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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I

Segunda Evaluación: La Responsabilidad Subjetiva

Autor: Valls, Alejo

Comisión: 09

Fecha de Entrega: 19/11/2009

Tales of the Black Freighter

Introducción

La animación que será objeto de análisis mas adelante ha sido tomada de la versión en DVD de la película Watchmen, del 2009. En el comic original, en el que se basa dicha película, editado entre 1986 y 1987, esta historia se encontraba fragmentaba y servía como contrapunto de las ideas que movilizaban a uno de los personajes principales de la historia.

Sinopsis argumental

La animación comienza con un hombre flotando sobre el mar. Pronto nos enteraríamos que este hombre era el capitán de un barco que fue destruido por el mítico “Carguero Negro” embarcación legendaria, que se cree que está tripulada por las almas de los condenados. El capitán se aferra febrilmente al mascarón de proa, y allí ve impotente cómo su primer oficial, Ridley, es aplastado por un mástil que todavía estaba en pie. Aturdido, exclama que “se rinde a la voluntad de los dioses” y cierra los ojos.
Luego lo encontramos sobre una isla desierta, a la que llegó todavía tomado del la figura femenina que constituía el mascarón. Una vez que el capitán vuelve en sí, erige el mascarón sobre la costa como una estatua y le cubre los ojos con un alga, para que no vea los horrores de los cuerpos de su tripulación, que también fueron arrastrados hacia la orilla. Una vez hecho esto avista a la lejanía al Carguero Negro, que se dirige hacia Davidstown, su ciudad de residencia. Inmediatamente resuelve regresar allí para salvar a su familia. Para esto construye una embarcación utilizando los cuerpos de su tripulación, y una vela en la que estaba envuelto el cadáver de Ridley, el cual ata erguido al mástil.
Durante el viaje se alimenta de gaviotas que se acercan a picotear los cadáveres y bebe agua salada.
En medio de una fantasía febril, el cadáver de Ridley le habla proféticamente, diciendo que su viaje no traerá más que desgracia y lo conmina a que lo abandone mientras esté a tiempo. El capitán hace caso omiso de esta advertencia sobrenatural, poniendo énfasis en su intención de reunirse con su familia aunque signifique la muerte.
Poco mas tarde, la precaria embarcación es atacada por un tiburón, al que el capitán ataca atravesándolo con una madera del mástil. Luego del forcejeo la embarcación se destruye, y el capitán llega a una orilla, esta vez sobre el cadáver del tiburón, y con la cabeza de Ridley en su mano.
El capitán despierta exclamando “¿Por qué la muerte me evita?”, cuando nota que ha llegado justamente a Davidstown. Cree que el Carguero Negro se le ha adelantado y, al escuchar el sonido de caballos se exalta, dejando caer la cabeza de Ridley. Una vez más tranquilo reconoce que los jinetes eran un prestamista del pueblo y su amada, que estaban a punto de hacer el amor sobre la playa. Inmediatamente asume que han colaborado con los piratas del carguero y, tomando una roca asesina al prestamista y luego ahorca a su mujer. A continuación se pone las ropas del hombre que mató, y sube el cadáver de la mujer sobre el caballo, para así dirigirse al pueblo desapercibido.
Una vez que llega a su casa, entra sigiloso por la puerta, asombrado del silencio que reina allí. Se dirige directamente hacia la habitación de su mujer, que se encuentra vacía. El sonido de alguien acercándose lo interrumpe, y el capitán no duda un segundo en arrojársele encima y golpearlo, asumiendo que es parte de la tripulación del Carguero Negro. Detiene su golpiza cuando escucha los gritos de horror de sus hijas, y observa a la víctima de su violencia; era su esposa, que muere con una triste mirada en sus ojos. Entre gritos y sollozos escapa corriendo de la casa y se dirige desconsolado hacia la costa nuevamente, donde lo espera anclado el carguero mítico. Sin dudarlo se arroja al mar y se dirige hacia él, para unirse a su tripulación. Sus últimas palabras antes de subirse son “Yo era un horror. Y entre horrores debo estar”.

Un análisis de la singularidad

Para comenzar un análisis desde el punto de vista de la ética de la historia presentada, primero debemos localizar la posición desde la cual vamos a observarla. Partiendo de la distinción trazada por Michel Fariña , nos vamos a ubica desde el “Segundo Movimiento”, que vendría a suplementar al primero. Por supuesto que podríamos bien contentarnos con realizar un análisis desde el “Primer Movimiento”, realizando una tipificación del caso, dirigirnos al Estado del Arte en cuestiones penales, y llegar a una resolución al fin. Probablemente es lo que hubiese ocurrido en la ciudad costera de Davidstown si nuestro héroe trágico hubiese sobrevivido su odisea. Pero al hacer esto estaríamos aplastando la singularidad de esta situación, que hace tan rica a esta historia y la transforma en algo verdaderamente digno de ser contado. Dentro de la lógica de lo particular se pueden concebir hombres que sacrifican todo por salvar a su amada e incluso hombres que la asesinan. Mas en este caso, podemos ver que el relato va más allá de cualquier tipificación; se trata de un hombre enfrentado a una situación adversa realiza una verdadera decisión, que en un principio parece una mera opción (arriesgar todo para salvar a su familia o no hacerlo) y luego, sin poder calcularse de ningún modo, termina siendo un acto ético, que lo lleva más allá de la moral , y del que después de concluido nada volverá a ser igual.

¿Títere del destino o sujeto de la responsabilidad?

La presente historia se encuentra ostensiblemente influenciada por las tragedias griegas clásicas, entre ellas podemos citar una de las mas célebres, y con la que comparte numerosos elementos, que es Edipo Rey, de Sófocles. En ambas, el personaje principal se embarca en una travesía para evitar un hecho catastrófico, sólo para terminar perpetrándolo en su periplo . Bien se podría ver en ambos casos un claro ejemplo de la inexorabilidad del destino (o de la voluntad de los dioses, si se prefiere), así el héroe trágico se podría ver librado o bien al azar (en el caso en que nos centramos podríamos ver como un hecho azaroso que justo ese día la mujer se encontrase rondando por la casa en el medio de la noche, o que el tiburón que el capitán ataca lo arrastre hacia la orilla de Davidstown) o a la necesidad, aquello de lo que no es posible escapar (el mismo Carguero Negro, que como una pulsión mortífera y desenfrenada destruye todo a su paso). Si bien esto dejaría a nuestros héroes libres de responsabilidad alguna, también conllevaría a una minusvalía, a transformarlos en meros “títeres del destino”, algo menos que un sujeto . Si de algo podemos hacer responsable tanto a Edipo como al capitán de nuestra historia es de su deseo, motivaciones inconscientes que los acompañaron en sus decisiones a través de lo impensado de sus aventuras.

Una responsabilidad en tres tiempos

Una vez establecida la necesidad de llegar más allá de la moral de lo particular y más allá del azar y la determinación, debemos buscar la manera de rescatar la subjetividad en situación, de que nuestro “títere del destino” pueda salir en “superávit” de este periplo tortuoso en que se encuentra.
Para esto nos serviremos del “Circuito de la responsabilidad” como es planteado por Domínguez , que consta de tres tiempos.
Un primer tiempo en el cual un sujeto emprende una acción definida la cual cree que se agota en los fines para lo cual fue concebida. En este momento podríamos señalar el mismo momento en que el capitán, varado en una isla luego del naufragio, decide regresar a Davidstown a salvar a su familia, luego de ver que el Carguero Negro se dirige hacia allí. Es a partir de este momento que se concepción del mundo se trastoca, hecho que es inadvertido por el capitán, hasta que advenga un segundo tiempo.
Luego, cronológicamente hablando, adviene un segundo tiempo. Este es el momento en que se advierte que las cosas fueron más acá o más allá de lo esperado, es un momento que interpela al protagonista, lo hace responder por su deseo. Lógicamente se debería considerar como el primer momento, ya que es a partir de aquí que se resignifica a posteriori el “primer tiempo” e inaugura el circuito propiamente dicho. A propósito de este tiempo lógico podemos traer el momento en que el capitán advierte que la persona a la que había dado muerte en su propia casa no era sino su amada esposa. Es en este preciso momento, donde el sujeto debe responder por sus actos, que aparece la figura de la culpa, una culpa de gran poder en este caso, centrada sobre sí mismo, cuya expresión paradigmática es el “¿Qué he hecho?”. Entre gritos y sollozos el capitán sale corriendo, no puede tolerar la visión de las consecuencias de sus actos. Esta culpa es el motor que obliga al sujeto a volver al primer tiempo, lo enfrenta con su deseo .
Es en este momento donde aparece el tercer tiempo, en el que la culpa se troca por responsabilidad, su anverso. Aquí es donde se produce un cambio subjetivo, en el que se puede sustraer de reposar en la demanda del deseo del Otro, y hacerse responsable del deseo propio. Tristemente, nuestro capitán sucumbe ante las demandas de la culpa. Luego de huir llega a la costa, donde se entrega a sí mismo al Carguero Negro. Es este metafórico suicidio (ya que a todas luces esta misteriosa nave oscura y destructora puede considerarse como análoga a la muerte), en algunos puntos comparable al momento en que Edipo se arranca los ojos, que clausura toda posibilidad de una respuesta diferida, de un tercer tiempo que rescate su subjetividad. Nuestro héroe desaparece como un títere del destino, cuando bien podría haber sido mucho más que eso.

En búsqueda del deseo

Hemos mencionado el deseo en numerosas partes de la presente, como pieza clave en el entendimiento de la responsabilidad subjetiva. Se ha dicho que es de su deseo que el capitán se debe hacer responsable, pero no se ha mencionado cuál dicho deseo es realmente.
Al ser la clave para desenmarañar semejante cuestión, no nos está permitido andar sin resguardos y se nos hace imperioso extremar precauciones para no “forzar” en el capitán cuestiones que no se encuentran allí.
Para esto hemos ensayado mas una hipótesis clínica (mas de una puede ser pensada) que sólo podría verificarse como acertada o no en una situación clínica con nuestro protagonista, que tristemente nunca podrá realizarse.
Esta posible interpretación de los hechos está marcada por la situación de “muerto en vida” en la que el capitán podría pensarse. Un simbolismo que agrega evidencia a esto es el hecho de que luego del ataque en el que el Carguero Negro destruye su barco, sea el mascarón de proa el que lo lleve a un nuevo puerto. En mitologías nórdicas, se creía que unos espíritus residían en el mascarón. Si la nave se hundía era este espíritu el encargado de llevar a la tripulación a la tierra de los muertos . De esta manera también se puede explicar la conversación con el cadáver Ridley, que si bien para el espectador resulta algo remarcable y sobrenatural, no produce asombro alguno en el capitán, que viaja en una barca tripulada por un montón de cadáveres que supieron hacer las veces de tripulación también en vida.
Es en la misma conversación con Ridley que el capitán expone una motivación algo diferente a la inicial, que toma un cariz diferente al ser analizada desde esta óptica: exclama su deseo de reunirse con su esposa. Siguiendo esta línea de pensamiento, la única manera posible de que un “muerto” se reúna con alguien es: “volviendo a la vida” (opción no contemplada en la historia, que podría traer una nueva perspectiva sobre su deseo), o “matar a ese alguien”, situación que termina ocurriendo, sin deliberación alguna.
La pieza final que agrega peso a esta hipótesis es el momento en el que el capitán se viste con las ropas del prestamista muerto por sus manos, y cabalga hacia la ciudad junto al cadáver de la querida del prestamista, también muerta de la misma forma. Sin temor a equivocarnos, esta fuerte imagen podría considerarse un acting out de su deseo, que pasa totalmente desapercibida ante los ojos de un sujeto que no es el sujeto del tercer tiempo, el sujeto de la responsabilidad.

Bibliografía

• Michel Fariña, J. J.: El doble movimiento de la Ética contemporánea. Una ilustración cinematográfica. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos.

• Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.

• Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.

• Sófocles: Edipo Rey. En: Sófocles: Teatro. Ediciones Terramar, 2007.

• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• Figurehead (object). Tomado de: http://en.wikipedia.org/wiki/Figurehead_(object). Traducción del autor.



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