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PSICOLOGÍA ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS
“Segundo Parcial”

Profesora Titular Reg.:
Fariña, Juan Jorge Michel
Profesora Titular de Trabajos Prácticos:
Fraiman, Carlos Alberto
Ayudante:
Loza, Julieta
Comisión:
Nº 13
Alumnas:
Sulima, María Esperanza
D.N.I. 28.504.138
Trapani, María Belén
D.N.I. 32.536.214
1º Cuatrimestre 2010

“Donde todo está dicho, algo propio es posible…”

“Minority Report” ó “Sentencia previa” (que es su traducción), son dos nombres que apuntan a los temas claves de la película sobre la que vamos a trabajar, son los dos ejes centrales de la misma. Porque es a través del personaje encarnado por Tom Cruise, John Anderston, que se pondrán en jaque dichos puntos. Ya que no sólo se abrirá camino sobre lo que se entiende en un primer momento sobre sentencia previa, sino que esto será a partir de romper con su particular, a través de su singular en lo universal (el Minority Report), que lo diferenciará del universo.
Pero previo a desarrollar la idea propuesta, vamos a mencionar algunas cuestiones que pueden plantearse con respecto al film en cuestión.
Pasemos a realizar en un comienzo un paralelo con la situación actual en nuestro país, donde los medios de comunicación insistentemente instalan el tema de la inseguridad como la mayor preocupación de los ciudadanos, y donde muchos insisten en que “la mano dura” ”bajar la edad de imputabilidad” es una decisión impostergable. Podríamos dejar planteada la cuestión de si, dado el poder con el que cuentan los medios de comunicación, no sería siquiera interesante y beneficioso para la sociedad toda, que estos dispongan también de unos códigos de ética que los incluyan.
Como vemos, el film nos coloca ante una problemática que nos toca de cerca. El Departamento de Precrimen se basa en una lógica autoritaria, porque desdibuja al sujeto no dando lugar a la decisión subjetiva. ¿Cómo hacer responsable jurídicamente a los sujetos sino hay allí un sujeto autónomo, conciente de su intencionalidad, capaz de responder por sus actos? No hay lugar para la implicación subjetiva, sino que sólo hay responsabilidad jurídica. Si John es inocente de cometer el crimen, lo es sólo porque esperó a que el momento del asesinato transcurra más allá, porque hasta ese instante, esos segundos, él mismo se prejuzgaba como culpable del asesinato de Crow. Y lo interesante es que la pena se basa en culpabilizar a personas por actos no cometidos. ¿Cómo puede hacerse responsable un sujeto allí donde el mismo es borrado? Ya que el sujeto es aquel que se constituye en acto. De hecho la pena misma borra al sujeto, ya que no sólo no es libre y pierde la capacidad de decisión, sino que es “adormecido”, paralizado en el tiempo, en su devenir histórico.
Tal como afirma J. M. Fariña ante el dilema planteado por la película, a saber, que si los crímenes son juzgados antes de ser cometidos, cómo decir que el mismo ocurrirá, pero que “el pragmatismo no escucha más razones que las de la eficacia” . La moral utilitarista es la que rige en nuestros días. Si el sistema es efectivo, si es útil, si sirve, es lo adecuado. El personaje que representa esta lógica es Lamar: él se rige por la moral, por el bien de todos. Por ello es que no se responsabiliza por la muerte de Anne Lively. No se responsabiliza y se suicida cuando John A. lo interpela “¿Qué vas hacer ahora Lamar?” Lo coloca frente a un dilema, y sus opciones son:
a- no matar a John: hace que el sistema no funcione
b- matar a un John: para que el sistema funcione
c-cambiar el “destino”: responsabilizarse
Él toma otro camino: suicidarse.
¿Es Lamar “inocente”’? ¿Es justificable que haya matado a Anne Lively y querido inculpar a John, dado que su objetivo último es abolir todos los crímenes de una sociedad? ¿Es el fin más importante que los medios? Tomando el fin como definición de un acto, es perder la dimensión del sujeto. La pregunta adecuada sería entonces ¿Hasta dónde decide llegar ese sujeto? Asimismo, siempre dentro de esta lógica, los precognitivos no son apreciados por su “don” sino por la utilidad que tiene éste para la sociedad. Y hay también un silencio, un no dicho en la propaganda de Precrimen: los precognitivos, tal como los presos, son “adormecidos” como sujetos. Porque de lo contrario, la sociedad toda, a la hora de votar estaría frente al dilema de decidir entre la “epidemia de la inseguridad”, sus propias vidas, y la de los precognitivos. Ello es comparable con la decisión que debe tomar Ibietta, su vida o la de Gris.
El otro tema planteado en el artículo citado, es el que nos ocupa aquí, cómo podrá responsabilizarse el sujeto ante tal intervención. Para sustentar el planteo, el autor realiza un paralelo con el caso de Althusser, sosteniendo que “en un caso, se lo exculpa por lo que hizo (Althusser). En el otro, se lo inculpa por lo que todavía no hizo (John)” . Y que en ambos casos “será la palabra la que permita inscribir una decisión y liberar a los sujetos de esas prisiones del alma” . En este artículo, la propuesta es que el personaje de John puede tomar una decisión, responsabilizarse, inscribir su acto no quedando atrapado entre la necesidad y azar, siendo la imprevisibilidad lo característico de los hombres.
En la misma línea, Elizabeth Ormart, plantea que “la responsabilidad de un acto se cimienta en la libertad de elección del sujeto” , lo cual sería impedido por el accionar del Departamento de Precrimen. Y plantea que, desde el camino abierto por el psicoanálisis, aquel que nos hace responsables hasta de aquello inconsciente no sabido, se puede afirmar que “lo que nos responsabiliza no es el acto efectivamente cometido sino el deseo que se vehiculiza en ese acto” . Veremos entonces si nuestro protagonista John puede o no responsabilizarse.
Pero discutamos antes otra cuestión interesante planteada en otro artículo de J.M. Fariña “La otra decisión”: los desaparecidos. Fariña realiza allí el recorrido de las sucesivas respuestas que John realiza a lo largo de la película, y de cómo, una decisión tomada en la grieta que se abre ante la necesidad y el azar, le permite elaborar un duelo y cambiar su destino, producto de una “causa política”.
Podríamos agregar que no es sólo la causa política sobre la desaparición de su hijo, sino que hay varias desapariciones que el film nos muestra: la de Agatha, sustraída de su propia historia, y la de su madre, Anne Lively. Hay en Agatha una insistente repetición de imágenes, una no inscripción simbólica, consecuencia de un acto despiadado e impune cometido por Lamar. Podemos pensar acá en el accionar del terrorismo de Estado en nuestro país, y de cómo Madres y Abuelas de Plaza de Mayo han luchado contra el silencio de asesinatos y robos de niños. Como afirman Lo Giudice y Olivares, develar el ocultamiento permite otras versiones y dan lugar a la decisión propia. La apropiación, no sólo de niños a sus familias, sino de la verdad acerca de lo ocurrido (el asesinato y apropiación por parte de Lamar), “posibilita el deseo, el encuentro con la propia identidad y la inserción en la legítima cadena generacional.” El camino de Abuelas y Madres, es una salida ética, al igual que la búsqueda de verdad que realiza John. Éste logra articular el relato de Agatha, relato de un horror que no es siempre representable con palabras, por ello Agatha sólo dispone de imágenes indecibles, indescifrables. John realiza aquí una interpretación que le permite a Agatha su inscripción, más allá de la denuncia: “la mayor angustia no es la pérdida de objeto, sino la ausencia de su representación” dice al respecto de lo indecible del horror Viñar. Y esto es porque John no desoye el Minority Report de las minorías, no lo elimina como tantos otros han hecho, tema al que volveremos posteriormente.
Pero otro punto interesante, respecto a Agatha, es el papel que cumple con respecto a la historia del personaje principal, John. Podríamos ubicarla en el lugar del analista, aquel que interpela al sujeto acerca de su deseo, que obliga a John a tomar una decisión. Es ella quien le dice: puedes decidir. John se posiciona por un momento como un personaje con un destino prefijado, inevitable, como un acto marcado por la necesidad. El dice: ustedes vieron que yo lo mataba, y eso es entonces lo que debe pasar. Al comienzo, cuando la bolilla lo elige, el asesinato está del lado del azar. John no sabe quién es el sujeto al que le disparará, no hay causa que le dé sentido al crimen, todo parece indicar que es el azar el que interviene y hace que John esté en ese momento, en ese lugar, frente a ese sujeto, y el arma se dispare. Pero entra allí luego a jugar la necesidad: se hace presente la causa-efecto. Ese sujeto es el culpable de la muerte del hijo, debe morir, John debe matarlo. Y pase lo que pase ese sujeto muere. Pero Agatha le marca la diferencia: el de tener una oportunidad única, conocer el futuro y poder cambiarlo. John logra poner un límite a su pulsión, y así logra marcar la pausa, la diferencia, poner puntos suspensivos en la trama imaginaria (en aquellas imágenes que los mismos precognitivos le mostraron) para inscribir allí a un sujeto de deseo, con su historia, responsable de sus actos. Porque más allá de ser responsable jurídicamente, John acepta una responsabilidad subjetiva, escribe una historia diferente, y surge allí una verdad que rompe con el saber, (cae el Sujeto Supuesto Saber).
Pasemos entonces al personaje que interpreta Tom Cruise, John Anderston: él se encuentra sumergido en la angustia ante ese saber no sabido: ¿Qué le pasó a su hijo? ¿Qué haría cuando se encuentre con el sujeto que lo capturó? Pero en estas dos preguntas que John hace seis años se viene realizando, hay allí ya una clave de la respuesta: su hijo ha muerto, y su deseo es matar al que lo hizo. John va en busca de ello, sino ¿Por qué a pesar de no conocer a Crow hace todo lo posible por llegar al lugar donde ello ocurriría, en ese mismo instante? Ese es su saber. Pero entonces, Aghata de por medio, se interpone un pausa en el puro decir que tapona. Allí surge algo nuevo, que no se corresponde con lo que uno va siguiendo en la trama: matar o no. Surge algo nuevo: alguien quiere encarcelarlo ¿Por qué le tendieron la trampa? Y allí hay lugar a toda una historia nueva que se despliega. Hay allí una verdad que lo interpela, que no encaja, surge una diferencia que no puede particularizarse, se abre un nuevo universo. Es verdad, él no es culpable de esa muerte, pero si es culpable de estar allí, de querer matar al que hizo desaparecer a su hijo. Aquí queda claro como la responsabilidad jurídica se desprende de la responsabilidad subjetiva.
Para la ley, ante la que todos somos iguales, le corresponde el castigo por algo que no hizo. Para el sujeto, nada es igual a partir de ese momento. Recién ahí John puede hablar de ese hijo que no está, saber la verdad, que este niño ha muerto. Que el dolor no es sólo de él, sino de su mujer también. Y que su deseo de ser padre no ha muerto con ese niño, que un nuevo hijo vendrá.
Podríamos puntuar así los siguientes tiempos lógicos:
Frente a la desaparición del hijo: Negación (ver los videos insistentemente e interactuar con ellos), acting (abuso de drogas e intentos de suicidio), proyección y defensa maníaca (trabajar para precrimen).
Hay aquí una respuesta anterior de John que puede encasillarse desde el particularismo, la respuesta es moral. La culpa le impide resignificar la desaparición. John queda atrapado en el sentimiento de culpa por la desaparición de su hijo. También un sueño ilustra lo dicho, recordando una vez más la desaparición de su hijo, pudiendo referir aquí lo que dice Freud en relación a la responsabilidad del sujeto sobre sus sueños, si la respuesta alcanza al sujeto allí donde éste no tiene conciencia de serlo se trata de culpa que constituye el reverso de la responsabilidad, ya que cuando la respuesta del sujeto se haya ausente, aparece como sustituto el sentimiento de culpa. Lo que lo lleva a culpabilizar al otro (Crow). El reproche es el movimiento opuesto a la responsabilidad, dado que es una respuesta moral, tratando de enmendar lo hecho, lo cual sólo fortalece el conflicto.
Tiempo 2 (lógicamente anterior al tiempo 1): interpelación. Dilema (matar o no al culpable). La frase de aquel que iba a matar aparece como un sin sentido que resignifica la historia del sujeto.
Tiempo 1: muerte del hijo. Habla con la mujer y se siente culpable por lo ocurrido.
Ya no hay una respuesta moral como en el tiempo cero (encarcelar a los culpables de los crímenes) ni una culpa que interrumpe la emergencia del sujeto (intentos de suicidio).
Tiempo 3: encuentro con la mujer. Embarazo de la mujer. Cuestionamiento de Precrimen. Surge el sujeto de deseo, producto de un acto.
En relación al “quiebre”, se podría decir que al principio del film John tan sólo oye la orden y la ejecuta. Cuando logra escuchar puede asumir su responsabilidad, ya no la culpa vacía de representación. Ya no es él el ejecutor del destino previsible, porque como propio lo pudo modificar al escuchar… que el “destino” se lo construye por medio de decisiones tomadas por un sujeto del deseo, al construir él su propio “minority report”. Siendo responsable ahora sí de su elección, la de “no disparar”, pausa creada por él, en la que se inscribe un sujeto deseante, responsable de sus acciones. Ya que el acto, un acto como tal, no puede ser anticipado, es propio de la irrupción del deseo. ¿Que deseo irrumpe en esa escena? Deseo de confirmar que su hijo ya no está, para así poder seguir, poder inscribir esa pérdida, para seguir deseando y dejar de repetir un tiempo en el que un hijo ya no está.
¿Es John responsable por la muerte de Crow? Es responsable de ir hasta allí, al igual que Ibietta es responsable de pronunciar la palabra “cementerio”. Ibietta es responsable de su deseo de querer vivir un poco más, y John es responsable de querer matar al culpable de la muerte de su hijo, y de su deseo de ser padre que este sujeto le quitó (según el primer momento).
Pero como no lo mata en ese instante, en el cual su tiempo se acaba, comienza un nuevo tiempo, el tiempo de la verdad de la muerte del hijo, de la que se responsabiliza subjetivamente de no haberlo protegido.
“No podemos sostener un todo sin grietas. No podemos suturar la hinca entre azar y determinación. El sujeto humano es en esa grieta.” Aquí en esta grieta se puede ubicar al sujeto como posición deseante y no como objeto de goce del Otro, es decir, es aquí donde se puede ubicar al acto ético-subjetivo, propio, donde pone fin a la compulsión y comienza a construir una vida, con responsabilidad y sin culpa, es en esa pausa ubicada en esa grieta por medio de la confesión “azarosa” del hombre al que John decide no disparar y busca que caiga sobre el “culpable” la responsabilidad jurídica, al quererlo arrestar, allí abre el camino a lo simbólico, a la elección subjetiva, a su minority report. Puede salir de aquel posicionamiento en el que se hallaba sometido por el sistema del Precrimen y por el suyo propio, puede comenzar a historizar lo sucedido, hacerla propia a esa historia, y por lo tanto cuestionarla. No es solo un oír y ejecutar, sino es un desear y decidir. Y es a través de esto, que no sólo se abre una “verdad” inesperada, sino que puede tanto John como su esposa, dar a esa “desaparición” un nombre, poder dar una presencia a aquella, hablarla, llorarla. Concretar esa desaparición, en un acto simbólico. “Cuando todo indica que necesariamente algo va a ocurrir, los sujetos podemos hacer algo con el azar y cambiar el curso de los acontecimientos.” Aquí no sólo hay un cambio en John, sino también en su esposa, que lejos de recluirse en la culpa y el dolor, lo afronta y se convierte en compañera de su esposo, ya no visto como el culpable o el que le hace acordar a Sean, sino como hombre, y se pueden decir que se aman.
Podemos pensar el lugar que en la historia tiene el minority report: muestra la diferencia que instala la minoría. Abre el camino a otro pensable. Allí donde el destino está escrito, algo nuevo rompe el universal. Es un singular que es tratado como un particularismo. Cuando los precognitivos dan un reporte minoritario, diferente, los analistas, los expertos, lo borran e ignoran. Pero son ellos la clave que terminan por cambiar el universal de Precrimen (la muerte de Anne Lively).
John no tiene su minority report en Agatha, pero es él mismo que lo crea, marca de diferencia, realiza un acto creador, y así hace caer el particular de Precrimen. Allí donde Precrimen abarca todo lo posible, John abre un nuevo pensable y el sistema cae porque no lo puede englobar.
Como conclusión, se podría pensar en relación al personaje Ibietta del cuento “El muro”, como contrapunto al posicionamiento de John, que es quien logra un corrimiento en su posición, para pasar a ubicarse como sujeto de deseo como ya se ha afirmado, como producto de una decisión obtiene su libertad, no sólo jurídica, sino fundamentalmente subjetiva. Para Ibietta, es el “azar” lo que determina su libertad jurídica, siendo a su vez ésta la que lo encarcelará subjetivamente. Esto se puede considerar azaroso y determinante a la vez, ya que a través del significante “cementerio”, por un lado, se encontraría su deseo de vivir. Y al mismo tiempo, es este azar que se juega en lo inesperado, en la cadena de causantes del fin, que provocan que Gris sea apresado y asesinado, producto de una supuesta rebeldía de Ibietta. “El problema ético no lo tendrá el sujeto durante la tortura, sino después si vive para contarlo” , como sucede en el personaje del “El muro”, mientras él se encuentra condenado a muerte, ya nada importaba ni su novia, ni su amigo Gris más que vivir un poco más. En cambio, es el momento en el cual que la muerte de Ibietta ya no se encuentra próxima a suceder allí es donde él puede implicarse subjetivamente en su decir.
Ibietta cedió ante su deseo de querer vivir un poco más, y lo paga con culpa.
En John, en cambio, la culpa le permite volver a la acción y resignificarla. Y el sentimiento de culpa se diluye junto con la angustia, cuando puede hablar de ese objeto que ya no está “mi hijo ha muerto”, lo que no es lo mismo a desculpabilizarse, sino que es un acto subjetivo de responsabilización.

BIBLIOGRAFÍA

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