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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

FACULTAD DE PSICOLOGIA

SEGUNDA EVALUACIÓN

MATERIA: PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

PROFESOR TITULAR: LIC. JUAN JORGE MICHEL FARIÑA

ALUMNA: GARDELLA, SUSANA GRACIELA

DNI: 17.993.967

MAIL: PSICO38@HOTMAIL.COM

COMISION: Nº 9 -

SEGUNDO CUATRIMESTRE DE 2009

Los Simpson. Temporada 10. Capítulo: “Bart, la madre” Sinopsis:

En contra de las advertencias de su madre (Marge), Bart decide escapar de su casa para ir a jugar con el rifle de aire comprimido que tiene Nelson. Ya en casa de su vecino, éste presiona a Bart para que le dispare a un nido que está en un árbol y donde hay un pequeño pájaro. Bart se niega a disparar, pero ante la insistencia y las burlas de Nelson, decide correr la mira del rifle y disparar pero fallando el tiro. Dispara el arma, pero la mira estaba desviada y acierta precisamente el impacto, matando al animal. Marge va a buscar a su hijo llena de enojo al enterarse de que su hijo la desobedeció, y cuando llega, al ver la situación le da una reprimenda a su hijo, pero lo deja en casa de Nelson volviendo ella a la suya:
Marge: Bart! ¿Tú mataste a ese pobre pajarillo?
Bart: No fue mi intención mama, el rifle se desvió a la izquierda
Marge: Me desobedeciste, viniste hasta aquí y mataste a un animal indefenso
Bart: Cometí una equivocación, merezco ser castigado
Marge: ¿Con que objeto? Te castigo, te castigo y te castigo, pero jamás entiendes… ¿sabes una cosa? Haz lo que quieras… ¿deseas jugar con esos delincuentes? Pues bien, diviértete matando criaturas…
Bart: Mamá…espera…
Pero Marge sube al auto y se va. Bart se acerca al nido y dice:
Ay Dios…..hola huevecillos, no sé como decirles esto pero… su mamá sufrió un accidente… equivocaciones… mías… pero no se preocupen, yo cuidaré de ustedes
Bart lleva el nido con los huevos a su casa del árbol y los cuida a escondidas; va a la biblioteca a ver videos sobre aves, practica la regurgitación pensando alimentarlos en el futuro, les pone una bombilla de 75 wats para darles calor, y hasta habla con ellos:
“A ver niños, tu serás “pequeño pío” y tu “Bart jr”, pueden llamarme madre…no eso es telenovelesco, llámenme MA”
Marge sospecha que algo sucede y va a averiguar que está haciendo Bart en la casa del árbol día y noche. Al salir de la casa, ve una conexión de luz y la desconecta. Bart se tiene que sentar a “empollar” los huevos que se quedaron sin el calor de la lámpara.
Marge: ¿por qué estás sentado así? ¿Qué ocultas?
Bart muestra el nido con los huevos y dice: “El pájaro que maté era su mamá…no quiero que sus bebitos se mueran también…”
Marge se conmueve y abraza a su hijo.
El día en que rompen el cascarón, toda la familia Simpson descubre que los que nacen no son pájaros, sino lagartijas asesinas que la Sociedad Observadora de aves de Springfield quiere matar por su alta peligrosidad para las demás especies:
Bart: Espere! ¿Qué rayos está haciendo? –Le dice a Skinner que estaba a punto de poner a las lagartijas en una guillotina-
Skinner: Mi deber cívico! Solo eso…la lagartija de árbol boliviano es un ovoraptor despiadado, se alimenta de huevos de ave y pone sus propios huevos en el nido. La pájara sin sospecharlo cuida de ellos hasta que las crías nacen y la devoran también… ya han acabado con el Dodó, Cuckoo, y el ne-né. Y tiene planes malévolos para el Bobo, el senoide y el curva- curva. Bart está desolado, se queda un momento a solas con su madre y las lagartijas, y le dice a Marge: pero yo las crié, y las quiero….
Marge le dice susurrando: huye con ellas.

Análisis del caso:

El segundo movimiento de la Ética nos impone centrarnos en la singularidad en situación. Veremos como actúa la responsabilidad subjetiva, en lo que se denomina “el circuito de la responsabilidad” . Allí se constatan los tiempos que ya no son cronológicos sino que tienen una lógica de retroacción: le imponen al sujeto volver sobre su acción e interrogarse sobre su acto, poniendo en marcha el circuito.

Primer Tiempo: desviar la mira, para errar.
Con la intención de errar, Bart corre la mira del rifle a un metro del objetivo. Dispara, y el pájaro cae muerto. Se sorprende, se angustia, no lo puede creer, no entiende qué fue lo que pasó, y Nelson le dice: “Que bien, le diste! Pudiste superar la mira desviada…eres un asesino despiadado”
Aquí el sujeto anticipa una verdad importante para su vida, pero no tiene registro conciente de ello. Lo único que sabe Bart es que desvía la mira del rifle para fallar el tiro, en la creencia de que allí se agota su acción. En la mira desviada sólo interviene el azar, contra él nada pudo hacer ni prever el pequeño: Bart corre el rifle a la derecha unos metros y la mira está desviada exactamente en esa justa medida, quitándole responsabilidad. También se puede ubicar la categoría de la necesidad: Nelson presiona a Bart haciéndole gestos afeminados, burlándose de él, diciéndole que no dispara porque “A mi se me hace que eres marica, ay si, mírenme soy Bart Simpson y me voy a casar con Milhouse…” Pero sin embargo, debemos pensar en dos cosas: no podemos justificar el acto del disparo en la presión que ejerce el medio, porque dejaríamos al sujeto librado a los designios que el destino le marca al nacer, sin la voluntad ni la decisión que lo hacen dueño de sus actos y de su vida. Pero el azar es indigno de decidir nuestro destino; por otro lado, Bart es aún un niño para el cual esa burla de Nelson tiene un peso propio y si bien sabe lo que va a hacer (disparar para no “quedar mal”), toma otra decisión: errar, como un intento de resolver el conflicto que se le plantea.

Segundo Tiempo: ¿la mira desviada?
Bart comprende el daño que ha hecho. Siente una gran culpa por haber matado al pájaro, entonces se acerca al nido y, decidido a intentar enmendar lo hecho, le habla a los huevos “Ay Dios…..hola huevecillos, no sé como decirles esto pero… su mamá sufrió un accidente… equivocaciones… mías… pero no se preocupen, yo cuidaré de ustedes”
Aquí, se resignifica el Primer Tiempo y se ve excedido, haciendo tambalear el universo particular donde ahora se impone una pregunta. Bart se enfrenta a una decisión: puede irse a su casa como si nada hubiera pasado, como si la acción se hubiera agotado verdaderamente (como él había creído que sucedería) en el Primer Tiempo, ahorrándose la angustia de preguntarse sobre su responsabilidad, incluso negándola, o bien puede asumir el rol de aquél de quien se espera una respuesta: del responsable , adoptar un cambio de actitud frente a la realidad que lo enfrenta, una verdadera transformación todavía inconciente. ¿Será capaz Bart de dejar de ser el “pequeño demonio”? La modalidad de la respuesta es la culpa, en tanto reverso de la responsabilidad. Y allí donde la responsabilidad está ausente, se presenta como su sustituto la culpa: “El pájaro que maté era su mamá…no quiero que sus bebitos se mueran también…”

Tercer Tiempo: la mira puesta en su propia existencia.
La familia entera junto con Bart, espera el nacimiento de los pájaros. Al fin los cascarones se rompen, pero de ellos no salen aves sino unas lagartijas asesinas que -según afirman los expertos-, se devoran a quien las cría como madre.
El azar quiso de nuevo empujar a Bart a una verdadera transformación. Nada se pudo hacer para saber que de esos huevos nacerían lagartijas asesinas, pero este nuevo movimiento, pone al protagonista frente a una nueva decisión: dejarlas libradas otra vez a la muerte segura, o dar una respuesta en la que se pone en juego su propio deseo y se despliega la responsabilidad subjetiva, dando lugar a lo universal-singular, mas allá de toda particularidad. Aquí el sujeto ya no es el mismo. Cuidó los huevos como si fueran sus hijos y pese a saber ahora (en este tercer tiempo) que son asesinos, toma una decisión, hace una apuesta alejada de la culpa y dice: “…pero yo las crié y las quiero…”

Hipótesis clínica

Bart huye de su propio nido, este que hoy para él, es “una fábrica de bostezos”. Quiere ser grande, un hombre libre, que goza y que no tiene que soportar ni la prohibición (de masturbación) ni la amenaza (de castración) que a él le trata de imponer su madre: “ella no me intimida, hago lo que quiero cuando quiero” lanza desafiante mientras escapa por la ventana. La vida fuera del nido se especula excitante como disparar un rifle, se ansía la experiencia, se busca el placer. ¿Y cómo sería matar a la madre? ¿Terminaría eso con los bostezos, las amenazas y las prohibiciones? ¿Se podrían “matar dos pájaros de un tiro”? La mira del rifle le devuelve una imagen inocente, lugar donde la realidad psíquica difiere de la material. Pero cuando el sujeto le miente a la realidad, le dice la verdad a su deseo, y allí donde quiere eludir su responsabilidad, Freud lo hace responsable de su deseo : Bart quiere matar, quiere dispararle a esa madre y hacer que desaparezca con ese simbolismo. Y justamente es el cumplimiento de ese deseo inconciente lo que lo agobia, lo que lo hace sentir merecedor del castigo. Y ese deseo se une a otro, el físico. El arma -la escopeta- es potente, masculina, prohibida no por mala sino por ser proveedora de todos los placeres misteriosos e ignorados como aquellos que provienen del sexo. Si no la hace funcionar, si no la hace disparar toda su potencia (al estilo de una eyaculación), será un “marica que se casará con Milhouse”, como dice burlonamente Nelson. Pero Marge, le niega la redención y lo abandona a su suerte “Te castigo, te castigo y te castigo, pero jamás entiendes… ¿sabes una cosa? Haz lo que quieras… ¿deseas jugar con esos delincuentes? Pues bien, diviértete matando criaturas…”: el objeto amado (y odiado) se ha perdido, y la única forma de reintroyectarlo en su Yo, es la identificación al rasgo con las cualidades de cuidado y protección maternas. Producto de esa identificación es que Bart cuida a los huevos como una madre y no como un padre, pues así se quiere recuperar al objeto que se siente perdido definitivamente. Su inconciente se satisface por partida doble: rebelándose contra la autoridad materna (¿o acaso será re-velándose?), abandonó el nido y le disparó a la madre –de los huevos- con el arma que libera toda su virilidad; y por otro lado, se lo castiga por semejante osadía con la actividad contraria a la que buscaba: ahora es una madre que cuida, protectora y amorosa. Mientras Bart “sueña a sus hijos”: “Tú te llamarás pequeño pío, y tú, Bart Jr. Pueden decirme madre…no, es muy telenovelesco, llámenme MA”, los está libidinizando, los marca con su propio deseo de que sean hijos hermosos y perfectos y así no tendrán que sufrir nunca sus penas. Así como lo canta Serrat: “Tú no, princesa, tú no. Tú eres distinta. No eres como las demás chicas del barrio. (…) Tú eres la rosa que fue a nacer entre cardos (…) Tú no has nacido para pasar las fatigas que yo pasé (…) Por Dios lo juro: tú no andarás de rodillas fregando pisos, no acabarás hecha un zarrio como tu madre, cansada de quitar mierda y de parir hijos…” (Princesa).
Pero bien dice Freud con la voz del inconciente: “Has querido ser tú madre, ahora lo eres, al menos en el sufrimiento” y esos hijos fantaseados no son ni bellos, ni buenos, ni siquiera…pájaros! son lagartijas de árbol boliviano, despiadadas asesinas que cuando nacen se devoran a la madre que los crió. Con la misma voracidad con la que él mismo atacó a su propia madre, ahora puede ser devorado y destruido. Pero de la misma manera en que Marge lo perdonó, lo abrazó y lo amó pese a no ser el hijo perfecto y soñado por su deseo, Bart dice de sus horribles lagartijas “pero yo las crié y las quiero…”



NOTAS

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