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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
Facultad de Psicologia

Psicología Etica y DDHH.

Profesora Titular: Fariña
Ayudante de Trabajos Prácticos: Marcela
Comisión de TP: 14
Horario de Cursada: Lunes 16.15hs. Sede Independencia
Alumnos: Fernández Maciel, Julian
e-mail: julian_fmaciel@hotmail.com
Fresneda, Federico
E-mail: f_fede25@hotmail.com

Segundo Parcial: Análisis de la película Sentencia previa (Minority Report)
Primer Cuatrimestre del 2010

Elegir la incertidumbre: una decisión ética.
Lectura de “Minority Report” de Steven Spielberg.

El año es 2057. El ambicioso proyecto de popularidad ascendente denominado Pre-crimen va acaparando cada vez más la atención y las simpatías de la opinión pública.
Dicho proyecto, cuya eficiencia hasta ese entonces era incuestionable, se basa en la posibilidad de anticipación por parte del cuerpo policiaco de que los crímenes se lleven a cabo. Para eso, utilizan los dones de ciertos seres llamados los Precog (una especie de clarividencia acerca de acontecimientos criminales futuros) sumado a una tecnología de avanzada que les transmite las imágenes de la escena del crimen, surgidas en el interior de estos seres, en el momento mismo de su realización.
En este contexto, en dónde la predeterminación exacta y sin fisuras del acontecer humano está a la orden del día, se inserta nuestro personaje; el detective John Anderton.
Anderton es una de las figuras principales del proyecto en cuestión. Tiene a su cargo todo un cuerpo de agentes con los cuales atrapa a los futuros criminales. Su capacidad para organizar la información aportada por los Precog, así como también para la toma de decisiones en momentos de tensión es impecable. Cree firmemente en Pre-crimen, se lo ve defendiendo a ultranza su utilidad y justificación para abolir la criminalidad; ante la queja de un agente federal que alude al hecho de que se condena a personas que aún no han cometido acto delictivo alguno, apela a la ineludible predeterminación de los actos humanos.
Así las cosas, sorprende ver el contraste que presenta este personaje cuando cae la noche y no está dedicado a su labor. Revive una y otra vez las imágenes grabadas de su hijo, secuestrado y desaparecido hace seis años, y también las de momentos agradables con su ex esposa, de la cual se separó después de la tragedia familiar. Esto acompañado de la ayuda tóxica de determinadas drogas.
Anderton parecería estar atrapado en la imposibilidad de elaborar dicha pérdida, encerrado en una repetición automática que lo lleva a tratar de encontrar en las imágenes pasadas, aquello de lo que el universo simbólico no puede dar cuenta, el agujero en la existencia por la abrupta desaparición de un ser querido.
En esta circunstancia, de repente “el orden” de las cosas se comienza a trastocar, y esto es lo que va a posibilitar la aparición de ciertos matices, de ciertos cambios, en la subjetividad del protagonista.
Los Precog vaticinan que él mismo va a perpetrar un homicidio premeditado. Sorprendido por esta noticia, y convencido de su segura captura y encierro, Anderton se da a la fuga adoptando una posición sostenida desde su dicho recurrente: “Todo el mundo huye.” Nada hasta aquí de singularidad ética. Pensando que le habían tendido una trampa, el detective descree absolutamente su futuro asesinato, no se reconoce en esa acción.
Escapando, y bajo el propósito conciente de desmantelar la trampa, le dicen que a entrado en una cadena de hechos que lo llevarán indefectiblemente a cometer el homicidio. Y en ese vertiginoso escape no se puede dejar de destacar lo que es del orden del azar, por ejemplo ese oportuno perro que distrae a sus captores en el instante de su fallida captura.
Necesidad y azar se combinan, o mas bien se fusionan en toda la trama, haciendo que finalmente el detective se encuentre con su supuesta víctima. Hasta ese momento todo marchaba tal como se había predicho. Ningún indicio de falibilidad en la figura del Otro, encarnado en el sistema. Cadena de sucesos irreversibles a la cual Anderton se encontraba sujetado.
De repente, aparece la conmoción por parte del protagonista. Esto es el encuentro de la manera menos pensada con la persona que hasta ese momento era la responsable de la desaparición de su hijo. Ya faltaba poco para que se cumpla el tiempo límite en que debía cometer el acto. El aparente secuestrador irrumpe en la habitación y el agitado detective lo aborda.
El detective lo aborda apuntándole con el arma, dispuesto a asumir lo que el destino le estaba anunciando para él. Ya estaba decidido. Un momento de trance difícil de imaginar. De golpe se encuentra con el monstruo que le arrebató lo que más quería en el mundo, debe decidir qué hacer. Y en un primer momento, que podriamos entender del lado del Tiempo Uno en el circuito de la responsabilidad subjetiva, representado por todo el circuito que lo condujo hasta ese punto cúlmine de matar al secuestrador. Dandole así consistencia al designio del Otro, él ubicado como engranaje de algo que lo excede, sobre lo cual no parece tener decisión alguna, en el punto que no hay cuestionamiento ni reflexión, sino que es así y punto.
Pero en ese mismo instante algo lo interpela, no se puede distinguir bien qué es. Y quizás ni el mismo Anderton pueda decir a qué se debe. No dispara, cambia de parecer. Puede que se formule un “soy un buen policía” o “la precog que me acompañaba me dijo que todavía podía elegir”, etc. No es importante ubicar el motivo conciente de ese cambio. Pero sí destacar el cambio. Ya estaba decidido a disparar, de repente algo lo interpela (Tiempo dos del circuito) y finalmente decide no hacerlo.
Acto singular que ubicamos del lado del acto ético. Decisión que hiere la consistencia del Otro, cualquiera sea la figura en la que se encarne. Esa incertidumbre que se abre ante la dimensión del Acto, es el fruto de un instante en que el protagonista decidió. Decidió abrirse paso a lo no determinado, a salirse de ser una parte más de un designio pseudo-divino inconmovible para elegir cambiar.
Pero no todo esta tan claro. Entendiendo que los 3 tiempos pertenecen a un contexto logico y no cronologico en que el orden de ellos no tiene porqué ser en orden sucesivo tan claramente, podríamos ubicar al momento de interpelacion subjetiva el instante en que el supuesto asesino de su hijo confiesa no haberlo sido, sino que todo habia sido un arreglo para que al vengar la muerte de su hijo la familia del asesino cobre su indemnización. De tal forma aquí podría entenderse que en ese momento el sujeto es atravezado por sus dichos, conmovido, hay algo que interpela al sujeto generando un desconcierto en plena perplejidad, lo que de ahí en adelante provocara un giro en el personaje. El devenir de los acontecimientos después de esa escena en donde se ponen en juego la interpelación subjetiva y el acto ético no puede ser más elocuente.
Una vuelta de tuerca a la trama que no podía ser calculada previamente.
Y efectivamente, el hilo conductor de la película nos lleva por lugares insospechados, en dónde se revela que algunos personajes que acompañan al protagonista no son lo que aparentaban ser.
El argumento sigue desprendiendo tela para cortar, pero el detective Anderton ya no será el mismo. Algo de su posición subjetiva cambia a partir de lo sucedido. Vuelve a hablar con su esposa y encuentra una causa a su vida. Seguirá inserto en una serie de engaños de los que se percata al final, pero desde una posición diferente.
Así como Ibbieta en el cuento de “El muro” de Sartre, Anderton es responsable de haber actuado, aunque sea en ese instante, de acuerdo a un deseo. El sujeto sujetado a una determinada elucubración de saber inconciente, del lado del discurso del amo, es destituido por un acto que da lugar a lo que del sujeto no se deja atrapar por las redes del significante, el ser deseante.
Finalmente el proyecto de Pre-crimen será abandonado. Mucho tendrá que ver en ello la iniciativa del detective para desbaratar el edificio de engaños y crímenes sobre el cual este proyecto se sustentaba. Paradoja que nos plantea el film; el “sueño” de un futuro libre de crímenes sería posibilitado a partir de un asesinato fundador, el asesinato de la madre de la precog más talentosa. Si bien no nos atrevemos a homologar aquí una cosa con otra, es interesante destacar este hecho con lo propuesto por Freud en Tótem y Tabú, el nacimiento del orden social es producto de un asesinato primordial.
Para concluir con lo que se viene exponiendo se destacan algunas cuestiones ya mencionadas, que nos permiten pensar a la ética no desde la esencia misma de un ser (dimensión ontológica) sino desde una singularidad en una situación específica, en dónde se ponen en cuestión los preceptos vigentes de un orden, para dar lugar a la dimensión de Otra cosa propia del deseo y del campo de la subjetividad.
Es claro que el detective Anderton atraviesa por una serie de circunstancias variadas antes de llegar hasta ese momento clave en que ubicamos los tiempos de la responsabilidad subjetiva en nuestro análisis. Y si bien en ese intenso despliegue se destacan numerosos momentos, como cuando Anderton se entera de aquello que da el nombre a la película y se interroga por el hecho de que quizás encerró a personas que no iban a cometer asesinato alguno, no pesquisamos allí nada claro en torno a lo que nos interesa destacar. Pues como se expuso anteriormente la dimensión ética aparece cuando se quiebra algo de lo que en el Otro aparece como absoluto.
Y ese momento, esa situación en la cuál el protagonista decide cambiar el curso de los acontecimientos fue cuando decide no disparar, alejándose de lo que el destino le tenía preparado para él.
También para ir finalizando con el presente escrito, es interesante orientar la dirección del pensamiento en torno a que este film revive todo un debate filosófico ancestral entre las relaciones y oposiciones de las nociones de libre albedrío y predeterminación.
Pues quizás en estos tiempos en que nos toca vivir, en donde la figura del amo antiguo se dispersa bajo las formas del imperativo al consumo y la multiplicación de objetos que adquieren el estatuto de fetiches, poder pensar la posibilidad de un sujeto de salirse del sometimiento a un orden para dar lugar a algo del deseo en su singularidad, nos permita discernir más claramente las improntas en materia de ética que nos plantea el mundo contemporáneo.

Bibliografía.

• D´Amore, O., “Responsabilidad subjetiva y culpa.”en Clínica y deontología. Letra viva, Agosto 2008.
• Mosca, J., “Responsabilidad: otro nombre del sujeto.” en Ética: un horizonte en quiebra. Editorial Eudeba. Agosto 2008.
• Michel Fariña, J., “La otra decisión.” en www.eticaycine.org/sentencia-previa
• Ormart, E., “Algunas reflexiones sobre lo azaroso de nuestro destino. Comentario de Minority Report.” en www.elsigma.com/site/detalle.asp?idContenido=12018



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