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- Segundo parcial-

Cátedra I Psicología, Ética y Derechos Humanos

Titular: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Ayudantes de TP: Elizabeth Ormart
Carolina Pesino
Comisión: 5
Alumna: Lucila Ruggieri
L.U.: 317031130
Mail: lucilaruggieri@hotmail.com
Segundo cuatrimestre 2009

Película seleccionada: Tiempo de valientes
Ficha técnica:
Dirección y guión: Damián Szifron.
País: Argentina.
Año: 2005.
Interpretación: Diego Peretti (Licenciado Mariano Silverstein), Luis Luque (Inspector Alfredo Díaz), Gabriela Izcovich (Diana, esposa de Silverstein), Martín Adjemian (Comisario) y Oscar Ferreiro (Lebonian).
Sinopsis:
La película comienza con un crimen, el asesinato de dos hombres, cometido en relación al tráfico de armas. La segunda escena ocurre en una comisaría, aparece la denuncia por los dos hombres desaparecidos y el comisario es el encargado de derivar la investigación. Dos de los policías recomiendan encargar algún caso al Inspector Alfredo Díaz (Luis Luque), ya que se encuentra desvastado por haber encontrado a su esposa con otro hombre y creen que es conveniente adjudicarle alguna tarea para que mantenga “la cabeza ocupada”. También sugieren la posibilidad de llevar acabo un acompañamiento profesional (como ya había sido aplicado en otro caso) que ayude al Inspector a superar esta situación.
Es aquí cuando entra en escena Mariano Silverstein (Diego Peretti), quien es un psicoanalista que, a raíz de un accidente de tráfico, está involucrado en un juicio penal. Se encuentra hablando por teléfono sobre la tarea que el juez le asigna como pena, que es la de atender a Alfredo Díaz. En esta escena está Silverstein acompañado por su esposa desayunando.
Creo que es significativo llamar la atención respecto a una parte de esta escena: Cuando Silverstein se está yendo a la comisaría en que debe encontrarse con Díaz, su esposa, en la puerta de la casa, le dice que llamó su madre y que los espera para festejar el Pesaj, la esposa sugiere pedir comida y comer ellos solos en su casa, a lo que Silverstein le contesta que le parece bien. La mujer le responde “Si no querés decime”, Silverstein: “Mi amor, quiero”, la mujer: “No, no querés. Mirá cómo me lo decís”, Silverstein: “Mi amor, te estoy diciendo que encargues tranquila”, la mujer: “Sí, pero no te dan ganas”, Silverstein cierra la conversación diciendo: “Mi amor, tengo muchas ganas de que encargues comida y estemos bien juntos”. Le da un beso y le dice: “Y no te angusties, ya va a estar todo bien” antes de subirse al taxi. Esta pequeña discusión va a ser significativa luego, pero me animo a adelantar que la mujer le está reclamando a Silverstein algo del orden del deseo.
En la comisaría Silverstein es informado de la tarea que deberá realizar y conoce a Díaz. Al enterarse que tendrá que realizar el seguimiento de Díaz mientras realiza sus tareas, Silverstein dice que prefiere que se realice en su consultorio, cosa que no es aceptada por el comisario. En la escena que le sigue, vemos a los dos en la patrulla en una improvisada sesión psicoanalítica.
Así es como Silverstein acompaña a Díaz durante la investigación del caso de los dos hombres desaparecidos.
Cuando termina la jornada de trabajo, Díaz lleva a Silverstein a su casa. En el camino en el patrullero, Díaz comienza a relatar sobre la historia de sus padres, cómo su madre abandonó a su padre cuando este perdió su trabajo como policía y como esto significó para él un derrumbamiento de la figura de su padre. Frente a la casa de Silverstein, Díaz sigue hablando de la relación con su padre, Silverstein lo para y le sugiere seguir al otro día. Silverstein se baja del auto pero vuelve para invitarlo a Díaz a cenar con él y su esposa.
Cuando el psicoanalista aparece con su paciente, es notable el desagrado de su mujer, quien le reprocha que le había prometido una cena de a dos.
Durante la cena, Diana, la esposa, se encuentra hablando, cuando Díaz le dice a Silverstein que cree que ella lo engaña. Se levanta y la apunta con un arma para obligarla a confesar y es así como la mujer confiesa que es cierto de lo que la está acusando, cosa que toma completamente por sorpresa a Silverstein. El psicoanalista discute con su esposa y pasa esa noche fuera de su casa en el hotel donde está parando Díaz.
A partir de este momento, Silverstein comienza a involucrarse cada vez más en la investigación que está realizando Díaz y, de hecho, termina implicado en el desenlace del caso. Díaz es secuestrado y Silverstein es el que se encargará de rescatarlo y atrapar a los responsables, para lo que debe, a lo largo de la película, secuestrar a un sujeto, aprender a manejar armas, trepar edificios y una serie de aventuras en las que se verá sumergido. La película finaliza con un ofrecimiento por parte de Díaz a Silverstein de unirse al equipo de investigadores, a lo cual, luego de una pequeña resistencia, Silverstein accede.

Análisis:
Me pareció importante recortar solo la primera parte de la película a fin de poder dar cuenta cómo se inserta Silverstein en el camino de la responsabilidad subjetiva y sus tres tiempos.
El primer tiempo de la responsabilidad es el tiempo que podríamos situar en el orden de lo particular, es en este tiempo que se es responsable, a diferencia del tercer tiempo que implica hacerse responsable. En este eje encontramos a lo particular junto con la moral y la culpa. Se realiza una acción en concordancia con el universo de la moral en que el sujeto se halla inmerso, y se supone que se agota para los fines que fue realizada. Esta acción se encuentra en el campo de la conciencia. En este tiempo el sujeto no quiere saber nada de la castración, ni del deseo, evita el encuentro con la falta: si el Otro no está barrado, yo tampoco.
Vemos, entonces, a Silverstein llevando una vida estructurada, muy metódico en su trabajo pero con un matrimonio descuidado. Obedeciendo la sentencia del juez, se ve obligado a ayudar a Díaz a partir de la creación de un espacio terapéutico poco convencional, pero siempre tratando de encuadrar este trabajo en la modalidad psicoanalítica en la que él está acostumbrado a trabajar. Por lo tanto, Silverstein es responsable de su vida tal cual la construyó, lo es respecto a su profesión y a cómo lleva adelante su relación de pareja.
Ahora bien, se produce un quiebre en este tiempo de lo particular: Silverstein invita a cenar a Díaz a su casa, saliéndose de los parámetros en que debe mantenerse una terapia. Este segundo tiempo culmina con la escena en que Díaz obliga a Diana a confesar su infidelidad. Es este tiempo 2 el de la interpelación, el que obliga a responder sobre el tiempo 1, obliga al sujeto a dar cuenta sobre ese tiempo 1 resignificándolo. A partir de este momento es que se debe responder sobre la acción, el sujeto no tiene alterativa más que responder, ya que la interpelación genera una deuda en términos energéticos: la culpa. Como dice D´ Amores: “La fuerza simbólica de responder proviene de la internalización de la ley simbólica” .
El circuito de la responsabilidad se va a ubicar necesariamente en el espacio entre el azar y la necesidad. En la película podemos dar cuenta de un primer elemento del azar: Silverstein le pregunta a Díaz cómo se dio cuenta que su mujer lo engañaba, a lo que le responde que porque no llevaba el anillo de casada. Es ahí cuando Silverstein le comenta que no estaban casados.
En las situaciones que están dirigidas por el azar no se espera una respuesta del sujeto, no se le podría exigir a Silverstein que responda sobre el hecho de que su esposa no lleva anillo, no es lo que lo lleva a la interpelación, sino la serie de hechos sobre las que Silverstein está obligado a responder. “Cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión.”
A partir del tiempo 2 se abre pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo, se lo interpela. En ésta pregunta se pone en juego la cuestión de la castración. Se acepta la castración del Otro, queriendo saber de su deseo.
Ahora bien, la respuesta que se le de a esta interpelación puede no implicar nada del orden de la responsabilidad subjetiva (que se encontraría en el tiempo 3), sino que puede ser una respuesta a la interpelación que implique un cierre particular. Si la respuesta es particular, o sea desde la moral, no se puede hablar de singularidad, la respuesta en este caso funciona como un taponamiento de esta singularidad, sobre la cual se dibujaría el horizonte de la dimensión ética. Volviendo al caso de la película, vemos que en el momento en que Silverstein se va con Díaz de su casa, luego de discutir con su esposa, intenta poner en marcha distintos mecanismos que podrían implicar una respuesta particular frente a la interpelación que se da en el tiempo 2. Por ejemplo, apela a la intelectualización, respecto a la infidelidad de su esposa le dice a Díaz: “si le pongo un poco de distancia no me parece que haya una tragedia…”, Díaz le contesta “te mintió… durante meses”, Silverstein le contesta: “dos meses, parece mucho pero en tiempo real no es tanto… qué lo debe haber visto una vez… pasaron dos semanas y lo vio otra vez… ahí ya tenés casi un mes… multiplicalo por dos y te dan dos meses…”. También se puede ver cierta respuesta anclada en el “yo soy culpable”, en palabras de Silverstein: “Claro, yo también, qué tarado… en estos últimos años descuide mucho la relación… estuve muy metido en mi trabajo…”.
Ahora bien, “El sentimiento de culpa se disuelve en el efecto sujeto y es una respuesta de dimensión ética” . Por lo tanto, vemos que este intento de Silverstein, de responder desde lo particular, no cierra la interpelación, sino que esta sigue circulando. La responsabilidad subjetiva interpela al sujeto más allá de las fronteras de su yo, el sujeto se ve obligado a responder por su acto en un tiempo 3.
Desde el psicoanálisis el sujeto (en tanto sujeto del inconciente) es responsable por definición, esta es la base del determinismo psíquico. Por lo tanto, toda acción del sujeto estará determinada desde el inconciente, más allá de la voluntad del yo. De manera conciente Silverstein invita a Díaz a cenar a su casa. Entonces cabe preguntarnos ¿qué determina que Silverstein realice esta acción?
La responsabilidad subjetiva, como otra manera de nombrar a este sujeto del inconciente, es un efecto en acto, este acto ético es en el que se produce un sujeto de deseo inconciente. Llegado al tiempo 3, hay una respuesta sobre el tiempo 1. El sujeto que debe responder por su acto: responsabilidad referida a la singularidad del sujeto en acto. Hay, en este acto, una toma de posición en relación a lo universal (de la castración) en el que se inscribe el sujeto. No se trata de religar significantes como se hace en el tiempo 2 (allí se tapona una brecha abierta en éste tiempo), sino que se tratará de la producción de un sujeto barrado.
En este tiempo 3 podemos situar, cuando va a la policía y le comenta al comisario y los demás policías acerca del peligro de vida que corre Díaz y nadie hace nada al respecto. Este momento indica el cambio de posición de Silverstein y es ahí que se produce un acto: Silverstein se viste de policía y se procura rescatar a Díaz, incluso teniendo que violar la seguridad de servicio de inteligencia. Definitivamente Silverstein está involucrado en una posición subjetiva muy diferente a la inicial.
Quizás podríamos suponer un cambio de posición en términos de tomar una posición activa frente a esa realidad subjetiva que ve estancada y frente a la que se siente pasivo, sobretodo respecto su matrimonio. Lo cual nos llevaría a realizar cierta conjetura respecto a una hipótesis clínica y que permitiría explicar el movimiento del tiempo 2 al tiempo 1. En este sentido es importante el momento en que se da la charla entre ambos personajes y que es lo que lo lleva a Silverstein a invitarlo a cenar. Se enfrenta al sujeto a un quiebre respecto de la forma en que venía haciendo las cosas hasta el momento. Por lo tanto, ¿por qué lo invita a Díaz a cenar? Desde una visión particularista podríamos pensar que Díaz le dio lástima o que este es la excusa perfecta para no enfrentar la intimidad con su esposa.
Pero ¿qué le dio lástima de Díaz?, acá cobra relevancia la charla en la que Díaz le comenta sobre su padre y la relación de este con su madre y con él mismo. Podríamos suponer que esta charla habría conmocionado, de alguna manera, algo de su propio Edipo, algo respecto a su propia posición subjetiva en la vida que lo lleva a accionar de esta forma. Hay una transformación respecto a la pasividad frente a la insatisfacción con que lleva su vida y una pregunta se abre respecto a su deseo. Se pregunta: ¿esta es la vida que deseo? Cobra significación aquí, la primera escena en la que aparece con su mujer y esta le reclama que no tiene ganas de cenar con ella, si bien él concientemente le responde que sí quería hacerlo. Podríamos decir que la mujer detecta algo respecto al deseo (o al no deseo) de su marido. El sujeto, en tanto se mantiene en un plano particular, tapona el deseo para no enterarse de su falta y es en este sentido que la neurosis viene a jugar un rol fundamental, en tanto respuesta anticipada a la pregunta por el deseo.
Entonces Silverstein es responsable de invitar a Díaz a cenar a su casa y es esta acción la que permite dar cuenta de un sujeto del inconciente, que lo va a llevar a tomar una nueva posición subjetiva a partir de la interrogación respecto a su deseo en relación a su profesión y su matrimonio.
Para finalizar, y respecto a esto último, me parece interesante recalcar el nombre de la película, ya que la “valentía subjetiva” que implica el tiempo de enfrentar la falta y en consecuencia hacerse responsable del deseo, es, definitivamente, un tiempo de valientes.
Bibliografía:
-  D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
-  Fariña J. J. M.: El doble movimiento de la Ética contemporánea. Una ilustración cinematográfica. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos.
-  Fariña, J. J. M.: Qué es esa cosa llamada ética. (Cap. II); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. IV). El interés ético de la tragedia (Cap. V). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires. 1998
-  Fariña, J. J. M. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Clase teórica. 2009
-  Fariña, J. & Gutiérrez, C.: Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires. 1996
-  Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
-  Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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