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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGIA

Psicología, Ética y DDHH
Segundo Parcial Domiciliario

Prof. Fariña, Juan Jorge Michel

Cátedra: I

Comisión: Nº 5

Docente: Prof. Omart Elizabeth

Greco, Augusto LU: 26.742.568/0
Torino Pardo, María Cecilia LU: 28.507.077/0

El escrito deberá ser presentado a máquina (o equivalente), en Arial 11, justificado, a doble espacio, con una extensión de aproximadamente 5 (cinco) páginas.

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

Síntesis de sucesos relevantes del film
El Dr. Crowe es un prestigioso psicólogo infantil que se encuentra en la cima de su carrera. Pero aquella noche en la que festeja con su esposa el tan esperado reconocimiento profesional, recibe en su casa la visita sorpresiva de un ex-paciente, que en estado de crisis, lo acusa de haberlo abandonado en su tratamiento cuando era niño, de haberlo traicionado. El Dr. Crowe intenta disculparse, calmar al muchacho y entablar una conversación con él, pero nada de esto surte efecto y todo termina en tragedia. El visitante saca un arma y dispara contra el Dr. Crowe y luego se dispara a si mismo. El film continúa con hechos sucedidos meses después cuando el doctor comienza a atender a un nuevo paciente con severos desordenes psicológicos similares a los del paciente mencionado anteriormente. De a poco Crowe logra acercarse al niño y entablan así una relación médico-paciente en la que el pequeño le confiesa su secreto: “ve personas muertas”.
Su trabajo, por otro lado, lo aleja de su mujer quien empieza a hacer una vida en la que parece no haber lugar para él. Esta situación lleva al doctor a pensar en la posibilidad de derivar a otro profesional el tratamiento del pequeño. Ante esto el niño reacciona con el pedido desesperado de que no lo abandone y le pide que le crea lo que le conto acerca de su secreto.
A partir de aquí todo cambia. Tras el análisis del caso y la confrontación con el material del paciente anterior, Crowe se aleja de sus hipótesis teóricas y comienza a entender que lo que sufren sus pacientes nos son alucinaciones visuales sino “hechos reales”. Por lo cual decide cambiar su estrategia de tratamiento y aconseja, a su actual paciente, no temer a estos seres que se le aparecen. Le propone escucharlos. De esta manera el niño, acompañado por el terapeuta, logra ayudarlos en el esclarecimiento de sus injustas muertes.
Finalmente le llega el turno al Dr. Crowe de ser ayudado. Es ahora el niño quien aconseja al doctor, devolviéndole su propio mensaje en forma invertida. Le propone que hable con su esposa sobre sus sentimientos cuando ella esté dormida. Al hacerlo éste se confronta con la inesperada revelación de su propia muerte. Lo que le permite comprender que todo lo acontecido luego del disparo no fueron más que las vivencias de un fantasma.

El análisis
La responsabilidad del Dr. Crowe
¿A qué tipo de responsabilidad no estamos refiriendo? En principio diremos que no se trata de hallar una responsabilidad jurídica o moral acerca de sus acciones, sino de poder ubicar la responsabilidad subjetiva, configurada a partir de la noción de sujeto del inconsciente, que atañe al Dr. Crowe a lo largo de la película. Responsabilidad que no tiene que ver con la voluntad ni con la intención sino con lo desconocido pero propio del sujeto. Desde el psicoanálisis podemos pensar que esta ajenidad que se presenta como producto de la emergencia de lo “no sabido” no es motivo para la des-resposabilización sobre lo dicho y hecho por el sujeto. Desde esta perspectiva, entonces diremos que como sujetos somos responsables de nuestros actos, dichos, no dichos, fallidos, síntomas, o sea de lo que conocemos pero también de lo que no.
Para poder explicar el surgimiento del sujeto como efecto de la palabra que lo divide y que lo ubica en posición responsable nos valdremos del circuito de la responsabilidad constituido por tres tiempos lógicos: un “tiempo 1” (T1) donde el personaje lleva adelante una conducta con determinados fines, creyendo que su accionar se agota en los objetivos de la misma. Como por ejemplo cuando el Dr. Crowe atiende a sus pacientes, establece un diagnóstico y plantea un tratamiento acorde a ello para poder prestarles la atención y ayuda necesarias, según lo que la psicología le ha enseñado y según lo que él piensa que sabe. Un “tiempo 2” (T2) donde recibe indicadores de la realidad que lo ponen en sobre aviso respecto de que algo anduvo mal. Por ejemplo cuando recibe la inesperada visita de su ex-paciente o cuando el niño (paciente actual) le señala que si no cree verdaderamente en su secreto no podrá ayudarlo, o tiempo más tarde cuando el anillo de compromiso rueda por el piso demostrándole que algo ha quedado por fuera del universo y de la consistencia yoica pretendida. Es entonces este T2, tiempo de interpelación, el que constituye retroactivamente al T1 señalando un exceso en lo acontecido. Momento de quiebre que posibilita la emergencia de una pregunta acerca de la posición que tenía el sujeto al comienzo. Según las diferentes y posibles respuestas (culpa, negación, proyección, formaciones sintomáticas, acto ético) que dé el sujeto ante esta interpelación podremos hablar o no de un “tiempo 3” (T3) a través del cual se verifica la responsabilidad subjetiva. Es decir, una toma de posición que produzca un $. En el caso de esta película consideramos que el Dr. Crowe responde en un principio con lo que D’Amore denomina “sustacialización de la culpa”. Esta respuesta iría, según el autor, en línea a taponar la emergencia subjetiva haciendo cuerpo en la culpa. D’Amore aclara que no hay responsabilidad sin culpa, pero que puede haber culpa sin que advenga el Sujeto, que sería lo que ocurre en este caso. Pensándolo de esta manera, vemos que Crowe intenta atender a este nuevo niño (el paciente protagonista) desde la culpa de no haberlo hecho correctamente con el paciente que le dispara. “La culpabilidad en este sentido es el pago de la deuda con el deseo… Es el cierre de lo ético” . Esto podemos observarlo en la escena del film que transcurre en el hospital donde Crowe se lo da a entender al niño a través del cuento que le relata sobre su propia historia personal y sus fracasos profesionales. Nos preguntamos si hay en la respuesta del psicólogo, además, lo que D’Amore conceptualiza como “negación” ya que observamos que Crowe niega su propia muerte, es decir, niega el resultado del precio que tuvo que pagar por ceder en su deseo. Entendemos que este tipo de respuestas mencionadas le permiten al sujeto con su disculpa des-responsabilizarse una y otra vez. Ya que no hacen más que cerrar el circuito taponando el camino hacia el establecimiento de un T3 lo que daría lugar a la responsabilidad subjetiva.

Siguiendo de esta manera con el análisis, encontramos un importante cambio en la respuesta de Dr. Crowe tras las restantes escenas descriptas anteriormente como T2: momento en que el Crowe quiere derivar al niño y momento en que se cae el anillo. Ambas situaciones representan para el protagonista instantes de máxima interpelación. Creemos posible ubicar aquí lo que Domínguez llama “el cortocircuito” de la responsabilidad. Ya que entendemos que dichas situaciones funcionan como quiebre del universo particular que sostenía hasta aquí al sujeto guiándolo en sus acciones. Dichas situaciones, mencionadas como T2, harán tambalear al protagonista al enfrentarlo con la posibilidad de la destitución subjetiva. A partir de aquí observamos que la respuesta que da Crowe le permitirá un cambio de posición. Como consecuencia de este movimiento podemos ver como éste lograría saldar las deudas a las que hace referencia Eduardo Laso en su artículo respecto a la película analizada. A saber, por un lado en lo referente su deuda profesional es a partir de allí que puede comenzar a escuchar al niño de otra forma como no pudo hacerlo con el paciente anterior. Por otra parte, con respecto a su deuda marital, logra comunicarle a su esposa sus sentimientos, momento en el cual descubre que está muerto. La revelación de este saber -no sabido- es el que abre paso a un potencial tercer tiempo (T3) del circuito de la responsabilidad. Al decir de Fariña es la hipótesis clínica la que permite explicar la sobreimpresión del T2 sobre el T1, resinificándolo. Pero el sujeto que adviene en este T3 es diferente al que situábamos en el T1. No obstante, es en la acción emprendida en este último donde el sujeto anticipa, sin saberlo, una verdad que se evidenciará sustancial para su existencia. De esta manera consideramos que el desarrollo de toda la película es en base a la búsqueda no calculada del Dr. Crowe de su propio ser. Quien vivió parte de su vida creyendo que lo tenía y sabía todo. Se presentaba como lo que podemos llamar un sujeto sin faltas, sin fisuras. Lo que creemos que le dificultó en cierta forma poder posicionarse como analista, en cuanto a su deseo. Por ello como profesional, pensamos, que paradójicamente necesitaba más ayuda de la que podía brindar. Como observamos, al iniciarse la película, el reconocimiento que recibe va en la línea de seguir velando sus impotencias y faltas. A su vez encontramos que el protagonista tiene dificultades, también, en su matrimonio por lo que creemos que deberá rever algo de sus certezas de marido ejemplar para poder sortear la crisis producto de la sordera ante el propio deseo. Deberá entender que amar a una mujer no radica en asegurarla contra todo riesgo, sino saber escucharla. Para ello consideramos que le será preciso transitar un largo camino que le permita ubicarse como un Sujeto barrado. Podemos decir que la muerte le dio la oportunidad que no tuvo durante su vida para devenir, allí, sujeto responsable.
Entre el azar y la necesidad: Ibbieta y Crowe recorren la brecha
Debemos introducir aquí dos dimensiones de los hechos complejos en las cuales no hay lugar para la responsabilidad subjetiva. Ellas son la necesidad y el azar. En palabras de Michel Fariña “…si Necesidad establece una conexión de causas y efectos, Azar desconecta tal relación…”. Los nombres cotidianos con que concebimos la necesidad y el azar son “destino” y “suerte” respectivamente. Tanto lo que debe pasar necesariamente como lo que ocurre por suerte o coincidencia dejan al margen la pregunta por la responsabilidad subjetiva. Según Mosca la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Añadido a esto, para conectar las categorías que venimos analizando con el circuito de responsabilidad que abordamos al comienzo, Michel Fariña hace un esclarecimiento central. Dice que para que el T2 interrogue verdaderamente al sujeto debe darse una condición fundamental: que la distancia que separa al T1 del T2 no se deba exclusivamente a azar y/o necesidad. Es en este punto donde una hipótesis clínica viene a ubicar la responsabilidad del sujeto.
En el caso de Ibbieta, uno de los personajes del cuento “El muro” de Jean Paul Sartre, Mosca conjetura las coordenadas desde las cuales pueda establecerse la responsabilidad del sujeto en cuestión. Es así que puede establecer desde la elección del significante “cementerio” los ribetes de los que se vale el Inconsciente de Ibbieta para dejar marcas de un deseo no dicho. Ibbieta es responsable de querer seguir viviendo y las conexiones de ese significante no son casuales, ya que es en el cementerio en el único lugar donde puede encontrarse su amigo para que se haga la voluntad de lo que los falangistas sentenciaron; “es tu vida por la de él”. En el caso del Dr. Crowe pudimos conjeturar que por ceder en su deseo contrae sus deudas. No nos es posible en este último caso referirnos a un significante preciso para hacer una suerte de corte de la hipótesis clínica, pero si podemos determinar algunos elementos que escapan al azar y a la necesidad y que nos permitieron establecer el circuito de responsabilidad. Azar puede haber sido que le toque un paciente determinado, pero nunca lo será su decisión de atenderlo. Azar nunca podrá ser su propia repetición en la respuesta “sustancializada” que lo lleva indefectiblemente de interpelación en interpelación. Necesidad podrá haber en que una vez introducida una bala en su estómago se produzcan daños profundos. Pero no lo es que él niegue el pago de la deuda hasta la muerte. Se podrá complementar con un mínimo de azar el hecho de que la bala sea certera, ya que podría no haberlo sido, pero nunca podremos pensar como azar que su posición moral de sujeto sin fisuras sea agujereada en las entrañas. De esta manera, creemos que tanto Ibbieta como Crowe recorren la brecha que los hechos complejos no logran ceñir ni al azar ni a la necesidad.
Acerca de la función de los fantasmas en la ficción
Como bien indica Laso en su comentario, los fantasmas representan la deuda simbólica de una sociedad. Los Films que recorre para ejemplificarlo no dejan dudas al respecto. Sin embargo, creemos que lo singular de “Sexto Sentido” podría radicar en que el fantasma del Dr. Crowe viene a saldar una deuda propia que poco tendría que ver con hacer justicia para una sociedad o esclarecer un crimen. No viene ni para recuperar a su mujer ni para sanar al paciente que le disparó (que son en rigor solo fines aparentes), sino a reestablecer su accionar conforme a su deseo. La muerte puede bien simbolizar el lugar del “muerto” del analista, el anhelo de estar con su mujer “hasta que la muerte los separe” o, en resumidas cuentas, lo que implica su deseo como hombre y como analista. La vida del fantasma, que no existe, completa lo imposible de completar de una historia singular que debería haber llevado a la tumba sus deudas mas íntimas.
Las figuras jurídicas
La responsabilidad jurídica establece figuras tanto para la imputabilidad como para la inimputabilidad. Un caso como el de Crowe podría llevar a un juicio por asesinato al ex – paciente, a un juicio por mala praxis al fallecido doctor, a una causa por abandono de persona por parte del médico, o causas por el estilo. Tanto desde el ámbito civil como penal habrá que ver qué alegatos se pueden hacer desde las distintas partes para establecer el lugar o “no ha lugar” de las distintas figuras, es decir, la imputabilidad o no de los sujetos en cuestión. Lo resultante no buscará determinar la responsabilidad sobre los hechos de los sujetos implicados, no por lo menos desde la perspectiva que venimos abordando.

Bibliografía

 D’Amore, O: Responsabilidad y culpa. En la transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006
 Domínguez, M. E: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En la transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006
 Jinkis, J. (1987): Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, N° 13. Editorial Sitio. Bs. As
 Laso, E: De maldiciones y fantasmas en http://www.eticaycine.org/Sexto-Sentido
 Michel Fariña, J y Gutiérrez, C. (1996): Veinte años no son nada. Causas y azares. N° 3. Bs. As.
 Michel Fariña, J.: Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de Cátedra.
 Michael Fariña, J y Gutiérrez, C.: Ética y cine.
 Mosca, J. C (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Bs. As.
 Salomone, G. Z: El sujeto dividido y la responsabilidad. En la transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006



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