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- Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires-

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra: Fariña
Profesora: Serue, Dora Alejandra
Comisión: 2
Alumno: Cintia Mariana Méndez Scioli
Libreta Universitaria: 326403660
E-mail: cintia-mendez@hotmail.com
Fecha: 16 de octubre de 2009

En el presente trabajo intentaré dar respuesta a la consigna planteada, a partir de una creación cinematográfica titulada “Tiempo de Valientes” (2005). La misma fue escrita y dirigida por Damián Szifron y sus protagonistas son Diego Peretti (Mariano Silverstein) y Luis Luque (Alfredo Díaz).

Resumen:
El personaje de Mariano Silverstein es un psicólogo que por cuestiones judiciales debe brindar “apoyo móvil” al policía Alfredo Díaz, quien se siente deprimido por el engaño de su mujer. La contrariedad radica en que las sesiones se llevan a cabo entre muertes, robo de autos y otras cuestiones que dan lugar al entramado de un caso que se dificulta cada vez más, y en el cual el analista se compromete excesivamente.

A continuación se analizará el circuito de la responsabilidad. Dicho análisis consistirá en el recorte del personaje del psicólogo, para lo cual se tendrá en consideración algunas cuestiones mencionadas en la sinopsis y otros comentarios del film que permitan un recorte exhaustivo del personaje en cuestión.

Para proceder en la localización de los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad, es necesario comenzar con el comportamiento manifiesto de Mariano Silverstein, y de esta forma alcanzar al sujeto inconsciente (la “otra cara” de nuestro personaje) buscando articularlo con los conceptos de necesidad y azar, de responsabilidad y culpa y con los ejes universal - singular y la moral de lo particular. También se lo relacionará con otras nociones que permitan dar cuenta del segundo movimiento de la ética y que el circuito de la responsabilidad es ética en situación. Finalmente, se incluirá una hipótesis clínica que se propone evidenciar el comportamiento del psicólogo en el transcurrir de la película. Dicha hipótesis se elabora a partir del segundo tiempo lógico y responde a los interrogantes de lo que suponemos que se hace responsable el psicólogo, es decir, refiere sobre aquello por lo que el personaje debería responsabilizarse, sobre qué cuestiones tiene que responder y cómo actuar ante una situación que lo desborda.

En principio se considera importante realizar una breve introducción sobre el doble movimiento de la ética.
El primer movimiento hace referencia al pasaje de la mera intuición al estado del arte, el cual es conceptualizado como el universo de conocimientos existentes hasta el momento en materia de ética profesional. Por tanto, contempla lo ya establecido dado que nos permite considerar los hechos que se hallan en el plano de lo conocido.
A diferencia de este movimiento, que pertenece al orden de lo particular, el segundo nos adentra en el plano de lo no conocido, en la dimensión de lo singular. De esta forma, el recorte de lo singular suplementa al recorte de lo particular por tratarse de aquellas características que no están previstas por el estado del arte, ya que son una singularidad del caso en cuestión. Este movimiento da cuenta del acto del “qué hacer” cuando los hechos se presentan a futuro como ocasión para un movimiento cuya eficacia se encuentra en la ausencia de lo conocido.
Este plano es el de la ética y se halla atravesada por el eje de lo universal – singular. El mismo consiente la indagación de la singularidad en situación. Se trata de un acontecimiento que impacta en el universo y lo quiebra.

El psicólogo Mariano Silverstein debe cumplir con una probation judicial (por haber atropellado a una mujer) ofreciendo sus servicios a Alfredo Díaz, un policía que atraviesa un momento difícil porque descubre que hace seis meses su esposa le es infiel con un colega suyo del trabajo.
Los policías compañeros de Alfredo le sugieren al comisario que le asigne un psicólogo para acompañarlo, dado que hacía dos días que no se presentaba a trabajar. El comisario decide tomar en cuenta esta sugerencia y comunicarse con el juez para ver qué profesional puede ayudarlo. De esta forma llega a contactarse con Silverstein, quien estaba en su casa desayunando con su esposa; en ese momento acuerdan una reunión, por lo que el profesional sale deprisa de la casa explicándole a la mujer lo que la probation significaba, que en lugar de cumplir una condena responde ante su falta dando servicio a un organismo público. De este modo la causa civil seguiría curso, pero la penal se cerraría.
Al llegar a la comisaría Silverstein es recibido por el comisario, quien le cuenta sobre la situación de Díaz, le pide que lo ayude a reincorporarse a sus deberes y para esto tiene que acompañarlo en la patrulla. Si bien el psicólogo acepta brindar el servicio, en un primer momento duda y teme por el riesgo que conlleva la realización de un tratamiento poco convencional a bordo de una patrulla.
Terminado el día de trabajo (el del policía con sus investigaciones sobre un caso y el del profesional en su rol de acompañante terapéutico), Díaz se ofrece a llevar al psicólogo a su casa. Antes de que Silverstein bajara del auto, Díaz reflexiona sobre ciertas cuestiones abordadas durante el día, especialmente sobre su niñez y la relación con sus padres. Si bien Silverstein lo escucha, en un momento le dice que mejor continúe el tema en el consultorio al día siguiente. Justo cuando el psicólogo se dispone a descender del auto para entrar a su casa le pregunta si tiene planes para cenar. Se entiende que contesta que no porque en la escena siguiente se los ve entrar juntos a la casa del terapeuta.
Este momento lo reconocemos como el tiempo lógico 1 del circuito de la responsabilidad, un tiempo de certeza donde “el personaje lleva adelante una conducta con determinados fines, en el supuesto de que su accionar se agota en los objetivos para los cuales fue concebido ”. La acción concreta llevada a cabo por Silverstein es invitar al policía a comer a su casa con el único propósito de que éste no cene solo. No piensa que su proceder llevaría a algo más que el mero acto.
Al ingresar a la casa, el terapeuta le presenta a Díaz su esposa Diana. El personaje de Peretti le pide a su mujer que no sea muy afectuosa con él para no incomodar al invitado que tiene problemas de pareja.
Poco antes de sentarse a comer, el policía pregunta por una foto que ve en el comedor, Silverstein contesta que ese lugar era Córdoba. A este comentario, su mujer agrega que, aunque parecía peligroso, era un metro y medio de altura, que si bien él se hacia el valiente “era un conejito de algodón”. Esta frase resulta de importancia dado que el personaje de Diego Peretti, se ubica la mayor parte de la película bajo esta mirada aplastante de su mujer, es decir, él se identifica, se reconoce como un “conejito de algodón sin valentía”.
Durante la cena el terapeuta le pregunta a su mujer por las actividades del día y ella incómoda le responde. Mientras se lleva a cabo esta conversación, el policía algo angustiado, no emite palabra. Silverstein le pregunta qué le pasa, aunque en un primer momento no dice nada, frente a la insistencia de la pregunta le contesta “creo que tu mujer te engaña”. Ante tal declaración le exige que explique lo que estaba diciendo, mientras intenta tranquilizar a Diana (que se muestra indignada) explicándole que Díaz no está más que proyectando su situación en la figura del analista. En esta escena, en la cual los personajes se encuentran alterados, el policía saca el arma, le apunta a la mujer en la cabeza, y con la voz elevada le pregunta si esta engañando a su marido. Inmediatamente al ver esta reacción el psicólogo trata de calmarlo pidiéndole que baje el arma. Díaz, por el contrario, dispara al aire y vuelve a apuntarle a Diana. Pero esta vez le pregunta de forma más violenta si le es infiel a su marido o no. Mientras Silverstein le grita que deje el revolver, la mujer rompe en llanto y grita que sí; el terapeuta entretanto busca calmar al policía se da cuenta lo que acaba de contestar su mujer. En esta situación es posible encontrar el tiempo 2 del circuito de la responsabilidad.
En este tiempo lógico, el personaje ““recibe de la realidad indicadores que lo ponen sobre aviso respecto de que algo anduvo mal” . El accionar de invitar a Díaz a cenar con el solo objetivo de que éste no cenara solo, no se agotó en los límites mismos de la acción (la invitación a comer), sino que fue más allá. La respuesta de la mujer ante la pregunta del engaño interpeló al profesional.
Según Salomone, la vergüenza nos ubica en la pista de una persona interpelada por algo que, aunque es vivido como ajeno, le pertenece y lo perturba. Esta enunciación puede verse representada en esta escena del film donde el sujeto de nuestro recorte parece no entender lo que está sucediendo, no comprende el proceder del policía, así como tampoco la respuesta de su mujer. Toda la situación se le presenta como extraña pero a la vez le es propia y lo perturba, trastorna el accionar que realizó con el objetivo de compartir una cena familiar con el policía.
Este segundo tiempo resignifica al primero, “la acción deja de ser la mera acción”, por lo que es posible aludir a dos tiempos, donde “el segundo anota la eficacia del primero a posteriori” .
Ante la interpelación que le produce el reconocimiento de la infidelidad de su mujer, después de insultarla y escuchar los intentos de ella de justificar su acto diciendo que es común el engaño de las mujeres (se puede reconocer esto como un efecto particularista ), le pide a Díaz que lo saque de ahí. Una vez que ingresaron al auto Silverstein la continúa insultando y se auto-insulta justificando el engaño de su mujer diciendo que él descuidó la relación al irse de viaje a distintos congresos. Sumado a esto, Díaz le dice “…pero te engañó…”, a lo que el terapeuta le contesta que él también tuvo historias y que lo ocurrido no era una tragedia, aunque reconocía que igualmente la forma de actuar de su mujer era incorrecta.
Acto seguido se pone a llorar desconsoladamente, lo cual nos permite suponer que la respuesta de la mujer realmente lo interpeló.
Es posible observar cómo frente a la interpelación del segundo tiempo lógico se abre el circuito de la responsabilidad. Según Salomone el reproche da lugar a un movimiento inverso al de la responsabilidad sujetiva. Silverstein, si bien toma la interpelación, se responsabiliza moralmente e intenta justificar a Diana…” se trata de una culpa moral como respuesta a la interpelación. Evalúa su accionar, lo encuentra moralmente malo y se reprocha por ello ”. En referencia a esto, D´ Amore postula que no es posible hablar de responsabilidad sujetiva sin hablar de la culpa que surge como efecto directo de dicha responsabilidad.
Silverstein trata de justificar a su mujer y en ese intento de justificación se culpa a sí mismo por haber descuidado la relación. La interpelación que implica la resignificación del tiempo 2 sobre el tiempo lógico 1, lo obliga a responder.
Una de las reacciones posibles es la que realiza el psicólogo, culparse y con esta culpa responde a la interpelación (aunque ésta es una forma de responder con la que no se llega al tiempo 3 que refiere a la responsabilidad sujetiva).
Esta instancia podría remitirnos a la relación con los conceptos de necesidad y azar. Es factible pensar que el terapeuta necesariamente debía cumplir con su probation judicial para cerrar la causa penal por el delito de haber atropellado a una mujer; y fue azaroso que se le asignara como paciente al policía Díaz, a quien debía dar servicio por ser miembro un organismo público. El sujeto no puede alienarse ni al campo de lo azaroso ni al de la determinación. La grieta entre estos dos polos surge por la interpelación.
En el intermedio de la retroacción del tiempo 2 y el tiempo 1 encontramos la hipótesis clínica. Dicha hipótesis tiene su base en la identificación; el psicólogo se identifica con su paciente, específicamente con la infidelidad de la que ambos son víctimas.
A partir de la interpelación algo cambia, desde ese momento el terapeuta se identifica con el paciente a quien le pide que lo saque de ahí; ahora bien, podemos preguntarnos de ahí dónde ¿de la casa? ¿de esa posición? ¿qué es lo que en realidad le esta pidiendo?
El film continúa, y Díaz es detenido por miembros de la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado) quienes estaban tras la investigación que él realizaba.
Para esta instancia el psicólogo ya había vuelto a su casa, y mientras indagaba sobre el caso que Díaz investigaba, un agente de la SIDE intenta bruscamente ingresar al domicilio. En este instante podemos ubicar el tiempo 3, el de la responsabilidad donde adviene un sujeto diferente al del tiempo 1; es por el accionar del primer tiempo que el sujeto se anticipa sin saber a una verdad que se va a revelar para su existencia.
Este tiempo es de la responsabilidad subjetiva, dado que se aguarda una toma de posición que registre un acto en relación al eje universal – singular, produciendo un efecto –sujeto.
En otras palabras, hasta ahora nos movimos en el eje de lo particular, con este nuevo acto se apunta a la dimensión de la ética (eje universal - singular). En este tiempo se espera del sujeto “…una respuesta que suponga un cambio de posición del sujeto frente a sus circunstancias” .
La responsabilidad subjetiva es diferente de la responsabilidad jurídica. En la primera hay un sujeto dividido, interpelado que se cuestiona por lo ocurrido, hay singularidad en situación. En este caso, el sujeto no consigue reconocer en el momento del acto ninguna intención; el sentido del acto se dilucida en el segundo tiempo. Por el contrario, la responsabilidad jurídica refiere al sujeto autónomo que se auto-gobierna. El sujeto tiene la capacidad de responder por sus actos, y esta capacidad remite a la imputabilidad (el sujeto pude responder por sus acciones) e inimputabilidad (el sujeto no puede responder por causas psicológicas o psiquiátricas que refieren a si es consciente o no de su accionar).
En el tercer tiempo del circuito hay un acto que se relaciona con un deseo inconsciente que lo acerca a conocer quién es en realidad y qué es lo que quiere.

El terapeuta reacciona con valor ante la entrada violenta del agente de la SIDE, lucha con el intruso hasta que logra meterlo en el baúl de su automóvil, se observa “una trasformación de la cual el primer sorprendido es el propio protagonista” . Silverstein se entera que Díaz estaba secuestrado en un edificio y que lo iban a matar, por lo que va a la comisaría a contarle al comisario y a los demás lo que estaba ocurriendo, pero al no recibir respuesta huye vestido de policía imaginando una forma de salvarle la vida a su amigo. De esta manera, podemos decir que se amplía la hipótesis clínica, ya que no se limita a la identificación en relación a la infidelidad, sino que ahora también se identifica con el valor del policía, por lo que deja de ser el sujeto del tiempo 1, ya no es más aquel “conejito de algodón sin valentía”.
En la última escena, el personaje de Diego Peretti se posiciona en un lugar diferente que le permite actuar con valentía, dispara para salvarle la vida a Díaz y así contribuye a la detención de una banda buscada desde hace tiempo.
El despliegue del psicólogo parece ser observado por un agente de la SIDE, quien se sorprende ante la valentía demostrada, por lo que habla con Díaz y le comenta que está formando un equipo independiente y le gustaría que ambos estuvieran en él. Cuando el policía le comunica a Silverstein el ofrecimiento hecho por el agente, su respuesta inmediata fue que él no tenía nada que ver con ese ambiente; Díaz sonríe y le comenta que el agente le había preguntado si él (el terapeuta) era espía, por la forma en que se había desenvuelto en el rescate. En ese momento le pregunta ¿y, sos espía o no? Y esta vez la repuesta fue otra… “… todavía no…”.

Bibliografía.

- D’Amore, O.: “Responsabilidad y culpa”. En Salomone, G. Z.; Domínguez, M. E. (2006). La transmisión de la ética: Clínica y Deontología. Letra Viva, Buenos Aires.

- Domínguez, M. E.: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”. En Salomone, G. Z.; Domínguez, M. E. (2006). La transmisión de la ética: Clínica y Deontología. Letra Viva, Buenos Aires.

- Fariña, J.: Ética. Un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires, 2002

- Fariña, J.; Responsabilidad entre necesidad y azar.

- Fariña, Gutierrez Carlos; Veinte años son nada. Causas y azares numero 3.

Fariña,J.: “Mar abierto (un horizonte en quiebra)”, en Michel Fariña, J. J. & Gutierrez, C. (comp.) Ética y Cine, Eudeba, JVE Ediciones, Buenos Aires.

Mosca Juan Carlos; Responsabilidad otro nombre del sujeto. En Ética un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G.: “El sujeto dividido y la responsabilidad”. En Salomone, G. Z.; Domínguez, M. E. (2006). La transmisión de la ética: Clínica y Deontología. Letra Viva, Buenos Aires.



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