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Psicología Etica y Derechos Humanos

Juan Jorge Michel Fariña
Docentes a cargo: Soledad Perez Michielli y Ezequiel Pereyra

SEGUNDO PARCIAL

Jorge, María Soledad
L.U. 31.722.243/0
Comisión 18

1° Cuatrimestre de 2010
1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

El presente trabajo está basado en el film The Final Cut (1 de Septiembre 2005 en Arenginta):
- Título original: « The Final Cut » (La memoria de los muertos)
- Dirección: Omar Naim
- Guión: Omar Naim
- Intérpretes: Robin Williams, Mira Sorvino, James Caviezel, Mimi Kuzyk, Stephanie Romanov.

En “Tratamientos de la memoria: ¿supresión o invención?” Romina Galiussi plantea la cuestión de los “mnemofilms”, proponiendo que allí tiene lugar la lucha entre la complacencia y el olvido. “The Final Cut”, film sobre el cual trabaja, representa perfectamente este acomodamiento entre complacencia y olvido. En este film, un implante en el cerebro de los seres humanos permite que al momento de la muerte del sujeto, se pueda llevar a cabo un video donde se proyecta todo lo positivo de aquella vida, dejando por fuera aquello que “más vale ser olvidado”.

Ahora bien, Galiussi plantea una “liberación paradójica” y la interroga. Liberación de los momentos miserables de la vida de aquellas personas que poseen este implante, y paradójica en tanto tiene lugar al momento de la muerte del sujeto siendo llevada a cabo por un tercero. De esta manera toda responsabilidad carecería de sentido, el muerto quedaría exento de responsabilidades a partir de la “mano mágica” del editor.

Sin embargo, Alan, protagonista del film, ha llevado a cabo dicha profesión de editor, pero tal como será desarrollado luego, solo ha podido hacerlo mediante la forma de obediencia a la autoridad. No solo eso, sino que su labor se tornó insostenible una vez acontecida la interpelación. El circuito de la responsabilidad se puso en marcha y Alan debió responder de una u otra manera.
De esta forma, podemos pensar que los interrogantes que en el texto de Galiussi se plantean acerca del film “The Final Cut” pueden quedar respondidos a partir del desarrollo que realizaremos sobre el circuito de la responsabilidad en Alan. Contemplando la ley simbólica y la responsabilidad subjetiva, todo se reduce a que cualquier tipo de “liberación” de este estilo sería imposible.

Si nos remitimos ahora a pensar específicamente el circuito de la responsabilidad y sus respectivos tiempos lógicos en el film “The final Cut” podríamos considerar como tiempo uno, en tanto acción que se agota en si misma y es caracterizada por conciencia yoica, la profesión de Alan. Alan toma los metrajes de la vida de los muertos y los edita llevando a cabo así el rememorial que se expone durante el funeral.

Ahora bien, cuando Alan se encuentra editando el metraje de un importante ejecutivo, aparece allí un personaje de su infancia. Al momento Alan no tiene la certidumbre de que sea él, pero comienza a indagar entre los familiares del muerto para corroborar si el nombre de la persona que aparece en el metraje coincide con el de este personaje de su infancia. Conversando con la hija del fallecido corrobora que ciertamente se trata de la misma persona, Louis, aquel niño que había pasado una tarde jugando con él y que terminó por caer de una viga al vacío en una obra de construcción detenida.

De esta forma Alan se entera de que Louis no había fallecido, tal como él pensaba, al momento de la caída. Alan descubre que aunque Louis ya no está vivo, su muerte ocurrió mucho tiempo después de aquel incidente de su infancia.

Al ponerse a investigar sobre Louis y enterarse de que es fallecido, Alan recurre al sitio donde se encuentran los chips de los fallecidos para poder ver si, en el caso de que Louis hubiese tenido uno, podría tomarlo para ver nuevamente aquella situación de la infancia donde Louis caía de la viga.

Alan no encuentra carpeta correspondiente a Louis, pero a partir de que su apellido y el de Louis inician con la letra “H” encuentra allí su propia carpeta. Hasta el momento Alan no había tenido noticias de poseer un chip en su cerebro, dado que sus padres fallecieron antes de poder informárselo.

Podríamos entonces ubicar esta novedad sobre el implante que el posee, como un tiempo dos que resignifica el tiempo uno; su profesión.

Hasta el momento Alan era frío e imparcial respecto de su labor, se hacía llamar “devorador de pecados” y con ello consideraba que de alguna manera absolvía a los hombres de sus errores permitiéndoles el descanso merecido en el más allá. Preservando a su vez una agradable memoria de su persona entre los vivos. Ahora, cuando descubre que él también es portador de un implante algo hace cortocircuito. Aparece algo del orden de la culpa por la edición de los recuerdos, por el filtro del cual él es responsable en tanto profesional de la edición.

Podemos considerar que Alan respondía al modo de obediencia debida, como un engranaje más en lo que conformaba el funeral de una persona. El hecho de pertenecer a este grupo reducido de editores y contribuir con su trabajo a la ciencia, le permite mantener la frialdad necesaria para poder llevar a cabo su labor. Pero al acontecer este tiempo dos y a partir de la culpa puede suscitarse algo de la responsabilidad subjetiva. Ahora la edición de los recuerdos le concierne. Ante la posibilidad de poder ser editada su propia vida al momento de su muerte, algo de la culpa tiene lugar por aquellas ediciones realizadas.

Este tiempo uno, el de su profesión, es resignificado por un tiempo dos, anoticiarse sobre la existencia de su propio chip. Tiempo uno y dos se ligan a través de lo que denominamos hipótesis clínica, la culpa que da un nuevo significado a su profesión. La postura de frialdad mantenida por Alan hasta el momento ya no puede ser sostenida. Ahora está implicado. Al decir de Lacan, solo es culpable quien ha cedido en su deseo, esta implicancia tendría que ver con hacerse cargo de su deseo apropiándose de su posición.

Tiene lugar entonces un cambio de posición en el sujeto. Una apropiación de su posición que puede ubicarse como tiempo tres en el momento en que decide hacerse un tatuaje con tintas electrocinéticas que interfieren el chip y la consecuente renuncia a la edición.

El dejar su profesión tiene lugar no sólo porque; según los códigos de la edición ningún editor puede poseer un implante, sino porque algo allí hace ruido y no encaja con la apropiación de su posición.

A su vez podríamos pensar que si uno viene marcado por todo lo que los padres decidieron para uno, el implante podría ocupar el legado que dejaron sus padres a Alan. El implante viene al lugar de ley simbólica que lo determina.

En cuanto a lo que a necesidad y azar respecta, son claros los indicadores que aparecen en la situación. El implante que a Alan pertenece es una cuestión azarosa, algo que sus padres eligieron para él, y que en sí lo excede. Esto nos remite a lo que Juan Carlos Mosca indica en su texto; “Responsabilidad, otro nombre del sujeto”; “¿Cuál es la importancia de cómo se ubique el sujeto frente a esto que le ha sucedido? No se trata de utilidad practica para la justicia, para formarnos una opinión respecto de su ‘moral’, ni para cambiar algo de los hechos. Pero si es importante para el mismo sujeto.” A partir de esta pregunta surge la necesidad de Alan por interferir el implante con tintas electrocinéticas.

En el medio, entre el azaroso implante en su cerebro y la necesidad por hacer algo al respecto está la responsabilidad. Responsabilidad la cual lo lleva a apropiarse de su posición como sujeto, a hacerse cargo de su deseo, interferir el implante y abandonar su profesión.

Dice en Mosca; “El sujeto cede en el camino del deseo para amoldarse a los mandatos del superyó. Renuncia al deseo para gozar del sometimiento. Recordamos que Freud nos señaló que cuanto mas renuncia el sujeto al deseo, mas se acomoda a las demandas superyoicas, paradójicamente mas culpable se siente. Entonces con Lacan decimos: solo se puede ser culpable de haber cedido en su deseo. El yo no es propietario del deseo, pero si diremos que el sujeto es responsable de su puesta en acto”. Esto nos permite pensar la profesión de Alan como algo del orden del goce en el sometimiento. En la conversación que mantiene a través de la reja con Fletcher apreciamos como Alan da los argumentos que le permiten acomodarse a las demandas superyoicas desde el lugar de la obediencia debida.

De esta manera podríamos pensar, a partir del circuito de la responsabilidad que se pudo ubicar, la culpa como algo inherente a Alan en tanto neurótico.

Por un lado, mientras tuvo lugar en él el sometimiento a su profesión podríamos pensar esto que indica Freud; a mayor respuesta a las demandas superyoicas, mayor la culpa. Y por otro lado, podemos pensar la culpa como aquello que liga el tiempo uno con el tiempo dos. Aquello que permitió la resignificación del tiempo uno a partir del acontecimiento del tiempo dos, posibilitando luego un tiempo tres donde el sujeto pasa de culpable a responsable.

Por último, Teniendo en cuenta que una vez que el circuito se pone en marcha el sujeto está obligado a responder y responsable es aquel de quién se espera una respuesta sería pertinente comparar el caso de Ibbieta, personaje de “El Muro” de Sartre, en tanto estado del arte, con el de Alan, en el film “The Final Cut”.

Como dijimos anteriormente, entre el azar y la necesidad se encuentra la responsabilidad. Por azar Ibbieta delata el escondite de su amigo causándole la muerte. Por azar Alan se entera de que lleva un implante en su cerebro. Si bien se pone en juego el azar, tomar tan solo el azar implicaría borrar la responsabilidad, como argumenta Mosca. Es decir, que si bien no hubo intención por parte de Ibbieta, en entregar a su amigo, lo cual se vincularía con una ausencia de responsabilidad jurídica podríamos decir, algo de otro orden se pone en juego. Ese otro orden es la ley simbólica y la consecuente responsabilidad subjetiva. En definitiva Ibbieta elije sobrevivir, quizás ese era su deseo. Alan también elije. Al enterarse de su condición, el universo establecido hasta el momento se quiebra, un singular, valdría decir real, viene a irrumpir. El universo de Alan se modifica de allí en más, interfiere el implante y abandona su profesión haciéndose cargo de su deseo y no ya del de sus padres.

Bibliografía

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.

Gutiérrez, C.: (2009) “Eichmann y la responsabilidad”. En Michel Fariña, J. J.; Salomone, G. Z.: Dossier de Ética y Cine: Ética y ciencia. De la eugenesia al tratamiento contemporáneo de las diferencias humanas. Proyecto IBIS / Aesthethika©. Grupo Blanco ediciones, Buenos Aires.

Laso, E.: (2009) “Las coordenadas de la obediencia. Milgram a través de la lectura de Zygmunt Bauman”. En Michel Fariña, J. J.; Salomone, G. Z.: Dossier de Ética y Cine: Ética y ciencia. De la eugenesia al tratamiento contemporáneo de las diferencias humanas. Proyecto IBIS / Aesthethika©. Grupo Blanco ediciones, Buenos Aires.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972.



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