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En el presente trabajo nos proponemos la tarea de analizar el film “El sexto sentido”. Desde la bibliografía propuesta por la cátedra y el comentario realizado por Eduardo Laso “De maldiciones y fantasmas”.
De acuerdo a lo que el autor expone, existen diferentes acciones que realiza el Doctor que apuntan a fines concretos. Por un lado reestablecer su relación matrimonial, entendiendo que la misma se ha desgastado por la excesiva dedicación a su trabajo. Por otro lado poder ayudar a un niño de nueve años el cual lo remite a un anterior paciente con quien no tuvo un tratamiento exitoso. Estas dos cuestiones son planteadas por Laso en termino de “deudas”, deuda marital y deuda profesional. Estas, para el autor, insisten en forma fantasmatica para ser saldadas. Insistencias que formarían parte de la estructura de una “maldición”, entendiendo a ésta como producto un hecho atroz que no formó parte del campo de la justicia como tampoco del campo de lo simbólico. La misma cesara cuando ingresen a dichos campos. Estas consideraciones sobre las maldiciones son la que utilizará Laso para formular su hipótesis sobre el film.
En este sentido, por un lado el doctor tomaría el papel de “fantasma” como indicador de un daño o resquebrajamiento del orden simbólico el cual insiste en ser saldado o reconstituido; por otro lado el niño es el mediador que posibilitaría la solución a las deudas mencionadas del Doctor; como también las de los otros fantasmas que recurrían a él. En el caso de Crowe dicha mediación se juega tomando al niño como paciente, allí salda la deuda profesional; el indicador del film podría ser cuando el paciente cumple con lo sugerido por el medico en tanto dejar asustarse por las “apariciones fantasmaticas”, averiguar que desean y saldar sus faltas. Por otro lado la mediación aparece también cuando el niño le devuelve a Crowe “su mensaje en forma invertida”, sugiriéndole hablar con su esposa cuando ella este durmiendo. En la escena final del la película habla con ella y salda de esta forma la deuda marital. De esta forma, con éstas dos deudas saldadas, el fantasma desaparece.
Si bien la hipótesis del autor no se enmarca en las conceptualizaciones sobre la responsabilidad subjetiva, consideramos que el personaje sobre el cual se centra en su comentario remite al doctor Crowe (personaje representado por Bruce Willis).
Tomando a Gabriela Salomone, al hablar de responsabilidad es necesaria una distinción entre lo que refiere al ámbito deontológico-jurídico y el clínico. El primero se sustenta en la noción de sujeto autónomo consciente de sus actos, dueño de su voluntad e intención, cuya responsabilidad se define en función de referencias legales. Paradójicamente, a este sujeto autónomo se le puede otorgar o no el derecho de la responsabilidad, la cual, siempre le es ajena.
Por otro lado, en el ámbito clínico, la responsabilidad subjetiva se configuraría a partir de la noción de sujeto de inconsciente que, contrariamente al autónomo del ámbito jurídico, no es dueño de sus intenciones ni voluntades. En este ámbito el sujeto de inconsciente siempre es responsable frente a se deseo.
Con todo esto, como lo plantea Oscar D’Amore , decir que responsable es de quien es espera una respuesta, es apuntar al “sujeto joya” del derecho, dueño de razón e intención. Sin embrago para situamos en el circuito de la responsabilidad, encontramos que es culpa la que ob-liga a responder. Nos referimos a una operación eminentemente simbólica: la interpelación subjetiva. La misma es la puesta en marcha del circuito de la responsabilidad. Dado que funda el tiempo lógico 2 del circuito y crea el primero ya que resignifica retroactivamente sucesos anteriores.
Siguiendo a Oscar D’Amore, es en el primer tiempo donde suceden acciones que están orientadas por un determinado objetivo y que poseen una iniciativa que se agota en los fines para las cuales fueron concebidas. En este tiempo las motivaciones inconscientes van mas allá de las intenciones y voluntades del yo, por tal motivo insiste para existir. Son estas insistencias las que son resignificadas producto de la interpelación subjetiva.
Vale aclarar que se trata de tiempos lógicos y no cronológicos. De esta forma, la culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder.
Es recién en el tercer tiempo del circuito en el que se puede hablar de responsabilidad subjetiva, entendiendo a esta como un “efecto sujeto” que crea al sujeto del inconsciente. Aquí se genera una respuesta a la interpelación, la misma tiene que ver más con una singularidad que a una respuesta moral. Esta última, antes que generar una apertura a una nueva posición subjetiva, plantea un cierre en una situación particular, un taponamiento de la dimensión ética. Entonces en este tercer tiempo nos remitimos ya a un acto ético, un acto creador y no a respuestas morales, acciones tales como sentimiento de culpa, negación, proyección, intelectualización etc.
Para demarcar los indicadores presentes en la película, en cuanto al circuito de responsabilidad. Nos centraremos en el doctor Crowe. El mismo a lo largo del film, oscilaba en un recorrido que iba del tiempo dos al tiempo uno. Por ejemplo en la escena que le cuenta “un cuento” a Cole en donde le dice - que había una vez un doctor que no pudo ayudar a un paciente. Que Luego conoce un nuevo chico que le recordaba al anterior y al cual se proponía ayudar. Si lograba hacerlo iba ayudar al primer paciente.-
En esta escena vemos como a partir de una interpelación, que nosotros la remitimos al encuentro con Cole como su nuevo paciente, se pone en juego una culpa moral, que remite a su equivoco como profesional. Dicha angustia la ubicamos como una respuesta no diferenciada. Lo mismo vemos en cuanto a la relación con su mujer, en la escena del aniversario en la cual él cree que ella lo ignora porque ni siquiera lo mira. Frente a esta interpelación, el medico responde con una intelectualizacion de la situación. Atribuye dicha actitud al poco tiempo que él le dedica a la pareja. Aparece nuevamente una culpa moral. En ambas vemos que no tiene lugar un nuevo posicionamiento subjetivo. También suponemos que en estas escenas se juega una insistencia y creemos que en todo momento se responde a esta desde una acción en vez de responder con un acto ético. Conjeturamos, que este último se verá reflejado, únicamente, en la escena final de la película. En esta vemos que mientras ella duerme, de fondo la televisión reproduce el video de su casamiento y entre un breve dialogo, entre Ana y Crowe, en el cual ella se encuentra “entresueños” se cae el anillo. Es en ese instante que el Doctor se da cuenta que esta muerto. Esta interpelación subjetiva va a ser seguida, en primer lugar por una resignificación retroactiva de las escenas que antes detallamos, entre otras. A esta resignificación le atribuimos un sentimiento de culpa dado que él se da cuenta que la mujer no le hablaba porque no estaba presente físicamente allí, sino que era convocado por y desde el duelo de su mujer. También recuerda la escena en la que el niño le dice, haciendo referencia a los muertos, que “no saben que están muertos” y que “ven lo que quieren ver”. Por ultimo, aparece en Crowe un acto creador, un acto de sujeto castrado, el sujeto de la falta (Barrado)-como lo plantea Lacan-, una singularidad, decide asumir su muerte.
En este sentido, creemos que Crowe es responsable, como nos enseña Lacan, por haber cedido ante su deseo de vivir, este deseo es el que estuvo presente a lo largo de todo el desarrollo de la película y fue sustento de las acciones insistentes que lograron un cierre; con respuestas que funcionaban taponando de la falta. Estas fueron las que se resignificaron en la ultima escena.
Desde las conceptualizaciones de Juan Carlos Mosca y las intelecciones de Michel Fariña, este deseo de vivir como también el alegado inexorable que imparte la muerte, se podrían ubicar en el orden de la necesidad. Por otro lado, creemos que los indicadores de azar en la película son los siguientes: cuando Crowe llega a la casa esté el televisor prendido y proyectando el video del casamiento, que ella esté dormida y hable entresueños, y por último que justo se le caiga el anillo.
Los conceptos de necesidad y azar son necesarios para determinar la responsabilidad del sujeto, ya que la misma se ubica en la grieta entre ambos. Cuando rige por completo uno, otro o una combinación de ambas no cabe preguntarse acerca de la responsabilidad. La necesidad une causa y efecto, y el azar disocia los mismos.
Si tomamos el cuento “el muro” de Sartre para aplicar estos últimos conceptos podemos, diferenciar los indicadores de azar y necesidad que en este ultimo están en juego. El orden de la necesidad esta expresado por el axioma de los falangista cuando el comandante le anuncia a Ibbieta “es tu vida o la suya”, se juega aquí la necesidad en un plano situacional, ya que no esta en Ibbieta poder cambiar sus condición.
Lo azaroso también toma partida en el cuento, y lo ubicamos en la contemporaneidad entre el intento de Ibbieta de burlar a los falangistas y la pelea que Gris tuvo con sus primos, que hasta ese momento le posibilitaban un escondite.
Si retomamos las conceptualizaciones sobre la responsabilidad subjetiva, ambos personajes, Crowe e Ibbieta, son culpables por tanto responsables de haber cedido frente a su deseo de vivir. Si bien las circunstancias fueron diferentes. En el caso de Ibbieta al haber querido burlarse acerca de paradero de Gris y decir que se encontraba en el cementerio, es responsable de haber hablado sobre el escondite. En el caso de Crowe al interpretar el distanciamiento de su mujer como simples enojos producto de su dedicación excesiva al trabajo como también por tomar los dichos del paciente como correspondientes a una supuesta psicopatología.
En ambas situaciones pueden reconocerse el circuito de la responsabilidad. Solo que el contenido en el caso de Ibbieta es diferente. Existe un primer momento cronológico en el cual Ibbieta realiza la “jugarreta”, para burlarse de los falangistas diciendo que Gris se encontraba escondido en el cementerio. Esta acción fue más allá del objetivo conciente de Ibbieta. Luego fue resignificada en un segundo tiempo cronológico al oír las palabras de García, quien le decía que a Gris lo habían fusilado, ya que por una pelea con sus primos decide esconderse en el cementerio. Estas palabras interpelan al personaje quien resignifica su burla hacia los falangistas y entre llantos y risas genera un acto creador, una singularidad.

Bibliografía
Michel Fariña, J. (1998). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Alemán, J. (2003): Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972

Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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