Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2010 > Sentencia previa >

por 

Universidad de Buenos Aires

Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
2º Parcial

Trabajo sobre el Film “Minority Report”

Docente: Perez Michielli, Soledad

Ayudante de TP: Pereyra, Ezequiel

Comisión: Nº 18

Alumnos:

• Dive, Mauro (LU 239249410)

• Seras, Margarita (L.U. 316040800)

1º Cuatrimestre 2010

Un duelo posible
La decisión como acto ético en el tiempo de la responsabilidad subjetiva.

Situado en el año 2054, John Anderton, personaje en el que se centra el articulo “La otra decisión” de J.J.M. Fariña y con el cual trabajaremos para dar cuenta de la responsabilidad subjetiva y su circuito, es hace seis años el jefe y policía principal de Pre- crimen ( institución policial de Washington cuya particularidad consiste en evitar asesinatos potenciales), John es el encargado de analizar clasificar y rastrear la información que, viniendo de las premoniciones servirá para intervenir antes de que el crimen sea consumado. Para esto cuentan con tres individuos llamados "precogs" (Agatha, junto a dos gemelos), los cuales poseen dotes especiales para prever el futuro.
La entrada de John a esta institución, fue al poco tiempo de haber sufrido la desaparición de su hijo Sean, una tarde en la que ambos se hallaban jugando juntos en una pileta pública. Este hecho, nos permite interpretar la existencia de un significado particular en su acción de ingresar a Pre-crimen, marcada por la actitud obsesiva que, como señala Fariña, impulsó su carrera hasta convertirlo en el jefe de una empresa dedicada a prevenir actos criminales (empresa sostenida en la existencia de una “responsabilidad jurídica anticipada”).
Un día como cualquier otro, John se dispone a trabajar con las premoniciones de la jornada. Pero esta vez no puede creer lo que ve. En la nueva visión de los precogs, clasificada como asesinato premeditado, descubre que el perpetrador de este asesinato, es él mismo, John Anderton. Conmocionado por la noticia, intenta deducir rápidamente, mediante la manipulación de las imágenes, quién es la víctima, tratando de entender el por qué, y la razón que lo llevaría a matar a un tal Leo Crow, alguien que ni siquiera conoce. Emprende así su huída de los agentes de Pre-crimen, al mismo tiempo que intenta demostrar que el es incapaz de asesinar y que debería haber alguna falla en las visiones, o bien, alguna otra posibilidad. De esta manera descubre la existencia del minority report, un dictamen de la minoría, que difiere del fallo de los otros dos jueces, esta otra visión viene del lado de Agatha, raptada por John, en un intento de encontrar otro destino. Finalmente llega, junto a Agatha (quien le confiesa que no existe minority report en su caso), al lugar del crimen. La potencial victima, hasta el momento un total desconocido para John, confiesa ser el autor de la desaparición de su hijo. ¿Qué hacer con el asesino de un hijo? John Anderton no tiene dudas. De pronto comprende la fatalidad, lo inexorable de su destino previsto por los precog. Estuvo seis años esperando ese momento y sabe qué es lo que quiere hacer. Apunta, decidido a hacer justicia.
Pero en el instante crucial, cuando cae la aguja del horizonte temporal del crimen, desiste de su acción [1].
En el comentario de J.J.M. Fariña sobre el film, se destaca el desarrollo conceptual de un eje que recorre los constructos o ideas de opción, elección y decisión, aplicadas a las acciones de John Anderton, poniendo de relieve diferentes instancias subjetivas. Las mismas expresan distintos niveles de compromiso, que consideramos factibles de ser relacionadas de manera especial, aunque no lineal ni equivalente, con los tiempos del circuito de la responsabilidad subjetiva. Teniendo esto en cuenta, nos proponemos, además de ubicar nuestra hipótesis clínica en el desarrollo de los tres tiempos lógicos de la responsabilidad subjetiva, abordar paralelamente la hipótesis de que en el circuito están implicados los tres tipos de decisiones, desarrollados por Fariña, que signan una posición subjetiva diferente en cada uno de los tiempos.
Las opciones, están presentes en el tiempo 1, tiempo en el que el sujeto realiza una acción, que pretende, se termine en los fines para los cuales fue concebida. En el caso de John, su entrada a Pre-Crimen, luego de la desaparición de su hijo y la depresión de su esposa por lo sucedido, nos marca este tiempo 1. John se muestra seguro de formar parte de esta “justicia”, que permitiría reducir a cero los asesinatos, dedicando a este fin, toda su energía y su tiempo. Es este vértigo policial, que le exige una permanente toma de decisiones, opciones, donde el personaje no presenta fisuras y se dedica exclusivamente a realizar su trabajo.
Sin embargo, el film nos muestra las noches de John donde, a través de la reproducción holográfica de grabaciones de su mujer y su hijo, recuerda aquellos tiempos “felices”. El consumo de drogas acompaña al personaje en estas noches de insomnio y nos deja sospechar sobre esa fortaleza yoica que demuestra y sostiene durante el día.
Todas las decisiones tomadas por John en el transcurso de la búsqueda de su propio destino, las cuales podríamos ubicar entre el tiempo 1 y el 2, son las denominadas elecciones y son tomadas por el personaje con éxito, a la hora de sopesar elementos dispersos y perspectivas encontradas.
Ahora bien, no es por capricho que presentamos un tiempo 1, es porque existe un tiempo 2, que lo resignifica y nos permite plantear la existencia de un circuito lógico de responsabilidad subjetiva. Tiempo 2, donde se produce una retroacción, una ligadura de sentido con ese primer tiempo y donde ubicaremos nuestra hipótesis clínica.
Es el tiempo en que la culpa, que surge a partir de la interpelación generada por ciertos indicadores de la realidad, ob-liga al sujeto a responder. Estos indicadores señalan un exceso, en esa acción primera, que podría estar representado por la actitud maniaca con que John se dedica a su trabajo en Pre-crimen, el empobrecimiento y desintegración del vínculo con su mujer, y su adicción a las drogas.
El tiempo 2 estría signado por el siguiente hecho: John llega al lugar del crimen y encuentra sobre la cama de la habitación del hotel, donde se hospeda su potencial victima, una gran cantidad de fotografías de niños, entre las cuales están presentes las de su propio hijo Sean, desaparecido hace 6 años. La expresión de nuestro protagonista nos alarma sobremanera, se produce el siguiente diálogo entre John y Agatha:
John: (Con las fotos de su hijo en la mano) Todos los días, los últimos seis años, sólo he pensado en dos cosas. Una: ¿Cómo sería mi hijo si estuviera vivo? ¿Lo reconocería si lo viera en la calle? La segunda es: ¿Qué le haría al hombre que se lo llevó?.... Tienes razón, no me tendieron una trampa.
Agatha: Tienes que llevarme a casa.
John: Tú misma lo dijiste, no hay ningún Minority report. No tengo ningún futuro alternativo. Voy a matar a este tipo.
Agatha: Todavía tienes otra alternativa. Los otros nunca vieron su futuro.
Entra en la escena Leo Crow, John lo golpea y Leo confiesa ser el actor responsable (sujeto joya del derecho) de la desaparición y la muerte de Sean.
Recortamos esta escena para ir más allá de lo que nos muestra. Entran en juego aquí, los elementos de azar y necesidad. El destino, la necesidad, aquello ajeno a la voluntad del hombre, que funda la situación, se nos presenta a través de las visiones de los precogn. Ellos mostraron lo inexorable, John va a cometer ese asesinato y él mismo lo dice, minutos antes del tiempo estipulado para que eso suceda. A su vez, el Minority Report puede ser leído como esa cuota de imprevisibilidad que distingue siempre a la condición humana. Cuando todo indica que necesariamente algo va a ocurrir, los sujetos podemos hacer algo con el azar y cambiar el curso de los acontecimientos [2].
Ahora bien, el Minority report no existe para nuestro protagonista, la necesidad parece imponerse, mientras la voz de Agatha sigue nombrando la alternativa como posible.
Desde la lógica totalitaria que nos presenta y sostiene el sistema del que John es parte, lo imponente es la mayoría y el orden de necesidad es el que maneja toda situación. Pre-crimen sostiene desde el plano jurídico de la esa época, que es posible detener un crimen antes de que suceda. Se declara culpable y se hace desaparecer al sujeto, antes de cualquier acto posible. Sin embargo, un acto sólo es tal por sus consecuencias. Por lo tanto, no puede haber responsabilidad alguna sin acto realizado. Desde la lógica del sujeto en tanto deseante y culpable de ceder ante su deseo, lo que responsabiliza no es el acto efectivamente cometido, sino el deseo que se pone en juego allí. Si eliminamos el acto, eliminamos la posibilidad de que surja el sujeto del inconsciente. No podemos sostener un todo sin grietas. No podemos suturar la hiancia entre azar y determinación. El sujeto humano es en esa grita [3].
En esta grieta entre azar y necesidad ubicaremos la responsabilidad subjetiva. La responsabilidad interpela a un Sujeto, quien debe, o puede, dar “respuesta”, responder, por su acto [4].
John está frente al asesino de su hijo, matándolo cerraría ese segundo interrogante que se hizo durante los últimos 6 años. Estamos ubicados en el plano del yo que busca venganza. Si nos movemos de ese plano, encontramos en lo que él denomina su primer interrogante, un más allá de estas preguntas. “¿Cómo sería mi hijo si estuviera vivo? ¿Lo reconocería si lo viera en la calle?”. La desaparición de su hijo lo enfrenta a la imposibilidad de una sepultura, sustrae al sujeto la posibilidad simbólica de realizar un duelo. En esta imposibilidad del duelo por su hijo Sean, ubicaremos nuestra hipótesis clínica. No se trataba simplemente de evitar asesinatos y ser un buen policía, ni de ayudar a otros para que no pasen lo que él mismo (John) tuvo que pasar esa tarde en la pileta, mientras jugaba con su hijo. Se trataría más bien de una salida maníaca ante la impotencia y la culpa por tal desaparición, ante la dificultad de elaborar un duelo junto a su mujer. John es responsable, en tanto culpable de lo que hizo (no realizó el proceso de duelo) al entrar a Pre-crimen. Evitó durante 6 años cualquier enfrentamiento frente al hecho de la desaparición y ahora se ve ob-ligado a responder sobre esa acción primera, en ese segundo en el que está frente a Crow.
Y responde, John toma una decisión en soledad, sin minority report y ante un destino que parecía imponerse. No dispara, dando lugar al acto, a la emergencia de un tiempo 3 en el circuito. El tiempo de la responsabilidad, el efecto sujeto.
No interesan aquí sus razones manifiestas. No interesa si lo hace porque es un buen detective, o porque sigue los prudentes consejos de una mujer talentosa. Interesa saber que ya estaba decidido a hacerlo, que iba a disparar. Pero que no lo hace. Al desistir en ese último instante, se abre a lo imprevisible. Sin proponérselo, abre una brecha en el tiempo, y recibe entonces un comentario por parte de su víctima [5].
Crow confiesa no ser el verdadero asesino de Sean, todo estaba armado para mantener el sistema en funcionamiento. Esta confesión sólo fue posible gracias a esa brecha de tiempo que John crea con su decisión. A partir de esto, más allá de las razones por las que se le tendió esta trampa al protagonista, lo que se produce es un cambio en la posición subjetiva de John, que le permite apropiarse de su condición deseante y elaborar su duelo. El sujeto vuelve en busca de su mujer, quien también había detenido su vida por la desaparición de Sean, y juntos lloran a su hijo. John logra, de esta manera, construir algo distinto, algo nuevo, propio de su singularidad.
Esquematizamos el circuito de Responsabilidad subjetiva desarrollado en el presente trabajo, estableciendo una relación conceptual con el circuito planteado para el cuento “El muro” de Sartre, de la siguiente manera:

Tiempo1 Tiempo 2

John: Entrada a Pre- Crimen John: Encuentro con el “asesino” del hijo
Ibbieta: Jugarreta. “En el cementerio” Ibbieta: Encuentro con García, que le
cuenta “lo agarraron a Gris en el
cementerio “.

Tiempo 3
John: No dispara
Ibbieta: Exclama. ¡En el cementerio! Ríe hasta las lágrimas.

Podemos ver de esta manera, que más allá de las diferencias singulares, ambos personajes nos permiten establecer un circuito lógico de responsabilidad subjetiva. En el Tiempo 1, Ibbieta, sabiendo que iba a morir y demostrando un gran desapego a la vida, decide hacer una jugarreta a los falangistas, y conociendo el paradero de Gris (quien se ocultaba en la casa de su primo), les informa que está escondido en el cementerio. John luego de la muerte de su hijo, entra a Pre-crimen, encabezando un ambicioso proyecto policial. La acción es llevada a cabo, en ambos casos, por el sujeto de la afirmación, aquel que sabe lo que quiere. Sin embargo, existe en ellos una posición deseante subyacente, que se puede leer por la existencia de un tiempo 2, tiempo de la interpelación, representado por aquellos Indicadores que ob-ligan al sujeto, culpable de lo que dijo o hizo, a responder por su acto. Ibbieta, sorprendido porque los falangistas deciden no matarlo, siendo que le habían asegurado que si no encontraban a Gris, lo matarían a él, se encuentra con García (el panadero del barrio) quien le dice que lo agarraron a Gris en el cementerio, ya que se había peleado con su primo y al no poder ir a lo de Ibbieta decidió esconderse en el cementerio. John, luego de ver que cometería un asesinato en una de las visiones de los precogns, llega al lugar del crimen y su víctima confiesa ser el mounstro que mató a su hijo Sean. Estos indicadores de la realidad que interpelan a ambos personajes, en una retroacción y una resignificación del tiempo 1, dan lugar a un tiempo 3, de responsabilidad subjetiva, donde el sujeto del inconsciente se apropia de su condición de falta en ser. Ibbieta exclama, ante la noticia de García, ¡en el cementerio!, mientras se ríe y llora al mismo tiempo. Respondiendo así frente a eso que ha producido como sujeto de deseo, deseo de vivir, aunque sea un poco más. John decide no disparar, poniendo fin a una serie de repeticiones y posibilitando así la elaboración de un duelo por la desaparición de su hijo.
Tanto Ibbieta como John, nos dejan ver este circuito e hipotetizar respecto de la responsabilidad del sujeto.

Referencias

[1] La otra decisión, de Juan Jorge Michel Fariña.
[2] Louis Althusser: dictamen por la minoría, de Juan Jorge Michel Fariña
[3] Algunas Reflexiones sobre lo azaroso de nuestro destino, de Elizabeth Ormart
[4] Responsabilidad, otro nombre del sujeto. Mosca, J. C. (1998). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: