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Hablar a través del arte de aquello imposible de verbalizar

por Sorolla, Mariana

Arte y psicoanálisis son dos ramas muy relacionadas entre sí. La teoría psicoanalítica, se ha ocupado de diversas expresiones artísticas demostrando gran influencia en el arte y viceversa.

Las formas de expresión artísticas son variadas, desde la pintura, la escultura, el teatro o la literatura. Pero tal vez, la más accesible desde la invención del video cable y las películas en alquiler, ha sido sin duda el film. Actualmente lo que se dice “cine” ha dejado de lado un poco las salas cinematográficas, para trasladarse a nuestras casas.

La cineterapia es una corriente que ha surgido con fuerza en los últimos años, debido a la influencia que ejerce la trama de una película en la vida anímica de una persona. Podemos pensarlo como una manera de recurrir a determinadas películas para que la persona pueda identificar cuál es la precepción que tiene de sí misma y de su situación existencial.

Mónica Foudín en el prólogo de su libro; Psicoanálisis y Cine destaca: …”Las múltiples facetas, los esquivos enigmas, los deseos insatisfechos que evoca toda obra de arte, toda producción humana, nos muestran que no se trata sólo de una simple superficie plana donde se puede leer una única verdad y unos pocos signos. Sino que nos ofrecen la oportunidad de descifrar su entramado en la tímida pretensión de hacer lazo con el otro”...

Podemos encontrar en los artistas una lluvia de ideas (una asociación libre de ideas), una motivación para sus obras (provenientes de lo inconsciente), una necesidad de un más allá (tal vez una manera de describir el lenguaje de sus sueños).

Además de lo que nos propone la cineterapia, ¿Sería correcto pensar en la necesidad de un sujeto de hacer una película como una forma de tramitar aquello que no puede tan sólo en palabras? ¿Y a su vez, que aquello le sirva a un otro para tomarlo, hacerlo suyo y liberarse a su vez?. ¿Podremos pensar el arte como una manera de puente entre el sujeto y su psicoanálisis?. Y parafraseando al profesor Schetjman, entender al arte como una función pontificante, es decir, tendiendo puentes. ¿Entre qué?, entre el sujeto y su inconsciente. Entre lo Uno y lo Otro.

Hoy en día son muchísimas las películas autobiográficas que alcanzamos a observar, también en la literatura. Es un nuevo fenómeno que ha comenzado a tener acción desde hace unos años. Por ejemplo 50/50 estrenada en el año 2011 y dirigida por Jonathan Levine sobre un guion original de Will Reiser , una mente brillante; del año 2001, inspirada en la novela homónima de Sylvia Nasar que fue nominada al Premio Pulitzer de 1998 y, que cuenta la vida de John Forbes Nash, ganador del Premio Nobel de Economía en el año 1994. La dirección del filme y la redacción del guion estuvieron a cargo de Ron Howard.

O Viven, película de 1993 basada en el aclamado libro de Piers Paul Read escrito en 1974: Alive: The Story of the Andes Survivors, que a su vez está basado en las entrevistas realizadas a los supervivientes del accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya.

En el libro, Las películas que Lacan vio y aplicó al psicoanálisis, Carlos Gustavo Motta investiga la relación que existe entre cine y teoría psicoanalítica lacaniana, a partir de las referencias que Jacques Lacan hace en sus escritos y seminarios, que no son meras ilustraciones sino que enriquecen su teoría. Los directores citados y sus obras son considerados clásicos del cine universal, por lo cual sus comentarios serán de aplicación para los profesionales del cine en todas sus orientaciones y para psicoanalistas que se interesen en la temática. Así como el psicoanálisis ha influenciado el cine, es este último el que debe reflexionar y desarrollar su propia inscripción en la historia del pensamiento. Ambos trabajos de elaboración se encuentran en un estadio aún rudimentario, y este ensayo puede resultar introductorio para el desarrollo de herramientas discursivas necesarias en la época de la imagen que nos toca vivir.

El mismo Freud se preguntaba el porqué algunas obras nos atrapaban de una manera a unos y no a otros.

Frente muchas obras se nos abren diversas sensaciones y emociones, una experiencia ya sea de “placer o displacer.”

A modo de paradigma examinaremos la película Speak, basada en la novela del mismo título escrita por Laurie Halse Anderson. La autora es mejor conocida por sus novelas para jóvenes. Su primera novela “Habla” o “Speak”, fue finalista para el Premio Nacional del Libro, un best-seller del New York times y un libro de Printz Honor. “Habla” se colocó rápidamente entre las novelas más recomendadas en las escuelas de Estados Unidos, por contener una temática supuestamente relacionada al tan afamado bullying.

Pero es mucho más que eso, nos cuenta la historia de una adolescente que “adolece” de ello, pero como si esto fuese poco se le suma una vivencia traumática a muy temprana edad.

Melinda Sordino se encuentra en una fiesta de fin de año, festejando junto a todos sus amigos. Un compañero le muestra su simpatía y ella se siente atraída hacia él. Pero seducida desde la mirada adolescente, donde la omnipotencia es el motor que le da vida. Y así, creyendo en que lo adverso sólo le pasa a otros, ella avanza hacia un camino donde el regreso es sólo atravesando el dolor más profundo. Una herida que cambiará por siempre su ser.

Lo Real atraviesa su existencia.

Al comenzar el film la cámara recorre el cuarto de una joven. Nos muestra paredes rosas, una alfombra en forma de flor, un conjunto de ropa colgando fuera del armario. Hasta que nos encontramos con la protagonista frente a un espejo. Nos la presenta sentada en el suelo aparentemente pintándose los labios como haría cualquier adolescente común. En la habitación irrumpe su madre y queda azorada de lo que ve. Aquí vislumbramos por primera vez que hay algo fuera de la norma.

El plano se acerca a la joven y somos testigos con un poco de pavor, que ha dibujado unas líneas verticales a lo largo de sus labios. Como hilos que cosen su boca, o como celdas de una cárcel. Su madre se muestra aturdida y sentencia: “No quiero saber”, retirándose.

Aquí la niña queda sola frente al espejo, observándose. SPEAK. Nos dice la pantalla.

La directora del film juega constantemente con el estado de soledad y desamparo en que se encuentra la protagonista. La vemos esperar el autobús sin compañía, luego subir al mismo bus desierto, con todos los asientos vacíos.

Al llegar a la escuela el primer día de clases todos la miran de varias maneras diferentes. Algunos se preguntan: ¿Esta es la muchacha?. Ríen y la observan, realizando un ingenuo juego entre el mirar y el ver.

Para Sartre la mirada funciona con el acto de mirar, donde hay reciprocidad en el ver al Otro y ser visto por él. Lacan se aparta considerablemente de esta linealidad. Reconociendo que ver y mirada, no son recíprocos. El psicoanalista nos dice que la mirada, es un objeto, y que no está del lado del sujeto, sino del lado del Otro.

Entonces comenzamos a ver el pasado de Melinda, así de repente, donde está feliz junto a un grupo de amigos, y nos presentan a cada una de sus ex amigas.

Volviendo al presente, es la hora del almuerzo en un gran salón comedor de escuela. La joven se encuentra parada buscando donde sentarse cuando alguien le arroja comida en su ropa mientras le gritan en cierta identificación en masa: “Soplona, oink, oink,”

Ella huye al baño y en la soledad recuerda el día de la fiesta. La vemos desaliñada y asustada en medio de la gente que baila. Nadie la nota pero ella está desesperada buscando un teléfono. Allí llama a la policía y la fiesta termina. Conocemos el momento en que su ex mejor amiga Rachel le pega una bofetada, y todos corren y gritan en la oscuridad de la noche. Preguntan por ella pero nadie la ha visto. Salvo nosotros, cómplices de cada momento de Melinda.

Suena el timbre del colegio y despertamos al presente, debe salir del baño y afrontar la realidad que le espera.

Es hora de clase de arte, su nuevo profesor se presenta con una frase crucial para la trama: “Bienvenidos a arte, la única clase que les enseñará a sobrevivir, aquí es donde pueden encontrar su alma, si se atreven”. Les ofrece a sus alumnos un globo terráqueo con un agujero donde guarda papeles cada uno con una palabra, les pide que saquen una porque pasarán todo el año convirtiendo esa palabra que les toque en arte.

Es el turno de Melinda, escoge una, la mira y decide cambiarla. Pero el maestro la detiene: “acabas de escoger tu destino, no puedes cambiar eso”.

Nos enteramos de que la palabra elegida fue árbol, ella le reprocha que ya sabe dibujar un árbol. Frente a la mirada y risas de todos, su docente la provoca para que pase a hacerlo en el pizarrón. Ella dibuja un simple y vacío árbol. Un tronco con un óvalo en su extremo superior. Su docente la anima: “Es un excelente comienzo, veremos qué tal se ve al final del año”.

Melinda nos explica que “a nadie le importa lo que tienes para decir”, mientras se esconde debajo de las sábanas en su dormitorio, o se aísla cuando otros le hablan. Ella decidió que la forma más soportable de subsistir es dentro de ella misma.

Melinda jamás habló de lo sucedido con nadie, es inducida a guardarse tal secreto, por el miedo al rechazo y a ser desmentida por todos.

A veces cuando no encontramos nada afuera, vislumbramos algo por dentro. Pero no alcanza.

Un compañero de clase, Petrakis, frente a un hecho injusto decide protestar expresando sus ideas. Y ella nos comenta mientras lo ve desde su banco inmóvil: “David Petrakis es mi nuevo héroe”.

Luego, ante un hecho imprevisto, Melinda descubre un armario en la escuela donde se esconde. Como cada vez que se encuentra en soledad, nos lleva al pasado, volvemos a la fiesta, ella está con un muchacho el mismo del que huyó en este momento. Él la invita a bailar, le coquetea, ella se muestra atraída por él. Podríamos decir que son dos adolescentes pasándola bien, enamorándose el uno del otro. Él la besa y ella se deja besar.

Pero nuestra mirada vuelve al presente y la niña sigue encerrada en ese armario donde descubre otra puerta más pequeña. Cuando la abre se topa con un viejo depósito que le servirá de escondite en el futuro.

Es como si hubiese encontrado su parcela de tierra. Empezando allí a ser ese árbol, comenzando un camino desde lo más obscuro y solitario, desde el fondo de la tierra. Y se aísla de tal manera que en una escena la vemos en clase de biología. Su docente reparte manzanas y la joven empieza a olerla y así recuerda cuando era pequeña trepando árboles con su papá en busca de frutas. Vuelve por un momento a su infancia perdida y añorada, y termina mordiendo la manzana. Sólo despierta de su encogimiento, cuando su compañero le grita que no, que esa manzana era para el trabajo, no para ser comida. Nuevamente queda pasmada frente a la mirada cruel y burlona de todos.

Mientras el ojo es el órgano de la visión y por él se puede ver. La mirada es el aporte de la visión integrada al campo del deseo. Son las vueltas que la visión ha dado en esa integración a ese campo.

La mirada implica al sujeto y al deseo allí (en juego).

La función de la visión la encontramos en el ver, verse, ser visto con un órgano llamado ojo que la cumple en su normalidad.

Mientras el sujeto ve, se pierde la mirada quedando elidida; cuando hay mirada, no ve.

Luego en el comedor decide hablar con algunas chicas hasta que aparece Andy Evans, el muchacho del baile que tanto incomoda a Melinda y todavía no sabemos porque aunque lo intuimos, se siente la tensión en el rostro de la joven, y ella corre y se va. ¿A dónde ir cuando te sientes vacía?. Entonces se encuentra con su profesor de arte, en su propio salón. Él al verla le dice: “Hey, tú eres el árbol”. Y Melinda se siente nombrada, inscripta. Entonces pasa a almorzar allí, pero con la condición de que mientras esté en su salón debe trabajar. Y su docente casi parafraseando a un analista, la induce, la atrae, le da lugar y la escucha. Le ofrece papel y lápiz y le pide que cierre sus ojos y que piense. Y cuando ve que ella está dispuesta le pide: “Sólo hazlo”. Entonces dibuja, habla a través del arte.

Al otro día Melinda ya lleva lago más a su clase, los restos de huesos de un pavo que comieron junto a su familia. Como una metáfora de cuando ya no queda nada, sólo huesos, ni la muerte. Ya no hay piel, puro hueso.

Allí surge el comienzo de su cura.

Junto a su profesor aspira a ser oída a través del arte Del caos nace lo nuevo. Realiza una escultura de una palmera verde, rodeada de los huesos como si estuviese presa en ellos. Su profesor al verla le dice: “Veo a una niña atrapada en los restos de una fiesta que terminó mal”. En la mirada hay un llamado al Otro. A que el Otro se abra en su deseo, que haya hendidura, en el Otro.

No sólo el arte hace su recorrido pulsional por la mirada, no sólo Melinda, sino la niña que habla en ella, y a través de su obra, habla con los ojos de su obra.

Un día se da cuenta que su ex mejor amiga sale con ese muchacho que tanto la asusta, ella como siempre huye a su escondite y en la soledad recuerda. Volvemos a la fiesta en el pasado, y notamos que ese mismo joven la lleva lejos a un auto y logra abusar de ella. Se recuerda pidiendo que la escuchen, gritando, defendiéndose de lo inevitable.

Ya no hay vuelta atrás para lo sucedido, sólo un nuevo comienzo.

En la Navidad sus padres la sorprenden regalándole hojas y una caja llena de colores. Le dicen que saben que le gusta pintar. Melinda se sorprende, algo nuevo nace, de alguna forma ha comenzado a comunicarse.

Pero no todo es fácil en el camino de la cura. Sus padres se enojan porque ella no tiene buenas notas, una amiga la rechaza y se aleja de ella, y además debe hablar con un docente para levantar sus notas. Si, hablar.

Pero no estamos frente a la misma Melinda Sordino de antes, ahora usa su cabello alzado y su rostro al descubierto, ya no aparece velada. Pero aún no está lista para hablar. Aunque su profesor le diga que solamente puede tener mejores calificaciones si da una lección oral. Aún no puede, y pide ayuda por primera vez desde lo ocurrido a su héroe. Él la ayuda defendiéndola. Le dice: “No puedes hacer una diferencia a menos que hables”.

Melinda comienza a crecer cada día como un árbol que brota en primavera. La observamos ir al colegio más arreglada, bien peinada, maquillada y muy coqueta. Melinda está emergiendo.

Su profesor de arte presta atención a un dibujo que ella hizo. Es un árbol con sus ramas peladas, sin hojas. Pero desde el extremo de una de sus ramas, se observa un rayo blanco que lo penetra, como si Dios le estuviese dando vida.

Pero cuando nuevamente se encuentra con su abusador en un aula de la escuela, corre a su casa y se encierra en su armario. Esta vez grita. Grita casi inaudiblemente, tapando su boca. Pero grita. Algo nuevo sale de su boca.

Y al día siguiente decide no ir al colegio, sino salir a buscar algo. ¿Qué?. Alguien, Ella nos cuenta casi en confesión: “Debería decirle a alguien. Buscar a alguien, quien sea, terminar con esto, sacarlo”. Se encuentra en el colectivo con una enfermera a quien decide seguir, entra a un hospital y resuelve recostarse en una cama cualquiera, como quien se dispone en un diván. Allí en la soledad de la habitación del hospital recuerda y nos traslada otra vez a la noche fatal. Se rememora regresando de la fiesta, sola, ultrajada, humillada, caminando descalza, con sus ropas rotas, y su cuerpo lastimado. Pasó. No hay como evitarlo, ni olvidarlo.

En esta magnífica metáfora sobre la enfermedad, es cuando ella empieza a darse cuenta que algo le hace ruido. A abrirse a un mañana. Se hace cargo de lo que le pasa. Entonces, sale del hospital y vemos que abre unas puertas por donde entra una luz intensa, un nuevo nacimiento. Ahora Melinda empieza a elegir, a resurgir como el ave fénix.

Aborda un camino hacia la verdad en donde comienza a hablar, y busca a su ex mejor amiga. Pero habla de una forma muy especial: lo escribe: “YO FUI VIOLADA”. Lo dibuja, lo inscribe como en la corteza de un árbol. Melinda se abre como una rama, brotan sus hojas y nace en flor.

Entonces llega el fin del ciclo escolar, y ya casi un año de su trabajo. Se despide de su maestro de arte pero antes lo lleva a su escondite, a su mundo interno. Y frente a la mitrada de todos nosotros descubrimos dibujos de árboles, que comenzaron con una palmera encerrada entre huesos, un árbol que surge con un rayo, hojas de colores, árboles frondosos, erguidos al cielo. Surge la emoción.

Para finalizar, su agresor la encuentra en su escondite, la encierra y trata de abusar de ella otra vez, pero Melinda echó raíces, ahora es fuerte, su yo está restablecido. Ya no repetirá lo mismo. Ella es otra, y se enfrenta a ello. Ya todos saben lo que ocurrió esa noche. Melinda habló. Ya no hay de quien huir o escapar. Y vuelve a ser Melinda Sordino, y cientos de árboles la conducen a su casa, son testigos. Árboles que pasaban desapercibidos como ella, ahora presentes, fuertes, firmes. Y Habla, cuenta llora, dice, expresa, pone en palabras todas las veces que sea necesario.

No hay mejor cura que la cura por la palabra. El poner en palabras aquello que nos sucede nos alivia, pero para ello es necesario que haya otro que escuche. Que esté allí para ser masa moldeada frente a lo que necesite. Un analista que escuche. Cuando la palabra no puede salir a la luz, el arte habla, ilumina. Aquí hay un ejemplo claro donde sólo el arte puede llevar a alguien a que emprenda un nuevo camino. Speak. Hablar de aquello que no se logra decir.

«He de confesar, ante todo, que soy profano en cuestión de
arte. El contenido de una obra de arte me atrae más que sus
cualidades formales y técnicas, a las que el artista concede,
en cambio, máxima importancia»
(El Moisés de Miguel Ángel. Freud, 1914)

Referencias

Anderson H., Laurie, “Speak”, Editorial Norma, 1999

Foudín, Mónica y compiladores, “Psicoanálisis y cine”, ediciones letra viva, 1988.

Freud, S., “El Moisés de Miguel Ángel”, en Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires, 1986.

Motta, Carlos G., “Las películas que Lacan vio y aplicó al psicoanálisis”, Editorial Paidós, 2007

Schejtman, Fabián, “La trama del síntoma y el inconsciente”, Serie del bucle, Buenos Aires, 2004

Speak, película, dirigida por Jessica Sharzer, 2004



NOTAS




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Película:Speak

Titulo Original:Speak

Director: Jessica Sharzer

Año: 2004

Pais: Estados Unidos

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