacerse responsable sobre un acto que ni siquiera cometió. Los presos son guardados, aislados, recortados del resto de las personas; se les niega la posibilidad de hablar, de hacer algo con su deseo, de reinsertarse en la sociedad. En esas cápsulas son aplastados subjetivamente.
D’Amore traza un paralelo: así como no hay dimensión ética sin moral, no hay responsabilidad subjetiva sin culpa. En el sentido jurídico, la culpa es la imputabilidad de un daño por el que hay que pagar. Desde nuestra perspectiva, la culpa aparece cuando hay algo de nuestra responsabilidad pendiente. Sin embargo, frecuentemente, la culpa obtura la emergencia subjetiva de diferentes maneras: en el culpógeno, en el sentimiento inconsciente de culpa, la angustia, la negación, la proyección, la producción sintomática, etc.
Podríamos pensar que durante la primera parte del film, la culpa aparece como un trasfondo en la vida de John. Su hijo desapareció casi delante de sus ojos y desde allí su trabajo en Precrimen se convirtió en su vida: le dedica casi todo su tiempo y su pasión, expone su cuerpo en las misiones, se lo ve siempre preocupado. Si el Precrimen hubiera funcionado antes ¿tendría a su hijo con él?
Los espectadores sabemos que consume drogas y luego escuchamos, que la inventora del proyecto, entre confidencias, le afirma que los videntes son hijos de drogadictos que tenían pocas posibilidades de sobrevivir (morían antes de los 12 años). ¿Habrá resonado en él, algo de esto, en relación a él y su hijo?
Hacia el final de la película, cuando John descubre que le tendieron una trampa, aparece esa otra culpa, la que hace referencia a la responsabilidad pendiente. Su hijo no está de vuelta, pero el podrá hacer algo con lo que oculta sin querer saber: el recuerdo de su hijo. Se acercará a su mujer y esperará un nuevo hijo. Vemos que cuando el sujeto es llamado a responder no es sin consecuencias. Se quiebra, al fin, su vacilación obsesiva, se acota el goce.
Previamente a reencarar su proyecto familiar, John desenmascara al Director del Precrimen. Descubre que él asesinó a la madre de Agatha. El aparato de control del Estado, que intentaban sostener como un todo completo, el del “mundo sin asesinatos”, estaba llegando a su fin…

Sartre, desde su existencialismo, postula que se es ateo cuando se demuestra que la responsabilidad gana la escena. La angustia implica extender la responsabilidad y no escudarse en la mala fe (azar y determinación). En El Muro, Ibietta es tomado como prisionero junto a Mirval y el Irlandés. Durante esa noche, el protagonista se despoja de todo lo que lo ataba a la vida. Su destino era el mismo que el de todos los hombres pero él sabía que su muerte llegaría a la mañana siguiente.
En Responsabilidad: entre necesidad y azar, Fariña propone que Ibbieta es responsable de haber querido vivir un poco más, de burlar al Otro y de haber elegido como lugar el cementerio. Y como la responsabilidad se instala en la grieta entre necesidad y azar, también podemos marcar estos dos elementos en el cuento. El orden de la necesidad se le impone cuando el comandante le ofrece dejarlo vivir, a cambio de delatar a Gris; mientras que lo azaroso está dado por la contemporaneidad entre la broma de Ibbieta y la pelea de Gris con su primo, quien lo escondía.
Ambos amigos piensan en el otro, antes de iniciar sus acciones ante la vida o la muerte. Gris no se esconde en lo de Ibbieta porque lo han atrapado, entonces va al cementerio. E Ibbieta, como sabe que Gris está en casa de su primo, elige el cementerio para burlarse de los falangistas.
Los tiempos lógicos de la responsabilidad podrían ser los siguientes: En el Tiempo 1, Ibbieta emprende una acción conciente al bromear a los falangistas, diciéndoles que Gris está en el cementerio. El Tiempo 2, de la interpelación subjetiva, llama al sujeto. Se encuentra con el panadero García que le cuenta que encontraron a Gris en el cementerio. Ibbieta queda perplejo. En el Tiempo 3, hay un nuevo posicionamiento subjetivo, el Tiempo 1 es resignificado porque la broma fue más allá. El protagonista se ríe hasta las lágrimas y nos muestra la división subjetiva.
Mientras que en El Muro, necesidad y azar, tienen un fuerte papel, en el film trabajado, es la determinación la que toma preponderancia, ya que el destino podía ser visto. También, el destino, podía ser torcido mediante el sistema policial que atrapaba a los futuros asesinos. John, al decidir no matar a Crow, al no ser encarcelado, tiene la posibilidad de hacerse responsable de su propia vida. El sistema totalitario de Columbia, mediante el aislamiento y la separación respecto al acto, impedía que emergiera un sujeto. Vemos, en este caso, una película futurista, cómo los aparatos ideológicos del Estado, una vez más intentan aplastar al sujeto, pretenden que no hable y que no exista. Parece que, muchas veces, las diferencias propias de la singularidad humana, producen rechazo y fanatismo extremo; el intento por anularlas lleva a cometer a los ideólogos, actos, no sin consecuencias, de lo más siniestros.
El segundo movimiento de la Ética, nos ayuda a pensar esta cuestión. Ofrece un orden suplementario que delata la incompletad del campo y ofrece un nuevo horizonte: el resguardo de lo simbólico (descuidado tanto en el film como en El Muro) y la mirada crítica hacia lo que degrada la condición humana. No hay respuestas para todo, la singularidad en situación abre la posibilidad a la creación.

Bibliografía

Comentario: Louis Althusser: dictamen por la minoría por Michel Fariña, Juan Jorge.www.eticaycine.org
Comentario: Algunas reflexiones sobre lo azaroso de nuestro destino por Elizabeth Ormart (http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=12018)

Alemán, J. (2003): Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972.
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