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Facultad de Psicología
Universidad de Buenos Aires

2do. Parcial de Ética y Derechos Humanos
Cátedra: Fariña.

Alumnas: Casco Castoldi, Mariana L.U.: 28682314/0
Quintero, Natalia L.U.: 29793906/0

Profesora: Lic. Corinaldesi, Ana.

Comisión: 4.

Curso de verano 2011

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y
pueda ser recortada una singularidad en situación.

En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a
la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.

Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad
y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en
términos de responsabilidad subjetiva.

Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y
responsabilidad.

Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el
acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto
particularista.

El presente trabajo ha sido elaborado en el marco de la materia Ética y Derechos Humanos, cátedra: Fariña; y es abordado desde el segundo movimiento de la Ética contemporánea, movimiento este suplementario del 1er movimiento (que pone en evidencia los elementos generales de una situación, para ser confrontado con el estado del arte y el campo normativo). El 2do movimiento –en el que se basa este trabajo- introduce la perspectiva de la singularidad en situación, que son realidades dilemáticas para las cuales no existen conocimientos previos, o sea, que se sustraen de todo conocimiento disponible y de la lógica que la antecede. De manera tal, que es la situación misma la que funda el conocimiento, interrogando a la norma pone en evidencia la incompletud del universo previo. Entonces la situación desborda, excede y desorganiza el orden social y el conocimiento, por lo tanto, no da cuenta del “que debería hacer” característico del campo deontológico. Se trata de una desorganización necesaria, dado que es condición para dar lugar al acto creador.

A continuación se describirá el recorte realizado del capítulo elegido del unitario: “Tiempo final” denominado: “La despedida” como marco para el posterior análisis de la singularidad en situación.
Toda la situación se desenvuelve en un departamento donde tres amigas están festejando una despedida de soltera. Una de las tres es la que se casa (Paula), las otras dos –que parecen ser amigas íntimas de la novia- tienen preparada una sorpresa.
El departamento es peculiar. La peculiaridad radica en su estructura: un gran ambiente sin separaciones concretas, sino más bien cómo mamparas móviles semitransparentes –permiten ver lo que pasa del otro lado- que dividen a gusto el ambiente. Tanto la habitación como el baño poseen este tipo de separación, carecen de puertas, por lo tanto se escucha y se ve desde cualquier ángulo de la casa lo que pasa en todos los ambientes.
Entre sucesivas copas de champaña, se ven envueltas en una conversación acerca de las particularidades que pueden o no tener lugar en una despedida de soltera. Aquí puede observarse como se despliega la dimensión moral, que ordena lo social, demarcando lo que está bien o mal, lo que puede ser socialmente aceptado o no, en relación al rito simbólico de “despedirse de la soltería”. En la ronda de copas, queda planteada la idea de que estar con alguien más en vísperas de contraer matrimonio no debería pensarse cómo infidelidad o traición sino que más bien tendría que ver con “despedirse” de la soltería.
La sorpresa está cerca, los ojos vendados de Paula lo delatan, está cerca…en el cuarto en frente y empieza a bailar con la música. Es un stripper contratado por sus amigas para hacerle un show. Paula se muestra sorprendida y entusiasmada a la vez. El clima general es de excitación y va en aumento cuando “la sorpresa” deja de ser una figura detrás de la mampara (al mejor estilo “sombra chinesca”). Luego de sacarse lentamente la ropa al ritmo de la música frente a las tres amigas, se aproxima a Paula para hacerla partícipe de una danza erótica, con el incentivo de las amigas ansiosas por el show, Paula se entrega por completo y comienza a quitarse la ropa. Para la sorpresa de sus amigas que pueden observarlo y oirlo todo -la bombacha de Paula vuela por el aire- está teniendo sexo con el stripper en su habitación.
El clima del otro lado de la habitación se pone tenso, ahora la discusión gira en torno a permanecer allí y ser testigos obligadas por el espacio físico (la estructura del departamento), o abandonar el lugar abriendo un espacio a la privacidad que Paula nunca reclamó. Pudor y excitación tienen lugar allí. En ese momento, tocan el timbre. Es Gonzalo, el futuro marido de Paula. Ronda el caos, y todavía se oyen los gemidos de Paula. Sus amigas inventan excusas detrás de la puerta de entrada, esperando una respuesta –que no llega- de la novia. Cuando los gemidos cesan, una de las amigas le da aviso, Paula se desespera y se viste rápidamente. Ahora la disyuntiva es donde ocultar “la sorpresa” en una casa donde todo se ve. Deciden que el lugar es un placard en el ante-baño.
Gonzalo, que debería estar en su despedida de soltero esta allí en la puerta: enchastrado, desnudo y tapándose sus partes con hojas de diarios, quiere bañarse. Lo hace, mientras las chicas intentan sacar al stripper de la casa. Gonzalo desde el baño ve al hombre y las increpa, el stripper habla más de lo que las mujeres esperaban. Ante el pedido de explicaciones una de las amigas de Paula asume haber tenido sexo con el hombre. Gonzalo lleno de ira y descreído revuelve la cama y encuentra la bombacha, que Paula no tiene puesta y él lo comprueba. Le da la bombacha y le dice: “me cagaste la noche anterior a la boda, te juro por Dios que no me caso”, agarra sus cosas y se va.
Paula rompe en llanto y sus amigas la consuelan, diciéndole que es un enojo pasajero. Discuten, y suena el timbre, es Gonzalo que ahora vuelve a proponer un pacto a Paula como condición para casarse: tener una “verdadera” despedida de soltero, con sus dos amigas esa noche, en ese momento, para así despedirse de las mujeres para siempre como lo hizo ella. Paula queda perpleja, no emite palabra. Gonzalo hace explícita la deuda (de Paula) diciendo: “la decisión es tuya”, mientras se saca la ropa y se dirige a la habitación.
Se genera un clima de discusión, intentan echarse la culpa. Paula deja en claro que su decisión es casarse, por lo tanto, habilita e induce a sus amigas a tener sexo con su novio. Se sienta y observa –la mampara cobra protagonismo una vez más- el pasaje de sus amigas a la habitación de a una por vez, concretándose así el pacto.

Paula es el personaje de ficción escogido para la realización del análisis del circuito de responsabilidad. Este consta de tres tiempos que no responden a una cronología sino a una lógica de retroacción.
En el tiempo 1 se encuentra el sujeto afirmado, sujeto de la voluntad en uso pleno de sus facultades. Aquí el sujeto realiza una acción consciente determinada, la cual se supone que se agota en los fines en que fue realizada. Esto quiere decir, que se cree que la acción no irá más allá de lo que el sujeto espera o cree. Es un accionar que se encuentra en consonancia con el discurso yoico, por lo tanto, el sujeto no es interrogado, sino que se encuentra inmerso dentro de un universo particular que tiene la función de sostener y guiar al sujeto.
En el recorte ficcional realizado, el tiempo 1 puede corresponder al momento en que Paula festejando su despedida de soltera tiene relaciones sexuales con el stripper, sostenida en la creencia de que su accionar se encuentra soportado en un particular (particular que consiste en las posibles formas determinadas culturamente de celebrar el rito del pasaje de la soltería al matrimonio). En el recorte quedo planteado cómo en esta dimensión particular se hace presente lo moral. Esto se evidencia en la discusión que mantienen sobre los posibles alcances de una “despedida de soltera” que no son ingenuos en este momento (tiempo 1), dado que soporta la acción misma que allí se lleva a cabo (tener relaciones sexuales con el stripper en el festejo). Como se verá más adelante, esta acción excede los fines para los que fue realizada, pero en este tiempo no interpelan al sujeto.
En el tiempo 2 del circuito de responsabilidad se hace evidente la interpelación subjetiva que pone en marcha este circuito. Aparece la perplejidad en el sujeto que se ve interpelado, y debe responder. Y es aquí donde se funda la resignificación del tiempo 1, y pone en evidencia “un más allá”, que da cuenta que el campo de la voluntad no fue suficiente, algo lo excede. El campo de la responsabilidad entonces, se abre en la resignificación del tiempo anterior. Siguiendo a D’ Amore: “no hay responsabilidad subjetiva sin culpa. Esta es la misma matriz lógica del axioma no hay ética sin moral ” . Se debe entender aquí a la responsabilidad subjetiva dentro del orden de lo singular, mientras que la culpa es del orden de lo particular. La responsabilidad subjetiva es un singular soportado en el particular de la culpa. Culpa que remite al deber de responder, ya que es esta la que ob-liga a responder. La interpelación subjetiva, entonces, es una operación simbólica que se encuentra comandada por la culpa, en tanto que frente a la interpelación hasta la no respuesta es un modo de responder. D’ Amore lo aclara: “la culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder ” . Entonces la noción de culpa que se plantea aquí no es análoga al concepto de sentimiento de culpa, sino que remite a la culpa en tanto deuda siempre en el campo del deseo inconsciente. De esta forma, el sujeto en este segundo tiempo es interpelado por elementos disonantes, esto trae consigo entonces, una deuda por la que debe responder. En este sentido, la culpa es el pago de la deuda con el deseo.
En correspondencia con el tiempo 2 se puede ubicar la escena en que Gonzalo vuelve a proponerle un “pacto” a Paula como condición para casarse. Paula queda interpelada, es convocada a tomar una decisión. Es en este momento en que retroactivamente se resignifica la acción del tiempo 1, dejando en evidencia que algo fue más allá de la voluntad, algo excedió. Se puede entender desde el tiempo 2 que ya había allí un deseo inconsciente en juego, ya que el plano de la existencia yoica se halla atravesado por la lógica del deseo, que solo se puede hacer “evidente” a posteriori mediante una lectura clínica. A partir de la hipótesis clínica se busca plantear una explicación a eso que excede, que exige ligadura. Es la encargada de dar cuenta que el tiempo 1 se ve resignificado retroactivamente por el tiempo 2. Esta resignificación enfrenta al sujeto a dar una respuesta.
La hipótesis clínica que estaría ligando los dos tiempos tendría que ver con un deseo inconsciente de ver-ser vista (voyerismo-exhibicionismo). Esto permite nombrar el exceso en la acción en el tiempo 1 que pone en evidencia que ya existía allí este deseo, Paula no solo se desvite frente a sus amigas, sino que decide tener sexo frente a ellas. Cabe la pregunta: ¿Paula hubiese llevado a cabo esta acción si la estructura de su departamento le impidiera ser vista? Si la acción emprendida por Paula tenía como fin “despedirse de los hombres” ¿Por qué necesitaría testigos?
Paula elige llevar a cabo esta acción en esas condiciones, y es solo a partir del tiempo 2 que esta acción puede ser resignificada. Cuando Gonzalo explicita el pacto ya esta enunciada la deuda. Paula se ve compelida a responder, salda su deuda mirando y cede así ante su deseo. Es mediante este segundo tiempo que se puede entender que “la despedida de los hombres” acción voluntaria de Paula estaba velando un deseo que estaba jugándose allí.
Ella quiere casarse, y ese es su motivo consciente para llevar a cabo un acto semejante. Las preguntas que surge aquí son: ¿Por qué ser testigo? ¿Su decisión hubiese sido la misma si su futuro marido cumpliera su parte del pacto fuera de su casa? ¿Serían tales sus “ganas de casarse”?

El tiempo 3 del circuito de la responsabilidad, debe entenderse como el tiempo de la responsabilidad subjetiva. Se plasma aquí la dimensión ética: “y eso implica la noción de acto en la que el sujeto se produce (…) porque es el acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente”
Es en la lectura après-coup.que se puede plantear un punto ciego en la sexualidad de Paula, tiene lugar una respuesta diferenciada. Ante la pregunta acerca del deseo: che vuoi?, que me quiere (el Otro) lacaniana, Paula: responde viendo y siendo vista. Lacan en el Seminario 10: “La Angustia” aclara esto: “…Para mi no solo no hay acceso a mi deseo, sino tampoco sustentación posible de mi deseo que tenga referencia a un objeto, cualquiera sea, salvo acoplándolo, anudándolo con esto, el $, que expresa la necesaria dependencia del sujeto respecto al Otro en cuanto tal. (…) el Otro instituirá algo, designado por a, que es de lo que se trata en el plano de aquello que se desea”.
Para entender la importancia de la pulsión escópica en la constitución narcisista, Lacan en el seminario 2, da cuenta del papel de ciertos órganos que están involucrados en la relación narcisista, la relación del mirar y el ser visto. Plantea que es en relación a la imagen especular del propio cuerpo con la imagen del otro, que la estructuración imaginaria del yo tiene lugar, entendiendo el autoerotismo como etapa previa. Estas investiduras autoeróticas cobran gran importancia a posteriori. Dice Lacan: “la erotización de tal o cual órgano es la metáfora que más frecuentemente aparece…”

Retomando el circuito de responsabilidad, existe en él la posibilidad de una apertura, de manera tal que esta permita un cambio en la posición subjetiva por parte del sujeto ante el objeto de su deseo, a su vez, nada de eso puede tener lugar allí. Es decir que, el sujeto puede o bien elegir - no ya desde una posición de certeza precedente- en razón de la responsabilidad que le exige el dar una respuesta, o bien puede pasarse la vida huyendo de sí mismo. Lo que daría un cierre al circuito a nivel del tiempo 2 –corto circuito- donde se ubicaría el efecto particularista, y la culpa se ubicaría como protagonista. La noción de culpa aquí, es del orden del sentimiento de culpa, a diferencia de la noción de culpa antes trabajada: culpa en tanto deuda a la que se debe responder.
La culpa –en tanto sentimiento de culpa- adopta diferentes formas, las cuales son entendidas como diferentes modos de respuestas, que tienen la función de anestesiar al sujeto ante el plano psicosocial, entre las cuales encontramos: sentimiento de culpa, negación, proyección, pasaje al acto, intelectualización, angustia, formaciones sintomáticas, etc. Cada una de estas formas son respuestas no diferenciadas, que tienden a la recomposición yoica, ya que son una forma de estabilización para la tensión que surge de la interpelación. Cada una de estas respuestas particulares son consideradas respuestas afirmativas a la interpelación. En oposición a esto el efecto sujeto también es una forma de dar respuesta a la interpelación, pero no ya desde una dimensión particular, sino que es entendido desde una posición ética, ya que como afirma Lacan, “el estatuto del inconsciente es ético” .
Las respuestas no diferenciadas en Paula podrían pensarse que van tanto en la línea de la proyección como de la intelectualización. En relación a la proyección, se puede ubicar en el momento en que ella discute con sus amigas luego de que Gonzalo se retira afirmando que no se va a casar. Paula enojada, dice: “es todo culpa de ustedes, me arruinaron la vida”, proyectando su responsabilidad sobre las amigas.
Con respecto a la intelectualización, Paula platea a su novio que lo que hizo fue para despedirse para siempre de los hombres y que nunca más va a serle infiel, en consonancia con el discurso yoico Paula no se ve interpelada en el más allá de su acto.
Todas las respuestas particularistas que Paula esboza tiene lugar en un momento previo al tiempo 2, en el que ella queda interpela y debe responder, respuesta que finalmente no se hace esperar y que no se da en el plano de la evitación o de la negación, sino que es una respuesta que implica una transformación en relación a la posición del sujeto, en tanto efecto sujeto.

Finalmente es necesario dar cuenta de las nociones de necesidad y azar en articulación con la situación ficcional elegida. De esta manera, importa tener en claro que la responsabilidad subjetiva se inscribe en la fractura entre necesidad y azar. Ambos son campos de determinación, que por lo tanto, determinan al sujeto.
La necesidad da cuenta de algo que necesariamente está presente, más allá de cualquier circunstancia contingente. En relación a la situación planteada se puede ubicar el departamento con su estructura peculiar como necesariamente determinando la situación, el hecho que todo pueda ser visto desde cualquier lugar determina la posibilidad de acción en ese espacio físico. Si bien la necesidad determina al sujeto, este puede de alguna manera “salirse” o preferir dormir bajo esta determinación.”
Por su parte el azar, da cuenta de la desconexión de la causa y el efecto, que sí plantea la necesidad. El azar se hace presente en la llegada de Gonzalo en medio del acto sexual de su novia. ¿Qué hubiera sucedido si Gonzalo no era arrojado en la puerta de su amada? ¿Y si llegaba antes de que la “sorpresa” hiciera su aparición? ¿O luego de que todo ya hubiera transcurrido? Nunca se sabrá. También puede ubicarse como del orden de lo azaroso el hecho de que Paula en el momento de vestirse (con su futuro marido esperando detrás de la puerta) no tuviera a la vista la bombacha, ya que de alguna manera es la delatora de su acción en el primer tiempo. Si el azar no hubiera hecho su jugada aquí, es probable que la acción de Paula (tener sexo con el stripper la noche antes de su boda) quedara soportada en el universo particular, formando parte de una de las posibles formas de “despedirse de la soltería”, ya que podría evitar hacer evidente su infidelidad, manteniendo la acción del tiempo 1 en consonancia con el discurso yoico, sin interpelar al sujeto. Otra vez, esto es hipotético porque se sabe lo que pasó.

A modo de conclusión, y cómo se puso de manifiesto en el análisis realizado: “La responsabilidad subjetiva es esa relación ética del sujeto al deseo” . En el momento en que el sujeto se responsabiliza subjetivamente, se juega la cualidad del eje Universal-Singular (Lógica del no-todo). Tiene que ver con una respuesta que va más allá, más allá del goce regulado por el fantasma.

BIBLIOGRAFIA:

- FARIÑA, J. El doble movimiento de la ética contemporánea. Una ilustración de la ética contemporánea. En La transmisión de la ética. Clínica y deontológica. Vol. I: Fundamentos. Ed. Letra viva, Buenos Aires 2006.

- D’ AMORE, O. Responsabilidad subjetiva y culpa. . En La transmisión de la ética. Clínica y deontológica. Vol. I: Fundamentos Ed. Letra viva, Buenos Aires 2006.

- LACAN, J. La angustia, signo del deseo. En Seminario 10: La angustia. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2006.

- LACAN, J. introducción al Entrwurf. En Seminario 2: El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2006.

- LEWKOWICZ, I. Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Ed. Eudeba, Buenos Aires, 1998

- ARIEL, A. Moral y Ética. Una poética del estilo. En El estilo y el acto. Ediciones Manantial, Buenos Aires, 1994.

- MOSCA, J. Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires, 1998.

- SALOMONE, G. El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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