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U.B.A.
Facultad de Psicología- I Cuatrimestre 2010

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cát. I- Prof. Tit. Reg. J.J. Fariña

2° Evaluación
Análisis del film “Sexto Sentido” (M. Night Shyamalan / Gran Bretaña / 1999)

Alumna: Gabriela Nantón Profesora: Lic. Haydée Montesano
L.U.: 30697076/0 Comisión: 12

Consignas:

1)-Tomando en cuenta el comentario sobre el film ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva?¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando indicadores.
2)-Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organiza la situación.
3)-Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4)-Si corresponde, establece las figuras de culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5)-Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro” de Jean Paul Sartre)

1-2: El personaje sobre el cual se centra la responsabilidad subjetiva es el Dr. Crowe, un psicólogo especializado en niños. El autor propone como hipótesis que éste se encuentra en una posición de doble deuda: por un lado, un caso de un niño al que no pudo oír y por el otro, el primer plano asignado a su profesión en detrimento de su matrimonio. Así mismo, hay un niño que presenta un problema similar a aquel paciente que no supo tratar; puede oír y ver a gente muerta. Estos “fantasmas” portan un daño simbólico no tramitado y regresan para saldarlo de alguna manera.
El niño siente terror cuando se le aparecen los muertos. Sin embargo, gracias a la intervención del Dr. Crowe, se volverá un mediador para develar y saldar las deudas de los fantasmas, posibilitando su paz. La escucha y la palabra serán las herramientas del niño para afrontarlos.
El psicólogo usara estas mismas formas para saldar sus deudas, pues él mismo es un “fantasma”; recibirá de su paciente, a quien sí pudo escuchar, su mensaje invertido de hablarle a su esposa en duelo para reconciliarse con su falta.
Finalmente, será el anillo de casados que ya no tiene lo que le revele su propia muerte y asuma el camino de la reparación simbólica, como respuesta a la convocación de esposa.
El circuito de responsabilidad que organiza la situación, se organizara con lógica de retroacción; hará que el psicólogo vuelva por una acción que ya sucedió. Será en la visión de la caída de su anillo de casado, al cual no lo tiene puesto, lo que interpele y
obligue a una respuesta. Puede tomarse esto como un tiempo 2, donde por resignificación se funde el tiempo 1, es decir, donde se liguen los elementos disonantes (no poder abrir un armario ni entablar una conversación con su mujer por ejemplo) y se posibilita una respuesta: él esta muerto y por esto, sólo el niño lo podía ver. No hay forma de no responder, porque la interpelación exige respuesta.
El autor relaciona tales apariciones de muertos con algo de lo no dicho o en su defecto, lo mal dicho, que necesitan la tramitación simbólica; esos fantasmas irrumpirían como reales en el mundo de los vivos, para decir o bien-decir acerca de situaciones en las que se vieron implicados de alguna manera.

3- La necesidad se refiere a sucesos en los que no se puede llamar a una respuesta. Es decir, no siempre hay responsabilidad en lo que sucede, debido a la existencia de la inexorabilidad de determinadas cosas, como por ejemplo la muerte. Lo necesario se impone. En este caso podría encontrarse respecto el niño; era necesario que existiera alguien pudiera ver muertos, siendo esto ajeno a su voluntad, dado que lo aterraba.
Tal “capacidad” esta por fuera del designio humano, tanto que apenas puede expresarla en palabras. Podía contemplar las heridas físicas y conocer las formas en que tales fantasmas habían expirado.
El Dr. Crowe había sido asesinado por un paciente; la bala atravesó su vientre y la sangre corría por detrás de su cintura. Podría considerarse azaroso el lugar del cuerpo del psicólogo a donde se dirigió la bala. Esto permitió que el niño pudiera dirigirse a él sin temor, dado que la herida estaba oculta para ambos. Posibilita que él mismo se encuentre con su deseo y responda por él.
Si la necesidad establecía que como causa de ver muertos, el efecto en el niño era terror, el azar logro desconectarlos; no considera al psicólogo como muerto al no divisar el disparo en él.

4-La culpa es condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva; ella obliga a responder. No se trata de intenciones buenas o malas que merecerían un juicio, sino de la experiencia del deseo inconciente.
Es observable el hecho del que el Dr. Crowe no se sabe muerto y minimiza los indicios que le son extraños. Su yo responde para estabilizar la tensión que produce la interpelación; es un reconocido profesional cumpliendo con su deber y esto lo tranquiliza. La culpa hace a la retracción, hace que se retorne a la acción por la que debe responder. Es una exigencia más allá del yo.
En la actitud en respuesta a la interpelación del tiempo 2, se puede ver como, desde una posición moral de culpa, enmienda su falla al susurrarle a su esposa que siempre había estado en primer lugar, antes que su trabajo de psicólogo.
Aun esta escena podría develar cierta reacción frene a sentirse amenazado respecto su profesión, investida falicamente. Fue un caso que no pudo resolver lo que no lo deja morir y tal “impotencia” lo lleva a ese niño, resarciendo su omnipotencia dañada.

5-En el cuento de Sartre, se puede ubicar el circuito de responsabilidad de su protagonista. Ibbieta es un prisionero político, al que interrogan para saber de Gris, un líder en aquellos tiempos de la guerra civil española. Se presenta su ejecucion como destino inexorable si no colabora para encontrar a Gris. No se encuentra una voluntad conciente de ni de muerte para Gris ni de vida para él mismo al inicio; de hecho, ya no le importa morir según piensa. Solo que sus actos van demostrando lo contrario: no duerme para no perder el poco tiempo de vida que le queda. Y al momento en que se lo interroga sobre aquel, incluso bromea con su respuesta de que Gris estaría en el cementerio. No dice la donde realmente se encuentra, aunque esto le significaba seguir viviendo.
Al devenir de los hechos, el encuentro con otro prisionero le devolverá su deseo de forma invertida, dado que efectivamente capturan a Gris, quien realmente estaba en el cementerio.
En Ibbieta se juega el deseo inconciente de vivir; ese anoticiamiento de los hechos funcionarían como un tiempo lógico 2, donde retroactivamente se define un tiempo 1. Allí se encuentran además de los indicios de “aprovechar” cada minuto que le queda, la broma dicha: es responsable de haber hablado, de querer vivir un poco más.
De la misma manera, El Dr. Crowe es responsable de una omnipotencia parecida a la de Ibbieta al desafiar a la muerte bromeando. Éste lo hace al no “terminar” de morir. El primero es presa de lo dicho, mientras que el segundo, de lo no-dicho. El acto es propiamente humano, de naturaleza ética y está vinculado a la idea de la responsabilidad que entraña la intención. Se diferencia esta responsabilidad del sujeto, de la responsabilidad jurídica, (en el sentido de que “uno es responsable legal de sus actos”), pues la introducción de lo inconsciente, no circunscribe la intencionalidad al ámbito exclusivo de la conciencia, dado que el inconsciente también tiene su intencionalidad; esto le separa absolutamente de lo que sería lo jurídico, lo legal. Es el éxito del deseo inconsciente lo que predomina frente a la conciencia en ese acto. Es obvio que eso no tiene responsabilidad jurídica, pero si tiene responsabilidad en tanto Sujeto, pues hacerse cargo de este choque, es lo que le va a permitir poner algunas palabras, No basta con el “lo hice sin querer”, porque eso no le excluye al sujeto de “lo hice deseando”.

Ibbieta, sujeto deseante de vivir. Crowe, sujeto deseante frente a su falta con un ex paciente. Ambos deudores en la estructura del lenguaje.
Es interesante como en “Sexto sentido” se produce un cambio conceptual respecto al niño como “victima” de esos fantasmas a niño mediador simbólico. Del terror a las apariciones a la compasión por ellas, a través de utilizar las palabras. Se podría decir que el D. Crowe a posibilitado tal pasaje con su intervención. El significante “raro” escondía una posición victimaria del niño que no le daba lugar a otra cosa, ya que una victima es un lugar de sacrificio como destino. Será la toma de la palabra por parte del niño lo que le permite hacer algo con esa capacidad, proponiendo un acto vez de una pasividad justificada incluso por el terror.



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