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Psicología, Ética y Derechos Humanos
Profesor Titular: Juan Jorge Fariña

Segunda Evaluación

Comisión 17
Pedro Di Luca: DNI 29582843

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Segunda evaluación

Tomaré para el desarrollo de este trabajo las reflexiones realizadas por Elizabeth Ormart en relación al Film “Minority Report”. El drama de la película, basada en un relato de Phlipp Dick, se plasma en Washington DC en el año 2054, donde la policía utiliza una tecnología psíquica para arrestar y enjuiciar a los asesinos antes de que cometan su crimen. El futuro se puede predecir y los culpables son detenidos por la unidad de élite Precrime, justamente antes de que lleven a cabo su delito. Los Precogs son seres con capacidades precognitivas que ayudan a la Unidad de Precrime a descubrir los crímenes antes de que se produzcan.
Ormat compara la capacidad de estos niños oraculares (los precogs) con la omnipotencia premonitoria de Dios según Boecio. Ambos regulan la totalidad de posibilidades que “la libertad” concede al sujeto frente a una situación particular. De esta manera el concepto de azar queda anulado. La necesidad aparece omnipresente y el sujeto sumido en su impotencia electiva. Ormart abre la cuestión entonces: ”¿puede ser culpable un sujeto por un crimen que aún no cometió?”
El sistema Precrime se sostiene sobre una paradoja. Si el sujeto no es considerado autómata, debería ser eximido de imputabilidad. Es decir, Precrime Responsabiliza al sujeto aunque simultáneamente no lo reconoce como tal, sino como objeto. Anula la introducción del acto como singularidad propia del mundo humano, respondiendo a principios organizados propios de la racionalidad del mundo moderno. En palabras de Gularte “un tipo de racionalidad que permite sistematizar una visión a priori del mundo en su dimensión objetiva. Los objetos se conciben como productos, como resultantes de un proceso”. Ormart refuerza esta paradoja al señalar que: “Lo que nos responsabiliza no es el acto efectivamente cometido, sino el deseo que se vehiculiza en ese acto. Pero un acto sólo es tal por sus consecuencias. Y justamente en MInority Report es el acto singular el que es abolido. La autora sigue afirmando:
“Si queremos darle un espacio al sujeto humano no podemos operar desde las leyes de la naturaleza. No podemos sostener un todo sin grietas. No podemos suturar la hiancia entre azar y determinación.” Es decir que la realidad planteada por el film anula el espacio entre necesidad y azar, que justamente da cuenta del sujeto en acción.
Me parece interesante establecer un circuito de responsabilidad en la escena final de la película. Esta es llevada a cabo por el representante del Sistema Precog: el director Lamar Burgess y el detective John Anderton. Lamar parece ser un avocado profesional, fervorosamente creyente del proyecto que dirige. Pero al transcurrir el desarrollo de la película se observan claramente sus objetivos ambiciosos sostenidos por una manipulación del sistema Precrime según su conveniencia. Incluso se atestigua el origen siniestro de la institución sostenida por la expropiación a sus padres de estos tres seres psíquicos. Anderton (Anderson + Automaton), mano derecha en un primer momento de Lamar, es acusado por un crimen que todavía no cometió, víctima de la manipulación del sistema de Precrime, por haber presenciado escenas que no favorecían a su director. Es por esto que se da a la fuga y así comienza el desarrollo. Finalmente, entonces, nos encontramos con la escena en cuestión. Lamar armado está cercano a enfrentarse a su mano derecha desertora, el detective Anderton, con “claras” intenciones de asesinarlo. Los Precogs simultáneamente dictan la premonición en el cuartel general:”El perpetuador del Crimen: Lamar”, “La víctima: Anderton”. Este sería, en mi opinión el tiempo 1. El tiempo 2 es la escena real, que un principio fue presagiada, pero ahora en acto. Lamar es interpelado por Anderton. Está obligado a responder. Es interpelado retroactivamente por lo que sucederá según anteriormente había sido vaticinado por los Precogs. Y Lamar lo sabe. No solo porque él creó el sistema, sino porque los sonidos de la sirenas policiales cada vez más cerca, así lo indican. Enfrentados ambos, cara a cara, al borde de la singularidad:

Anderton: Ves el dilema, ¿no? Si no me matas, los precogs se han confundido y dile adiós al sistema de Precrime. Si me matas, te encierran, pero demuestras que el sistema funciona. Así, ¿qué vas a hacer ahora? Tú tienes las opciones.
Lamar: Sí, tengo otra opción y ya tomé la decisión. Perdóname

Como telespectadores quedamos limitados a un primer plano sugestivo que abarca los rostros de ambos; con el recuerdo de que Lamar tenía un arma y claras intenciones de usarla contra su desertor. El “perdóname” enfatiza, incluso, la sugestión de la toma corta junto al sonido del disparo y la consecuente cara de estupefacción de Anderton. Obviamente, nuestra inocente confianza en el sistema Precrime hace lo suyo, y claro: creemos predecir el acto. Sin embargo, la singularidad se vislumbra con la apertura de la toma y vemos que Lamar se disparó a él mismo. Tomó una decisión alternativa a lo que estaba estipulado. Esta es la escena tres. Esta escena creadora. Lamar queda ligado a su acto por medio de su decisión. Este tiempo complementario no habla, sin embargo, de una responsabilización subjetiva, ya que esta se anula con el sentimiento de culpa y el consecuente suicidio. Ahora, este tiempo da cuenta de algo mucho más fundamental en el contexto: la aparición final del efecto sujeto. Efecto que había sido menospreciado por el sistema desde sus inicios. Recién acá hay efecto sujeto de aquella elección en la que se posó el deseo. Recién acá, como lo señala Salomone, nos encontramos frente a un acontecimiento como proceso de verdad. Lo que los Precogs sabían no obedecía a una verdad. La verdad se da en el acto singular.
Recapitulando, tenemos en un primer tiempo la escena premonitoria, que al igual que la acción de Ibbieta (en el caso que se analizó en la cursada sobre el Muro de Sartre), es una acción con un determinado objetivo; agotada en sí misma, tal como fue concebida. En el tiempo 2 Lamar es interpelado por las posibles consecuencias paradojales de su accionar. Su acción del tiempo 1 va más allá de lo previsto. La misma sorpresa es protagonizada por Ibbieta al enterarse del asesinato de Gris y su consecuente interpelación “¿Qué habrá tenido que ver Ibbieta con el asesinato de su amigo?” “¿Qué habrá tenido que ver Lamar con la destrucción simultanea de Precrime y los asesinatos cometidos para sostenerlo?” Ibbieta es responsable de querer vivir. Lamar es responsable de su ambición de poder y control al precio que fuere. El hecho de suicidarse no hace más que enfatizar la idea constante del control y poder, incluso frente a su propia muerte.
En conclusión, notamos que el sistema Precrime no advertía el sujeto en lo humano, y es por eso la aparición de problemas éticos que conlleva su desarrollo. Quisiera cerrar el informe utilizando las palabras de Gularte “Cada sujeto humano se define a partir de sus actos. Por ello el juicio referido a los mismos, sobreviene un vez que se consuman. Y esto les otorga estatuto de actos singulares”. Todo acto es único e irrepetible, y previsiblemente irreproducible.



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