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Nombre: Marian Teves. D.N.I.: 18. 429.695 Comisión: 6
Materia: Piscología Etica y derechos Humanos. Cat. I
Segundo Cuatrimestre 2.010
La película Titanic es un relato en tono épico, de uno de los naufragios más famosos de la historia. El director propone una retrospectiva en la que el espectador pueda verse trasportado en el tiempo a través del relato de uno de sus pasajeros supervivientes, no sólo a revivir la experiencia del naufragio, sino a participar de la experiencia misma de un viaje iniciático encarnado en la historia de amor entre Rose y Jack. Dice Walter Lord en su libro "The Night Lives On": “en 1912, las personas tenían confianza. Ahora nadie está seguro de nada, y cuanto más inseguros nos volvemos, más añoramos la época dichosa en que conocíamos todas las respuestas. El Titanic simboliza esa época o, lamentablemente, su final. Cuanto peor se ponen las cosas ahora, más pensamos en ese barco y en todo lo que se hundió con él”. La película representa desde mi punto de vista toda una alegoría acerca de la subjetividad de la época. El hombre que creía haberlo conquistado todo, aún la grandeza de los mares y que de manera trágica se encuentra ante su propia fragilidad. El relato acerca del colapso de la confianza desmesurada en las grandes empresas del hombre: un barco insumergible, el más grande y lujoso de la historia, el que fue diseñado con el propósito de reflejar el fasto, la grandeza y la felicidad de la que los hombres son capaces de crear es vencido en su primer viaje de la manera más absurda.
Pero es también una historia acerca del sacrificio, representada en esa forma de heroísmo que Jung caracteriza como asociada al proceso de formación del ego al final de la adolescencia “El hombre expresa en esa época los principios ideales de su vida, notando su poder para transformarse y cambiar sus relaciones con los demás” (..) “El idealismo de la juventud, que a tanto obliga, conduce indefectiblemente al exceso de confianza en sí mismo: el ego humano puede sentirse arrebatado a experimentar atributos divinos, pero sólo a costa de sobrepasarse y caer en el desastre”. (C. G. Jung 1995-121)
El director elige contar esta historia justamente desde la perspectiva de una mujer que en su viaje ha perdido la inocencia. Su relato de vida se entrelaza con el otro desenlace posible de este viaje encarnado en la historia del naufragio. El naufragio de la subjetividad de una época, la épica del Titanic, una empresa que en su exceso demandó su correspondiente sacrificio en víctimas humanas para terminar por constituirse en el símbolo de la soberbia.
Para los efectos de este trabajo me centraré en la historia de amor entre Rose y Jack, y más precisamente en la figura de este último para ilustrar cómo en este paralelismo interior al film los descenlaces respecto de la posibilidad de “naufragio de la subjetivididad” son diferentes.
Jack se nos presenta como un aventurero. El azar lo ha puesto a bordo del Titanic (gana su lugar como consecuencia de una partida de cartas). Va en busca de fortuna, de una nueva vida, pero partiendo de un lugar en el que nada puede perder. Se siente el “rey del mundo”. Se nos muestra a un joven pleno de energía, de gozo por la vida, con posibilidades ilimitadas.
Rose en cambio se nos muestra como su alter ego. Embarca como si iniciaría un viaje hacia el fin de su vida. Ella no maneja nada, está completamente determinada por la situación de un compromiso que le ha impuesto por su madre como condición para su supervivencia social. Es un ser embargado por la angustia y el deseo de morir (¿de morir?). Está atrapada por la demanda de su madre a ofrecerse como objeto de un sacrificio, en pos de asegurarse una existencia segura para ella y su familia.
Cuando por fin se encuentran (y a la vez se separan), este lugar de sacrificio será ocupado por Jack, relevando a Rose de su condición de mártir y transformándose él en su salvador. El que nada tenía por perder terminará ofrendando su vida, ella quien todo lo había perdido habrá recuperado la suya. Este lugar de encuentro/desencuentro se nos presenta en dos momentos. El primero en que vemos a Rose correr desesperada por la borda del barco hasta la popa, aparentemente dispuesta a suicidarse. Jack por el contrario está tumbado mirando las estrellas, fumando un cigarrillo, cuando su estado de quietud se ve interrumpido por la corrida de Rose hacia la popa y decide ir a su encuentro. Se entabla una conversación en la que Jack echa mano de un relato de su infancia para persuadir a Rose para que trasponga nuevamente la barandilla. En todo momento se lo ve seguro de poder manejar la situación, y finalmente cuando ella se dispone a volver resbala accidentalmente y casi cae. Jack logra sostenerla y devolverla a la borda del barco y es en esa situación en la que los encuentra su prometido. Rose oculta lo sucedido y demanda de la complicidad de Jack:
“Ha sido un accidente” “He sido una estúpida, quise asomarme demasiado y resbalé, estaba intentando ver las hélices pero resbalé” El Sr. Dawson estaba cerca y me salvó aún a riesgo de caerse él”. Jack la mira asombrado y cuando le preguntan si fueron así los hechos, a lo que responde “Sí, fue más o menos así”. La coordenada del azar ya implicada en la manera en que Jack llega al barco, atraviesa nuevamente esta situación.
Configuro aquí la primera escena en el circuito de responsabilidad subjetiva de Jack. Queda de alguna manera ubicado en un lugar de héroe en falta, no del todo genuino. Decide cubrir a Rose, relevarla de su respuesta genuina ante los demás. Se genera una intimidad entre ellos sospechada sólo por el mayordomo de su prometido Cal. Se sella allí un pacto. Jack puede estar cerca de Rose a condición de erigirse en su salvador. Y esto será de este modo hasta sus últimas consecuencias, más allá de lo que se proponen en este momento ambos personajes.
Como “pago” o agradecimiento hacia su gesto heroico, Jack recibe la invitación a cenar con ellos en primera clase. En esta cena en contrapartida a la anterior de Rose, se nos la presenta alegre, y hasta elogiando al ingeniero por el barco trocando su anterior actitud negativa en una más solícita y agradable. Jack imperturbable luce su condición de pobre con tal dignidad que queda a la par de todos los comensales. En esta ostentación de orgullo se lo encuentra auto afirmado. Un sujeto de la paura autonomía. Ante la pregunta de la madre de Rose (que podría ser la de su propia madre) acerca de su lugar en el mundo él responderá: “verá Sra. En la actualidad mi domicilio es el Titanic, y cuando desembarque estaré en manos de Dios.” “y con qué medios cuenta para sus largos viajes?” (replica la madre). Jack continúa “Trabajo para ir de un lado a otro. Utilizo cualquier medio para viajar. Gane mi pasaje en el Titanic con una mano afortunada al pocker, tuve mucha suerte” Nuevamente es la madre la que le intima “Le parece atractiva esa clase de existencia desarraigada?” “Si Sra. Me lo parece. Verá, siempre llevo todo cuanto necesito: aire en mis pulmones y unas hojas de papel en blanco. Me encanta despertarme en las mañanas sin saber lo que va a ocurrir (y mirando a Rose) a quién conoceré, o dónde me llevará la vida. Hace unas noches dormía bajo un puente y ahora estoy aquí, en el buque más grande del mundo bebiendo champagne con personas distinguidas. Creo firmemente que la vida es un regalo y no pienso desperdiciarla. Nunca se sabe que cartas te repartirán la próxima vez. Aprendes a aceptar la vida tal como viene (sorprende a su vez a Cal tirándole una cajita de fósforos) así cada día cuenta”. Y el brindis de Rose “Por que cuente” y acompañan el resto de los comensales. Pero, es verdad lo que dice aquí Jack. Es totalmente su verdad. Mi hipótesis es que esta es sólo la parte visible, el discurso imaginario que proviene de su yo auto afirmado. Todo lo que hara Jack de aquí en adelante será en parte la negación de lo anterior o al menos su relativización. El “Haz que cuente” que luego él imprimirá en una nota a Rose invitándola a “otra fiesta” (la de él), ya denuncia algo de lo que está implícito en el discurso de Jack que aún no accede de manera manifiesta y que denuncia su necesidad de sentido.
Esto traerá consecuencias posteriores para Rose quien se verá intimidada en una escena posterior tanto por su madre como por su prometido, reencauzándola en su primera intención. Jack va en su rescate nuevamente; y en una escena posterior ante la negativa de Rose a verlo de nuevo, y cumplir con el mandato materno se lo escucha decir: “deja que te lo diga por favor!. Eres… no soy idiota. Ya sé cómo funciona el mundo. Tengo solo diez dólares en el bolsillo, yo no, no tengo nada que ofrecerte (coordenada de la necesidad). Ya lo sé. Lo entiendo. Pero estoy demasiado implicado. Si tu saltas yo salto, recuerdas?. No me alejaré de tu vida sin saber que estarás bien. Es todo cuanto quiero.”
He aquí el segundo momento en el circuito lógico de la responsabilidad subjetiva de Jack ante la situación que él mismo planteó en el momento en que se propuso conquistar a Rose. Aquí se nos presenta un Jack conquistado. Implicado subjetivamente por la decisión de Rose. En un primer momento teníamos a un Jack calculador que planteaba su vida ganizada en función del goce. Con Rose la apuesta es por el sentido, tenemos ahora a un Jack dividido y ante la alienación producida por la necesidad de optar entre el sentido y la vida.“ Convertirse realmente en el salvador de Rose es su modo particular de elegir por el sentido. Su propuesta no es a ella, sino a su mismo, quedando ubicada en las coordenadas de lo universal en la singularísima elección de la figura del héroe para ello. Se trastocan los lugares, para salvarse a sí mismo (del anonimato, del sin sentido), deberá ofrendar su propia vida (la material) en pos de su trascendencia. Lo que en apariencia es unión con Rose es en realidad una encrucijada entre ambos y a partir de este momento sus caminos se separan. Rose decide dejarse salvar pero en ese acto renuncia sin saberlo al Jack material.
El último momento a bordo en el Titanic los encuentra luchando a ambos por su vida, en el mismo “lugar en el que se conocieron”, vale decir en la popa del barco que esta vez se está hundiendo. Una vez en el agua Jack logra reunirse con Rose. Encuentran un madero al cual aferrarse y la profecía inicial de Jack se cumple en su totalidad. El agua es muy fría varios grados bajo cero y él ha tenido que llegar hasta allí en su empeño por salvarla. Sólo que no hay lugar para ambos en esa balsa improvisada y es allí, en la inminencia de una muerte compartida cuando Jack decide renovar su pacto con Rose: “No hagas eso. No te despidas de mí. (..) Escucha Rose: vas a salir de esta. Seguirás adelante. Vas a tener muchos bebés y los verás crecer. Morirás siendo una viejecita adorable, calentita en tu cama. (..) Debes prometerme que sobrevivirás. Que no te rendirás. (..) Prométemelo ahora Rose y no rompas nunca esa promesa”. Esto es vital para que él pueda mantener su lugar de héroe real. De nada habrá servido toda este viaje si Rose no acepta vivir y además ser feliz!. Aquí Jack es el portador de una visión existencialista. “Condena” a amada a ser feliz.. Si Rose no le es fiel, abandonándolo, todo dejará de tener sentido para él. Si Rose no accede a la madurez, su lugar de héroe iniciático se habrá perdido. Esta es la responsabilidad que asume Jack por su propia vida en su decisión de morir.
Rose cumple la promesa. Cuando uno de los botes regresa, Jack ya ha muerto. Y por un instante interminable Rose parece rendirse, pero con mucho dolor suelta su mano. Deja hundirse a su héroe para salvarse ahora sí, ella misma y llama al bote que su finalmente la rescata. La próxima escena nos devuelve a la Rose anciana que cierra su relato contando los últimos detalles del naufragio.
“Ahora saben (todos, el mundo) que existe un hombre llamado Jack Dawson, y que él me salvó. En todos los sentidos en que puede salvarse a una persona. Ni siquiera tengo un retrato de él. Ahora sólo existe en mi recuerdo”. En el final se ve a una Rose que ha cumplido fielmente su promesa. Una serie de retratos (de los que él ha quedado fuera) en donde se ve el transcurrir de una vida feliz y prolífica. Y su vuelta a Jack, en sueños en el final de su vida.
Bibliografía consultada
Desastres y catástrofes. Ficha de la cátedra. Mimeo. Publicado también en www.psi.uba.ar.
Jung, C. G.(1995) El Hombre y sus símbolos. Paidós, Buenos Aires.
Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Alemán, J. (2003): Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.



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