Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2009 > The Darjeeling Limited >

por 

“Si en lo que concierne al muerte, aquel que acaba de desaparecer, no han sido cumplidos los ritos- ¿los ritos destinados a qué, al fin de cuentas? ¿Qué son los ritos funerarios?- los ritos por los cuales nosotros satisfacemos eso que se llama la memoria del muerto, qué es sino la intervención total, masiva (…) de todo el juego simbólico.”
Lacan, J. Seminario VI.

The Darjeeling Limited

La película escogida narra la historia de tres hermanos, Francis, Peter y Jack quienes no se veían desde hacía un año, tras morir su padre arrollado por un taxi.
El escenario que Francis, el mayor de los hermanos, escoge para su reencuentro es un tren. El tren Darjeeling Limited que realiza su recorrido a través de la India, deteniéndose en templos sagrados y sitios espirituales.
El propósito de este encuentro, según lo enuncia este personaje sobre el que centraremos nuestra atención, es hacer un viaje espiritual, reencontrarse como hermanos y vivir experiencias nuevas que los acerquen. En virtud de este objetivo llevarán a cabo una serie de acciones absurdas en las que se fuerzan por realizar ritos hindúes y visitar lugares sagrados, sin que esto implique una verdadera conmoción en ellos.
Inmediatamente la historia nos va mostrando las características particulares que signaban la naturaleza de los vínculos que los hermanos mantenían entre si. Se muestran desconfiados unos de otros, se miran con recelo, rencor, envidia que se pone de manifiesto a través de grandes discusiones y malos entendidos.
Francis, además de ser el mayor de los hermanos, es aquel que paga el viaje, y, por diferentes indicios que se van mostrando a lo largo del film, detenta un gran poderío económico que, en algún punto, lo posiciona como líder del trío, eligiendo los destinos, las comidas, y tomando las decisiones importantes. Sin embargo, no podemos decir que sus hermanos se vean intimidados por él, sino que parecieran estar en un estado de indiferencia afectiva entre ellos y para con su vida en general. No permanecen en el viaje contra su voluntad, pero tampoco pareciera, en un principio, haber algo allí que los convoque realmente.
Como consecuencia de sus continuas peleas, los hermanos son expulsados del tren. Comienzan a caminar por el costado de las vías y arriban a un río.
Es en este punto donde la intervención del azar hace su jugada y vira el curso de los acontecimientos. Un evento fortuito se impone en su camino y a partir de allí podemos ver desplegada una modificación en el posicionamiento subjetivo del personaje que analizamos.
Francis observa que hay tres niños jugando sobre una balsa que se encuentra próxima a quebrarse. Sin dudar, los tres hermanos se tiran al agua para salvar a los tres niños. Cada hermano se encargará de ayudar a un niño, pero este salvataje no podrá ser llevado a cabo con éxito: uno de los niños se escurre por entre los brazos de Peter, quien se precipita a una cascada para salvarlo sin lograrlo y el niño muere. El factor necesidad también interviene en la escena, imponiendo la muerte del niño tras un golpe en la cabeza.
Los hermanos, con el niño muerto en brazos, son llevados por los sobrevivientes a la tribu donde vivían. Son recibidos por el padre, quien desesperada y vanamente intenta revivir al muerto.
Es en este punto donde interesa detenerse para ponderar los efectos subjetivos que, en los tres hermanos en general y en Francis en particular, tuvo su estadía en esta tribu.
Son acogidos por los habitantes con mucha calidez, se incorporan a las actividades cotidianas y se involucran en la actividad espiritual de la tribu. Sin planearlo, sin calcularlo, algo de lo que Francis se había propuesto estaba siendo logrado en coordenadas radicalmente distintas a las planteadas en un inicio. Si alguna lección les estaba dejando este periplo es que más que existir una receta o un lugar específico al que se pueda acceder para lograr “un viaje interior espiritual”, este se presenta de las maneras y formas más inesperadas.
Los viajantes dan por concluida su estadía en la tribu, disponiéndose a partir. Sin embargo, en el instante que subieron al camión que los llevaría al aeropuerto para retornar a su país, son invitados por los aldeanos a concurrir al funeral del niño muerto.
Cuando los hermanos están siendo llevados al sitio donde se llevaría a cabo el funeral, la película, en forma de flashback, nos ubica en otro espacio y otro tiempo. La historia se retrotrae al día en que el padre de los hermanos murió. Se encuentran en el coche fúnebre, apesadumbrados, alicaídos, abatidos por el momento que estaban atravesando. Francis recuerda, al pasar por un taller mecánico, que el auto del padre se encontraba allí hacía meses y decide bajarse del coche que los llevaba hacia el entierro para llevarse el vehículo del taller.
Los dos hermanos lo acompañan y se encuentran con que el auto no estaba en condiciones de ser arrancado, la batería estaba fundida. Tras múltiples intentos de “revivirlo”, incluido el empuje vano del vehículo para intentar su arranque, se percatan de que había pasado más tiempo del que tenían para llegar: se habían perdido el funeral de su padre.
La película nuevamente nos lleva a la situación del funeral del niño, en donde se muestran con mucha minuciosidad todos los ritos funerarios de la comunidad, y se muestra al padre del niño manifestando un dolor inconmensurable que lo lleva a desmayarse.
De este modo, se pone de manifiesto cómo los personajes reviven de manera inesperada un duelo que permanecía latente, una pérdida que, lejos de haber sido elaborada, tramitada, se encontraba radicalmente negada. La no inscripción simbólica de la pérdida sufrida es expresada de manera metafórica mediante la no concurrencia de los hermanos al entierro.
Se hace presente aquí lo que denominamos el Tiempo 1 del circuito de la responsabilidad, en tanto es aquello que a partir del funeral del niño muerto adquiere una significación retroactiva. Situamos, entonces, en este primer tiempo, la determinación de los hermanos de bajar del coche fúnebre para hacer arrancar el auto del padre, perdiéndose como consecuencia de esta acción, el funeral. Podemos conjeturar que es a partir del advenimiento del Tiempo 2, tiempo de interrogación subjetiva, que se recorta ese hecho como aquel en el que, más allá de las intenciones manifiestas, subyacía el deseo de sostener al padre con vida.
El no haber concurrido al entierro del padre, como consecuencia de intentar “revivir” un auto muerto, alude, a mi entender, de manera metafórica, a la negación de su muerte que persiste hasta la prosecución del entierro del niño (revivir al auto como metáfora de revivir al padre y no concurrir al entierro como forma de no escribir simbólicamente la pérdida). Sin embargo, sabemos que el correlato de la represión es el retorno de lo reprimido, que encuentra ocasión en el tiempo 2 de nuestro circuito para hacerse oír.
El Tiempo 2 del circuito, la escena del funeral del niño, confronta al personaje con la posición que ha tomado como forma de sobrellevar la muerte del padre. De forma casi explícita la película, con el recurso del flashback, alude a la dimensión de lo que el rito funerario del niño evocó en él, aquello que movilizó esa posición adoptada a partir de la muerte de su padre y la hace tambalear. El duelo lo confronta no solo con lo inevitable de la ausencia, sino también con la posibilidad de hacer algo con ella, con la falta de respuestas, con el vacío. Pero para ello, no se tratará de que algo suture esta pérdida, sino de instaurar la posibilidad de inscribir la pérdida como tal.
Desde este punto de vista, simbólicamente la película pone de manifiesto que el trabajo del duelo impone un tiempo que no puede esquivarse. Ante el “agujero en lo real” que produce la pérdida, se hace imprescindible la necesidad de inscribir esa pérdida en lo simbólico, producir una recomposición significante. El papel que cumple el rito funerario en este sentido es altamente ilustrativo. Tanto su ausencia en la ceremonia del padre como la presencia en el funeral del niño marcan puntos decisivos que se conectan de manera retroactiva. El funeral los remite a la escena en la que, ante la intención voluntaria de revivir un auto, se sobreimprime el deseo de revivir al padre muerto.
Ahora bien, ante la irrupción de este acontecimiento que viene a interrogar al sujeto y lo pone sobre aviso de algo del orden de la responsabilidad sobre su acción, cabe preguntarse ¿de qué es Francis responsable?
En principio, descartaremos que sea responsable de la muerte del niño, de hecho el personaje arriesgó su vida para salvarlo. Ciertamente, tampoco es responsable, por supuesto, de la muerte del padre. Ambos hechos son pensables desde las categorías de lo contingente y de lo necesario, que se imponen en un orden exterior a las posibilidades del sujeto en su capacidad de intervención. Se trata de acontecimientos fortuitos que no están determinados por el sujeto.
Sin embargo, en este punto se abre una dimensión interesante que, como hipotéticos analistas de Francis podríamos pensar.
Que el sujeto sea ajeno a estos acontecimientos, no supone que no esté implicado de alguna manera en ellos, particularmente en relación a la posición respecto de estos hechos que el sujeto adoptó. Tomemos el tiempo 1, el intento de revivir el auto muerto que ocasionó su ausencia en la ceremonia del padre. Aquí si podríamos situar algo del orden de la responsabilidad del personaje, algo que alude a una toma de posición, determinada inconcientemente, frente a la muerte de su padre. No se trata de que el sujeto sienta culpa por la demora y se martirice cada día de su vida por esa acción. En este nivel, ninguna conmoción se produciría respecto a la posición que adoptó en el tiempo 1. De lo que se trataría es de leer este hecho a la luz de una hipótesis clínica que conecte al sujeto con su deseo inconciente.
La hipótesis clínica que podríamos aventurarnos a formular gira alrededor de la mencionada relación del personaje con la muerte de su padre. La acción llevada a cabo en un tiempo 1 a la luz de la escena del tiempo 2, enfrenta al sujeto con aquella ausencia de inscripción simbólica de su pérdida. Podríamos pensar que se trata de una desmentida de su muerte, de un deseo de prolongar la vida del padre, dado que para el sujeto, al no inscribir esa pérdida, el padre sigue teniendo existencia psíquica.
Pero por otro lado, dado que tenemos otros elementos que nos aporta la película, podemos ir más allá de esta formulación y pensar la relación del sujeto con la muerte en general, su posición ante ella.
Para ello contamos con el hecho de que Francis no dudó en arriesgar su vida para salvar la del niño. El acto de arriesgar la vida, implica, de alguna forma, desafiar lo imperativo de la muerte en tanto límite.
A su vez, en la película se menciona que el personaje ha tenido un grave accidente en motocicleta como consecuencia de manejar muy rápidamente, lo cual podemos poner también a cuenta de cierta actitud displicente del sujeto frente a la posibilidad de morir.
En este sentido es que podemos aventurarnos a pensar que, más allá de la posición adoptada ante la muerte del padre, el sujeto tendría cierta posición de negación de la finitud, del límite. De ahí que la actitud frente a la muerte del padre se muestre solidaria respecto de la posición que el sujeto mantiene con la muerte como límite infranqueable.
Negar la muerte del padre y negar la posibilidad de perder la vida propia constituyen dos caras de una misma moneda que revelan una no asunción del sujeto de la castración.
A la luz de esta hipótesis, intentaremos situar un Tiempo 3 que tenga como efecto el advenimiento de un sujeto diferente respecto al que conocimos al comienzo de la película, un sujeto que habiendo sido interpelado por su postura frente a la castración, vira en acto dicha posición.
La película concluye con una escena en la que los tres hermanos efectúan uno de los ritos hindúes que al comienzo aparecía como ridículo y absurdo, dado que no portaba ninguna significación para ellos. Ahora, lo hacen desde un lugar diferente. El rito estaba dotado de pleno sentido para ellos: se apropiaron del rito hindú como una vía singular de efectuar un rito funerario que inscriba simbólicamente su pérdida. Ponen una pluma sobre la tierra y erigen sobre ella un pequeño montículo de piedras, ordenadas en forma piramidal. Desde este punto de vista podemos decir que si el entierro y el rito funerario son, como formas culturales, situadas en el eje de lo particular, la ejecución del rito que efectúan los hermanos podemos situarla en el eje universal-singular en tanto constituye el modo singular que encuentran de inscribir aquello que estaban intentando hasta ese momento negar. No lo hacen, claro está, por remordimiento o ante los ojos de la comunidad que los juzga por no haber ido al entierro, sino que lo hacen en soledad, lo hacen para ellos mismos, lo cual les permite escribir simbólicamente su pérdida.
Este acto, no sólo inaugura la posibilidad de efectuar un trabajo de elaboración del duelo, sino que acarrea también una función subjetivamente, vinculada al acto de producir un nombre para ese enigma inconmensurable que la muerte implica para un sujeto.

Bibliografía:

• D’amore, O.: Responsabilidad y Culpa. En Clínica y Deontología

• Dominguez, M.E: “Los Carriles de la Responsabilidad: el Circuito de un Análisis”. En Clínica y Deontología

• Fariña, J.J: “Del Acto ético”. En Ética un Horizonte en Quiebra

• Gutierrez, C: “Antígona y el Rito Funerario”. En Ética un Horizonte en quiebra

• Lacan, Seminario VI: El deseo y su Interpretación

• Mosca, J.C: “Responsabilidad: Otro Nombre del Sujeto”. En Ética un Horizonte en quiebra



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: